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Lágrimas inocentes ©
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(Obra fotográfica de la Colección “Canto a la Naturaleza” que el lector podrá ver en www.jpellicer.com)
En mi descuido brota la inocencia
que me traslada a crueles e inhóspitos
campos donde se pierden lágrimas hijas del horror.
Con pinceles de muerte pintadas
van quedando mudas y esparcidas por los surcos
de la vida que ya no importa,
ya no buscan ni esperan caricias ni consuelos
ni palabra de aliento ni mirada de ternura,
pintadas de muerte, equivocadas, bajan por los surcos
necesitando olvidar su hoy… -¡maldito recuerdo!-
que para tantos ya es ayer.
Lágrimas que sin saberlo ya son libres,
que en su pena ríos de esperanzas dejando fueron,
que hicieron justicia de sus silencios
y de su vida miserable el más bello de los cantos
que el día recién esclarecido jamás escuchó.
Muriendo por la vida y viviendo por la muerte
son las lágrimas inocentes, todas,
las que arrancan en este hoy triste una palabra…
¡Basta!
Son las lágrimas inocentes, todas,
las que haciéndose palabras buscan tu boca para decir…
¡Basta!
©Jpellicer
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Poeta
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Anochece y cabalgan las estrellas, sobre un manto de oscuras dimensiones ancestrales, perdidas ocasiones de escapar entre rayos y centellas.
De otro tiempo testigos son las huellas que conducen a un mundo de ficciones, a un lugar donde vanas ilusiones cual rubís de las más rojas grosellas;
alumbran de la vida los rincones, y enseñan del pasado bagatelas, de escasas y contadas sensaciones.
Absorbe la negrura las estelas que dejan a su paso las traiciones; la noche es del poeta y sus esquelas.
10/10/14 j.ll.folch Licencia Creative Commons Anochece por j.ll.folch se distribuye bajo una Licencia Creative Commons
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Poeta
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Quando escrevo para criança, coloco o texto na balança e vejo o peso que tem.
Se pesar, não vai prestar... Se ficar leve, não prestará também.
Criança é que nem ninguém: não sabe o que quer, mas sabendo muito bem o que não quer.
A.J. Cardiais imagem: google
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Poeta
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Hoje estou num dia daqueles... Daqueles que o poeta sabe: quando o poema quer invadir, mas não cabe.
Meus olhos seguem o movimento da maré, embora eu esteja no asfalto. Penso bem alto para rimar minha fé.
Sambo sozinho e descalço, pra sentir o drama no pé. Dizem que a solidão apavora, mas não a mim.
Acho até que a solidão não é tão ruim. E justamente hoje, estou me sentindo assim: solitário.
A.J. Cardiais 06.07.2014 imagem: google
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Poeta
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El Depredador, además era niño. Niño abandonado doblemente; padre y madre le fallaron y allí quedó: con ropa casi piel, debatiéndose inocente en el desamparo y sin guía para crecer. Carencias que jamás debe sufrir nadie, porque ello ante todo es delito y luego desgracia y hasta pecado si lo hay.
Sus ocho años, apenas, los vivió discriminado también por la gente y como pudo: un mendrugo aquí, otro allá, alguna misericordia, alguna bondad 'extrasocial' con límite y alguna que otra paliza para obligarlo a mendigar, o por fobia, a manos de esas manos sórdidas y sádicas que de repente saca el mundo.
Él oía a las madres llamar a sus hijos a comer. Hijos que no jugaban con él por ser un discriminado. Y aunque tenía amigos de su condición, al ver a estos otros niños especiales entrar a sus casas, sus refugios, sentía hondamente la falta de un hogar. En ocasiones veía televisión a través de alguna de sus ventanas: Veía fracciones del Cartoon Network hasta que lo sorprendían y con caras y gestos furiosos de personajes, padres o niños solían echarlo como a un dibujo animado intruso. Y él, a veces reía de su celeridad de escape de dibujito y otras, lloraba su orfandad.
Pero el pequeño Depredador, era un soñador y un día se hizo de cuenta que vivía en la mansión más grande del mundo: Una mansión de cientos de cuadras surtida a discreción y con pasillos como laberinto de oportunidades donde conseguir lo que carecía. Solo debía obtener las llaves de las distintas puertas de la ciudad, o al menos una llave maestra. La obtuvo: una pistola automática que un perseguido de la justicia le obligó a ocultar antes de su captura.
Hace un rato la policía acabó con El Depredador, y la mayoría respiró aliviada; ya no más la molesta presencia furtiva del fisgón de televisores ajenos, en suma asaltante de sus negocios y perturbador de sus familias honestamente constituidas.
“Bien muerto está”, me comentó alguien del grupo de mirones que me incluía y agregó: “Yo también me crié en la calle y no por eso se me dio por delinquir. Hoy tengo un negocio en el cual me va de maravillas, amparado por mi religión a la que aporto mi diezmo rigurosamente”. ‘Bueno, como mortal que es, algún defecto debía usted tener’, le contesté, y me fui sintiendo el escalofrío de haber sido rozado por el mismísimo aura egoísta de los con dios aparte, por pago.
Calle arriba, las sirenas policiales le cantan al pequeño Depredador, al hijo dormido de nuestra indiferencia, el arrorró que nunca tuvo.
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Poeta
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Ambiente estólido
En las entrañas de la sed el agua quema, la rama arrancada de una hoja libre, como la cadena en el candado escribe, al yugo rojo de la sangre emocionada.
En los dedos del alba misma, el polvo de la noche, se levanta con la tempestad inclinada.
Porque a veces pasan los ciruelos, sí que pasan, por el estanque solitario, siempre, como bosque, y deja la esperanza, ahí llorosa, en el baúl, confusa, honesta, leal, noble. ¡Perdida!.
Donde un bambú fuma tortugas, con la música del hongo angustiado, en los emblemas del roble.
Encerrada, palpitaba allí, aquella fantasía, de agua suave, mordiendo nube y lluvia, en el himno verde de los campos, acunados con el vuelo de las aves.
En la primera estrella arrepentida, en el seco césped sin rostro, y con un ciprés como testigo.
Extraño la carne del hombre que nieva arena, en el cielo silencio del mármol cruento, tan áspero en el reír despreciable, siempre, en la arcilla insondable que hierve azufre.
Por este ambiente estólido que asfixia, desplomándose iracundo brama agrio, el suelo de bufidos y relinchos.
¡Oh, altar al recuerdo en ruinas!. ¡Oh, fracaso de la historia ignorada!. ¡Oh, naturaleza humana podrida en desgracia.! ¡Oh, consciencia, la razón se muere rauda!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Mientras mucho te pienso, la noche viene rauda.
Mis deseos te buscan mientras sueño despierto, tus labios coral vivo, tus ojos luz de día, me hacen vibrar, soñar, vivir, a ti me llevan.
Los deseos sublimes dentro de mí te llaman mis dedos del rizado de tu cabeza presos en el aire te buscan en tu silueta ardiente te extraño, te amo tanto, necesito tus besos.
Aún estando lejos mi alma a ti viaja rauda.
Pensando en tí mis ansias me mantienen despierto, tus labios y tus ojos soles del nuevo día que amándote me tienen, y que al cielo me llevan.
En mis sueños del alma te veo en la distancia pronunciando un te amo profundo como el mar; sin atinar como estoy, si triste o melancólico te imagino, mujer que por siempre voy a amar.
Siawas, La Cruz de Río Grande, R.A.A.S, Nicaragua, Agosto 24 de 2013.
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Poeta
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Não quero copiar ninguém. Nem a mim mesmo. Não quero escrever com desdém, nem a esmo.
Cheiro fumaça teórica enquanto minha retórica vai para o espaço e volta desfazendo os laços.
A rima é o crime da esquina, de quem reza seus fracassos. Palavras ferem que nem aço,
Ou afagam que nem plumas. Espero punição dos astros Por desferi-las usando golpes baixos.
A.J. Cardiais 08.10.2014 imagem: google
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Poeta
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Uma lua
[img align=right width=300]entre [/img] E majestosa, e silente, agudos concretos (sinfonia viciada de ais) fez-se presente, raro e encantado instante, tanto quanto, em maravilhosa humildade, bandeira desfraldada, ao simples, e natural, segundos de alegria, e gratidão, pela permissão de presenciar. Rapidamente o concreto a venceu, restando seu brilho, impressão digital, no olhar do mundo.
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Poeta
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no volveré a escribir tu nombre en la arena porque las olas son ingratas porque del paraíso nos desahuciaron hace siglos porque termino con los dedos chamuscados porque si hay algo seguro es que el sol quema sin clemencia porque la felicidad cierra sus piernas y los ríos no recorren su cauce invertido. me quedaré sentado, esperando el penúltimo respiro para agradecer a la vida por el brillo de tus ojos por la sombra que un día barrió una pared alquilada a la nostalgia. porque la lluvia borra los tatuajes porque el viento despeina el alma porque soy un mendigo de tus manos que tocaron un barco a punto de levitar. la soledad viene exultante a cobrar sus deudas amenazando con sus armas de sicario caro por si sonrío en mitad de la avalancha por si dejo mi corazón empeñado por un cigarro...
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Poeta
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