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Asesinado por los Ángeles.
Arcángel malo con ala de frío Con sus manos te hirió, con su mirada, Su cuerpo todo entero era una espada, Y era hermoso y daba escalofríos.
Sus ojos eran verdes como un río, Su cuerpo tallo de esbeltez sagrada Y al poseerte violento como estío Dejó tu alma como flor ajada.
Estuviste en el cielo un cuarto de hora, Te rodearon estrellas y luceros, Y de ese paraíso te expulsaron.
Y viste sol y viste roja aurora, Mas los ángeles perfectos que te hirieron Después de usar de ti, te abandonaron. .............................................................. Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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Poeta
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POR UN ÁRIDO QUÁNTUM
Sediento apresuró el paso, con el pensamiento puesto en la penúltima partícula inestable, sintiéndose culpable por no haber realizado la experiencia qué se proponía, por no haber materializado la chispa coloidal transversa, y haberse trasladado a esa zona escalonada y espiral qué se registró en el barométrico nanosegundo; Y al mismo tiempo se sintió extrañamente ridículo, preguntándose lo qué habría podido suceder...
¡Tal vez haya sido sólo mi fotoestesia refleja!... Pensaba tranquilizándose ligeramente. Con estas nuevas retinas, el implante bien puede haber reprogramado mis conceptos de los taquiones amplificados qué expuse en la aproximación teórica el año pasado... Ya veré cómo tratar los procedimientos indirectos de la fotocromía subjetiva, pues lo único qué espero obtener son duplicados, fotografiando el fotocromo en otro clisé autocromo como el qué tengo occipitalizado... El lugar estaba tan tranquilo qué las ondas de las últimas versiones de feromonas discurrían con lentitud. Replicándose atras del aire, dónde se mueven y se fusionan... En el asteroide veíanse las seis macrocápsulas blindadas ligeramente opacas y flotando en algo- donosos campos energéticos pulsátiles. Parecían algo abandonados y un poco misteriosos. La habitación permitía apreciar frecuentes lluvias de estrellas, aunque los anillos del planeta cercano eran incómodos y las cámaras ultrasónicas estaban parcialmente obstruidas.
A través de las mismas, su figura delgada, cabeza y barba alargadas, contempló cómo caía una espesa neblina brillante. Cómo secas hojas lentas y seguras.
La verdad, mi verdad, encontrará la salida objetivamente, y me abriré paso por tanto laberinto dudoso en teoría planimétrica, pienso en la cara qué pondrán. Seré breve y explícito. Y sobre todo veraz. Pues he empeñado mi mejor esfuerzo en escribir, enmendar, corregir y volver a repasar la teoría con énfasis epistemológico. Tanto qué mi vista se ha sumergido en el fondo del fenómeno qué ha comenzado dentro de éste mismo a mirarse, a observarme, singularmente expectante y complacido. Pues he llegado a creer identificar cómo se traban entre sí sus relaciones catatímicas. Ha bajado la temperatura y en la habitación el aire es lento. Las alas de la inquietud silenciosa trazan círculos qué descienden por las paredes semitransparentes; Y recuesta instintivamente el cuello en su almohada gelatinosa hasta tocar el respaldo abatible del antiguo sillón en sus oscilaciones ligeramente vibrátiles. El incidente ha roto el hilo del tema y ablanda ciertos rígidos conceptos.
Todo empezó entonces a pasar cada vez más de prisa, ante la extrañeza de la mirada, no supo cómo creció y se destruyó la idea. Y menos en el recinto caótico de temporalidad abstracta dónde se hallaron los ojos aterrados ante una amenaza ocular exterior. La pérdida de este relámpago cognitivo pareció haberlo afectado profundamente y no consideró prudente hacer una réplica de lo mismo y rescatar algo. Sin embargo la impresión no fue desagradable en extremo. El tiempo entonces, lo comprendo, existe, existe, ya lo sé, pero hay tantos cosas qué no entiendo aún. Incluso cuando se concibe alguna idea fantástica y se llega a soltar alguna ocurrencia oportuna... Pero con frecuencia se cae estrepitosamente o se queda flotando como suspendida de una argolla qué no se debe tocar hasta una ocasión más idónea. Esta historia, claro, bien pudiera durar años, dónde los más discretos callan y poco se atreven a preguntar.
Como esta vez, semejando un árido quántum en el espacio subjetivo, se desplazan las ideas como las plantas y las flores en un jardín esperando cultivarse... La respuesta seguramente está en una posibilidad inesperada, cómo una sed latente ciclándose en su aridez.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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En el silencio de la noche tuve necesidad de tenerte, en mi llanto por la muerte de mis Padres busqué tus manos, en la enfermedad, quise tener tu cariño, entre sabanas llorando pidiendo dinero prestado, por teléfono, quise tu ayuda, quise tus besos, tu afecto y nunca estuviste cuando desesperada, Jamás he sentido que podía contar contigo. De todo hice para que me quisieras, he tragado el fel amargo del desengaño. En el fondo nunca te he querido mal, al revés, siempre esperanzada que un día te dieras cuenta que estaba allí. Hoy, mis entrañas están desechas, no por ti, pero por alguien que ha sido testigo de mi vida. El apoyo que debía tener, no existe, el respecto, un poco de amor, lo has perdido en la ganancia de querer ser como yo. Nunca lo pensé, nunca en mis pensamientos creí que eras tan fútil y dura. Como si nascida como hierba sin ser sembrada, tu final es secar y morir en pecado, por tus malos pensamientos. La frialdad, te ha corrompido, o ya has nascido así. No importa, en este momento la distancia es lo que quiero y no verte. Llagas que no sanan nunca más, mientras mi corazón se aprieta el tuyo se inflama de orgullo sin sentido. No sé lo que pensar, sí me has odiado siempre o si nunca me quisiste en tu vida. Pensando en voz alta, por la casa, no llego a conclusión ninguna. Dejaste que me insultaran, con una sonrisa, mientes, diciendo cosas de mí que ofenden. Te haces de víctima, cuando no lo eres. Sin vergüenza, cínicamente, me saludas cuando por casualidad nos encontramos, haces de cuenta que estás de acuerdo en lo que debo hacer y piensas que me engañas. Te digo, para mi cada día que pasa más lejos estás. Casi ya no te reconozco, no se quién eres, que espirito maligno te ha cogido, para tanta ruindad. En mi testamento te dejaré, lágrimas que me has hecho llorar, el desprecio, la mentira, la desilusión y tu destino, que te hará pagar por todo. Eres una mentira hecha persona, una falsedad sin límites, eres todo lo que de peor se puede ser. A quien te acompaña e te apoya, no le envidio el futuro. Aquí se paga todo, ya lo verás más tarde o temprano. Mal no te deseo, no es de mi desearlo a nadie, solo quiero que sientas el sudor del miedo que un día te hagan lo mismo que me has hecho. En un momento de desesperación, he escribido. Mañana si algo pasa e me necesitan, quizá olvide y le eche una mano. Soy así. No soy rencorosa. Nada puedo hacer para cambiar mi sentir e mis sentimientos. Ofendida, quizá ofenda otros, pero algo tengo que hacer para poder con el peso de tanta amargura. Porto 20 de Noviembre de 2013 Carminha Nieves
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Hoy he soñado con Obama. Resulta que todos los paises del Mundo se habían vuelto comunistas menos Estados Unidos, Europa, y España. Como el comunismo nada más que trae mierda resulta que la Economía Mundial se había ido al carajo por culpa de los comunistas. Y no había suficiente alimento para toda la población Mundial y había que hacer una poda, matar gente, para que todo el mundo que quedara vivo pudiera comer. Yo era el presidente de España y hablaba con Obama, y el hijo del puta del Obama era un caradura, quería hacer una poda a nivel mundial en todos los países menos en el suyo. Y yo me despertaba todo agobiado al ver la cara tan grande y tan dura que tenía el Obama. Y eso que yo era su aliado. Por culpa de los comunistas había venido una ruína a nivel mundial y había que hacer una poda, pero el Obama quería hacer la poda en todo el mundo menos en su propio país. Y yo me despertaba impotente ante la cara tan dura del presidente yanki. En fín, menos mal que era sólo un sueño, y el Obama es buena gente, pero me despertaba, me he despertado esta mañana todo agobiado. En fín, era sólo un sueño, yo no me escandalizaba de que hubiese que hacer una poda, yo de lo que me escandalizaba es que el Obama quería hacer la poda en todo el mundo menos en su propio país. ................................ Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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Incrédulo Escuché... (Cuento Neosurrealista)
Cuando llegó el cofre debieron mantenerlo alejado inmediatamente del jardín de escaso valor real al secarse entre las espinas como un objeto extraño y floreado tallado a mano sin darse cuenta como el clima se marchitaba dentro de la esponja humedecida erróneamente con el polvo del viento.
No era posible, desde la baja colina, distinguir la mano trémula acariciando la neblina del atardecer en los bordes de aluminio por el pulular magnánimo del hormiguero luminoso en la noche estremecida con empeño.
Eran tres sombras que se hablaban en secreto. Pensaban que nadie las vería. Me alejé un poco, y ellas se quedaron allí, petrificadas, en las inscripciones de la madera. Serían las ocho, pero en la calle el sol marcaría las seis, comparando la arena y la sombra en los relojes al llover nuevamente cambiando el orden en la playa vacía por el rumor de huracán.
Aunque de esto no estoy muy seguro, pues sólo traigo unos recuerdos para reconstruir aquel día. Al final del jardín, justo a la derecha, delante del rosal amarillo estaba en la madera el reflejo de la tarde poco asoleada y un tanto desolada. Del cofre salieron con inquietud fantasmagórica, y con un trozo de cielo propio cada una de ellas, sombras tibias y cobrizas simulando sueños que la razón espera entender algún día.
En el cofre quedó un eco gris de sombra: ¿Cómo habremos venido a parar aquí?. Incrédulo el viento se tragaba, hecho jirones, simulando indiferencia adornado con flores deshojadas que no viven medio secas en la naturaleza muerta de aquel cuadro por donde el eco se perdía.
Pero solo quiero referirme a lo que sucedía noche a noche, al salir las sombras, aunque nadie supiera en realidad nada de ellas, incluso ellas mismas eran invadidas de vez en cuando por el eco, al encontrarlo. Fue hace muchos años, yo era un anciano y aún no entendía nada de la muerte, saberlo a esa edad sería exagerar la débil memoria que poco crece en el pasto seco atrapado entre la madera de una extraña cajita cuando solo una vez se cruza la vida, menos al estar acompañado por tres sombras ajenas a mí, que las reflejo.
Esa vez no había ninguna gente al rededor. El jardín estaba medio seco, la playa solitaria. ¡Y del huracán no me acuerdo!. Solo se que lo vi. Se detuvo bajo una gran lámpara y me llamó. Acudí a su lado. El cielo desapareció entre un inmenso sol que hace huir las sombras que reflejo y mis pupilas dejan de pensar en la noche en los incontenibles ayeres que se despojan de los presentes, como en las epopeyas futuras de una campana doliente.
Ese día...¡Oh, ese día de honda palpitación sin corazón ni razón!. Alguien dijo: ¡Sí, estoy seguro, ya no lo dudo!. Dijo que solo soy el eco del silencio que sale por la sombra de una noche de un cofre en un jardín creyendo que son tres. Incrédulo escuché... Incrédulo escuché... Incrédulo escuché.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Espero que nuestras soledades vuelvan a necesitarse; como los Lunes necesitan de los viernes, los inviernos de las primaveras, los segundos de los siglos y los ciegos de los sordos.
Así, tan distantes pero juntos, tan distintos pero iguales.
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¿Por qué volviste adiós florecido en sus palabras? Regresaste con la lluvia cargando vasta amargura, hubieron ruidos de celos despertando dondequiera situaciones lastimosas.
¿Por qué apagaste el sol en su mirada? Quizás te estaba pensando y he perdido la cordura, porque adiós, adiós me diste, hasta cambiarme la vida.
¿Por qué este adiós nos moja la despedida? Despedida mustia, fría dando paso a la locura, y con el alma vacía ya nada tiene sentido… ¿Por qué volviste adiós?
Julio Medina 19 de noviembre del 2013
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E.M.P.L.U.M.A.D.A.
Y se oyó que decía desde lejos, voy decidida, a volar a un mar en el cielo, y se sentó dibujando en el sueño, su mano en la pluma vivía, cual se desliza en la tarde un sol, donde algodonosa fue una nube, siendo su alma espejo de la mía, tejiendo con silencio un suspiro.
Van pasando las estrellas por sus pupilas, y en el corazón cien lunas rosas, tomadas de partir las noches, que no duermen, si no aman, encima, con luz que, más que luz, es fuego, en los dedos invisibles esparcidos.
Llegó ese día que vuela por tifones, detrás de las cálidas galaxias, en el mármol del misterio vivo, y los pasos de blanca seda.
Como el nido de un ave es, tibia consoladora y suave, hecho un lingote un faro. ¡Qué a la nieve conmueve!.
Y voló volando su vuelo. Y se encontró encontrando su mar. Su mar en el cielo dibujándola. ¡Dibujo de la pluma que soñaba!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Tortura con Ángeles.
Sin ángeles estaba, yerto y mudo, Bebiendo vino verde y vino rojo, No veían eléctricos sus ojos, Ángeles o arcángeles desnudos.
Estar dentro del cielo nunca pudo, Mascaba yerbas secas como abrojos, Quedaban las raíces de despojo, Negra la muerte de alimento crudo.
Sin ángeles estaba, le miraban Las cosas como ortigas o puñales, En el silencio de la cueva obscura.
Pero llegaron los ángeles mortales. Y los ángeles de si le castigaban, ¡¡¡¡Fuera el ángel, y fuera su tortura¡¡¡¡¡¡¡. .................................................................. Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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GRACIAS A ÉL
Si no fuera por él, aún estaría ajeno a su existir. Paria de amor, con los ojos cerrados a la vida perdido en las tinieblas del sopor-
No voy a suponer que él ya sabía la fortuita convergencia de ella y yo, tan solo fue la luz que inicia el día, sin tener la conciencia de ser sol.
Por eso le dedico esta poesía, a quien fue mi lazarillo hacia el amor por que pude conocer la amada mía, la día en que sonó el despertador.
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