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Queria que o tempo fosse vento, mudasse de rumo e devolvesse os anos que já passaram. Sem querer penso que vou adiantada no meu caminho e queria ter mais tempo, ou ser eterna. Novembro está quase a acabar, Dezembro termina o ano e é mais um que vivi. De novo talvez volte a apagar as velas do meu aniversário e mais penso que menos tempo tenho para ser a que sempre fui. Hoje vivo como me obrigaram, na altura de tudo deixar para trás e ter sossego, sem medo a violência, nem sarcasmos. Com ilusão e confiança, tudo deixei, pensando que com o tempo sentimentos que nos uniam voltariam a juntar-nos. Assim não aconteceu. A verdade é que o nosso destino, nada nem ninguém pode modificar. Por muito que rezemos, peçamos a Deus, façamos promessas, de nada vale. O que tem que ser tem muita força. Nunca recuperarei as noites sem dormir, a tentar compreender o que transformou as pessoas. Nunca voltarei a ser Mãe nem Avó. Muito menos retirar anos á minha idade. Nunca terei a certeza de ser amada de novo por alguém. Sou arvore de raízes profundas, que ventos de ilusão, nunca arrancarão da realidade do quer sou. A minha Mãe cantava.me muitas vezes uma canção antiga, que só recordo o principio e era assim: Vem bailar Carminha Carmela de sapato Branco e Meia Amarela. Não me lembro de mais. Só que nunca tive sapatos brancos nem meias amarelas para bailar, o que de musical tem a vida ou devia de ter tido. Para reactivar o corpo, caminho a subir uma avenida com quatro quilómetros, sem pressa mas ritmada. No fim sem cansaço e com vontade de andar mais, sento-me tomo um café com leite e um mini queque caseiro, numa esplanada qualquer. Quando não saio, queimo calorias com a testa suada a fazer exercício com a máquina de limpar o chão que é difícil de deslizar na madeira. Uma hora pelo menos. É em defesa da minha saúde obrigação, de nunca deixar adormecer o corpo para ter o cérebro lubrificado e saudável. Apatia nunca, ombros descaídos, costas curvadas, nem pensar. Enquanto puder assim farei, é um dever meu perante esta vida emprestada que Deus fez o favor de me deixar viver. E assim coisas pequeninas, desde a uma palavra agradável que me digam, a um abraço de uma funcionária de uma qualquer loja, é uma bênção. Palavras sábias da Mãe: Desconfia e acertarás, confia e te prejudicarás. Nunca o pus em pratica. Confio no meu Anjo da Guarda, Ele protege-me. Se estudasse-mos a nossa vivência, em profundidade, espantar-nos-íamos, a diversidade e confusão que ela contém. O que somos, donde vimos, para onde vamos e qual a finalidade de vivermos, ninguém sabe. Em cada religião, tentam dar um sentido, mas não o cerne do que é viver. Como ignorante que sou interpreto á minha maneira simples, que comandados como autómatos, de olhos vendados, pensamos ser o que não somos e somos o que não pensamos. De verdade só o sorriso, a lagrima, fantasia, sonhos e tristezas. O resto, só o espelho te mostra, se não o tiveres, nem sabes a tua aparência. Porto,24 de Novembro de 2014. Carminha Nieves
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Poeta
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Preciso te dar todo esse amor que há em mim e que é teu... Preciso buscar todo esse amor que há em ti e que é meu...
Precisamos trocar nossas emoções. Precisamos juntar nossos corações. Não precisamos fingir que somos durões... As brigas não nos levarão a nada.
Amor, tu és minha estrada, o meu rio em busca do mar... E, por mais que eu dê voltas, o meu destino é te encontrar.
A.J. Cardiais imagem: google
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Poeta
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Quanto vale o que eu escrevo? O meu desejo é pura imaginação.
Um pedaço de pão disfarça a fome. Mas “sem um nome” eu não chamo a atenção.
Trabalho duro nessa estrada chamada de poesia, vivendo sem mordomia.
Sigo a minha caminhada fazendo do meu dia a dia a rima rica da minha alegria.
A J Cardiais 19.03.2011 imagem: google
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Poeta
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EL CANASTO PINTADO A MANO.
Prudencia era una mujer viuda, tenía dos hijos casados y nietos a los que adoraba, pero ella vivía sola, así que tenía toda la libertad y el tiempo de sobra; había trabajado por años hasta que se jubilo y pudo disfrutar más de su tiempo libre. Prudencia, tenía el habito de ser compradora compulsiva, pero no en cualquier tienda, no… le fascinaba y era amante de los bazares; en el lugar donde vivía los conocía todos, los habidos y por haber. También le gustaba viajar y en cada lugar que visitaba, antes que cualquier otra cosa, preguntaba por los bazares, no le interesaba conocer la cultura ni la belleza de los lugares, solo le emocionaba saber que iría a conocer algún bazar. Cuando entraba en ellos daba vueltas por todos lados, como una niña con muñeca nueva; enloquecía, quería llevarse todo lo que encontraba a su paso. Regularmente viajaba con amigas, las mismas que le decían, —Prudencia, no puede ser que no te interese ver lugares bellos, solo bazares—. A esta mujer le encantaba abrazarse a los recuerdos ajenos. Para su suerte un día cerca de su casa, inauguraron un enorme bazar, había objetos valiosos, verdaderas reliquias. Cuando entro volteaba a su derredor con desesperación, porque para ella era como andar en Disneyland Paris; no sabía por qué objeto decidirse, pero jamás salía con las manos vacías; eso sí que lo podía prometer. De pronto volteo hacia una mesa, como si le hubieran tocado el hombro, y ahí estaba un bello canasto de mimbre pintado a mano, cuando lo quiso tocar para levantarlo, sintió como un hormigueo en la palma de la mano y encogió el brazo de inmediato, la amiga con la que paseaba ese día, era Pamela, y le dijo—Pamela, me gusta ese canasto, lo quiero para colocarlo en la mesa de mi comedor, Pamela que bien la conocía, sabía que no habría poder divino que la hiciera desistir. La amiga se acerco a dicho canasto y al tocarlo, sintió lo mismo que Prudencia, ese hormigueo raro, y tuvo un disenso con Prudencia le —decía—no te lleves esa pieza, siento algo extraño como un mal presagio, y la compradora compulsiva le contesto,— no pasa nada, me encanta y lo voy a comprar—. Camino a su casa vio como enzima del canasto, caía como pequeña lluvia de polvo dorado, Prudencia abrió los ojos grandes y dirigió su vista hacia su amiga, que por supuesto había visto lo mismo; llego la noche, Pamela se despidió y se fue a su casa, y ella que vivía sola, se dispuso a descansar—pensando—que tal vez no debió haber comprado la pieza; pero que si se decidía, iría al día siguiente al bazar para regresarlo. A medias de la noche empezó a escuchar una música suave, se levanto y se fue siguiendo la sonoridad que provenía del comedor; cuando se acerco a la mesa, se dio cuenta que salía de aquel canasto. Horrorizada se —preguntaba— ¿qué es esa música?, ¿por qué hace eso? si solo es un canasto; Al querer quitar la tapa, volvió a caer la pequeña lluvia de polvo dorado y de pronto, se escucho una voz que le decía, — no todas las antigüedades que veas las quieras hacer tuyas, ya que antes tuvieron dueño y en ocasiones las vibraciones pueden cambiar el entorno, y no ser las adecuadas para todos— y continuo diciendo… —La lluvia dorada son mis lagrimas y mi canto es de dolor, porque la mujer a quien le servía para guardar sus recuerdos, lloraba y platicaba conmigo; conocí su dolor, esa mujer murió acariciándome, mientras que en sollozos, veía fotografías amarillentas, de la gente amada que la abandono—. Al amanecer Prudencia abrió los ojos exaltada, se sentó al filo de su cama, inclino la cabeza, y —pensó— que bueno que todo fue un sueño, un terrible y triste sueño. Se encamino hacia el comedor, se sirvió una taza de café, y se quedo pensativa mirando aquel bello canasto y —preguntándose— ¿por qué no puedo asir este objeto? qué raro, lo voy a destapar pase, lo que pase. Y aun cuando le trasmitía los pequeños hormigueos en la palma de las manos y como lluvia caía aquel polvo color oro y la suave música que emitía, logro quitar la tapa. Pero cuál sería su sorpresa, que dentro de aquella pieza que Prudencia había adquirido con euforia, se encontraba la fotografía de aquella mujer dueña y señora del bello canasto pintado a mano.
Prudencia tomo la fotografía en sus manos, y —pensó— que hermosa era esta mujer; cuando de pronto recibió una llamada de su amiga Pamela, ella le conto todo lo sucedido, entonces la amiga le aconsejo que quemara la fotografía para que la desconocida mujer, pudiera descansar en paz. Ella tomo la fotografía y la quemo, como le había aconsejado Pamela; después de eso jamás volvió a suceder nada. Esa experiencia fue tan fuerte para Prudencia, que así misma se prometió, — nunca más comprar en bazares—. Los objetos de bazares, e indebidamente las personas mayores tienen una similitud, están inmersos en recuerdos y en ocasiones, también de cierta forma mueren en el abandono total, por considerarlos inútiles.
Cuento de reflexión. Autora: Mónica Lourdes Avilés Sánchez. Derechos de Indautor País México.
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Percibe del porqué busca el reposo, ante ese hoy tan fatal del desatino, el presente brutal de lo mezquino, y el desplome total de lo glorioso,
la corruptela actual del poderoso, y la mentira tal de lo divino, dentro de lo amoral lo libertino, y dentro del placer lo tenebroso.
Aprecia este silencio del vecino, en este carnaval sin alegría, el último peldaño del destino,
espacio va a tener el que debía, en gélido portal fin del camino, la mano del vecino es yerta y fría.
21/11/14 j.ll.folch Licencia Creative Commons Percibe por j.ll.folch se distribuye bajo una Licencia Creative Commons
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roxy a pesar de todo te amo por tu sentido por tu sensual forma de amar te quiero pese a todo y no me importa nada mas que amarte por tu idea de amar por tu cuerpo y tu sed por eso hoy aqui conmigo te llevo en mi corazon te llevo en mi piel amor tuyo por siempre amor de hoy y para toda una vida por amarte asi
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Después de años vuelves a mí y tu indiferencia que tenías en aquel tiempo hoy solo veo arrepentimiento.
Los ensortijados bucles de tú cabello color azabache que caían en otrora sobre tus hombros blancos, tan blancos como el alabastro no tienen ya la brillantez.
Tus labios que eran color rubí están resecos y tienen las huellas de morder un llanto.
Tus ojos que lo decían todo cuando callabas ya no tienen expresión. Y ahora estas aquí después de tú gran desengaño, de aquel por quien me dejaste y que te juro dar por largo tiempo su vida a la tuya, aquel que arrancó suspiros y te dio placeres que tal vez yo no te pude dar, por un amor más pueril te abandono.
Y puedo sentir que el tiempo ha dejado huellas en nuestras almas, cicatrices imposibles de borrar.
Pero el perdón el mejor regalo y enseñanza que Dios nos ha legado, eso solo lo puede sanar. Ven a mí entonces abracémonos como la vez primera bañémonos con el amor que todo lo puede y comencemos de nuevo a escribir nuestra historia aprendiendo de lo ya vivido.
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Invento um tempo Pra viver inteiro Um brinquedo Colorido, Uma alegre canção Carrossel de sonhos Num parque infinito Luzes flores e emoção
Invento palavras Musicas Sussurradas atalhos e estradas Invento e acredito Na minha invenção
Lua estrela Ensolarada Invento teu olhar Olhando pra mim Invento teu coração Dizendo sim.
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Tem palavras que ficam presas no vocabulário do nosso subconsciente. Quando “inventamos” de escrever, começamos a chacoalhar na nossa mente. Então elas se desprendem, e querem ser usadas. É aqui que começa a história: quando digito uma palavra, e o dicionário do computador passa o “traço” vermelho. E agora, o que fazer? Tira letra, põe letra, tira acento, põe acento... E nada do traço apagar. Quem tem o luxo de ter um “Aurélio” em casa, se safa numa boa. Mas o meu “socorro” coitado, nessas horas pede perdão. O pior de tudo é que nessas paradinhas, um monte de inspirações invadem (e evadem também). E quando eu volto a “caminhar”, já não sigo pelo mesmo caminho. Nessas horas já estou cortando caminho, pegando atalho etc. Tudo para ver se encontro o fio da meada. Mas a questão aqui é a palavra. Tem aquela coisa do regionalismo, do bairrismo... E qualquer “ismo” que vá diminuindo o raio de ação da palavra. Eu mesmo sou “retado” (olhe aí, consulte o Nivaldo Lariú) para usar palavras da minha infância, que só entende quem foi menino (do mesmo bairro) naquela época. Por exemplo: num poema, eu usei a expressão: “pidir pinico” (é assim mesmo!). Quando meu compadre (o poeta Luiz Nazcimentto) leu, ele só achou engraçado por eu ter me lembrado daquela expressão. Outra pessoa logo diria: aqui está errado!. É pedir, e não “pidir” e o nome é penico, não pinico. Também esta pessoa não saberia o significado. O pior é que isso não está em nenhum dicionário, nem no de Nivaldo Lariú.
Se eu tivesse terminado o curso de Letras, teria optado pela Linguística. Eu gosto de como se fala, e não como se escreve. Eu canto minha aldeia, tentando tornar-me universal. Que não entendam a letra, mas espero que gostem da música.
Vocabulário: Pidir pinico - Dar-se por vencido, jogar a toalha, entregar os pontos, perder a luta. Nivaldo Lariú – Autor do livro: “Dicionário de Baianês” Aurélio - Aurélio Buarque de Holanda – Autor de Dicionários de Língua Portuguesa
A.J. Cardiais 16.07.2011 imagem: google
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Ubérrima vejación (Texto Neosurrealista)
Donde la luz agita sus alas de sombra en las arrugas de las viejas paredes de los viejos techos.
La evolución es cada vez más acentuada, como herencia no comprendida, contentándose con sembrar las cenizas que no han logrado invadirla en su totalidad. Sin tratar de ver lo que enseñan los hechos mismos, y en que caso complejo conjunto se enmarcan. Mostrando así, cierta repetición periódica de los elementos, al no hallar más salvación que en la penitencia, del porqué, cómo, y cuándo, el ciprés se ha hecho una espiral que rechina, y se queja del veneno, en su pureza morboso, dotado de dulzura y de consuelo desterrado... ¡Vejación atesorada!.
Acariciando al silencio con la espuma del viento rompiéndose en pedazos la sangre llora su memoria buscando.
Incluso cuando la muerte conserva su lugar preponderante, y logra mantenerse en todos los niveles que sostiene con la esperanza de su buen final, sin ser agotado por esta espera, en la polimorfía, que puede reducirse siempre a la misma luz, en todas las figuras, invulnerable, delimitando su dominio, conservando los sitios declarados patrimonio de la vida, difícil, devastada, respaldando proyectos sin acceso a la medianoche, relampagueando sus obscuridades artificiales, sin apasionarse por el trabajo, ni tomarlo demasiado en serio, por la ruda encina y las nieblas levantadas. ¡Ubérrima cascada!.
Garabateando la tarde frágiles llamas son maleza usando múltiples rostros ¡Más que ceniza más que olvido!...
Por otro lado, ser joven y viejo al mismo tiempo tiene su atractivo. Llegado el espejo, cuando se ha quedado ciego, por la historia del siempre sangriento movimiento, en relación con las otras placas tectónicas, que no pueden hablar ,siendo carnívoras de cuatro ojos, en el segundo dedo de belleza letal... Aunque la regla que da el volumen de un ortoedro, como producto del área de su base por su altura, haya resistido el paso del tiempo, más allá de la existencia de los cinco poliedros regulares, sin bien hay otros cuerpos más ligeros, con su sensualidad inscrita en una esfera tibia y húmeda, como el cilindro y el cono, que no están limitados por polígonos insensibles, sino por superficies curvadas... ¡Oh, ubérrima vejación del espacio!.
Ahí, dónde termina agotado, merodeando solitario el último inmortal pierde la fe finalmente comenzando... ¡Al morir la muerte su muerte solo!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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