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lety amor de cumple,amor de siempre me perpetuo en tu mirada y me pierdo en tuboca deseo de tenerte accion de amor accion y verdad de tus ojos de tu cuerpo de tu mirada de tu touch te quiero te deseo te necesito porque sos mi amor aqui,ahora y siempre por tu sed de tener por tu deseo de amar en tu mar de conviccion en tu cumple lo mejor para vos que es amarte
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Poeta
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Xcrit. Bajo la Luz de ese sol en Xcrit todo es azul. La radiación se abre paso, una radiación ultravioleta tan intensa que el día es azul, un azul violento y rabioso, que da cuchilladas frenéticas y daña la piel, la quema en pocos segundos, como si de agua hirviendo se tratase. Bajo esa pantalla de frenesí luminoso las cosas tienen la tonalidad y el matiz fantasmagórico de lo sumergido en una discoteca. No hay vegetales ni animales allí. Tan solo un desierto de arena azul cubierto de algas y musgos, proyecciones detríticas de arroyos secos, y, en la estación lluviosa, torrenteras bestiales. El traje protector brilla blanquísimo como un ascua fluorescente, un rabioso pulso de piano o un toque de diapasón cristalino y brutal sería capaz de acompañar el ascua fragorosamente blanca en que se convierte cada silueta. Somos espectros bellísimos, atletas hermosísimos y ángeles en medio de un bronco almíbar de ultravioleta. Figuras de simio humano, de gorila humano de hombros anchos y brevilínea sublime, apuestas, seductoras como arcángeles. Buscamos los diamantes, fosforecen iracundos en los valles secos, junto a los musgos negros, en las hondonadas azules, despiden llamaradas despiadadas bellísimas, fúlgidas, cegadoras. Ya todo de por si es cegador allí. Brilla , rebrilla, y vuelve a brillar, hasta lo negro, hasta volver negra la visión. Toda esa belleza para nosotros nos importa nada, sólo buscamos la ganancia, somos ambiciosos, y por mor de ambiciosos somos insensibles. Por eso hemos cometido asesinato. Matamos a nuestro capitán, quería sabotearnos el beneficio, había pactado un quince y nos propuso un siete, tenía las llaves de la caja, lo desnudamos en medio del desierto, se quemó vivo en media hora, nos divertimos luego arrastrando su cadáver por el valle, dejó restos de tripas, sangre, piel, y heces. Más adelante descubrimos un filón, en el despeñadero. Había que descender en picado, bajo las poleas, allí estaba la veta madre del diamante, brillaba como un chirrido y un relámpago, precisamente hubo lluvia aquella noche, y se vieron raíces retorcidas en el cielo, carmesí como el vino de un cáliz, granate hasta lo criminal. Hemos hecho una buena minería, nuestros depósitos están repletos de material, la noche esta nos hemos entregado a una bacanal de alcohol en la base, hemos bebido y hemos tomado Lectra, aunténtica Lectra destilada de cactus espinosos, vimos el cielo verde, era tan verde como las pupilas de las huríes, yo hice el amor con una estatua, en mi habitación estaba sensual y oferente, la poseí con vigor, luego la estrangulé, tire su cuerpo al desierto, como un trapo sucio. No me arrepiento de nada, la hubiese estrangulado siete veces más. En mi corazón hay un tigre, en mi cerebro una montaña de estiércol, una mona huesuda que agarra una quijada de asno, una mosca, un tábano de las selvas, avieso y lascivo, feroz, desaprensivo, podrido, y mi cabeza es una tumba llena de esqueletos, su tuétano es la sangre que me corre por las venas, me alimento de esa porquería como los ángeles y los dioses de la ambrosía celeste. No me arrepiento de nada. Sé que tengo preparado el patíbulo en Ondice quinto, y me río. Sé que han proscrito mi nombre y que ofrecen por mi cabeza cien mil sestremas, y yo me recochineo en el aviso. Sé que los sacerdotes me ponen de ejemplo. Y yo comulgo con Satán en Xcrit, mi fortuna es capaz de comprar la salvación. ............................................................. Francisco Antonio Ruiz Caballero.
http://www.youtube.com/watch?v=kSXDiPcj3GM
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DISECÁNDOSE
Entre las olas el viento se baña, sus lágrimas de flecha y fechas, en las gotas del pasado cargando, la pura voluntad pasajera del otoño, amarillo en la pradera tempestuosa, negra la paloma desempleada sufre, verde al cielo ardiente confidente, enrojecido enmudecido envanecido, por el agua del metal del campanario.
¡No!. El remedio amargo es el destello, en la vitrina dibujando en hielo flores, medallas temblorosas en dulces días, caminos polvorientos en noches frías.
¡Sí!. Asustando al bosque con gotas, de aserrín de hachas de fuego de sequía. ¡Qué incuba huevos en la lengua larga!. Arrugas del tintero entre las uvas flamas. Veladoras boquiabiertas como estacas, anudando al zapato escalofríos ligeros. Entre los dolores redondos en la frente. E iracundas las paredes hechas hueso. Silencio. Las tumbas sepultan las noches, del humo que muere gritando, en pedazos de historias del polvo, en recuerdos que muerden presentes. Silencio. ¡El viento, disecado, disecado, ha sido bañado en lágrimas secas!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Arrugas del tiempo Autor: Pierre Reverdy 1889-1960 ( Francia ) De ¨El Tragaluz oval¨ 1916 Versión: César Moro.
Arrugas del Tiempo
Cuanto más grito más fuerte es el viento La puerta se abre Arrastra la piel y las plumas Y el papel que vuela Corro por el camino tras las hojas Que echan a volar El techo se rebela Hace calor El sol es un imán Que nos sostiene
Desde kilómetros Me gusta el ruido que haces Con tus pies Me dicen que corres Pero nunca llegarás nunca
El Viejo aficionado al arte tiene una sonrisa idiota Falsario y ladrón Animal nuevo Todo le da miedo Se apergamina en un museo Y participa en las exposiciones Lo he puesto dentro de un volumen en el ultimo anaquel
Ya no cae la lluvia Cierra tu paraguas Que vea tus piernas Abrirse al sol
Autor: Pierre Reverdy Francia 1889-1960
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TÉRMICA MUTACIÓN
Era el invierno en el techo, y en el verano era el lecho, primaveral y otoñal hecho, al reloj el fuego turbado.
¡Porqué vuelca al volcán volando!.
Y enrojecían brisa y piel, inclinada la pared mecía, reclinada la sonrisa flor, haciendo pétalos y carnes.
¡Aquéllo que habrías volcado pudiendo!.
Entre los perfumes los ardores. Dejan en la época opaca luces. Recogiendo del silencio perlas. Y del abismo mentiras que muerden.
¡Eso que más que volcaría volaría!.
Al papel de las sombras las sobras. En sobres sobrios agrios. Un rizo que así hizo a la risa. Cobre lágrima grave ajena.
¡Dónde vuelcan plumas en hojas palabra!.
La esperanza temblorosa del instante. Del eco tapizado ciervo cierto curvo. Por esas estrellas que sirven en vasos. Amores en piedras tristezas naranjas.
¡Dónde volcarían tintas letras pronto!.
En la corteza del pozo cereza mañana. En el techo que era el hecho. Un lecho de fuego hecho. Un hecho invernal veraniego.
¡Cuándo volcáremos la razón en acciones!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Estoy distante y cada vez me alejo más esferas celestes orbitando y yo al otro lado de todo nadie me ve; nadie me siente, igual no me quejo veo un mundo donde yo mismo soy un extraño.- De pronto hay más habitantes no lo sé, no los percibo me canse tanto de tantos que ya no los quiero y ando por mi mundo con los sentidos dormidos.- Antes hablaban de soledades falsas espejos sin fondo que reflejan ningún sentimiento nunca ofrecieron nada pero clamaron amor que nunca dieron.- Hay hogueras destilando un humo espeso más niebla atómica le pusieron a estos irracionales que andan sin parar de pronto piensan, creería yo en dinero y en maldad porque de amores, donde están, donde se fueron.- Seria por eso que me aleje no encaje en este mundo de avaricia de apostatas sin fe y de gentes sin esperanza que clama justicia y nunca se ve.- Hui al otro lado de la esfera de pronto para encontrarme yo mismo sin creer en los demás pero más me perdí y tuve que regresar al mundo indolente que proclama todo y actúa sin ley.-
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Palabras que van y vienen a veces sin tener algún sentido, la cordura son lo único que las detienen, aunque pienso que en ocasiones la he perdido.
Pensamientos trasfugados de situaciones inesperadas, convertidos en versos mal logrados, que quedaron en ideas olvidadas.
Tremolina de sensaciones rondan en mi mente, donde el reciario es mi corazón, el cual muchas veces resulta más inteligente, aunque a veces se deja llevar por la emoción.
Palabras que inertes yacen en el pensamiento, carentes de alma como otras que de allí han surgido, hacen que por fuera luzca contento, pero en realidad herido de muerte he sido.
Lloro con una sonrisa en los labios, ocultando mi profunda tristeza, actuando como lo hacen muchos sabios tratando de mantener la entereza.
Noches de agudo desvelo, donde cuesta encontrar las madrugadas, mi almohada mi único consuelo, la cual se encuentra mojada en las alboradas.
Realidad que parece pesadilla, en océanos de oscuros atardeceres, panteón donde naufragan las travesías de sueños ilusiones y algunos quereres.
Zombi sin haber perecido, deambulo en el valle de la desesperanza, mi ser está completamente compungido, he perdido del todo la confianza.
Recuerdo lejana y borrosa lo que es alegría, difícilmente describiría la felicidad, para mi es solo una fantasía, al verme aquejado por esta horrible soledad.
En la isla del desencanto me encuentro varado, sin barca en la cual me pueda alejar por la melancolía he sido capturado y no veo quien me pueda rescatar.
Pues del mundo estoy excluido, la vida me ha desahuciado y aunque todo lo vea perdido, se que Dios no me ha olvidado.
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Poeta
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Hermosos Chavales de Dieciséis Años, Delgados y Desnudos, con Gargantillas de Pinchos en el Cuello, Pero con unos Pinchos superlargos, de Forma que los chavales no pueden ni abrazarse, ni chuparse, ni besarse entre ellos. En un Salón Gigantesco con las Paredes de Oro y en medio un Perrito de Bronce Gigantesco de Metal Rosa de estos que tienen la Forma de un Globo de Gas Retorcido. Algo exquisito y superbonito. Y divanes de Color verde.
Las curvas del perrito de Bronce gigantesco Competían con las rectas de las sombras de los muchachos. Los Franciscos prisioneros eran esbeltos y delgados Y llevaban al cuello púas de poder homicida.
El deseo era como una pulsión de protervia para los cisnes, Para aquellos gallos hermosísimos que se mostraban desnudos Sin poder comerse, hambrientos y locos, Con la apetencia de la belleza en los ojos y en los labios.
Lobos que se protegían los cuellos con aceros.
El colosal perrito salchicha, encanto de niños chiquitines, Estaba allí contemplando el martirio de los chavales, Lo suficientemente procaces para reírse de aquel muñeco de bronce Que los miraba en el suplicio del amor no correspondido.
Tenían los muchachos ponientes sevillanos en los ojos, Tetillas sonrosadas y labios como cerezas, y el músculo fuerte Y las nalgas redondas, sandías partidas, y los penes como cuchillos.
Pero alrededor de los cuellos tenían los pinchos de los cactus, Irascible manera de decir, voy a asesinarte si te amo.
Como el perrito era de Bronce rosa no explotaba con aquellas púas.
Por los demás todo brillaba como un ascua de oro salvaje.
Sobre los divanes esmeraldas los muchachos parecían Dragones.
Rosas con espinas. Puercoespines de Gloria.
Los pinchos impedían que se entregaran al Mal. ............................................................................................ Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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Como tarde de otoño con tintes de invierno. Las hojas secas rosaban las suelas de sus zapatos, mientras el permanecía inmobil,inerte, extraído de todo lo que sucedía a su alrededor.
En su mente atravesaba el recuerdo refugiado en matices de ciudad y noches a su lado, más el sabia que no volvería.
Al igual que las hojas en otoño, próximas al invierno, el pasado con ella era solo un recuerdo y su presente se había marchitado, de tal forma que solo le quedaba el invierno y las hojas bajo las suelas de sus zapatos.
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E.R.I.T.R.O.C.Í.T.I.C.O.
La sonrisa de las hienas tiene infinitos panteones de gatos y un perico de letras falsas que entintan las hojas rojas.
La sangre de las nubes gotea por las velas apagadas huyendo entre las paredes rostros de ausentes rincones.
La sonrisa carga un pañuelo de prisa porqué aquí sólo comen las corbatas monedas. La sangre sepulta una aguja de humo porqué allá dicen hacer dulces las tumbas.
¡Eritrocítico!... ¿Eritrocítico porqué? Porqué... Así se cambian en segundos los corales infestados por las miradas del color con poca suerte comunes entre la luz del pulpo que más traga los minutos ya comestibles que pasan por la noche dándose besos en un festín con el vidrio de las burlas encargadas de vengarse del cabello y el mercurio en la azulada conferencia de las flechas llenas de leña inocentes en las ropas interiores decididas y mejor desnudas antes de que fueran dadas de alta en el hoyo de un año que sabe cuándo alguien vio una autopista. Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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