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Para entender-me é preciso estar livre, é preciso estar solto... Não ser vinculado a nada.
Escrevo como uma ovelha desgarrada que sai em disparada à procura de uma rima louca para meu aconchego.
Escrevo como um louco que não tem assunto, mas "assunta" tudo e não guarda segredo.
Danço sob ritmo dos fonemas. Faço um gingado com as palavras e traço meus poemas.
A.J. Cardiais imagem: google
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Poeta
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Hace muchos años. En mi tierra querida en un valle, rodeada de montes, vigilada por un castillo, yo tuve magostos con mi pandilla, a la orilla de la carretera, echando humareda cuando respiraba por el frio, corazón caliente, ojos húmedos por el viento agreste, bufanda gruesa tapando el cuello. Guantes que calentaban las manos heladas, rodeada de calor humano de mis compañeros. Felices, despreocupados, asábamos las castañas e mismo medias crudas sabían al mejor manjar. Regresábamos con la punta de la nariz roja, manos sucias, hablando entre todos, para que la distancia fuera más pequeña, hasta el pueblo. Allí en la cafetería una bebida caliente, no quitábamos los guantes para que no vieran nuestras manos cenicientas de pelar las castañas. Juventud en su hermosura inocente, sin móviles, sin tecnología, solamente nosotros. Hoy todos estamos cambiados, si nos cruzáramos en la calle, no nos conoceríamos, quizá algo se sentía, por lo menos que nos conocíamos, pero de donde, no sabríamos. Son muchos años pasados sin nos vernos, cada uno hizo su vida, en sitios lejanos, pero seguro que ha quedado la añoranza de tiempos de nuestra primavera. Este año de nuevo a un magosto voy, distinto, pero seguro que volveré a estar en mi tierra, con mis compañeros en la orilla de la carretera, alrededor de una hoguera asando castañas, pingando de la nariz con el frio de mi tierra en un valle rodeada de montes e de su castillo. No me dejan mis recuerdos, quizá porqué fui feliz, el mejor tiempo de mi vida. Miro la juventud de ahora e me da pena, cuando tengan mi edad poco o nada tendrán para recordar e es triste. Se perdieran maneras de vivir que harán mucha falta en el futuro, cuando no puedan volver atrás e vivirlas. Mi generación es la última que supo e tuvo infancia, juventud de verdad. Huracán de transformaciones, de innovaciones, electrónicas, de falencia del humano en su todo, ya no es nuestro corazón que manda, son hilos, baterías e pilas. Se estropean e tienen contenedores solo para ellos, si lo piensas allí está lo que ha perdido esta juventud, el mejor que la vida contiene, los sentimientos e la comunicación, entre ellos. Hoy ya no sienten frío, en el camino, pues no van a parte alguna, solamente a tener en sus manos una copa e no otra mano a sujetar la suya. Felices los que mismo repitiendo su pasado, con una mezcla de nostalgia, aun sonríen por lo que han tenido de bueno, en tiempos lejanos, pero presentes hoy en su vida. Castañas hay, iguales, lo que ha terminado, es ser joven. Oporto, 10 de Noviembre de 2012 Carminha Nieves
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Poeta
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NATURALMENTE
Una. Abeja sin cesar gotea. El panal mil. Lluvias cada estrella. En las plumas de las olas. En las noches. En las lunas de las dunas. En las noches. ¡Una gota de abeja!. ¡Vuela y nada!. Del viento más lento. El bambú esmeraldas. Fulgor dentro. Ardorosa la toronja rosa. Las nubes. En los pies, camina, callada, de montaña mañana olor. ¡Flor de los enjambres!. Ceras mil. ¡Uno gota oveja abejas!. Los gansos a lo lejos. Duermen la siesta. Los abanicos cálidos. Mueven al cielo violetas nubes. Regando los reflejos. Rayos fríos. Del lago. Hilos. Hielo.
El sol de mieles, lunas. ¡Gotea sus abejas!. Amarillas. Sobre vuelos verduras variaciones sinfonías. En la tierra azul, capullos de lunas en el viento. ¡Qué bajo las huestes forman flores del sonido!. Asamblea de los perfumes, emociones en muchedumbre. Iluminan la reluciente cuerda. Del reloj espada, espuma fuego. Tras hervir del pasado semilla raíz. Tres gotas en la dirección vagan. ¡Gotas mieles!. Elegantes al olfato. ¡Intimas ovejas de cera!. Contraste que la distancia acorta. Sin el aire. ¡Decorando lo añadidos. Emisarios del granizo!.
Gota A Gota Una abeja, sin cesar gotea, mil estrellas azuladas. De las olas. En las plumas. En los pies. Camina la toronja rosa. Los gansos que duermen más cálidos abanicos.
Gota A Gota Entre los juncos original provecho. ¡Asteriscos de turbamulta nacidos!. Laten impetuosos, arden entramados. La pureza sin saberlo. Arruga la ingente apariencia. ¡Goteando abejas!.
Del Rigor Las Circunstancias. Del fervor al desprecio, sirviente. ¡Oyente, fulminante de la sensatez del óleo, naturalmente, de mente a mente solo!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Përez
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El abuelo del abuelo de mi abuelo llamaba Manuel Venegas, un español de Andalucía, de muchas lecturas y algunas escrituras, que un día cualquiera lió bártulos y se embarcó rumbo a América del sur, para ejercer la noble profesión de aventurero en Colombia. Aquí contrajo matrimonio con una campesina de la que se nos extravió el nombre pues por estos lados no somos dados a los árboles genealógicos, ya que en el primer intento terminaríamos dibujando una enredadera multigenética. De ese Manuel Venegas viene mi abuelo Uldarico Venegas, un campesino de nulas lecturas y ninguna escritura, a quien le conocí la muerte cuando yo apenas arrancaba para mi cuarto año de vida. Sin embargo lo recuerdo. Vagamente, pero lo recuerdo. Para que no se me perdiera su imagen, hace algún tiempo hice de él este retrato:
Conocí a un hombre que bajó de la montaña como si fuera el profeta de las alas extraviadas. Uldarico Venegas Farján era su nombre y ser labriego a destajo y aventurero a cualquier precio fue su oficio. Condenado a los caminos sin retorno, estuvo en el país de los que nunca callan, estuvo en la frontera jamás vigilada, estuvo en la región del árbol descuajado a hachazos. Allí logró percibir la distancia que hay de la azada al tormento y adivinó la prolongación del surco en la cara. Fue anarquista y no lo supo. Comulgó con los ateos y no lo supo. Militó en la tristeza y no lo supo. Caminó por el filo de la locura y lo supo demasiado tarde. Sin embargo, siempre llevó un aire de presagio en la pupila y la evidencia del día suspendida en los labios. Uldarico Venegas Farján era su nombre y había nacido en el año de los poetas inconsecuentes, aunque sólo pudo escribir con los pulgares y su huella. No conoció el equilibrio de los helicópteros ni la invención de los ruidos mecánicos, pero alcanzó a cantar en coro con las victrolas. Fue un hombre elemental como una fruta, simple como una tarde, sencillo como una campana. Por él tuvo que hablar la golondrina del último verano, pues nunca encontró palabras para llenar sus silencios. Uldarico Venegas Farján era su nombre, como el mío es Anibal Manuel.
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Lentamente el viento frio sopla de esta forma, el invierno asoma arrancando de mi alma esta copla al calar mis huesos, con su aroma
Bajas temperaturas, la gente pronostica pobre de la gente, que en las calles habitan sin protección alguna, ni siquiera una gótica bajo un coro de nubes densas, que palpitan
Con todo y eso, el invierno se personifica en tu casa, campo o en tu escuela sin pedir perdón, y llega y se hospeda ni piensa que a su paso deja una séquela
Arboles coquetamente sus ramas contonean al vaivén que viento sople y quiera Aunque sus hojas caigan y se marean así saludan al invierno cual quimera
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Poeta
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Vi o tempo com a cara fechada... Aí pensei: Vai chover. Logo depois, ouvi a trovoada...
Aí confirmei: Vai chover. Não demorou muito e caiu um toró.
Veio uma chuva danada roncou trovoada, pingueira lá em casa...
Foi chuva alagando foi gente esbravejando foi gente chorando...
Os meninos se molhando os pais reclamando e eu no meio ajudando...
Mas no fundo, no fundo, eu estava era brincando.
A.J. Cardiais imagem: google
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Hoy vuelvo a ser el Fénix, a sentir que soy eterno, como Dios creando a Adán en el principio del tiempo
hoy me siento inmortal, al saber que en mi simiente, mi pasado y tu presente en tus entrañas maduran
Es lo que puede la luz cuando atraviesa las sombras es la única verdad que mi corazón no duda
Es el único milagro que mi razón comprende, es mi voz que vuelve a temblar cuando le canta a tu vientre,
son tu cuerpo y tu piel es la tierra con la luna son todas las estrellas, que caben en una cuna
En ti se gesta el amor, la esperanza, el futuro, en mi alma la certeza que mi amor...solo por ti es maduro
Creado 14/12/2011 por Catriel Cuestas Acosta
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Hermosos Putitos de Dieciséis Años, Delgados y Desnudos, Espolvoreados en la Piel con Polvo de Oro, Con Collares de Esmeraldas en los Cuellos, entre Bustos y Estatuas de Ámbar Dorado, o de Cristal Amarillo, de Emperadores Romanos, Entre Grandes Macetones Barrocos Llenos de Rosas Rojas, Naranjas, o Amarillas, Entre Guepardos Amarillos, Bajo un Techo lleno de Muñecos Nenucos Colgando Boca Abajo Atados por los Pies desde el Techo.
Heliogábalos de miel compiten en soberbia con Calígulas de cerveza, Transparencias ambarinas en los hieráticos Marco Aurelios, Nerones de limón amarillo y transparente Rodeados de áureos efebos que prueban absenta amarga. Sudan ron de caña.
Son los chavales de oro tallos de esbeltísimas acacias, Fulge el ámbar de la miel más cara y más preciosa, con avaricia, Los guepardos rugen y ronronean salvajes, tienen las uñas Afiladas como cuchillas o espejos rotos criminales. Punto de ictericia.
Celestiales y mórbidos.
Los Nenucos contemplan la escena con sus ojillos azules, Las escandalosas rosas naranjas exhalan su sublime perfume, Y Germánicos de Ámbar lloran lágrimas de miel amarguísima.
Los cálices de oro derraman la absenta esmeralda, bajo reflectores de cristal, Los muchachos son fieros atlantes de miel solidificada, Y en el costado de un Cristo moreno sangra la linfa violeta y dulcísima.
Punto de Hibiscos. Cruz de incandescencia amarilla. ......................................................................................... Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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Hoy, después de tanto tiempo de haber fallecido, de estar a este ataúd sometido, sepultado en las sombras desgarradas de la soledad, quien se ocupa de los restos sombríos de un cadáver que deambula sonámbulo entre siluetas agónicas, intangibles y como momia marcha en la oscuridad del sepulcro frío; y aunque finado, respiro cenizas del humo de mi cuerpo incinerado; son tantos los años de angustia que socavaron hasta el tuétano la resistencia de los huesos dejando el esqueleto resquebrajado, ahuecado de orificios por donde escapaba el elixir del alma atormentada. Hoy, precisamente hoy la grisácea penitencia que fisga el túmulo inexacto de una verdad presagiada, roza con ahínco el vacío cadavérico de la cadena que arrastro con escaso revelar… Y llegan tus labios mostrando la espada roñosa, ensangrentada de perversidad, lanzando tajos mortales sobre la calavera desbaratada para una vez más hacerme morir; cuando ya estoy muerto.
Julio Medina 7 de noviembre de 2012
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