Amar es encontrar en la felicidad del otro tu propia felicidad. Gottfried Wilhelm Leibniz
Sólo el canto de los ángeles Coreándome el ave María Podría acercarse a todo el amor Que a ti yo te entregué un buen día.
Porque tú vivías en el aire que tocaba Eras musa, música celestial brillando En un inmenso pentagrama de oro… Más allá, mucho más allá de Dios.
Las ondulantes olas de tu cuerpo El verde mar que acariciaba con mis pensamientos Y estas manos desgarradas de ausencia Esperando con angustia, ¡esa hora!, la que nunca llegó.
Sedoso caía tu pelo por mi rostro En la lluvia pertinaz que me mojaba Fraccionada en gotas de rocío con franjas de arco iris Donde tú sonreías, y viéndote, trataba de besarlas todas.
¡Yo era muy feliz entonces… Porque con las yemas de mis dedos te tocaba No me detenía ni el lodo ni la maleza Ni la crueldad de las horas, porque más allá, estabas tú!
¡Más allá de la gloria de cada amanecer Sólo seguir vivo y pensar en ti Se convirtió en mi religión, mi fuerza y mi razón! Creo que ahora sabes cuánto te quise, y que siempre te querré.
Delalma 03/03/2013 12:51 p.m.
Retornando después de algún tiempo, el trabajo extenuante por algunas provincias del centro de mi país y sus enfurecidas lluvias me llevó a retrasar el trabajo más allá de lo previsto. Pero bueno, por alguna razón he vuelto. Mis disculpas a todos y gracias por seguir leyéndome.
En ese bello paisaje Del plumaje abundante desconcierto Recuerdo, recuerdas, cuando olvidamos sus calles En las blandas almendras de voces agudas y perfumes En la esencia de memorias perdidas, en la húmeda y dura Penumbra... ¡Un vertedero de Vesania!... En ese lugar qué dice: Es morena la consciencia del zapato Es rubia el alma del pantano Es pelirroja la tumba del tesoro ¡Vesania de besos ilusos!
¡Vertedero! Por la desesperación qué llueve Sin despedirse del momento, de vesania un vertedero, Del tesoro perdido, ya no lo recuerda el exilio Entre... Las estatuas asustadas. Entre. Los calmos cuentos Piensan, sienten, escuchan y dicen: Es el cortejo del último río ¡Pesadilla de golondrinas!... Aventuras qué marchan harapientas De la herida compasión victoriosa Del enjambre de puños cortantes ¡Centenas de calmas minúsculas!
¡Oh, vertedero de vesania! En el vientre argento del corcho En la intimidad qué devora la carne ¡Del llanto un faro enloquecido! En la cama de almanaques interrogantes ¡Carreteras de puertas cerradas! En las duras calles de las gaviotas ¡Por el amarillo qué al otoño tiñe! Con el traje suspendido de la tarde En el suelo sorprendido del zapato.
Vertedero de vesania. Dónde arenga el caracol prudente La vesania besando... Sentado al violín extraño incipiente Porque camina el crepúsculo rápido en la noche desnudo ¡Entre las rebeldes pupilas qué esmeraldas afligen las teclas! Y las pianolas al doblegarse perfuman las redes que atrapan el aire de las angustias de ayer... ¡Cómo las carnes en flor! Porque...¡Yerto está el piso, yermo el mismo viento, yerno del techo!. Con la suela que doler suele En la duela qué moler sabe En la muela qué oler debe...
Vertedero en el ambiente cuando, la memoria de la penumbra regresa lloviendo del recuerdo... ¡La esencia perdida!... El desierto del plumaje ¡Acuoso por el camino qué teje al aire nubes!. En la espalda de la realidad qué el tiempo deja al absurdo pesimismo sin la burla, del agobio constante una promesa cotidiana... En la sorpresa paradójica emergiendo. Con la subjetividad catártica, en la palabra inútil, en el sentir fugaz, en la lírica parcial de los olores. ¡Un perfume fuera de texto!... En el discurso Sin inicio, por los últimos suspiros inéditos. Recuerdo recuerdas cuando olvidamos ¡Más allá del cocodrilo y las consignas!. ¡Más acá del sapo y las denuncias! ¡Más o menos del artefacto al manifiesto!. Lloran, lloran, cuándo ya de nada vale...
Como deslumbra el relámpago en la noche, y la oscuridad se rompe con la luz, como retumban los cielos con el trueno así con tu mirada mi corazón quedó,
Como la nieve se derrite en el verano, y el agua se evapora con el sol, como arden los papeles en el fuego así quedó mi alma al escuchar tu voz.
Como llega el tiempo en que se secan las lágrimas, y las cicatrices son mapas del dolor como canta solo una vez el cisne así a nuestro tiempo su hora le llegó
Pasado lo pasado queda en mi pecho la luz de tu mirada, el sol que hay en tu voz, lágrimas aún húmedas de heridas que no cierran, junto a un cisne muerto por amor
Cuando se apaga una estrella algo se nos muere dentro y donde ella habitaba, queda el vacío, el silencio.
Mi Estrella se está apagando, apenas le queda aliento. Y yo la miro llorando y le digo lo que siento, que sin su luz,no soy nada. Si ella muere yo estoy muerto.
¿Si está lleno el firmamento de tantas luces vacías, porqué apagaron la mía sin escuchar mis lamentos, con la falta que me hacía?
Quédate conmigo Estrella, aunque apagada, te quiero. Tú despertaste mi vida, déjame velar tu sueño.
En el último suspiro, dijo amor no puede ser, seré una estrella fugaz que por tu vida pasé.
Amar estrellas fugaces que pasan por nuestras vidas, mientras duran ¡que alegría! Cuando mueren que tristeza, nos queda de su agonía.