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“Uruguay tiene la tasa de suicidios más elevada de América Latina, junto a Cuba. La tasa de suicidios en Uruguay se ubica en 16,6 autoeliminaciones cada 100.000 habitantes, según datos difundidos por el gobierno”. (¿El gobierno que los acorrala a morir?) Dedico este poema-prosa a quienes, con válida razón, entre tanto escollo de prójimo insensible, han perdido y/o vendido la utopía, motor de la vida por “el vil precio de la necesidad”.
Cuando yo era ni más ni menos que el transcurso más importante de vida en esta vida con su noche de seda azul y su millar de agujeros de haber sido claveteada hasta que pudiese sostenerse allá arriba para mí, (entonces, tanto el universo como el resto de la humanidad, estaban a mi disposición) yo, con mi sino rojo verano y verde limón, era feliz.
Feliz y desdichado también, por errores de la vida madre, como ahora. Solo que antes, toda contradicción se revertía mágicamente y yo, como rama desenganchada de un escollo, continuaba frenético y alegre en el torrente de la vida.
Hallo que hoy, la corriente es más lenta y son más las barreras; las impuestas socialmente sobre todo, y que vivo cada vez más y más impedido de recursos: laborales, amistosos y de amor (de juventud en realidad). Mi salud por el piso, su medicina por las nubes y este futuro que le sigue quitando peldaños a la esperanza. No, mi vida ya no es vida.
Me comparo al tren casi caduco, inesperado como fuerza de viejo, que dos veces por día pasa tratando como yo, de darle ritmo a pitazos y bufidos a su impulso romántico. A veces me dan ganas de gritarle: ‘Tenemos la fuerza viejo, lo sé, pero sucede que la vida se ha vuelto ordinaria y cree que ya no nos precisa. Justo cuando perfeccionamos: tú, tu marcha y yo mi oficio’.
Así medito sentado debajo del parral, viendo sus primeros rebrotes. Las parras son viejas como momias y después de un invierno cruel parecen resucitar como si hubiesen hallado vida después de la muerte. Hasta insinúan la exuberante y verde marejada de su tenaz resurrección.
Uno de estos días arreglo algunos asuntos, pongo a la vista y en orden mis documentos, me despido de mi último amigo vivo y con un libro de Mario Benedetti, me siento a leer en la vía de espaldas al rumbo de mi viejo colega el tren; quién sin duda, me hará el último y piadoso favor en este mundo.
Quién sabe si no rebroto y mi otra vida es rojo verano y verde limón.
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Poeta
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Dos Canarios Verdes peleando.
A ver cual de los dos es más canalla, Escorzo de garganta, cresta, y pluma, Belleza y elocuencia, furia suma, Y un frenesí de timbres en batalla.
Almibarados grillos que se hayan En un escherzo de plumados pumas, ¿Son felinos o son canarios vaya Los que con tantas lilas ya maullan?.
Se arañan esmeraldas las guitarras, Vibra el arpa sinfónica de lirios, Y exquisitos los archiduques vuelan.
Los Zares imperiales se desgarran El corazón en un dulce martirio, Y hay flautas que matan o que hielan. ............................................................. Francisco Antonio Ruiz Caballero.
Dos Canarios Rojos peleando.
Se enfrentan luchadores carmesíes, Atletas de dulcísimo fulgor, Y suenan las guitarras con rencor En un vuelo de plumas y rubíes.
Un escherzo amapólico diríeis, De dos Luzbeles crueles con pavor, Y hay azúcar en todo su amargor, Y naranja sanguina exprimiríeis.
Alzan sus plumas los embajadores, Bolcheviques de ira deliciosa, Y tiemblan los hibiscos con rocío.
Y los dos exquisitos cantaores Acarician espinas de cien rosas, ¡¡¡¡Rojo carmín para el escalofrío¡¡¡¡. .............................................................. Francisco Antonio Ruiz Caballero.
Dos Canarios Dorados peleando.
Se agreden sus Altezas imperiales, Excelsos archiduques exquisitos, Y en los grillos azules de sus gritos Hay un vuelo de arcángeles letales.
Son las zarzas de oro criminales, Y un jarabe de violetas de delito, Pero tienen los ángeles que cito Un frescor amarillo de trigales.
Se vencen, se derrotan, se acuchillan, El sol quema, los alamares brillan, Ay escorzo de atletas de oro puro.
Y es un canto que es místico y asceta, Se desgarran a luces los poetas, ¡¡¡¡¡¡Oro para la rejas y los muros¡¡¡¡¡. .................................................................. Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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Poeta
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Sobre la áurea urea que airea la ira airosa, que trina espinas en la esquina de la inquina, en el recodo del codo acomodando Cuasimodos, rehila un sueño el ornado mustélido impretérito. ¡ Cómo brisas del pan sin el costal y su mortaja ! ¡Sí! ¡ Como avutardas insaciables en el trigal ! Lamen ellos los ejes ancianos de la historia, que chirrian entre rodamientos ignotos halos del néctar putrefacto. Porque no por transnochar las copas de unas chanzas burdas lavamos lo luctuoso del pecado, ni la mirada del menesteroso que escondemos.
[img align=center width=540]http://pendientedemigracion.ucm.es/info/podotuna/borrachos.gif[/img]
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Atavío Anhelado (Texto Neosurrealista)
Lo curioso de ésto, es que sea tan común y corriente, como la sed elegante, salada, que del mar se desprende, arrojando al desierto azúcar, con la carne de sol marino, con la ternura compasiva, y habitual de unas tumbas, salvajes, envueltas por el camino recorrido en la memoria, sembrada con ramas, en la multitud de tímidas cortinas, que llaman a la calle sin escucharla, y despiertan al espejo en la mañana, por el ruido de la puerta meciendo una ventana, y sentando al árbol en un viejo vaso de hojas invisibles, por el más lento relámpago durmiendo. Helado Antes De vestir la desnudez Atada Al Navío bordado, engalanado, al frente.
De los tropeles de los caballos encendidos, por el morral fiel al perdón, que los placeres brindan, que al alma erizan, y la nieve hundida se agita enfebrecida, tenaz en plenitud, tierna enardecida, en el esplendor de los verdores deseados, vistiendo a la luz afanosa, con la inmensa soledad callada, como un lirio teje y desteje al destino, de los jardines transparentes, de los suspiros vestidos de súplicas, por los riscos resignados, y la sombra voluptuosa en su blancura... Sin embargo, lo más importante que revelan las crisis sobre nosotros mismos, es lo que hacemos para encararlas.
Por El espacio Tiempo Pequeño en el pasado con el amor en un instante con gotas de oceánicos oleajes del cielo prometido tan azul y común como curioso.
¡Anhelo desvestido, transparente, invisible e inservible!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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lety amor de navidad te quiero pesae a no estar juntos aunque nos quieran separar porque juntos somos el amor te quiero te deseo te necesito porque un beso tuyo puede cambiarlo todo amor te siento aqui amor sos deseo te pienso y te necesito feliz navidad
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CON TUTIPLÉN SOBERANÍA (Texto Neosurrealista)
El cuello del deseo se ha enamorado lloviendo de la imagen tatuada en la nube sin dueño ¡Pasión sin raíz, sólo hoja!...
Es como ordenar las estampas repetidas de una serie de otoños entre paradojas del mañana, metáforas en letras añejas, y calificativos sin peligro, al sentir la presión de las últimas premisas. Sobre todo las que en el ensueño lloran, con la puerta fatal de los alientos. En ese encuentro de siete palabras, a pesar de la noche, y de la situación dónde hay miles de hijos sin padres, en los modernos techos que solo a veces vociferan, agrios, y perforando al aire con las tumbas que flotan en las oficinas, que toman la ley de los cangrejos con el precio más barato, y que lava el odio cuando apenas tiene doce años en la fabricación de plumas de gallina, y una pobre máquina de coser en la cocina cruda, y sobre la ventana vacía en la orilla de las flores del cosmos seco a sus ojos, porque doblan las rodillas las estrellas en las cavernas.
Pero ésto no nació ayer, por el túmulo dónde se recorta el aliento, y se abulta el sudario de nieves y silencios. ¡ No !... Proviene de un brumoso pasado que podría ser en realidad más antiguo que muchos ayeres descoloridos y refugiados en un pizarrón de risas y vinos, de arrogancia y culpa, porqué la roca podría solo estar soñando el aire, con el material ardiente centímetro a centímetro en los periodos poco conocidos, y excavados en el suelo de ocre de lémures y camaleones... ¡Cobrando el sueldo por aplaudir!.
En palabras dulces, otro espacio es el escepticismo de los jardines en la seguridad de un lápiz, y la libertad cosmopolita que mantiene preocupadas a las bicicletas recién cortadas, con la voz temblorosa, de un proyecto que abarca varias generaciones entre las enredaderas que mecen al aire tibio de forma geométrica, y de modo semejante a los bloques en que alguna vez habían estado escondidos...
Así las cosas, la majestuosidad del entorno se encuentra libre en un rincón del olvido, vagando por regiones raras, usando los alimentos autóctonos con los refrescos en las proporciones suficientes para una fuga legal y gloriosa. Preparada con frescas tumbas de aceite y algodón, en los establecimientos donde bien se vende la consciencia, y puede usarse la leche en polvo conservada en formol.
Como esto es tan importante, se le considera indisoluble en cloro, debido a que habla con señas, y con énfasis especial en los problemas de como iluminar al sol, y como continuar ventilando el fondo marino, sacrificando los altos niveles de certeza en la basura, con el sueldo de un ratón codificado como asesino de las vacas que golpean inmisericordes al mercado de los precios bajos, cuando las esporas son ingeridas por los herbívoros en una noche de carbohidratos tímidos e ignorantes... ¡Ah, tutiplén soberanía!... Como un regio tesoro muestra las ubres llenas, la honestidad en un horrísono estampido, y el mal se obstina en no regresar por el profuso suelo rojo que jamás tendría ninguna sangre en el enjuiciamiento del más sabio de los escritorios en cuarentena por el asombro turbio al pasar por un paisaje de trompas y de faros, y de continuar considerando a los aeroplanos culpables del azul de cielo y la conservación de las nubes rosas
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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El frió de la estación acompaña mi soledad, Mis recuerdos viajan en busca de tu calor, El tren lentamente corre, el campo se cubre de nieve, el sol se torna de rojo, Suena el clarinete vamos a llegar, Me espera tu sonrisa, Tus caricias y tus labios ardientes al besar, Las luces en las cornisas adornan mi casa, La música acompaña la natividad.
No puedo vivir sin ti, No puedo pasar otra navidad, Lejos de tu casa, Lejos de mi hogar.
Antar Dic 25/2013
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Poeta
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Ayer Por la Noche. Nochebuena. A eso de las Ocho de la Tarde.
Saqué a mi perrito a pasear para que hiciera sus necesidades fisiológicas más apremiantes. Y ya me venía para mi casa cuando en la calle en la que está mi casa me vi venir de frente cuatro moros que acababan de comer en el Comedor Social de las Monjas. Pasan justo al lado mío y en ese momento uno de ellos escupió un gargajo asqueroso justo al lado de mi oído GUAAAAAGGGGGrg, de forma que creí que me escupía el asqueroso gargajo en la espalda, y al mismo tiempo venía un negro en bicicleta a mis espaldas y los moros y el negro, que debían de conocerse, empezaron a reírse con grandes y desagradables carcajadas, y un poco más y me quedo inconsciente y me desmayo del ruido que hicieron GUAGRGRGR JA JA JA JA JA JA, todos a la vez. Un poco más y me caigo muerto. Cuando llegué a mi casa, en cuestión de diez segundos, le dije a mi hermano Miguel: Miguel, mírame la espalda que creo que un moro me ha echado un gargajo. Qué tíos más puercos y más asquerosos, un poco más y me desmayo. Qué canallas más asquerosos y más puercos. Un poco más y me caigo al suelo del ruido tan asqueroso que hicieron. Llamé enloquecido al Teléfono de la Esperanza de Badajoz para contarlo, de lo que me dolió. Habría que hacer una limpieza en España y echar de España a toda esa inmundicia negra y mora. O en su caso llevarla a la Casa de Mónica Prats Castellví que es una roja asquerosa. O a la casa del Rey. Qué asco por Dios. VIVA HITLER. ...................................................................... Francisco Antonio Ruiz Caballero. Un poco más y me hubiese muerto de asco allí mismo, en mitad de la calle de mi casa.
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Poeta
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De los astros que coleaban vivaces en la entraña nocturna como fúlgidos espermatozoides pugnando por preñarla, se ve que uno logró su cometido; pues la noche, viene alumbrando un rozagante día.
Lento éste, lucha por desprenderse de su placenta enrojecida, (dicen que es suerte nacer envuelto en ella) enredándola en las crestas de los gallos, en los eucaliptos del horizonte y en las pestañas reverentes del palmar.
A viva mirada, el día niño va fundiendo las raíces de los plátanos, cuya masa amorfa se derrama como sebo de vela sobre los cordones jorobados y estoicos, a lo largo de ambas veredas de mi calle entre dormida.
El agua está caliente, el mate pronto, la caña servida, y yo, mientras espero que despierte tu sonrisa, amor, optimista como padrino del día, declamo íntimamente su fiesta y mi ilusión, con todo y sinfónica de trinos.
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Poeta
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