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QUE PESADILLA MAS MALA ACABO DE TENER. QUE TENIA YO QUE VIVIR EN LA MISMA CASA CON UN YONQUI CON SIDA DE MI BARRIO QUE ADEMAS TENIA UN TIGRE. Y EL TIGRE ADEMAS LA TENIA TOMADA CONMIGO Y NO ME DEJABA EN PAZ, QUERIA ESTAR A TODAS HORAS CONMIGO. ME DAN MUCHO MIEDO LOS TIGRES Y LO HE PASADO MUY MAL EN EL SUEÑO. EL TIGRE NO ME DEJABA TRANQUILO. ESTABA YO TUMBADO SOBRE EL COLCHÓN, en el sueño, Y EL TIGRE SE PONIA A MI LADO Y ME ABRAZABA. Y YO VIVIA ATERRORIZADO. EN CAMBIO EL YONQUI SIDOSO NO LE TENIA MIEDO AL TIGRE; JUGABA CON EL Y LE HACIA TODA CLASE DE CARICIAS. ES UN YONQUI CON SIDA SUPERFEO DE MI BARRIO QUE SOLO LO CONOZCO DE VISTA, ni sé donde vive ni sé cómo se llama ni he hablado nunca jamás con él, pero ayer se cruzó conmigo en mitad de la calle y me echó una mirada de mala leche que acojona. ME DAN MUCHO MIEDO LOS TIGRES. LO HE PASADO MUY MAL EN EL SUEÑO ESTA TARDE, ME HE DESPERTADO SUPERAGOBIADO.
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Poeta
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Tras los barrotes de aquella cárcel, condenado a una perpetua cumplir, por malos caminos con trágicos vientos, una desgracia de donde no pude salir. Quebraba el destino a mi santa madre, quien en su lecho desconsolada con lágrimas afrontaba la desdicha de no volverme a ver… Una mañana partió hacia el cielo, dejándome un inmenso vacío en el espíritu doblegado por la justicia injusta del hombre. Hay tanta crueldad en estas cadenas arrastradas durante este hueco -a quien no puedo llamarle tiempo-. ¡Porque el tiempo pasa, y éste aquí sigue prisionero conmigo, muriéndose en una celda, en donde todo sucede y nada amansa!
En una tarde lluviosa, cuando del cielo gris una luz salida de un endeble rayo, alumbraba aquella fortaleza impasible; en aquella tarde, cuando el silencio era solo interrumpido por el sonido de las finas goteras de lluvia al caer, vi a mi madre cruzar por el patio de la prisión hasta llegar a mi celda, allí le miraba una y otra vez ¡estupefacto! Mis ojos brotados del asombro esculcaban aquella imagen transparente llegada de las blancas nubes; y ella con sus mejillas mojadas de tanto llorar me decía: -Hijo mío, por última vez he venido a verte. ¡Y yo caminaba hacia ella tratando de abrazarla, pero su imagen como el humo se deshacía, se me escapaba de entre los dedos! Mientras la lluvia arreciaba y el relampaguear destellaba el lugar… Pasado un rato el aire silencioso, otra vez, volvió a ocupar su espacio, y con ese silencio desolador me despojé de la mal oliente camisa y la atornillé alrededor del cuello, y le apreté, y le apreté, y le apreté con todas las fuerzas que dentro de mi ser existían, hasta que el cuerpo se desplomó sin un aliento de vida.
Julio Medina 18 de agosto del 2013
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Poeta
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Ilusiones, mescladas con deseos, sin tiempo de duración, ilusiones que son nuestro querer ser algo distinto, oh tener lo que siempre anhelamos. Ilusiones hechas derrota, incapacidad, como hormigas que piensan hacer cosquillas a un elefante. Mientras luchamos por tenerlas, todo es fantasías alegre y esperanzas, polvorín en nuestro sentir. Pasa el tiempo y felices somos victoriosos, pues pensamos que conseguimos lo que queríamos y así unos tiempos vivimos, apartados de lo que está a nuestro alrededor. Engaño, como vela que se gasta, acaba por apagarse. Peor se queda, mas vacíos, des iludidos y sin culpa de nadie, quedamos sin rumbo, a gastados,. Es cuando queremos empezar a tener otras ilusiones, deseos, cambios en nuestro vivir. Así somos, por mucho que nieguen, nunca estamos satisfechos. Sin pensar llevamos otros junto, a quien hacemos sufrir y quizá seamos su ilusión. Cuando lastimados, por otros, hasta el exhaustivo, pagan los que tanto batallamos para tenerlos junto a nosotros. Somos injustos, crueles, pero por la boca sale el dolor del corazón. Como piedras lanzadas ya no las podemos parar y así herimos, porque estamos doloridos, a quien no debemos. Lo sé, intentar no hacerlo es batalla perdida, cuando vivimos para allá de ser uno más entre tantos que no sienten e nos llaman, románticos, soñadores, oh mismo locos. Como un tornado, somos llevados, sin quererlo, a otros sitios que pocas mentalidades, consiguen alcanzar. No tenemos más inteligencia, solo un corazón enorme e un deseo hambriento de elevación para allá del vivir por vivir. En medio de metal frío, hormigón ceniza, en que estamos, somos un arco iris de mil colores, que solo nosotros vemos. Lo pasamos mal, tremendo este mal estar, este nudo invisible que nos corta la voluntad de vivir, tremendo el querer e no poder. De chistes solo no quiero reír, pero de alegría, carcajadas melodiosas, por poder decir lo que en realidad soy. Amar muchas cosas, principalmente amarme y poder estar en paz, con lo que me hace falta. Confianza en la ternura de otro corazón. Por hacer el camino de Santiago dan un diploma, por hacer el mío, nada he recibido, solo desilusión y falta de comprensión. Por montes e valles anduve, bajo lluvia y sol intenso, piel grietada por el viento helado y no he llegado a parte alguna. ¿Será que un día llegaré? ¿Y los que son como yo? Solo pasado el tiempo lo sabremos, solo deseo que no sea tarde demás. Con el corazón pido perdón si he lastimado a quien no debía. Tampoco perdono a quien me ha empujado, con maldad para este vivir sin quererlo. Si quieren desgastarme y que desista, no lo conseguirán. Mi dueño es Dios, me ha prestado mi vida, la viviré como deseo. En sueños, deseos, ilusiones, mismo que me llamen lo peor. Oporto, 15 de Agosto de 2013 Carminha Nieves
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Dos segundos faltan por llegar ahora que el reloj sigue en el mismo lugar… Ya es hora de precisar el tiempo, pero no lo hace, esta detenido mientras el crepúsculo yace. ¡Es tan breve el instante! Manifiesto escapa, frente a tus grandes ojos grises atrapa la mirada atónita, perdiéndose en el infinito, quedando huellas en el reflejo estricto.
Nada más en la memoria le he podido detener, solo allí sostengo su paso recurrente reponer a la existencia real, un espacio propio del pasado -aunque siempre vaya adherido a mi lado-.
El tiempo nunca marcha atrás, en su recorrido va dejando pruebas detrás de cada acción tomada, aunque no volvamos a recordarnos de ellas tal y como esperamos.
Dos segundos en la vida me faltan, sin ellos oscilando las manecillas saltan, y nada enseñan por el horizonte cumplido porque el reloj sigue así; detenido.
Julio Medina 7 de agosto del 2013
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Un Padre enseña a sus hijos a ser malos.
Estaban sobre el puente el padre con sus hijos. El padre llevaba un saco con pan duro. Echaron el pan a las aguas trozo a trozo. Las truchas se abalanzaron sobre los mendrugos flotantes.
Era un precioso carnaval de truchas verdes. El sol daba al lago un matiz de oro puro. Los peces agonizando se peleaban con furia. Los niños extasiados contemplaban la escena.
La belleza era mucha, irremediable, los peces, preciosos. Luchaban entre ellos por los mendrugos mojados Que el padre arrojaba con una gran sonrisa.
Los niños no dejaban de reír y reír. Imaginad que los mendrugos son dinero y los peces personas. ¡¡¡¡¡¡¡Mirad como se desollan por la avaricia los hombres¡¡¡¡¡
Egipto. .......................................................................... Francisco Antonio Ruiz Caballero. Por dinero baila el perro.
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lety,amor deseo y pasion en tu cuerpo en tus ojos y en tus manos amor de siempre,amor de hoy te amo te siento te necesito por tu sentido de lo bello por tu forma de amar por quererte asi por amar tu piel que es hoy y siempre despierta en mi el amor sentido el amor de a dos somos pareja somos deseo somos pasion y hoy estamos aqui
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Despierto entre sueños,
viejas mañananas vacías,
hoy se tiñen de companía,
entre sábanas que se agitan.
Despertar entre fantasías,
sueños, claridad y tu risa,
suspiros entre mermelada
que endulza tu sonrisa.
Lila Ferrari
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Plastificación en vivo. Se trata de descuartizar a una persona. Pero de descuartizarla lentamente, para que sufra al máximo. Se la puede echar a los cerdos para que los cerdos, los jabalíes, le devoren los pies poco a poco. O se puede usar la sierra mecánica, como en “Scarface” de Al Pacino. O se le pueden inyectar en vena anticuerpos contra la queratina, para que el individuo a torturar se desolle a sí mismo entre atroces dolores inflamantes. O se puede hacer lo que hicimos un día en la clase de citología de la Licenciatura de biológicas con una rata viva. Veréis. Teníamos a la rata sujeta, y le buscamos la aorta. Luego le inyectamos en la aorta un plastificante. El plastificante, una especie de gelatina, convertía en goma, en plástico, los tejidos. Me imagino que sería como si con una cuchilla de afeitar te fueran rebanando desde los pies a la cabeza. El tejido quedaba totalmente convertido en goma, en plástico. Y luego la rata ya muerta podía ser seccionada, sus órganos internos, cerebro, intestinos, pulmones, hígado, extraídos, cortados, teñidos, vueltos a cortar, y mirados al microscopio. También se puede hacer lo que le hicieron a sir William, Mel Gibson, en “Braveheart”. Sacarle las tripas. O ahogarlo lentamente en una piscina de grasa de cerdo pestilente. O la Hoguera, que es la favorita de Joaquín Sabina. Pero me quedo con la Plastificación. Queda la persona inmortalizada para siempre, indeteriorable por los siglos de los siglos. Momificada. Hace un par de años hubo una exposición, aquí en Sevilla, de cuerpos humanos plastificados, fue una exposición fastuosa, bellísima, había hasta una jirafa sabiamente plastificada y despellejada. Lamentablemente mi hermano se negó a visitarla, costaba dinero la entrada y a él nunca le han gustado las exposiciones. Hugo Chaves también se negó a contemplarla, decía que era poco respeto a los muertos. Pero a mi me pareció una exposición bellísima, estupenda, muy completa. Un lujo para estos ojos míos que han visto tanto. Hombre, en Hannibal, en la película Hannibal, Ray Liotta se come su propio cerebro. Aunque dicen los sacerdotes que nada hay que temer si se está con paz con Cristo, ni la tortura, ni la muerte. Los Judíos decían que era preferible el suicidio antes que caer en manos de la GESTAPO. Otra forma de tortura es la gota Malaya. No me refiero a una caja que te vaya torturando el dedo gordo del pie con un tornillo. Me refiero a que te depositen una gota de agua fría sobre la frente cada x minutos. No puedes dormir y te condenan a estar despierto hasta que mueres. Atado de pies y manos. En una locura terrible. ¿Cuánto daríais por un hijo o una hija o por el amor de vuestra vida?. En fín. Uno de los mayores miedos de los hombres es la castración. Hay muchos hombres que se niegan a recibir una fellatio precisamente por el miedo que tienen a la castración, son pocos, porque la lujuria hace valientes a los más cobardes, pero los hay. Uno de mis mayores miedos es la castración. Después se puede tener miedo a la pobreza, a las cucarachas, etc. Bueno, hay hombres a los que no les da miedo nada. Se arrojan en paracaídas y disfrutan, o se meten a trabajar de espías en Afganistán. Lo mismo es que es verdad aquello de que más cornás da el hambre. Confieso ser un gran cobarde. Espero no estar nunca en un trance. Y ahora se me ha ocurrido otro tipo de tortura. Algo que afecte a los canales semicirculares del oído, para que el torturado viva crueles mareos continuamente hasta morir. Joder, soy un sádico. ¿Cómo se puede estar a las cinco y cuarto de la madrugada de un sábado en una noche de insomnio hablando de estas cosas?. Los hombres que no tienen temor de Dios son capaces de todo. Un ateo puede ser el peor de los bichos, porque puede que no tenga miedo a un castigo después de la muerte. De todas formas me dijeron un día que las alimañas no tienen alma. Llegado el caso todos nos podemos convertir en alimañas, si te tocan a tu familia te olvidas hasta de Dios. Ojo por ojo y el mundo acabará ciego dijo alguien un día. Los fanáticos tampoco tienen miedo a nada. Dios os libre de caer en las manos de un fanático. ............................................................ Francisco Antonio Ruiz Caballero. Viva el Sevilla y Viva el Betis.
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Mi mejor musa fue una partida, la verdad entre las manos de una tarde en delirio usando de bebida la humedad de una pastilla creando tumultos de Fe e ironía. Mi mejor noche fue una sonrisa, comentarios apáticos de música, cigarros y alguna que otra compañía.
Con los pasos de ceniza y las miradas perdidas se fugaron las medidas de una ropa que no es mía.
Aquí, dentro de un orgasmo de ojos verdes, en el espasmo de una piel muerta de cansancio, de senos envenenados de sudor, de unas piernas que me cantan a contraluz, de una sed de mujer en otros años, en otras páginas.
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Razones vendidas al por mayor, incienso derretido de ilusiones baratas, estás con el olor de un beso desequilibrado, y radicas en los deshechos de esta enfermedad cotidiana que todos llaman locura.
Eres pared de huecos libres, un lamento que truena en los oídos de una casa deshabitada. ¿Para que convencer a tus fechas de caducidad? ¿Para que acribillar el vértigo de unos dedos que no invierten tiempos?
Ya no eres precisa.
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