Prosas poéticas

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Feliz Navidad

Feliz Navidad
Feliz Navidad también para ti y los tuyos. Para que el año venidero te llegue cargado de Paz y de ilusión. Para que te acerques un poquito más a tus sueños. Para que puedas tocar con tus manos ese mundo maravilloso por el que tanto luchas. Para que este nuevo año que llama a tu puerta, sea un desfile de alegrías que llenen tu vida y la de tus seres queridos de música y color. Para que este nuevo año podamos seguir compartiendo, sonriendo, disfrutando...

Para que en este nuevo año nos sigamos sintiendo vivos; para que sigamos siendo y sigamos estando.

Yo deseo lo mejor para mis amigos, para los que siempre están aún cuando no los llamo.

Deseo que la sonrisa regrese a quién la vida se la arrebató.

Que la miseria y la pobreza toque insistente en la espalda del que no quiere ver.

Deseo que el trabajo llegue a quien lo necesite para vivir.

Deseo salud para los enfermos y esperanzas para sus familias y también para ellos todas las sonrisas.

Deseo que los niños lo sigan siendo.

Deseo que los únicos golpes y gritos que se den, sean al aire y para pedir justicia.

Deseo que los que tienen la responsabilidad de gobernar abran, aunque sea por una vez, los ojos.

Deseo que cuando me llames te pueda oír; y cuando no lo hagas me acuerde de preguntar por ti.

Deseo que lo que escriba sea hijo de mi corazón, y te llegue.

Deseo que seamos más los que soñamos, los que luchamos, los que sabemos, los que queremos y los que podemos.

Deseo que nuestra Naturaleza se sienta orgullosa de seguir siendo “nuestra” y seguir siendo “naturaleza”.

Deseo que la vida sea amable para aquél que con amabilidad pasa.

Deseo que nuestros ancianos vean en su vida y su sacrificio, la mayor y más bella obra de arte jamás construida: nosotros, y sean felices.

Deseo que vivamos el presente, completos; que no “vivamos” el futuro… que lo luchemos y lo ganemos.

Deseo que se vayan los que sobren y que sobren los que matan.

Deseo que regresen todos los que faltan.

Deseo que esta Navidad lo sea de Paz y de verdad.

Deseo que estas letras te lleguen envueltas en sonrisas azules, que podamos compartirlas y juntos nos sintamos bien regalándolas. Que no te olvides de mí, porque yo sí que no me olvidaré de ti. Y que cuando vengan los días grises, buscando en nuestro interior, hallemos la fuerza, la respuesta, la razón y la emoción suficiente y necesaria para seguir caminando.

Todo esto es lo que deseo y todo lo que espero, y si todo no lo puedo conseguir, si algo me faltara, solo pido un deseo… que no me falte tu mirada.

Juan A. PELLICER.

©jpellicer

Volver a los 17...

Hubo un tiempo en que entre los amigos, solo era ponerse de acuerdo y organizar algo, esa ocasión ese algo fue irnos de caza y pesca, el año de clases había terminado y había una suerte de comezón por hacer algo diferente.
Excursionar hacia La Bonita, era una aventura que se presentaba excitante, la existencia en la montaña entre otros de: osos de anteojos, venados, conejos, dantas y muchas truchas en el río El Carmelo, nos hizo soñar colectivamente, sobre muchas escenas hasta entonces únicamente vividas en la lectura de libros, anécdotas de los viejos y en alguna película ambientada en condiciones similares.
No teníamos que salir siquiera, para empezar a quemar adrenalina, así que dimos trámite a la salida sin más ni más; embarcarnos fue cosa de un día para el otro; contactamos al otro Milton, pues su familia trabajaba en armería artesanal y era el candidato perfecto para proveernos de alguna que otra arma de caza.
Cuando el otro Milton llegó a encontrarse con nosotros al Terminal de buses, traía en un envoltorio de cueros y trapos, una destartalada escopeta que parecía un trabajo manual; Arturo llevaba el machete pequeño de la abuela, el Lucho llevó su guitarra, ¿cómo iba a faltar semejante compañía?, los demás todo el ánimo para compartir ese paseo -cuasi safari-, con cuotas de víveres que al momento de embarcar no llegaron, ni aparecieron, varios salieron con la ropa puesta y la confianza de que los demás llevarían provisiones.
Nuestros padres aprobaron y accedieron a este viaje de dos días, el lugar estaba relativamente cerca y no presentaba potencialmente peligros importantes. Salimos a Julio Andrade un pueblito que estaba a 20 minutos de nuestro Tulcán, allí recogeríamos a Patricio que vivía con su madre y por una vía secundaria avanzaríamos a un refugio en la montaña cerca del pequeño poblado de La Bonita.
Estábamos completos, el otro Milton y su tremenda arma, Arturo y el machete de la abuela, Bladi que sabía de artes marciales, el Chito que no sabía de artes marciales, el Lucho y su guitarra, Patricio y yo - el Milton-.
Esta travesía que ya iniciaba con cambios en las expectativas iniciales, tendría otros olvidos desafortunados, que más tarde ¡vaya que pesarían!, es que tras comer algo en Julio Andrade en casa de Patricio, caminamos largamente hacia La Bonita; varias horas que no las sentimos por la variada y amena charla, por la ansiedad ¡de llegar ya! a la montaña y verificar por nosotros mismos, todo lo que nos habían contado; cantamos también a capela una y tantas otras canciones, que por variadas y emotivas, animaron intensamente nuestra caminata, el objetivo era llegar al refugio antes que obscurezca.
Cuando por fin alcanzamos La Bonita, la tarde moría y el cielo amenazaba con obscurecer pronto, de modo que decidimos pasar de largo internándonos en la montaña, sin saludar en el pueblo ni preguntar nada, ¡típica actitud de novatos! Tomamos el camino o trocha a la montaña y continuamos la tarde estaba nubosa y la oscuridad inundó la serranía más pronto de lo que imaginábamos, además el cielo amenazaba con lluvia y si no encontrábamos el refugio había que armar una carpa para protegernos.
Los que se creían cazadores expertos e iban adelante no encontraron el refugio, así que tuvimos que armar la carpa con la lluvia mojándonos y dificultando la tarea, escogimos un claro en la ladera de la montaña y nos apuramos en completar nuestra tienda de acampar; así como en recolectar ramas secas y algunos maderos, para avivar una hoguera que nos proteja del frío y de los insectos.
Una vez más la inexperiencia hacía presa de nuestras decisiones, la carpa fue armada con una de sus alas hacia la ladera de la montaña, lo cual sin tener una cuneta alrededor de ella, ocasionaría más tarde que toda el agua que escurría de la montaña se acumule en este lado de la carpa.
Como si esto fuera poco, los errores logísticos empezaban a notarse con todas sus secuelas, varios no llevaron víveres, pensando que otros llevarían; en Julio Andrade, Patricio olvidó un costal con una olla, papas y otros alimentos que nos había preparado su madre; hubo un encargado de llevar licor, que también se olvidó un garrafón de “puntas” (licor artesanal de caña), en algún lado de su casa, así que tuvimos un paseo -0 alcohol-, aunque no teníamos ningún hábito dependiente a ese consumo.
Nos salvó unos atunes que había llevado el otro Milton y una buena ración de pan que mi madre insistió en que lleve, así como una funda de caramelos, de modo que tuvimos pan y atún como nuestro alimento principal y caramelos para acompañar de postre; cigarrillos hubo suficiente al menos para ese primer día y noche.
La lluvia cayó moderada, pero continua mojándonos a todos y acompañándonos hasta más allá de la medianoche; su caída sobre los árboles, matorrales y demás vegetación hizo imposible escuchar algún ruido extraño; sólo cuando escampó y nos concentramos en tratar de distinguir los ruidos de la montaña, pudimos escuchar los rugidos de algún oso, bastante distante de donde estábamos; sin embargo aumentó nuestra tensión y la quema de más adrenalina, que a esa hora ya tenía una buena dosis provocada por las historias que uno y otro conocíamos de otros cazadores de verdad.
A alguna hora de la mañana me tocó el turno de dormir y la lluvia volvía moderada y continua, mojado, cansado y con mucho sueño, apenas encontré uno de los extremos de la carpa libre, me acomodé a descansar, sin percatarme que se trataba del ala de la carpa que daba a la pendiente de la montaña y que seguramente tenía sobre sí, una buena cantidad de agua, que con el paso del tiempo se convertiría en más peso y más frío, esto sobre una de mis rodillas, consiguió que me ocasionara una suerte de calambre con mucho dolor.
Después del susto –pues me desperté quejándome del dolor-, todos festejarían la anécdota, hasta una fotografía tomó el Luís, con todos tocando mi rodilla; pero como cada nueva anécdota, tuvo su corta duración hasta la siguiente historia, así que el ¡Ayayay mi rodillita! se perdió al amanecer.
Es que con la luz del nuevo día, los exploradores frustrados del día anterior, descubrirían que habíamos mal acampado a apenas unos 200 metros del refugio, que era una casita de montaña amplia con una chimenea y una cocina de leña.
Tampoco era momento para lamentarnos, las escasas provisiones se terminaron con el ilusorio desayuno, entonces había que bajar al pueblo a pedir ayuda, pedir qué comer para ser más exacto.
Allí en el pueblo nos esperaba la más curiosa de las anécdotas del viaje: unos niños que jugaban fútbol en la plaza del pueblo cuando nosotros pasamos de largo, nos habían observado pasar, primero con extraña apariencia, luego muy apurados y por nuestra edad seguramente parecíamos estudiantes o algo parecido.
A alguno de estos niños se le ocurrió decir que parecíamos de la Misión Geodésica y que tal vez habíamos ido a medir el cuadrante del meridiano; esta ocurrencia horas más tarde había corrido como pólvora por cada casa del pueblito, a la mañana siguiente, todos observaban con curiosidad galopante que apareciéramos, pues además esa mañana habían escuchado varios disparos, lo que seguramente aumentó la incertidumbre de los desconcertados parroquianos, que en algún momento hasta pensaron en salir en nuestra búsqueda.
Es que como de cualquier manera había que dejar la montaña y no volveríamos (sin provisiones ni pensarlo), entonces al menos había que acabar con las municiones de aquella singular escopeta de fabricación casera, intentamos cazar algún conejo al menos, que si alguien lo vio, se espantaron con el primer disparo y el resto fue disparar al aire o a la maleza pretendiendo haber visto algún animalito del monte.
Frustrados por no haber acertado como exploradores, como cazadores, como organizadores de este safari de hambre; mal dormidos, muertos del hambre, finalmente aparecimos regresando de la montaña.
Nuestro arribo al pueblito de La Bonita, se da en un ambiente de simpatía, pues la primera impresión, para aquellos que se habían quedado con la duda de la ocurrencia del niño con mucha fantasía en su charla, fue: “… pero si han sido muy jovencitos para ser de la Misión Geodésica…” Nuestro aspecto de hambrientos y mal dormidos, debió ser también muy notorio, que consiguió generar en los adultos del pueblo un sentimiento de solidaridad.
Tras las aclaraciones de rigor, las risas y burlas por nuestras peripecias y novatadas, ¡nos invitaron a comer!, algunas de las familias del poblado, habían organizado una comidita para esos jóvenes que ¿qué mismo serán?
Seguramente todos recordaremos esa comida por lo sencilla, caliente y abundante; nos brindaron sopa de pan con queso, papas cocinadas, habas tiernas, mellocos y más queso, ¡ah! y limonada, mucha limonada. El almuerzo fue acompañado de canciones a los acordes de la guitarra del Lucho, que finalmente pudo tocarla, pues con la lluvia de la noche anterior ni pensarlo; fue nuestra manera de retribuir tanta gentileza y generosidad, cantando nuestro mejor repertorio.
Bladi y el Chito, para completar nuestras demostraciones de inexpertos, osaron ir a sentarse a la rivera del río que cruzaba por el pueblo, ¡a pescar!, ¿pueden imaginarse eso?, pero sí, convencidos de que podían pescar al menos una trucha, pasaron algún buen arto, lanzando y relanzando los anzuelos, sin conseguir izar siquiera un zapato viejo.
Con esta nueva anécdota y desencanto, llegó la voz de prepararse, el camino a desandar hasta Julio Andrade estaba entero y la tarde se mostraba corta, así que agradecidos inmensamente de La Bonita, ese pueblito acogedor, generoso, de gentes amabilísimas, salimos con renovadas fuerzas de vuelta a casa.
Esta vez las canciones sonaban más claras, los cigarrillos se habían acabado en la larga noche anterior y ya nadie hacía pausas para fumar; los regresos siempre son más rápidos y a pesar de que fue la misma distancia que recorrimos a pie, alcanzamos pronto Julio Andrade, cuando la noche caía ya.
Preferimos no molestar más en casa de Patricio y buscamos el primer bus que nos lleve de regreso a Tulcán; Patricio se quedó con su madre y nosotros buscamos urgente un asiento, para descansar de la caminata, del viaje, de tantas peripecias; ya vendrían nuevas incursiones, tal vez las hagamos en minga y soñemos otra vez colectivamente o simplemente las enfrentemos solos como Quijote a sus molinos de viento.
En la vera del camino donde nos embarcamos quedaba olvidado el machete pequeño de la abuela de Arturo, especial porque era corto y tenía un mango tallado en bajo relieve, clavado en el suelo, protagonista de la última anécdota de este viaje, que seguramente le trajo un nuevo dueño y hogar y seguramente también nuevas anécdotas…

ERES AJENO...

Te disfruto ajeno, porque sé que entre mis versos te tengo,delirio de amor mágico y maravilloso en esta tibia noche.
Porque aquí estas…en cada palabra, en cada letra, en cada frase
¿Qué te puedo decir que ya no sepas? ¿Qué te amo? Ya lo sabes...
Te puedo decir que en este instante llegaste a mí y es en este instante que nace el alma que nos impulsa por encima de la materia.
Apago la luz… se iluminan nuestros cuerpos,despojados del miedo y la vergüenza vibramos de pasión en cada beso , el eco de violines y el perfume de rosas lirios y jazmines,nos transportan a los portales del cielo…te dejo ir porque eres ajeno,pero aquí te disfruto mío porque se que volverás en otro verso.

Griselda Susana Diaz

Aprendiendo a Amarte, Mi Tango

Aprendiendo a Amarte, Mi Tango
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Surcó los mares y recaló su engreída barcaza en mi piel, con autoridad incuestionable. Me entregué para que se meciese sobre mi puerto cuanto quisiera, erizando cada rincón de estos poros que me dan la vida. Lo palpé ensogándome el pecho, jugando en los peñones de mis hombros, alargándome los brazos y enseñándome a abrazar a lo hombre. Para seguir adelante, sin pedirle permiso en un arrebato de gallardía hice lo impensable: logré transformarlo en mujer.

Ella enmadejó sus venas con las mías, para embriagarnos en la compartida sangre que hierve. Por su adorada culpa, lo melancólico era ya pena descarnada y milenaria, y el metejón era ahora defendido en un duelo final de cuchillos. Pero jamás olvidaba mi pecho que eternamente estallaba por ella, ni mi virilidad que palpitaba al solo roce de sus labios. Sentí su rítmico respirar contra mi rostro, y devorándole hasta su último resuello me paseó con detenida calma por su figura griega. ‘Todavía no estás listo”, susurró en mi alocado oído.

La dejé que juegue conmigo hasta el hartazgo sabiendo que algún día me haría alado. Cuando así lo hizo, pude lanzarme a su calor sin ese miramiento pacato del mundano bailarín que solo baila y escucha…que es incapaz de vivir y abrazar un tango.
©Gustavo Larsen, 18/07/2013

Ochentosa

Ochentosa
[img align=right width=450]http://www.argentour.com/images/puerto_mar_del_plata_2.jpg[/img]

Vio mi hija la luz
en la década del ocaso de la pluma.
“Mejor que en la paz
que forzaron los neutrones”, me alentaba.
El silicio sentenciaba con calma a las bibliotecas.
Ajusticiaba lo lentamente olvidado
con la memoria volátil.

Ataviada de naciente venía ella
y yo arrumbando finalmente mi mocedad
en algún teorema de Laplace o de Schrödinger.

Ella adoraba
la orografía de la plaza, los columpios
y un tobogán escarpado,
los jilgueros suplicantes en el sauce.
Era la pampa el cuerpo firme de su Atlántico.
Todo verde, ¡verdeciendo! dentro de dos pupilas.

La democracia también era ingenua, coetánea.
Las dos descubrían las multitudes cantando,
las guitarras en las escolleras de Marpla
arrancando de sus sueños una desnuda causa,
coreando como reguero de gaviotas.
Vieron ellas los lanchones sin prisa en la tarde,
afirmando el armisticio con su vientre repleto.

Eso fue entonces.
Todo ha pasado como olvidados códigos del viento.
Los años fueron una hiedra herrumbrosa,
la reminiscencia una roseta desesperada en el espino.
En el piano yacen varias canciones que aún no resuscitan.
Pampa y Atlántico infinitos, otrora verdes de faunos,
moho de sátiros.

©Gustavo Larsen, 02/09/2014

Día del Amigo - El Consejo

Día del Amigo - El Consejo
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El amigo de esas juveniles eternidades subjetivas de dos décadas de vida en un día especial como el de hoy quiso ofrecerle un consejo de amor, y le increpó sus atenciones hacia aquella mujer veinte años mayor que él: “astillas el hueso esponjoso...quemas la piel de un papiro…eres muy malo…”, a lo que él le respondió:

“La fibra de su corazón es mi mosto
y a las veces mi añejo vino.
Para ella, el atemporal y temido farallón
de aquella montaña que ves
es ahora de la tersura de sus senos;
invita, nunca impone.
Y el límpido surco torrentoso
que lo acaricia en sus laderas
es para ella la adolescente sangre
de la piedra milenaria.

Mi piel implora sus manos fuertes,
llenas ahora de ancestros bravíos.
El papiro de la suya que desdeñas
lleva escrito historias
del ardor sagrado que nunca se cuestionan…
y me enseña a leerlas.

Recibe al sol en la alborada
y a la luna en el cenit
de un día junto a ella
con el cariño y las risotadas
de quien recibe
a una hermana mas jóven el domingo.
Yo les llamo Febo y Selenia
por algún envejecido respeto,
pero ella les arranca sonrisas
en besos protectores.

Se regocija ante el mar
corcoveando un levante,
porque lo adora en su irreverente espíritu,
que se entrega al día siguiente
a la barcaza domadora.
Yo aún le temo a un oleaje garañón…
y ella me dice
que yo soy su blanca rompiente,
sujetando bridas con paciencia.

Sus años expertos
pueden ver la cruel simpleza de una guerra.
Mas como un niña, se confunde
con el enigma insondable
de la flor que le regalo en cada mañana.
¡ Sí !...soy malo como dices…
porque beberé
hasta su último respiro con egoísmo”.

Se abrazaron los amigos infinitamente luego de que el enamorado volcase todo su corazón palpitante hacia esa diosa hecha mujer sobre la mesa compartida de café…los amigos de verdad se hablan a calzón quitado y señalan por puro amor a veces los errores de apreciación del otro, sin cinismos.
©Gustavo Larsen, 07/20/2013

Caudal

Ese caudal de sangre floreciente,
inmenso, rumoroso, que se derrama siempre
trazando valiosos ríos que inescrupulosos guías
mal orientan hasta formar con ellos, mares
de consumo para el poder, salido de cauce
éste, y letal por defecto a su propia naturaleza.

Ese caudal de sangre indiferente,
ingenuo, bondadoso, que se confía siempre,
y sin noción de su autoridad, es contenido
para usura con un dique de artero propósito;
como inocente majada por malicioso pastor
o como fuerza natural por pérfido sabio.

Ese caudal de sangre impotente,
sufrido, quejumbroso, que se coagula inerte,
víctima de guerras de ambición y plagas
comunes y experimentales, de una ciencia
con venia para matar ‘en bien de la salud’,
en insensible y lucrativa faena onerosa.

Ese caudal de sangre intransigente,
sentimental, conquistable, que se auto hiere,
y culpable de su propia pena, testarudo,
preso en el mismo régimen, discurre egoísta.
Río que se hunde a sí mismo sin darse cuenta.
Que no encauzará feliz, si no venera su fuente.

Ese caudal de sangre inteligente,
sensitivo, generoso, que se falla inútilmente;
es río que debe confiar en sí y en sus iguales,
y ahogando sanguijuelas y facultando peces,
libre de egoísmos, aun gateando rebalsado,
debe aprender a transitar y gobernarse solo.

Ese caudal de sangre negligente,
incrédulo, que no acredita ‘utopías’ como ésta
ni congéneres, debe reparar en los genocidios
que sufre: los de tiempo y oportunidad vitales
a su ÚNICA E IRREPETIBLE EXISTENCIA; la cual,
redundo, les es malograda con política argucia.

Ese caudal de sangre independiente
y dueño propio, ya es tiempo que amartille su ola.

Noche de fútbol

Me gustaría abstraer con cada uno de ustedes una suerte de templo irreverente de… digamos 40000, sí, cuarenta mil personas de todas las edades imaginables, también irreverentes todos, sin moldear ni sujetos a protocolo ceremonial alguno, que no sea el de los tiempos de duración de los encuentros de fútbol que suscitan emociones, reacciones, angustias, gritos, sonrisas, llanto y tantas condiciones que no pueden predecirse ni limitarse…
En este templo, consideremos una final Internacional, que compromete a 22 atletas empeñando todo su talento, esfuerzos y condiciones para perseguir el triunfo, para vencer esa mezcla de sentimientos, de sorpresas y entregarse en estas justas fantásticas que convocan a millones de personas instantáneamente y por mucho tiempo en el futuro.
Pero vivamos con esos pocos miles que están vibrando, expectantes por cada movimiento, que en vivo, no tiene repetición y por ello, no admite distracciones… La sola espera previa, va desarrollando, avivando esta disposición a compartir, dentro también de las más variadas ocurrencias, bromas, cantos comunes, gritos y las infaltables y tan contagiantes barras…
Para mí, la memoria sobre un partido de futbol en vivo, dentro de un estadio, tenía algunas décadas de no vivirlas y aquellas imágenes vividas estaban muy lejos de un encuentro por un Campeonato Internacional y con equipos de gran trayectoria en cuanto buen futbol y jugadores talentosos…
Realmente distaba mucho, de los partidos de mi pueblo, con apenas unos cientos de hinchas asistentes a veces apenas decenas y en donde se derrochaba más entusiasmo que talento, pero que sin embargo sembraron de esa cuasi religiosidad que se vive alrededor de ese fenómeno deportivo planetario, más tarde se cultivaría con las imágenes de la Televisión y las noticias diarias y a cada instante sobre esa empresa gigantesca que sigue creciendo con el fútbol.
El fútbol es a no dudarlo, el deporte de más acogida y convocatoria en el planeta y en nuestra región… practiqué como casi todo el mundo algo de fútbol, siempre que fue posible: en la escuela, colegio, universidad, en el trabajo y en los espacios comunitarios del barrio, de los amigos, de los clubes y hasta de las organizaciones políticas… Con una sola singular característica, no frecuenté los estadios para vivir ese espectáculo en vivo, excepto cuando adolescente desde la cancha jugando un Campeonato Pre-juvenil, pero siempre rondó de inquietudes todos mis años, de ir algún momento a compartir ese especial espacio de un Estadio, de un Partido de futbol…
Quizás ese es uno de los instantes nunca compartidos con mis hijos, que no fue posible y que de hacerlo tal vez habría evitado que mi hijo se haga hincha del Barcelona –ja ja ja-, seguramente hubiese encontrado más espacios comunes y emociones para vivir con mis pollitos… aunque lo disfrutamos tantas veces a través de las imágenes en la televisión, en donde traslucimos nuestras reacciones, la intensidad de alegrías y frustraciones que llegan con cada jugada, con los resultados, con la fuerza que tratamos de inyectar a nuestros equipos, con la discusión de estrategias que debían ejecutarse para mejorar el desempeño de esto o aquello…
Fue gratificante siempre vivir los estallidos de emociones y las expresiones siempre espontáneas de mis pollitos, creo que intentamos aprender a aceptar resultados, también, sobre todo cuando el futbol era practicado por ellos… pero estar allí en un Estadio lleno, era otra cosa, parecía diferente, debía ser más emocionante…
Mis pollitos me dieron referentes inquietantes sobre estar allí… mi hijo Santiago, -me enteré después-, tenía entre sus planes compartir conmigo una tarde o noche de futbol, en un Estadio, en vivo… pero mi María Soledad, mi Solecita se adelantó, es que el Equipo que compartimos simpatías, disputaba una final Internacional en casa y todo se presentó posible…
No fue difícil entendernos una vez más y hacerlo nomás… fue sólo saber la hora y el día; salimos del trabajo -trabajábamos juntos- y aunque el tráfico no ayudó llegamos a… “La Casa Blanca” un hermoso Estadio repleto de hinchas que ya reflejaban cada uno su ansiedad y emoción de estar ahí, de ser testigos de lo que iba a ocurrir… no importa los resultados, el disfrute al máximo de cada segundo de ese ceremonial evento, que inunda el alma intensamente de compartir colectivamente el fragor de cada instante de un Partido.
Sumémosle los efectos de audio y video, las bengalas, el polvo y humo de colores y tendremos un preámbulo perfecto… Con los equipos en la cancha y siendo un encuentro Internacional, corear el Himno de nuestra patria fue algo que casi se reventaba dentro del pecho y cortaba la mala voz desentonada.
Cada jugada fue una suerte de escaramuza peleada y disfrutada, que en aquella exquisita ocasión tuvo como distractores otros elementos propios de estos eventos: en los que se vende más entradas de lo normal y los hinchas terminamos por compartir ajustados los graderíos de asientos, que cada nueva vez que regresábamos a sentarnos después de saltar emocionados por alguna jugada de ataque o defensa, volvíamos a sonreír y solidarios a estrecharnos otra vez… Un hincha sentado a nuestra izquierda adelante, nunca dejó de preguntar “por chupetes”a los vendedores, que se daban los modos para moverse en esa estrechez y resolver su día, con lo que sea que vendieren; no importando lo que llevaran –este hincha- tenía la pregunta lista “¿tiene chupetes?” y los demás disfrutábamos de la ocurrencia que además distendía los ánimos pues, los visitantes nos madrugaron y perdíamos por un gol.
Creo que terminamos cansados, como que hubiésemos corrido también un poco, sería la adrenalina quemada y los gritos, la tensión de los pases perdidos, los casi goles, los errores arbitrales, los insultos a los árbitros que no faltan y cada ocurrencia compartida, nos dejó –a pesar de haber perdido esa final Continental- ¡Satisfechos!, es que disfruté hasta de todo cuanto sigue ocurriendo mientras se abandona el templo y de la compañía de la permanente dulce sonrisa de mi Solecita, que nos acercó algo más que siempre…
Una casa llena es emotiva y vibrante, cualquiera esta sea, pero una casa llena de decenas de miles de espectadores, sale de las expectativas, esta vez no compartí un triunfo, perdimos por ese gol tempranero que nos hizo sufrir el resto del partido, pero tan solo llegar a este nivel fue un privilegio muy especial, que me convocó a saborearlo en la mejor compañía, con mi niña bonita…

Solo en la ciudad

[img align=center width=470]https://misiglo.files.wordpress.com/2012/11/ciudades-54dd-lisboa-portugal-rui-palha-illusion-scene360-com1.jpg?w=771&h=519[/img]

I.

En tí nuestros pasos pronto se convierten en los de otros,
¡ referentes, les dicen ! (ríe conmigo),
venerados como el aura de alguna creencia
que es fábula impúber e inverosímil.
Recuerdo al mirarte lo frágil de un pétalo
en la inoportuna escarcha. ¿O es mi reflejo en la vidriera?
¿Seremos ya tú y yo el pasado? No. El olvido del pasado somos,
niebla en rara translucidez.
Pero aún podemos ser barbecho entre dos surcos.
No, no…ese verso esperanzado ni tú ni yo ya nos lo creemos.
Y en tanto el dolor se instala,
nos detenemos (muchos como yo) un instante
para rendirle culto al café en la vieja esquina.

II.

No, no eres una gesta, ciudad. Eres mi búsqueda
de amorfos brotes, tallos que algún día nos validen a ambos.
Sentí desolación en mi intento de entenderte,
ser el pájaro sin alas en un viento de altas cumbres.
De tus ojos matinales se extiende un mar tranquilo,
es cierto, mas de muy dudosa higiene.
Tus calles, plazoletas, el neón irreverente
en un rincón histórico buscan lo vivo en
(y se llevan lo inerme de) un millón de corazones.

III.

Le tememos al hallazgo en las preguntas.
Hallar es reencontrar el viejo espejo.
Pero vacilar en lo onírico es el estilete
de la búsqueda absurda.
Cada invierno, cada día en tí
nos trae nuestro final,
ya sea en gris o en Technicolor.
¿Y esta doble hermenéutica? ¿De qué sirve,
si tus adoquines son menos sagrados que nuestras suelas?
Todo lo que quiero es ver entre tu sombra y la mía
ese ápice de lumbres que alguien me ha contado.

©Gustavo Larsen, 25/08/2014

Donde sueñan tus labios.

Es por eso de pagarle a la belleza que hablaré de tu ángel, de cualquier manera es inevitable que construya una ventana para que la gente pase y te mire como si una perfecta combinación entre comunicación y hermosura pretendiera infringir las leyes del tiempo. He de buscar entonces todo lo humano de tus ojos y en la mirada profunda, el iris de esas palomas titubeantes e indecisas que planean entre el deseo y la locura, el delirio y el atrevimiento. Quién pudiera ser al menos aire para mezclarse entre tus dedos y consumirse ahogado por haber deseado alojarse en tu cabello. Es tu boca un poema de dos versos donde el amor se te sale de los labios, en su vuelo las palabras se suicidan y ya en ruinas, engendran movimiento como si de tanto ser rima la rima se esfumara y tú, esa mujer cansada, sin saber qué hacer con tanta huida ni dónde esconder las palomas de tu alma, por un beso recogerías las cenizas de ese cielo más hondo donde sueñan tus labios y abrazarías tus lágrimas futuras para luego detenerte. No importa, siempre ocurre así, lo verdadero empieza o termina, deteniéndose. Mirad por la ventana y os haré el camino más largo, como si escribiese un poema lentamente por ese cielo tan hondo donde sueñan sus labios.

Reflejos viejos, de una Eternidad

Reflejos viejos, de una Eternidad
El amor dura lo que dura la brisa de una mañana,
tiene fases como la brillante luna de anocheceres rojos,
es dueño de la primera mirada, en la primera cita que se hunde
en tu corazón virginal, amores intensos, de profundas
heridas que van apareciendo, con el paso del tiempo.
El amor nace y muere casi en el mismo lugar, aunque
No lo notamos se va gastando como hojas en el viento,
se marchita como una flor sin agua, en un jarrón olvidado,
es como la sonrisa que se acaba, con una mueca de lamento
como el suspiro ultimo de un muerto, casi nada queda
cuando él se va, lo lleva todo consigo y no regresa jamás
lleva atado a su faldón, aquellas noches eternas de pasión
El aire perfumado lo deja rancio, casi pútrido, sin colores.
amaneceres sin sabores en tu boca, que añora el aliento
de aquella boca que amabas, deja tus manos vacías, solo
llenas de nada, sin saber el amor se va ,no sabemos cuándo.
pero te sorprende mirándote al espejo como reflejo viejo de una eternidad.

Por Conrado Augusto Sehmsdorf (Kurt)

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UN MAL JUEGO DE AMOR

Entre nosotros hay un mal juego,
miradas que caen y se conservan
en una expresión gélida y pervertida
vestidas por la idea de resistencia

Pero eso es sólo una fachada
un intento de fuerza y supuesta valentía
para no demostrar dolor alguno
y resistir la batalla absurda todos los días

Tantos adioses van y vienen
pero ninguno define nada
sólo queda el orgullo en medio
y las ganas de gritarnos a la cara

No quiero decir te amo
pero es en lo único que pienso,
no puedo escuchar que me amas
pero eso es lo que más anhelo

¡¡¡¡¡¡pero ninguno cede!!!!!

¿juntos o dispersos?
¿lo intentamos o nos devolvemos?
¿intentamos olvidar tanto amor
o lo dejamos como nuevo?

Cuanto más nos evadimos
más cerca estamos de romper la cuerda floja
algo que puede suceder tan pronto
acabando con esta locura

Pero en medio de este juego asesino te digo..

Que pueden pasar en segundos los siglos
y esperarse que florezca en el invierno,
puede cambiarse la trayectoria de la luna
pero no se cambian los sentimientos.

Tampoco se deshace el destino
aun cuando vamos perdiendo,
si hemos de estar juntos un día
de algún modo se van a unir nuestros senderos

El ahora va a ser un adiós,
procuro no pensar en el mañana,
nuestro mañana podría volver pronto
para rehacer lo que hoy se acaba


•Autor: auris
•Publicado: 18 de Agosto de 2010 a las 00:41

El Camión Azul

Estoy tendido de espaldas en la nada.
Hay un camión azul de mi infancia
entre las piedras. En su caja amarilla,
retira las piedras que cubren mi corazón.
Las piedras del derrumbe de mi fe.
Mi corazón sepulto no se queja; si por él fuera
seguiría enterrado de por vida.
Pero el camión azul trabaja con ahínco:
¡patina, lucha! Para impulsarse,
afirma su culata en mi mentón,
y sus rueditas traseras arañan
suavemente mi garganta,
recordándome las cosquillas
que de niño, me hacía mi madre.

Cargado de piedras hasta el tope,
arranca pecho abajo. Me deja su olor
a plástico en las narices, mixturado
con el de ciertas cosas que yo, cuando
la fantasía me hacía su invicto conductor,
le cargaba a él: tierrita suelta, piñas de pino
de la playa, botones de semilla de eucalipto,
gramilla fresca... Pero por sobre todo,
le cargaba ilusiones. ¡Ah, el aroma de la ilusión!

A pesar que ya no le doy voz
con mi boca a su silente motor,
nunca a contra mano, el camión azul
toma por mi pierna derecha, sube y baja
cuidadosamente mi rodilla, se descuelga
a un lado del obstáculo que le significa
el empeine de mi pie, y se aleja
a volcar su carga quién sabe dónde.
Ya volverá a mi pecho, sobre mi corazón.
Es que él aún confía en mí;
cree firmemente que algún día,
aunque más no sea a mis setenta o cien años,
yo tendré un camión azul de verdad; es decir,
un buen proyecto cumplido. En fin,
habrá que hacer algo al respecto entonces;
pues, por más desengaño que conlleve
el mucho existir, jamás debe uno defraudar
el cándido propósito de un juguete.

Ahí viene otra vez...

Eterna... Mercedes Sosa

Debe el canto ser luz sobre los campos
iluminando siempre a los de abajo…

Compañera, amiga, hermana: nos llegó la noticia de tu dolor y lo hicimos nuestro, es que desde siempre con tu voz y tus canciones, eres parte de todos, como nosotros mientras caminabas, nos hiciste parte de tu piel, nos hiciste parte de tu canto y nos invitaste siempre a juntar con nuestras voces, los corazones y la esperanza, para pedir que lo injusto no nos sea indiferente, que podamos sentirnos vivos entre tantos muertos y resucitar como la cigarra a brindar lo mejor de todos.
Te acogimos Mercedes, en cada rincón al que llegaste a través de las ondas de radio, a través de la especial tesitura de tu voz, a través de los mensajes que nos identifican y nos agrupan, para juntos buscar esa cosa pequeñita que se llama libertad, es que en tu voz no traías un pueblo, llevabas todos los pueblos de esta América mestiza, cósmica, nueva, creativa.
Con tu voz nos juntamos a tu andar, para aprender que lo que cambio ayer tendrá que cambiar mañana, para saber que el mundo está en movimiento y que debemos crear los cambios que nos hagan sentir parte del futuro luminoso, justo, equitativo, solidario.
Imposible hablar de ti sin tomar tu canto, porque es el canto de todos, porque supiste fundir en tus acordes la esperanza y el coraje, la rebeldía y los sueños, porque recogiste el valor de todos, para decir que no nos asustan las balas ni el ladrar de la jauría, porque haz alentado la protesta que se fortalece en la razón y en la indiscutible certeza que vamos a construir una mejor Patria, la chica y la grande latinoamericana.
No tuviste que marcharte para que apreciemos tu estatura gigante, para recibir el cobijo y el soporte poderoso de tu canto. Mercedes, contigo viva en nuestro espíritu revolucionario, la esperanza está de pie, contigo viva en nuestros sueños, los cambios son ciertos y los vamos a seguir conquistando, contigo viva en nuestras conciencias, la dignidad y la justicia van a ser arrancadas, para dejar de ser utopía.
La vida misma es todo un canto y por ello se van a seguir levantando todas las banderas, con tu voz, que tiene todas nuestras voces, que tiene toda nuestra alegría y las ansias infinitas de transformar.
Para seres como tú, la muerte es una utopía y muy lejos de conseguirse, pues sólo desapareció tu cuerpo, mas no tu espíritu que cobija al planeta con tu voz que sigue avivando nuestras conciencias, compañera querida la enfermedad sólo se llevo tu cuerpo, sigues con todos, sigues aquí porque tu canto es el canto de todos y vamos a seguir dándole gracias a la vida, porque tú nos enseñaste a cantarle de esa manera!!

Mercedes, sigue soltando tu canto,
que el abanico en mi acordeón te está esperando…

El Sol del Tigre

El Sol del Tigre
[img align=center width=430]http://img690.imageshack.us/img690/9266/sun10242tj6medium.jpg[/img]
Durante tus disquisiciones de la luz lacerante,
(para mí, de universos encendidos)
se montó en las ancas del naciente
el fuego cerrado del sol joven.
“Es el Sol del Tigre”, en el desparpajo
de tu mejicaneidad anunciaste.
Como si todas las cosas por él tocadas
fuesen ahora fauces tragatierras,
presagiando un destino de garganta voraz.
Ni una nube para amainar tamaño apetito.

No pensamos: “Es el valor del Tigre hecho Sol”
o: “Es la morada donde se aman los tigres”

Solo nos cegamos resignados a su espada roja,
blandida bestialmente por los cielos
que deshilachaban impiadosos las olas del mar.
Y ahí mismo temblamos culpas de brasas.

“No importa, es solo el Sol del Tigre”, proclamaste.
Pero los carbones húmedos de mi juventud triste
le daban otra importancia a tu compañía.
Inmóviles, vimos como la niebla matinal
empezó a reptarle por la espalda para silenciarlo.

Es que al Sol del Tigre nadie lo explicaba.
Nos silbaban sus pequeñeces los trenes cargueros,
su grandeza la limosna para un pobre en la iglesia,
mientras el océano luchaba en desigualdad de armas
para no evaporarse frente a nuestros ojos.
El enorme acero al rojo pavoneaba su arabesco,
mientras la ciudad al fondo de nuestro escenario
se ensimismaba en su insignificancia.

©Gustavo Larsen, 17/10/2013

El "sol del tigre" es, si mal no recuerdo, el primer sol según leyendas aztecas, que data del siglo X.

Abrazando la naturaleza

He sentido llegar la vida en cada amanecer
en lo alto de la sierra
cuando se abren los colores
sobre el manto de la tierra
suavemente se estrechan las plantas
dejando aromas frescos y sus pétalos
sueltan un ligero bostezo al viento.

Yo la esperé con el canto de las aguas
entonces solo cerré mis ojos
para sentir como nace esa música
es un concierto habitando en mis oídos
con esa ternura y el roce discreto,
el aire me entregó una sonrisa…
solo ellas, las yemas de mis dedos
atrapaban esas notas y su origen.

Muy retirado seguia su viaje un velo cristalino
pero a instantes llegaban esas pequeñas pausas
que abrazan las rocas dejando calor a su paso
detras las reciben sus montañas
viejas guardianes de gesto amable
que por su sabiduria han sabido
dar protección a la naturaleza.

Vi saltar los peces chapoteando en el río
burlando la carnada, parecian ya maestros
con su paso veloz les perdía de vista
solo dejaban unas ondas que se
desvanecian poco a poco.

El paisaje se compartía con esos altos pinos
que alegran de día y se pierden en la obscuridad
de pronto escuché un ruidito
eran un par de ardillas juguetonas
de color café tostadito daban vueltas,
ellas tienen su danza y un language
que parece un trabalenguas
parecia que estaban celebrando.

Algo voló por mi hombro
era una exquisita mariposa
sus alas de un amarillo claro
enmarcados de un color gris
tuve tiempo de observar su cuerpo
ella estaba posada en una rama
tomando un baño de sol
sus antenitas eran como
dos hongos diminutivos,
entonces se inclinaron
dejando un saludo en el viento
y siguió su viaje por lo alto.

Se asomaba el atardecer
y un suave remolino de viento
rondaba las ramas,
entonces levanté la mirada
la luz del sol desprendía rayitos multicolores
mientras él desendía,
la noche venía.

El firmamento se viste de luceros
y su luz bendita alumbraba la noche
con sus sonidos que se quedan en mi alma
ahi me quedé abrazada a la naturaleza
a mi vida y mi poesía.

Autor: Alondra
Derechos Reservados

Nochecita De Buenos Aires

Nueve pisos a lo alto del ocaso y un ascensor
que enjaula y eleva conmigo la carga
emocional de tanta calle.

Regresado, mi espíritu evalúa aquí lo necesario,
lo poco todo que guarda mi cuarto.
Cosas despreciadas de tan mías (como el amor
de esa alguien que desespera
en un retrato y un día decidirá faltarme).

Pero esta influencia sonora, ciudadana, jamás
abandonará mi cuarto: Más tarde, inspirados
como yo por mi musa, despertarán con ametralladora sinfonía los sones de mi teclado; esa piel
de sapo verrugosa y seca que acoso y hago croar
noche a noche hasta la madrugada en este
mi cubículo sombrío en medio del jardín
fluorescente del florecido Buenos Aires.

Y así, hasta la madrugada me arrullará el rugido
pausado y violento de las ráfagas de marcha,
frenada y marcha de huracanados colectivos
y otros vientos: ¡Un grito! ¡Un suspiro!
Una rabiosa sirena policial tras cruel suceso,
y otra de ambulancia tras la vida.
Descarga de casilleros con queja de vidrios.
¡Carcajada! Comunión de amigos borrachos, tiempo…
Todo sonido y consecuencia treparán
con escalera propia a vibrar en mi ventana
para entrar, para estrujar y dispersar mis versos
sobre mi lecho, diciéndome entre bostezos
y ebriedad: ‘¡No sirven para nada!’

Un día me iré quién sabe a qué sitio perdido, arcano, indescriptible, inubicable,
pero definitivamente de esta ciudad. ¡Ya verán!

Se Equivocó El Hombre

Equivocado como la paloma de Alberti,
un hombre desprevenido sobre viles
propósitos humanos, ya está mostrando
canutos y pellejo de su buena fe:

Creyó que el lucro era amor,
que el negocio caridad,
que el embuste simpatía,
que la injusticia equidad, y,
como la cuenta es cuenta
que da lo mismo al revés;
pues hay amor lucrativo,
caridad que es vil negocio,
simpatía que es puro embuste
e injusticia equitativa,
sórdidamente trampeado y atemperado
por artimañas preestablecidas,
el hombre se equivocaba.

Pero así, tozudo y grave,
sin ver cada vez más alta,
la “cúspide (fraterna) de la rama” humana,
además, se le ha dado en confundir
desazón con esperanza
(es que sin altruismo, enfermaría
de realidad súbita). Y para colmo,
el vicario, siempre lucrando con Dios,
ya casi lo ha convencido
que muerte es eternidad.

Éste hombre-paloma mío,
que equivocaba el amor,
la caridad, la simpatía
y la equidad universal,
es, sin duda, uno de los desplumados
nuncios del bien que mueren dos por tres
a la sombra de nuestra indiferencia.
Total, la mayoría de nosotros,
somos más astutos y transamos
con la realidad; o sea,
con la corruptela existencial.

Y morimos lo mismo y más;
pero sin temor a equivocarnos,
porque ya prostituimos
nuestra realidad y la vendimos, ¿verdad?
Mas si te sientes tocado y eres íntegro,
puro, una paloma blanca, recalco
que dije: la mayoría; no generalizo.

Pero por tu bien, revísate,
a ver si te encuentras algo
que no te excluya o erradique
de nuestra sociedad de gavilanes,
y así, por 'desubicado', no te mueras
de miseria antes de tiempo, o en la cruz
impuesta a las palomas 'equivocadas'.

El violinista de Mar del Plata

El violinista de Mar del Plata
[img align=center width=350]http://2.bp.blogspot.com/_tFaaQrWktIc/SEqoQdaI4YI/AAAAAAAAAzk/lsRRIdATQ5s/s320/violinista.gif[/img]
Por la rambla eterna
un hidalgo vagaba su soplo de humanidad.
Bajo lluvias o torrentes de sol,
oímos en la paciencia de los zaguanes
un canto que impostaba nuestra historia.
Su marcha resoluta
repicaba con unos talones
que parecía que habían conocido
el fragor de las Termópilas
y el blanco hueso de Auschwitz.

No era limosnero.
Lo suyo eran trueques
de un acorde de violín destemplado
por una fibra de cada pecho.
Sus horas iban repletas de civismo.
Mecánico de emergencia
de bicicletas de niños extraviados,
interventor de diferencias callejeras,
sabio de todas las baldosas partidas.

Las prosas que le arranqué un día
flagelaron Minotauros
rescataron doncellas en pena,
consagraron caballeros
y destronaron los tiranos de mi tierra.

La cristalinidad de su rostro
sometía con gran arte a su triste figura,
escondía las llaves de todos los misterios.
Su mente volaba entre libertades desconocidas
y su noble espíritu jamás descansaba.
Ya conocía nuestros futuros más bellos.
Ya era leyenda viviente
y nunca merecería el frío de una estatua,
cárcel de sílica donde la gallardía se evapora.

Guerrero del mar y su bruma,
de las gaviotas, las toninas,
domador desarrapado de sudestadas,
de bancas rotas en las plazoletas,
defensor de los cuerdos y los locos,
de los ancianos y las carcajadas.

Yo sé que ya no estás,
en esa ciudad que hizo lugar al brillo de tu violín.
Gracias por habernos conocido,
barbas blancas de la sal conocedora de la vida.
©Gustavo Larsen, 12/01/2013

A mediados de los setenta, un bohemio sin hogar pero con un violín y un alma relucientes, alegraba las calles de Mar del Plata. El hombre, con herramientas diminutas que nunca supe de donde las sacó, me arregló la cadena de la bicicleta cuando me encontraba a unos diez kilómetros de casa. Nunca lo voy a olvidar.

Seguro médico II (Bacterium)

Seguro médico II (Bacterium)
[img align=center width=475]http://www.sophisticatededge.com/assets/images/Health/Respitory%20Conditions/Is-bacterial-pneumonia-contagious.jpg[/img]
La bacteria se abroquela mas allá de mi laringe.
Ha finalmente quebrado mi línea Maginot.
Ha colonizado el epitelio bronquial
con la brutalidad del pueblo al pie de la Bastilla.
Ahora sus tropas instalan su fortificación
pero en su depravación gengiskánida,
se multiplican entre la lujuria de un licor mitósico.
No sé cual es su consigna, ideal o filosofía:
Solo se que marchan resolutas,
en contra de mis vendavales de catarro
y las bombas de glicoproteínas que les lanzo.
Mi guerra sucia y mis cilias contra sus flagelos.
Mis años, cada vez más cortos,
contra sus enormes minutos de edad.
Voy a solicitar la intervención extranjera
al gran imperio de las clínicas privadas.
©Gustavo Larsen, 16/01/2013

Reitero, mis escritos al respecto no pretenden ofrecer opiniones frontalmente negativas acerca del estado de la atención y la profesión médica donde fuese. Sin embargo, en su forma más básica los mismos sugieren que existen problemas en este campo social, entendiendo que cada geografía tiene sus dificultades específicas al respecto.