La naturaleza grita suavemente, en los oídos de egoísmos alegres, por sentir tu aroma subir por el viento. ¡Creí que todo se volvería a mi! Al ver mi tristeza sin fin, pero aun la desfallecida habitación, el mundo seguía girando sin razón, sin saber que bajo el techo, moría yo. Aun cuando más grande resultó mis sentimientos, ni siquiera el sol se de tuvo a pensar, ¿por qué muero yo? Las noches, las estrellas, las pisadas de hombres soñadores, que despiertan en seguir soñando nuevamente, ni aun así se preguntaron, ¿por qué un raudal de llanto? Saliendo de mi alma, creí que todo terminaría, pero me di cuenta que el amor en mi se consumía…
Truenos de alocadas nubes, provocando la sombrilla de sonidos tristes, llorando en pañuelos viejos, erizando mi cama por volver a vivir en tus cabellos, que mataban la agonía de oscuros días; creí nuevamente que todo se volverían a mi, al ver que sufro por ti, al ver las gotas de sangre y huesos secos que llaman solamente por ti, el mundo gira igual, y lo seguirá haciendo, ni siquiera es capaz de preguntarme ¿por qué vivo sufriendo?.
Autor: José Monnin elpoeta Limpio-Paraguay Derechos reservados Del libro: “Tu poema entre las sombras”
Tomé el violín, toqué una nota que se quebró tras tan solo rozar el silencio y entonces recordé que nada puedo hacer para apagarlo, el destino tejió un muro de silencio alrededor de mí y la caja de humo que yo he puesto no parece ayudarme a salir, de vez en cuando los muros se me echan encima pero aún el silencio es quién más asfixia, aún es el silencio el que hala el gatillo de mi autodestrucción, me esfuerzo por huir, creo mundos enteros para escapar pero al final fallo, siempre lo hago.
Antes lograba escapar de mi propia mente, pero ahora no hay distracción suficiente, hoy en día vivo de dos cosas, pensar y escribir, escribo sobre lo que pienso y pienso sobre lo que escribo, pero, al final del día miro de nuevo al cielo y maldigo pues el abrazo de la soledad es siempre el más frío, últimamente mi vida se vive entre días en los que nadie llama al teléfono y entre los otros, entre los tristes, grises y opacos en que ni siquiera oigo la voz de mis poesías.
Tan solo me sostiene mi cama, entre jornada y jornada carga con mi cuerpo muerto y me provee una almohada, intento hablar con ella pero no responde, siempre me dijeron que en ella está tu consciencia pero la mía se esconde, y aun trato de preocuparme por los demás, pero no puedo, claro que no puedo, ¿Cómo sería capaz de preocuparme por alguien más cuando mi inspiración no vuelve jamás y mi respiración tiende a descansar?
Nada ya me roba el aliento, no encuentro como asesinar al tiempo y el termina tomando mi vida tras cada hora perdida de mirar el techo de mi habitación, pero no tengo energía para realizar ninguna otra acción, el diablo ríe a los pies de mi cama, sombra maldita que se mofa de mi situación en espiritualidad y compañía precaria, me invita a volar para que de nuevo caiga en picada, pero mis alas no tengo, desaparecieron ya, se fueron sin mí aun lugar que de pequeño fue valioso para mí.
Y mientras el sol se esconde y toda luz en mi habitación se extingue, tan solo procuro que quede una vela, con la misión imposible de calentarme con su llama, con el objetivo inalcanzable de que su luz ilumine mi camino, con la cualidad intocable de mantenerme cuerdo y lejos del olvido.
EL GUARDIÁN DE LOS LIBROS ___Jorge Luis Borges (Argentina)
Ahí están los jardines, los templos y la justificación de los templos, La recta música y las rectas palabras, Los sesenta y cuatro hexagramas, Los ritos que son la única sabiduría Que otorga el Firmamento a los hombres, El decoro de aquel emperador Cuya serenidad fue reflejada por el mundo, su espejo, De suerte que los campos daban sus frutos Y los torrentes respetaban sus márgenes, El unicornio herido que regresa para marcar el fin, Las secretas leyes eternas, El concierto del orbe; Esas cosas o su memoria están en los libros Que custodio en la torre.
Los tártaros vinieron del Norte En crinados potros pequeños; Aniquilaron los ejércitos Que el Hijo del Cielo mandó para castigar su impiedad, Erigieron pirámides de fuego y cortaron gargantas, Mataron al perverso y al justo, Mataron al esclavo encadenado que vigila la puerta, Usaron y olvidaron a las mujeres Y siguieron al Sur, Inocentes como animales de presa, Crueles como cuchillos. En el alba dudosa El padre de mi padre salvó los libros. Aquí están en la torre donde yazgo, Recordando los días que fueron de otros, Los ajenos y antiguos.
En mis ojos no hay días. Los anaqueles Están muy altos y no los alcanzan mis años. Leguas de polvo y sueño cercan la torre. ¿A qué engañarme? La verdad es que nunca he sabido leer, Pero me consuelo pensando Que lo imaginado y lo pasado ya son lo mismo Para un hombre que ha sido Y que contempla lo que fue la ciudad Y ahora vuelve a ser el desierto. ¿Qué me impide soñar que alguna vez Descifré la sabiduría Y dibujé con aplicada mano los símbolos? Mi nombre es Hsiang. Soy el que custodia los libros, Que acaso son los últimos, Porque nada sabemos del Imperio Y del Hijo del Cielo. Ahí están en los altos anaqueles, Cercanos y lejanos a un tiempo, Secretos y visibles como los astros. Ahí están los jardines, los templos.
Infelizmente não sei quando esta “ligação” começou. Sou péssimo para guardar datas. Sei que sempre fui apaixonado por aves de rapina: Águia, falcão, gavião, urubu, condor, abutre... Qualquer coisa sobre estas aves me interessa. Então, numa dessas “incursões”, descobri que a coruja também pertencia à família de rapinas. Mas antes da coruja, o xodó maior era o urubu. Era tanto, que meu pseudônimo (secreto) era o nome científico do urubu rei: Sarcoramphus Papa. Quando fiquei sabendo que Tom Jobim também era um admirador dos urubus, vi que estava em boa companhia.
Depois que descobri que as corujas também eram aves de rapina, comecei a interessar-me pela espécie. A facilidade em encontrar objetos com formatos de coruja, foi o que aproximou-me mais. Então, sempre que eu via algum objeto (e estava com dinheiro) com este formato, eu adquiria. E assim comecei a colecionar corujas: Bibelôs, imagens, chaveiros... etc. Até aí eu não sentia a “influência” delas em minha vida. Comecei a perceber em 1988 quando, trabalhando na Secretaria da Cultura, tinha uma moça que sempre ia vender bijuterias a atriz Jurema Penna. Um dia aproximei-me, fiquei observando e, quando eu ia perguntar se tinha alguma bijuteria com imagem de coruja, o meu dedo, como se fosse atraído, foi direto para um pingente corujinha. Foi incrível! Eu fiquei espantado e as duas ficaram rindo. Não tinha dinheiro, paguei com cheque pré-datado. Jurema foi minha fiadora.
Uma vez eu estava conversando com um amigo meu no ateliê dele, e toda hora eu olhava para o teto. Ficava olhando para a calha da lâmpada fluorescente, sem saber porquê, até que ele me perguntou o que era. Eu respondi: Não sei, vou ver. Peguei uma cadeira, coloquei embaixo da lâmpada, subi, meti a mão na calha e achei um objeto de metal. Quando olhei para o objeto, era um chaveiro comemorativo aos 25 anos da Faculdade de Educação da Bahia, com a imagem de uma coruja. Então Elói falou: Rapaz, como é que este chaveiro foi parar aí? Já faz tempo que eu procuro por ele! Foi da formatura de minha irmã. Aí eu disse: Agora é meu. Elói respondeu: É, depois dessa, você merece.
E assim tem várias outras coisinhas, mas esta é a principal. Foi a que me fez ver que a minha “ligação” com elas, não era “qualquer coisinha”: Eu tinha um fusquinha chamado Cacilda, e prestava serviço para o jornal Tribuna da Bahia transportando os funcionários que saíam do trabalho de madrugada. Num domingo, depois de deixar todo mundo em casa, quando estava voltando, Cacilda achou de pifar... Era uma hora da manhã e num local perigoso. O que fazer? O pior de tudo era que eu não tinha um centavo. O jeito era ir para casa andando. Dormir no carro poderia ser pior. Segui... Quando passei defronte à Rodoviária, tinha vários táxis estacionados. Nem em casa tinha dinheiro. Se tivesse, pegaria um e quando chegasse em casa pagaria a corrida. A rua estava deserta. Fui andando pelo meio da rua, quando vi um pássaro voando em minha direção... Depois pousou no topo de um poste, e ficou me observando... Era uma coruja. Eu andando e ela me observando... Passei por ela, e ela me observando... Depois que passei, ela voou. Então tive certeza de que chegaria em casa, sem nenhum perigo. E foi o que aconteceu: Cheguei em casa às duas e pouca da madrugada, e nem um cachorro latiu para mim. Depois, lendo algumas coisas sobre xamã, descobri que ela é o meu animal de poder.
Por el amarillo que pretende. ¡Asoleado!. Ser luna bajo el frescor del lago. En la sonrisa de la fruta. Prohibido el precio prueba cada mañana. ¡Qué toma un café del ciprés veloz!. En las ramas donde los automóviles crecen. Del permanente relampaguear contando. Cada oculto día por avasallar un ruiseñor. En la memoria imposible del añejo perenne. En la flor del horizonte que llueve sangre tierna. Del cruzar latitudes qué derriten. ¡Vértices profundos!.
¡Omiso!. Al interior del mar moluscos. Por las faldas del paisaje hecho trizas de cenizas. ¡Ascendentes ademanes además!. Quitando la poca realidad de los letreros. Amarrando las paredes del pálido vivir. Del cajón forrado de martillos. De la profundidad sobrante. En los pájaros de brisa, cada noche falsa. ¡Dónde cuelgan los lagos la blancura!. Del fiero elucubrar estimulante, mil mentiras. Por las calles en la intimidad de la sombra.
¡Vértice!. Del mismo líder del pantano, del futuro sepultado. ¡Está encendiendo las violetas del invierno! Cuidadoso habitante de cualquiera que se olvida. Del asfalto gris de las hormigas hechas nudos. En las tiendas de pichones y tuberías. En los elefantes musicales de las enredaderas. Del sendero al frente del saqueo, alma y cuerpo del desamparo. ¡Qué dispersa las palomas de la tela, de las plumas y del vuelo!. Con las pautas del informe, curso, esperando ser creído, infame. Con todo lo de la higiénica lombriz. débil en cada una de las venas. Del virtual inconveniente gran gana, que imposible borra el suelo.
¡Flagelo!. Vértice omiso, del hueso al seso, espeso saluda. Al aire menos móvil bajo la sombra. Del itinerario cada mañana. ¡Sonríe al hielo hieles solo!. ¡Vértice!. Con la esencia de lo impune. Y todo el natural rumiar. ¡Omiso siempre intenso!. Entre flores serpentea marchito cada sueño. Cada hogar dónde ninguna tarde reposa. ¡Ni aun restaurada plantando lunas!. Es la impiedad andando bordada en cada nube gris. Con la calidad de hormiga, y la esencia de traición al suelo mismo.
Hablo al viento, al horizonte, a la lluvia, a los peones distantes de mi ventana. Ningún me contesta, no me pueden oír. Así es mejor, no entran en mi mundo, aislada en mi isla, no me conocen, no estropean la vida, como cuando hablaba e me oían. La verdad, es que ocho horas, o más las paso durmiendo, Dos o más en la cocina, tres mirando con atención lo que pasa en el mundo, por las noticias. Si meto las que gasto en limpiar la casa, tratar de lavar e planchar, tres horas, dos para mí aseo e ponerme presentable, restan, dos o tres, para sentarme frente al ordenador e intentar escribir. En medio de estas cosas todas coger el teléfono, contestar al móvil, hacer cuentas, tratar de papeles, orientar lo que tengo que resolver, el día no llega. E aun salgo, paseo, me gusta mirar los escaparates, compro alguna cosa, busco algo específico, como ahora, un árbol de navidad pequeñita como mi apartamiento. Aunque este ano no tenga familia, voy en tamaño reducido, vivir esta cuadra que tanto me gusta, No tengo regalos para dar, no tengo a quien, solo a mi e mi compañero. Pero, adornar como pueda y lo mejor posible, lo haré, aunque sea por respecto a mis Padres, a mi pasado engañoso, donde tanto trabajo tuve, para cambiar el ambiente en mi casa antigua e dar todo que he podido, a quien no debía. Los días nascen para todos e para mí también, por eso, ¡adelante! “Por morir una golondrina no acaba la primavera”. Cuanto menos tengo de afecto, más deseos me cogen, para buscar substitutos, que me regalen un poco de felicidad. Es la vida, es la necesidad de sentirme viva, de no parar, de que los días, no sean huecos e sobren horas. Puedo doblar, nunca romper, entera, me hice, sola, sin ayudas de nadie, entera hasta mi final, lo seré, ¡mismo que las gallinas hablen! Nada ni nadie podrá más que yo. Solo mi Creador tiene ese derecho. Los demás son fantasías, con su orgullo e falta de realidad. Perdiendo el tiempo están, yo lo estoy ganando. Así que a continuar a hacer mis cosas, el tiempo para escribir se agotó. A volver a mis obligaciones e placeres. Otro día vendrá. Mejor, seguro que sí. Sola, sí, por una parte, por otra mui llena, es la compensación. E así es mi tiempo de esta época de fiestas. Con salud, todo es bueno. Con alguien aunque sea uno solo, es mui bueno. Los que están fuera de mi puerta e no quieren entrar, que me olviden. Cada uno que haga como quiera, si cambian lo bueno por el malo, que lo aprecien e sean felices en su elección. Oporto 9 de Diciembre de 2012