Pasaré esta noche por la calle de los balcones Recuerdos hermosos, que alegraron nuestros corazones Huidas fortuitas, el clamor que arde de ocasiones Calle de faroles, que alegraban a rabiar sonrientes sensaciones Balcones, que adornaban guirnaldas y flores por montones Ventanas, que dejaban escapar alegres melodías y canciones
Pasaré esta noche de luna llena, de rayos y luces encantadores Rayos, que atravesaban su hermoso cuerpo, bello en sus interiores Cuerpo de mujer, que agitaba el sudor de sus calores Calores llenos de pasiones, la presa atractiva de cazadores Pasión, que agitaba su fogosidad, el rubor de sus pudores Pudor de exhibir su cuerpo desnudo, pesadilla de soñadores Luna, que iluminaba el fragor de olores, de fragancias acogedores
Pasaré por el farol, que una vez le rompieron sus cristales Farol, que alumbraba la penumbra, la rendija de los umbrales Penumbra bendita, que acariciaba sus besos sentimentales Postales de balcones y faroles, de amores infernales Penumbras de la oscuridad, de sombras fantasmales Sombras, que reflejaban su cuerpo, de pasos de sus gemidos sensuales
Me detendré en el balcón de orquídeas de pétalos morados Orquídeas, que le regalé de aquellos tiempos, de amores empezados Y que hoy florecen, escuchando del poeta sus poemas deseados Permanecen hermosas a pesar, que los amores hayan terminado Balcón donde salías risueña, de serenatas en las madrugadas despertada Serenatas, que alegraban la trasnochada de lágrimas y llantos llorados Llantos de mis aventuras, de idilios de nidos presenciados
Pasaré esta noche por la calle que me dio alegrías y sufrimientos Calle de balcones, que presenciaron compasiones y juramentos Lágrimas, que derramaron perdones de soberbias y estremecimientos Calle llena de balcones, que adornaban a la mujer de mis amores Amores de la mujer amada, que se marchó con gritos amenazadores Amenazas de recuerdos y anécdotas, de cobardías de desertores
“Joreman” Jorge Enrique Mantilla – Bucaramanga octubre 12-2020
No hay corazón más grande, que el más pequeño gesto, que una vida salve, no hay luces más brillantes, que la luz de un lucero, ni amor que se compare, con la entrega constante, de lo noble y sincero.
La verdad se abre paso, asoma entre los huecos, a zarpazos emerge, repta entre las mentiras, hasta enseñar los dientes, el poder que la impele, va rompiendo estructuras, floreciendo entre ortigas.
De la vida que pasa, como un veloz cometa, susurrando al oído, ideas y promesas. De la luna que mira, el deambular con miedo, arrebatando el ánimo, amando entre recuerdos, sollozando y riendo.
No hay corazón más grande, que el que se entrega entero, como entrega la vida, ante el fuego el bombero. De la vida el respeto, una voz que se funde, con el amor sincero. Un corazón más grande, en el ser más pequeño.
La corriente la arrastra, como a un frágil velero, zarandeando su cuerpo, envolviendo su ego, un destello entre sombras, disfrazada entre miedos, que navega en silencio. La verdad entre las olas, del delicado cuerpo.
Del cariño que nace, del amor que se cuida, y una suave caricia, que vislumbra la dicha. Del derecho que grita, camuflado entre risas, y una leve sonrisa, contagiosa y ladina.
Suave cual terciopelo, recia como arpillera, la mano mata o mima, como un brutal flagelo, o una pluma en la brisa. Una lágrima vívida, que rueda de alegría, o de dolor desliza.
No hay corazón más grande, que no tiene cabida, en el pecho que sufre, ante el hambre y la insidia. No existen corazones, más grandes si no gritan, ante tanta barbarie, que a otro ser sacrifica.
Se ha quedado dormida, soñando en los dobleces, arrebujada en calma, entre sábanas nítidas, viviendo entre los sueños, de realidad ungida. La verdad no despierta, si el corazón se achica.
Atesoré alegría y música, con la finalidad de vencer la tristeza...Dibujé lagunas sin agua, y cielos de color azul pastel, logré penetrar en el dolor y el amor, entre sonrisas , llantos y lluvia de lágrimas heladas... Reconozco con sinceridad, que he sido un pescador empedernido de sueños algunos inalcanzados. Entiendo, dado el tiempo que estamos viviendo, que no es nada bueno, seguir siendo ciego por más tiempo, tampoco lo es, ver como la vida se escapa entre miedos y luces tenues. Debemos contemplar como suelen retumbar las horas en el balcón del futuro. Os prometo de ahora en adelante, hacerme sabio de risas, hurón de lamentos, y capataz de suspiros sin vicio alguno. No deseo, ni estoy dispuesto a seguir soportando, que me asusten las madrugadas vacías.
Era por la necesidad de estar contigo que volvía cada noche a mirar desde el muelle el titilar de estrellas y el brillo de tus ojos.
Era por la ocasión de tenerte cerca sin la necesidad de un compromiso cierto que nos atara a la obligación de decirnos te quiero.
Entonces poco a poco, respiro y sonrisas se fueron juntando cuando sin proponerlo la luna se hizo tan bella en tus ojos y el viento cantaba en tu pelo un susurro de amor.
Hojas en blanco, de inquisitiva ausencia, retadora mirada, que exige la presencia, huecas están sin letras, como vacías ánforas, del manantial sin agua, que la humedad espera.
Del corazón el aire, donde se oculta el aura, solitaria en la estepa, llena de encrucijadas, en guerra sus entrañas, que dudan y que aciertan, hoja en blanco sin nombre, que se vacía y se llena.
Se desnuda y se viste, la esperanza que medra, entre triste y contenta, de transitar la senda. En ciernes la sospecha, en blanco la mirada, de la esperada senda, a lo lejos plasmada.
Como aves migratorias, emprenden las palabras, un camino entre notas, marcando las distancias, un devenir de sueños, que abrumados se agostan, perdidos en la nada, del vacío de las hojas.
El corazón se ha vuelto, del revés, como el alma, que de su ser se pierde, cual volátil mirada. Una sombra se cierne, sobre la blanca hoja, del libro de la calma, de su esperado encuentro.
Soneto tras soneto, amar amando el verso, ha llenado la página, con personal acento, se ha cubierto su cuerpo, de palabras de magia, bailando como elfos, alegres y enigmáticos, rimando al mismo tiempo.
Como queda la hoja, que al vaivén de los vientos, se balancea sin habla, así vaga el recuerdo, que quisiera plasmarse, en la furtiva página. Huye el tiempo que fluye, de la mente inspirada.
Amar sin subterfugios, de la mirada clara, que los ojos destapan, llenando los vacíos, de amores que se marchan. Un destello elegante, inmerso en el refugio, de la sombra adorada.
El secreto de la vida, es disfrutar del paso del tiempo, Cualquier tonto puede hacerlo. No hay nada excepcional en ello. Nadie sabe como hemos llegado a la cima de la colina. Pero ya que estamos de camino, también podemos disfrutar del paseo. El secreto del amor, está en abrir tu corazón. Podemos sentir miedo pero no dejes que se interponga en tu camino. Pero ya que estamos aqui por un tiempo debemos tener un poco de estilo. Lo que pasa con el tiempo, es que el no es realmente real.
Si me preguntas como fue que me enamore de ti No sabría decirte, solo sé que desde ese momento no te olvido Que nunca te olvide, a pesar de la distancia Siempre estuviste muy presente en mi mente.
Paso el tiempo y pasaron muchas personas Pero ninguna como tú y aunque tú no lo sabes Siempre fuiste tú desde el primer momento Desde ese momento supe que eras tú.
Espero que si algún día, lees todo lo que te escribo No te enojes, te escribo con mucho amor Cuando inicie, escribiendo en lo único que pensaba era en ti Cada que tomaba mi lápiz, en lo primero que pensaba era en ti, Nadia
Y si algún día el destino quiere que te vuelva a ver Y si tu corazón tiene ganas de escucharme Te confesare lo que siento por ti Y te cantare todas las canciones, que te he escrito con mucho amor, Nadia.