Prosas poéticas

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Feliz Navidad

Feliz Navidad
Feliz Navidad también para ti y los tuyos. Para que el año venidero te llegue cargado de Paz y de ilusión. Para que te acerques un poquito más a tus sueños. Para que puedas tocar con tus manos ese mundo maravilloso por el que tanto luchas. Para que este nuevo año que llama a tu puerta, sea un desfile de alegrías que llenen tu vida y la de tus seres queridos de música y color. Para que este nuevo año podamos seguir compartiendo, sonriendo, disfrutando...

Para que en este nuevo año nos sigamos sintiendo vivos; para que sigamos siendo y sigamos estando.

Yo deseo lo mejor para mis amigos, para los que siempre están aún cuando no los llamo.

Deseo que la sonrisa regrese a quién la vida se la arrebató.

Que la miseria y la pobreza toque insistente en la espalda del que no quiere ver.

Deseo que el trabajo llegue a quien lo necesite para vivir.

Deseo salud para los enfermos y esperanzas para sus familias y también para ellos todas las sonrisas.

Deseo que los niños lo sigan siendo.

Deseo que los únicos golpes y gritos que se den, sean al aire y para pedir justicia.

Deseo que los que tienen la responsabilidad de gobernar abran, aunque sea por una vez, los ojos.

Deseo que cuando me llames te pueda oír; y cuando no lo hagas me acuerde de preguntar por ti.

Deseo que lo que escriba sea hijo de mi corazón, y te llegue.

Deseo que seamos más los que soñamos, los que luchamos, los que sabemos, los que queremos y los que podemos.

Deseo que nuestra Naturaleza se sienta orgullosa de seguir siendo “nuestra” y seguir siendo “naturaleza”.

Deseo que la vida sea amable para aquél que con amabilidad pasa.

Deseo que nuestros ancianos vean en su vida y su sacrificio, la mayor y más bella obra de arte jamás construida: nosotros, y sean felices.

Deseo que vivamos el presente, completos; que no “vivamos” el futuro… que lo luchemos y lo ganemos.

Deseo que se vayan los que sobren y que sobren los que matan.

Deseo que regresen todos los que faltan.

Deseo que esta Navidad lo sea de Paz y de verdad.

Deseo que estas letras te lleguen envueltas en sonrisas azules, que podamos compartirlas y juntos nos sintamos bien regalándolas. Que no te olvides de mí, porque yo sí que no me olvidaré de ti. Y que cuando vengan los días grises, buscando en nuestro interior, hallemos la fuerza, la respuesta, la razón y la emoción suficiente y necesaria para seguir caminando.

Todo esto es lo que deseo y todo lo que espero, y si todo no lo puedo conseguir, si algo me faltara, solo pido un deseo… que no me falte tu mirada.

Juan A. PELLICER.

©jpellicer

Volver a los 17...

Hubo un tiempo en que entre los amigos, solo era ponerse de acuerdo y organizar algo, esa ocasión ese algo fue irnos de caza y pesca, el año de clases había terminado y había una suerte de comezón por hacer algo diferente.
Excursionar hacia La Bonita, era una aventura que se presentaba excitante, la existencia en la montaña entre otros de: osos de anteojos, venados, conejos, dantas y muchas truchas en el río El Carmelo, nos hizo soñar colectivamente, sobre muchas escenas hasta entonces únicamente vividas en la lectura de libros, anécdotas de los viejos y en alguna película ambientada en condiciones similares.
No teníamos que salir siquiera, para empezar a quemar adrenalina, así que dimos trámite a la salida sin más ni más; embarcarnos fue cosa de un día para el otro; contactamos al otro Milton, pues su familia trabajaba en armería artesanal y era el candidato perfecto para proveernos de alguna que otra arma de caza.
Cuando el otro Milton llegó a encontrarse con nosotros al Terminal de buses, traía en un envoltorio de cueros y trapos, una destartalada escopeta que parecía un trabajo manual; Arturo llevaba el machete pequeño de la abuela, el Lucho llevó su guitarra, ¿cómo iba a faltar semejante compañía?, los demás todo el ánimo para compartir ese paseo -cuasi safari-, con cuotas de víveres que al momento de embarcar no llegaron, ni aparecieron, varios salieron con la ropa puesta y la confianza de que los demás llevarían provisiones.
Nuestros padres aprobaron y accedieron a este viaje de dos días, el lugar estaba relativamente cerca y no presentaba potencialmente peligros importantes. Salimos a Julio Andrade un pueblito que estaba a 20 minutos de nuestro Tulcán, allí recogeríamos a Patricio que vivía con su madre y por una vía secundaria avanzaríamos a un refugio en la montaña cerca del pequeño poblado de La Bonita.
Estábamos completos, el otro Milton y su tremenda arma, Arturo y el machete de la abuela, Bladi que sabía de artes marciales, el Chito que no sabía de artes marciales, el Lucho y su guitarra, Patricio y yo - el Milton-.
Esta travesía que ya iniciaba con cambios en las expectativas iniciales, tendría otros olvidos desafortunados, que más tarde ¡vaya que pesarían!, es que tras comer algo en Julio Andrade en casa de Patricio, caminamos largamente hacia La Bonita; varias horas que no las sentimos por la variada y amena charla, por la ansiedad ¡de llegar ya! a la montaña y verificar por nosotros mismos, todo lo que nos habían contado; cantamos también a capela una y tantas otras canciones, que por variadas y emotivas, animaron intensamente nuestra caminata, el objetivo era llegar al refugio antes que obscurezca.
Cuando por fin alcanzamos La Bonita, la tarde moría y el cielo amenazaba con obscurecer pronto, de modo que decidimos pasar de largo internándonos en la montaña, sin saludar en el pueblo ni preguntar nada, ¡típica actitud de novatos! Tomamos el camino o trocha a la montaña y continuamos la tarde estaba nubosa y la oscuridad inundó la serranía más pronto de lo que imaginábamos, además el cielo amenazaba con lluvia y si no encontrábamos el refugio había que armar una carpa para protegernos.
Los que se creían cazadores expertos e iban adelante no encontraron el refugio, así que tuvimos que armar la carpa con la lluvia mojándonos y dificultando la tarea, escogimos un claro en la ladera de la montaña y nos apuramos en completar nuestra tienda de acampar; así como en recolectar ramas secas y algunos maderos, para avivar una hoguera que nos proteja del frío y de los insectos.
Una vez más la inexperiencia hacía presa de nuestras decisiones, la carpa fue armada con una de sus alas hacia la ladera de la montaña, lo cual sin tener una cuneta alrededor de ella, ocasionaría más tarde que toda el agua que escurría de la montaña se acumule en este lado de la carpa.
Como si esto fuera poco, los errores logísticos empezaban a notarse con todas sus secuelas, varios no llevaron víveres, pensando que otros llevarían; en Julio Andrade, Patricio olvidó un costal con una olla, papas y otros alimentos que nos había preparado su madre; hubo un encargado de llevar licor, que también se olvidó un garrafón de “puntas” (licor artesanal de caña), en algún lado de su casa, así que tuvimos un paseo -0 alcohol-, aunque no teníamos ningún hábito dependiente a ese consumo.
Nos salvó unos atunes que había llevado el otro Milton y una buena ración de pan que mi madre insistió en que lleve, así como una funda de caramelos, de modo que tuvimos pan y atún como nuestro alimento principal y caramelos para acompañar de postre; cigarrillos hubo suficiente al menos para ese primer día y noche.
La lluvia cayó moderada, pero continua mojándonos a todos y acompañándonos hasta más allá de la medianoche; su caída sobre los árboles, matorrales y demás vegetación hizo imposible escuchar algún ruido extraño; sólo cuando escampó y nos concentramos en tratar de distinguir los ruidos de la montaña, pudimos escuchar los rugidos de algún oso, bastante distante de donde estábamos; sin embargo aumentó nuestra tensión y la quema de más adrenalina, que a esa hora ya tenía una buena dosis provocada por las historias que uno y otro conocíamos de otros cazadores de verdad.
A alguna hora de la mañana me tocó el turno de dormir y la lluvia volvía moderada y continua, mojado, cansado y con mucho sueño, apenas encontré uno de los extremos de la carpa libre, me acomodé a descansar, sin percatarme que se trataba del ala de la carpa que daba a la pendiente de la montaña y que seguramente tenía sobre sí, una buena cantidad de agua, que con el paso del tiempo se convertiría en más peso y más frío, esto sobre una de mis rodillas, consiguió que me ocasionara una suerte de calambre con mucho dolor.
Después del susto –pues me desperté quejándome del dolor-, todos festejarían la anécdota, hasta una fotografía tomó el Luís, con todos tocando mi rodilla; pero como cada nueva anécdota, tuvo su corta duración hasta la siguiente historia, así que el ¡Ayayay mi rodillita! se perdió al amanecer.
Es que con la luz del nuevo día, los exploradores frustrados del día anterior, descubrirían que habíamos mal acampado a apenas unos 200 metros del refugio, que era una casita de montaña amplia con una chimenea y una cocina de leña.
Tampoco era momento para lamentarnos, las escasas provisiones se terminaron con el ilusorio desayuno, entonces había que bajar al pueblo a pedir ayuda, pedir qué comer para ser más exacto.
Allí en el pueblo nos esperaba la más curiosa de las anécdotas del viaje: unos niños que jugaban fútbol en la plaza del pueblo cuando nosotros pasamos de largo, nos habían observado pasar, primero con extraña apariencia, luego muy apurados y por nuestra edad seguramente parecíamos estudiantes o algo parecido.
A alguno de estos niños se le ocurrió decir que parecíamos de la Misión Geodésica y que tal vez habíamos ido a medir el cuadrante del meridiano; esta ocurrencia horas más tarde había corrido como pólvora por cada casa del pueblito, a la mañana siguiente, todos observaban con curiosidad galopante que apareciéramos, pues además esa mañana habían escuchado varios disparos, lo que seguramente aumentó la incertidumbre de los desconcertados parroquianos, que en algún momento hasta pensaron en salir en nuestra búsqueda.
Es que como de cualquier manera había que dejar la montaña y no volveríamos (sin provisiones ni pensarlo), entonces al menos había que acabar con las municiones de aquella singular escopeta de fabricación casera, intentamos cazar algún conejo al menos, que si alguien lo vio, se espantaron con el primer disparo y el resto fue disparar al aire o a la maleza pretendiendo haber visto algún animalito del monte.
Frustrados por no haber acertado como exploradores, como cazadores, como organizadores de este safari de hambre; mal dormidos, muertos del hambre, finalmente aparecimos regresando de la montaña.
Nuestro arribo al pueblito de La Bonita, se da en un ambiente de simpatía, pues la primera impresión, para aquellos que se habían quedado con la duda de la ocurrencia del niño con mucha fantasía en su charla, fue: “… pero si han sido muy jovencitos para ser de la Misión Geodésica…” Nuestro aspecto de hambrientos y mal dormidos, debió ser también muy notorio, que consiguió generar en los adultos del pueblo un sentimiento de solidaridad.
Tras las aclaraciones de rigor, las risas y burlas por nuestras peripecias y novatadas, ¡nos invitaron a comer!, algunas de las familias del poblado, habían organizado una comidita para esos jóvenes que ¿qué mismo serán?
Seguramente todos recordaremos esa comida por lo sencilla, caliente y abundante; nos brindaron sopa de pan con queso, papas cocinadas, habas tiernas, mellocos y más queso, ¡ah! y limonada, mucha limonada. El almuerzo fue acompañado de canciones a los acordes de la guitarra del Lucho, que finalmente pudo tocarla, pues con la lluvia de la noche anterior ni pensarlo; fue nuestra manera de retribuir tanta gentileza y generosidad, cantando nuestro mejor repertorio.
Bladi y el Chito, para completar nuestras demostraciones de inexpertos, osaron ir a sentarse a la rivera del río que cruzaba por el pueblo, ¡a pescar!, ¿pueden imaginarse eso?, pero sí, convencidos de que podían pescar al menos una trucha, pasaron algún buen arto, lanzando y relanzando los anzuelos, sin conseguir izar siquiera un zapato viejo.
Con esta nueva anécdota y desencanto, llegó la voz de prepararse, el camino a desandar hasta Julio Andrade estaba entero y la tarde se mostraba corta, así que agradecidos inmensamente de La Bonita, ese pueblito acogedor, generoso, de gentes amabilísimas, salimos con renovadas fuerzas de vuelta a casa.
Esta vez las canciones sonaban más claras, los cigarrillos se habían acabado en la larga noche anterior y ya nadie hacía pausas para fumar; los regresos siempre son más rápidos y a pesar de que fue la misma distancia que recorrimos a pie, alcanzamos pronto Julio Andrade, cuando la noche caía ya.
Preferimos no molestar más en casa de Patricio y buscamos el primer bus que nos lleve de regreso a Tulcán; Patricio se quedó con su madre y nosotros buscamos urgente un asiento, para descansar de la caminata, del viaje, de tantas peripecias; ya vendrían nuevas incursiones, tal vez las hagamos en minga y soñemos otra vez colectivamente o simplemente las enfrentemos solos como Quijote a sus molinos de viento.
En la vera del camino donde nos embarcamos quedaba olvidado el machete pequeño de la abuela de Arturo, especial porque era corto y tenía un mango tallado en bajo relieve, clavado en el suelo, protagonista de la última anécdota de este viaje, que seguramente le trajo un nuevo dueño y hogar y seguramente también nuevas anécdotas…

ERES AJENO...

Te disfruto ajeno, porque sé que entre mis versos te tengo,delirio de amor mágico y maravilloso en esta tibia noche.
Porque aquí estas…en cada palabra, en cada letra, en cada frase
¿Qué te puedo decir que ya no sepas? ¿Qué te amo? Ya lo sabes...
Te puedo decir que en este instante llegaste a mí y es en este instante que nace el alma que nos impulsa por encima de la materia.
Apago la luz… se iluminan nuestros cuerpos,despojados del miedo y la vergüenza vibramos de pasión en cada beso , el eco de violines y el perfume de rosas lirios y jazmines,nos transportan a los portales del cielo…te dejo ir porque eres ajeno,pero aquí te disfruto mío porque se que volverás en otro verso.

Griselda Susana Diaz

Abrazando la naturaleza

He sentido llegar la vida en cada amanecer
en lo alto de la sierra
cuando se abren los colores
sobre el manto de la tierra
suavemente se estrechan las plantas
dejando aromas frescos y sus pétalos
sueltan un ligero bostezo al viento.

Yo la esperé con el canto de las aguas
entonces solo cerré mis ojos
para sentir como nace esa música
es un concierto habitando en mis oídos
con esa ternura y el roce discreto,
el aire me entregó una sonrisa…
solo ellas, las yemas de mis dedos
atrapaban esas notas y su origen.

Muy retirado seguia su viaje un velo cristalino
pero a instantes llegaban esas pequeñas pausas
que abrazan las rocas dejando calor a su paso
detras las reciben sus montañas
viejas guardianes de gesto amable
que por su sabiduria han sabido
dar protección a la naturaleza.

Vi saltar los peces chapoteando en el río
burlando la carnada, parecian ya maestros
con su paso veloz les perdía de vista
solo dejaban unas ondas que se
desvanecian poco a poco.

El paisaje se compartía con esos altos pinos
que alegran de día y se pierden en la obscuridad
de pronto escuché un ruidito
eran un par de ardillas juguetonas
de color café tostadito daban vueltas,
ellas tienen su danza y un language
que parece un trabalenguas
parecia que estaban celebrando.

Algo voló por mi hombro
era una exquisita mariposa
sus alas de un amarillo claro
enmarcados de un color gris
tuve tiempo de observar su cuerpo
ella estaba posada en una rama
tomando un baño de sol
sus antenitas eran como
dos hongos diminutivos,
entonces se inclinaron
dejando un saludo en el viento
y siguió su viaje por lo alto.

Se asomaba el atardecer
y un suave remolino de viento
rondaba las ramas,
entonces levanté la mirada
la luz del sol desprendía rayitos multicolores
mientras él desendía,
la noche venía.

El firmamento se viste de luceros
y su luz bendita alumbraba la noche
con sus sonidos que se quedan en mi alma
ahi me quedé abrazada a la naturaleza
a mi vida y mi poesía.

Autor: Alondra
Derechos Reservados

Caudal

Ese caudal de sangre floreciente,
inmenso, rumoroso, que se derrama siempre
trazando valiosos ríos que inescrupulosos guías
mal orientan hasta formar con ellos, mares
de consumo para el poder, salido de cauce
éste, y letal por defecto a su propia naturaleza.

Ese caudal de sangre indiferente,
ingenuo, bondadoso, que se confía siempre,
y sin noción de su autoridad, es contenido
para usura con un dique de artero propósito;
como inocente majada por malicioso pastor
o como fuerza natural por pérfido sabio.

Ese caudal de sangre impotente,
sufrido, quejumbroso, que se coagula inerte,
víctima de guerras de ambición y plagas
comunes y experimentales, de una ciencia
con venia para matar ‘en bien de la salud’,
en insensible y lucrativa faena onerosa.

Ese caudal de sangre intransigente,
sentimental, conquistable, que se auto hiere,
y culpable de su propia pena, testarudo,
preso en el mismo régimen, discurre egoísta.
Río que se hunde a sí mismo sin darse cuenta.
Que no encauzará feliz, si no venera su fuente.

Ese caudal de sangre inteligente,
sensitivo, generoso, que se falla inútilmente;
es río que debe confiar en sí y en sus iguales,
y ahogando sanguijuelas y facultando peces,
libre de egoísmos, aun gateando rebalsado,
debe aprender a transitar y gobernarse solo.

Ese caudal de sangre negligente,
incrédulo, que no acredita ‘utopías’ como ésta
ni congéneres, debe reparar en los genocidios
que sufre: los de tiempo y oportunidad vitales
a su ÚNICA E IRREPETIBLE EXISTENCIA; la cual,
redundo, les es malograda con política argucia.

Ese caudal de sangre independiente
y dueño propio, ya es tiempo que amartille su ola.

Noche de fútbol

Me gustaría abstraer con cada uno de ustedes una suerte de templo irreverente de… digamos 40000, sí, cuarenta mil personas de todas las edades imaginables, también irreverentes todos, sin moldear ni sujetos a protocolo ceremonial alguno, que no sea el de los tiempos de duración de los encuentros de fútbol que suscitan emociones, reacciones, angustias, gritos, sonrisas, llanto y tantas condiciones que no pueden predecirse ni limitarse…
En este templo, consideremos una final Internacional, que compromete a 22 atletas empeñando todo su talento, esfuerzos y condiciones para perseguir el triunfo, para vencer esa mezcla de sentimientos, de sorpresas y entregarse en estas justas fantásticas que convocan a millones de personas instantáneamente y por mucho tiempo en el futuro.
Pero vivamos con esos pocos miles que están vibrando, expectantes por cada movimiento, que en vivo, no tiene repetición y por ello, no admite distracciones… La sola espera previa, va desarrollando, avivando esta disposición a compartir, dentro también de las más variadas ocurrencias, bromas, cantos comunes, gritos y las infaltables y tan contagiantes barras…
Para mí, la memoria sobre un partido de futbol en vivo, dentro de un estadio, tenía algunas décadas de no vivirlas y aquellas imágenes vividas estaban muy lejos de un encuentro por un Campeonato Internacional y con equipos de gran trayectoria en cuanto buen futbol y jugadores talentosos…
Realmente distaba mucho, de los partidos de mi pueblo, con apenas unos cientos de hinchas asistentes a veces apenas decenas y en donde se derrochaba más entusiasmo que talento, pero que sin embargo sembraron de esa cuasi religiosidad que se vive alrededor de ese fenómeno deportivo planetario, más tarde se cultivaría con las imágenes de la Televisión y las noticias diarias y a cada instante sobre esa empresa gigantesca que sigue creciendo con el fútbol.
El fútbol es a no dudarlo, el deporte de más acogida y convocatoria en el planeta y en nuestra región… practiqué como casi todo el mundo algo de fútbol, siempre que fue posible: en la escuela, colegio, universidad, en el trabajo y en los espacios comunitarios del barrio, de los amigos, de los clubes y hasta de las organizaciones políticas… Con una sola singular característica, no frecuenté los estadios para vivir ese espectáculo en vivo, excepto cuando adolescente desde la cancha jugando un Campeonato Pre-juvenil, pero siempre rondó de inquietudes todos mis años, de ir algún momento a compartir ese especial espacio de un Estadio, de un Partido de futbol…
Quizás ese es uno de los instantes nunca compartidos con mis hijos, que no fue posible y que de hacerlo tal vez habría evitado que mi hijo se haga hincha del Barcelona –ja ja ja-, seguramente hubiese encontrado más espacios comunes y emociones para vivir con mis pollitos… aunque lo disfrutamos tantas veces a través de las imágenes en la televisión, en donde traslucimos nuestras reacciones, la intensidad de alegrías y frustraciones que llegan con cada jugada, con los resultados, con la fuerza que tratamos de inyectar a nuestros equipos, con la discusión de estrategias que debían ejecutarse para mejorar el desempeño de esto o aquello…
Fue gratificante siempre vivir los estallidos de emociones y las expresiones siempre espontáneas de mis pollitos, creo que intentamos aprender a aceptar resultados, también, sobre todo cuando el futbol era practicado por ellos… pero estar allí en un Estadio lleno, era otra cosa, parecía diferente, debía ser más emocionante…
Mis pollitos me dieron referentes inquietantes sobre estar allí… mi hijo Santiago, -me enteré después-, tenía entre sus planes compartir conmigo una tarde o noche de futbol, en un Estadio, en vivo… pero mi María Soledad, mi Solecita se adelantó, es que el Equipo que compartimos simpatías, disputaba una final Internacional en casa y todo se presentó posible…
No fue difícil entendernos una vez más y hacerlo nomás… fue sólo saber la hora y el día; salimos del trabajo -trabajábamos juntos- y aunque el tráfico no ayudó llegamos a… “La Casa Blanca” un hermoso Estadio repleto de hinchas que ya reflejaban cada uno su ansiedad y emoción de estar ahí, de ser testigos de lo que iba a ocurrir… no importa los resultados, el disfrute al máximo de cada segundo de ese ceremonial evento, que inunda el alma intensamente de compartir colectivamente el fragor de cada instante de un Partido.
Sumémosle los efectos de audio y video, las bengalas, el polvo y humo de colores y tendremos un preámbulo perfecto… Con los equipos en la cancha y siendo un encuentro Internacional, corear el Himno de nuestra patria fue algo que casi se reventaba dentro del pecho y cortaba la mala voz desentonada.
Cada jugada fue una suerte de escaramuza peleada y disfrutada, que en aquella exquisita ocasión tuvo como distractores otros elementos propios de estos eventos: en los que se vende más entradas de lo normal y los hinchas terminamos por compartir ajustados los graderíos de asientos, que cada nueva vez que regresábamos a sentarnos después de saltar emocionados por alguna jugada de ataque o defensa, volvíamos a sonreír y solidarios a estrecharnos otra vez… Un hincha sentado a nuestra izquierda adelante, nunca dejó de preguntar “por chupetes”a los vendedores, que se daban los modos para moverse en esa estrechez y resolver su día, con lo que sea que vendieren; no importando lo que llevaran –este hincha- tenía la pregunta lista “¿tiene chupetes?” y los demás disfrutábamos de la ocurrencia que además distendía los ánimos pues, los visitantes nos madrugaron y perdíamos por un gol.
Creo que terminamos cansados, como que hubiésemos corrido también un poco, sería la adrenalina quemada y los gritos, la tensión de los pases perdidos, los casi goles, los errores arbitrales, los insultos a los árbitros que no faltan y cada ocurrencia compartida, nos dejó –a pesar de haber perdido esa final Continental- ¡Satisfechos!, es que disfruté hasta de todo cuanto sigue ocurriendo mientras se abandona el templo y de la compañía de la permanente dulce sonrisa de mi Solecita, que nos acercó algo más que siempre…
Una casa llena es emotiva y vibrante, cualquiera esta sea, pero una casa llena de decenas de miles de espectadores, sale de las expectativas, esta vez no compartí un triunfo, perdimos por ese gol tempranero que nos hizo sufrir el resto del partido, pero tan solo llegar a este nivel fue un privilegio muy especial, que me convocó a saborearlo en la mejor compañía, con mi niña bonita…

Las letras de tu nombre.

Sabes que yo sé. Yo sé que tú sabes. Hoy, nuevamente víctima de la locura de mi pluma, me deslizo lento cuando recorro tu nombre. Las letras que lo componen son siete símbolos de que nunca te olvidaré. Siete recordatorios de que viene al galope esta bendita locura y mi estómago se recoge en una agonía maravillosa.

B. La primera debe ser una inicial para que nunca olvides que nos vimos por primera vez bajo el otoño. Quiero que sepas que en ella está guardada la esperanza que encontré en una ramita de lavanda salvaje retenida entre las hojas de un libro. Y que... guardar lavanda es añorar tu suave piel y esconder los pequeños secretos de tu historia. Quiero que la recuerdes como un temblor en los dedos y el deseo de mis ojos rasgando tu cuello. Quiero que me la entregues envuelta sólo en una palabra. Tu palabra.
i. La segunda debe ser una cadena de plata, para que nunca me olvides y recuerdes que tú y yo estamos atados más allá de la vida. Quiero que cuentes los eslabones, porque ellos te irán dando el número de años que pasarán tu alma y la mía entrelazadas. Nunca olvides llevarla al cuello y que yo soy quien sujeta tu cordura en este mundo loco.
a. La tercera debe ser un anillo que tercamente guardarás, que sin una historia quedaría en un olvido seco, pero hubo una equivocación en el proceso. Tu corazón y alma discutieron el por qué y el para qué. El primero quería esconderlo al calor de tus manos porque aún no tenía recuerdos que lo arroparan. Tu alma quería incrustarle una piedra roja para que nunca olvides que mi sangre reposa en tus manos. De modo que supiste renunciar al por qué planteando el para qué, y lo guardaste debajo de un sueño en tu caja de costura.
n. La cuarta debe ser un latido azul para que en tu pecho vibren las palomas que soñaste podrían ocupar esa distancia que te aleja. No te apures, hoy te he mirado lenta, lentamente y de nuevo me he perdido en tu abstracta lejanía y otra vez he vuelto yo a latir tu nombre. De lejos vienes para darme el azul azul de tu conciencia.
c. La quinta debe ser sólo un pensamiento en la punta de mi pluma. Una pluma que escriba nuestra historia. Una pluma que grabe en el pergamino de tu cuerpo una percepción, una idea, un sentimiento. Si no lo escribo el río de la vida lo llevará como una hoja a ninguna parte. Pero si lo traslado a tu piel, tú recuperarás esa misma percepción, esa misma idea, ese mismo sentimiento, y lo guardarás más allá del tiempo.
h. La sexta debe ser un vestido de besos dorados, de abrazos de colores, con un lazo perdido de sonrisa. Un vestido que te cubra y te desvista, un vestido que no me oculte de ti y de tu deseo, un vestido que me muestre lo que eres cuando te mire repentinamente, cuando tu imagen me asalte mientras estoy ocupado en otra cosa.
i. La séptima debe ser el olor de nuestra ciudad encerrado en un frasco de cristal, para que al olerlo recuerdes siempre el aroma de una ciudad que nunca fue nuestra pero que nos marcó para siempre. Quiero que lo aspires y encuentres en él tu peso propio. Quiero que tu nariz lo huela. Quiero que te enamores de ese olor.

Sincera Amistad

Ayer cuando daba la hora nona, me
encontré con un amigo mío
de aquellos reglones torcidos de Dios. (Torcuato Luca De Tena)
como siempre con la mirada ida,
sus pupilas dilatadas, sin zapatos
y unos pantalones raídos.

Algunas palabras intentaba
decirme, pero al parecer tanta
medicina no se lo permitían.

Lo tome del hombro y nos
sentamos como siempre en la vera,
lugar de tantas conversaciones idas.
Se fijaron sus ojos en mí, atención era
lo que quería, pidió un cigarro, no se
porque pero, pero el cigarro le daba una
sensación de calma. Yo tenía en el bolsillo
del chaleco dos que compraba cada noche
antes de dormir.

Al parecer con el pasar de los
minutos los síntomas del placebo
químico se fueron diluyendo y él
palabras me fue diciendo.
En su imaginación se veía él con
nombre egregio.
Me conto de su vida pasada de sus
años mozos de los halagos que
recibía y las amantes que tenía que
le querían que lo mimaban.

De repente exploto en un sollozo
inconsolable su cara adusta denotaba
la tristeza que sentía muy dentro del alma,
temblaba, me asuste por un momento,
y él tomando un segundo aire me tranquilizó.

Ah! Me dijo en un susurro, como si en un instante
la razón volviera a él como si las persianas de su vida
se abrieran, como si aquellos reglones se volvieran
a enderezar, y a guisa de reflexión me dijo: “en mi
largo caminar de nadie ni de nada me queje, no pedí
más de lo que me podían dar, no di más de lo que no
tenía, ahora menos “.
Y me abrazo con fuerza se levantó y se fue, fumando
El otro cigarro que yo tenía.

MI PROMESA PARA TI

MI PROMESA PARA TI
Nunca creí estar perdidamente enamorada
yo que juraba a mi familia que eso del amor no era lo mío
que quedarme sola tenía más sentido
que entregarle mi alma a un pérfido bandido
Pero que va...
Cuando uno le dispara al cielo más rápido le cae la bala
y no pues huir.....no hay forma, te llega y te marca la vida,
te la hace más plena y feliz como si no hubiera nada
como si más allá de la puerta se perdiera la salida

Y para qué salir si lo he encontrado?
absurdo sería querer escapar del amor puro
y dejar de vivir tan grandiosos instantes contigo
después de que con un simple beso te convertiste en mi mundo

Ay amor mío..... que bonito se oye no crees?
Que me correspondas y me ames como si no hubiera mañana,
un mañana que sólo es posible en tus brazos,
es lo que me llena de fuerzas para seguir luchando
porque una vida juntos es mi promesa sagrada

No es una amenaza no temas
es el mayor regalo que puedo darte luego de mi alma
hacerte feliz hasta que me muera es lo que deseo
porque te amo y al fin llegaste a posarte sobre mi almohada....

auris

de "PARA TI MÍ COLIBRÍ"

La Mujer mas berraca del mundo

Eran tiempos de guerra, al inicio del siglo 20, un soldado con nervios de acero, o mejor, sin miedo; luchaba contra todo lo que se le opusiera y con todo lo que tuviera a su alcance, ya fuera a machete, a garrote, o con su escopeta y otras veces con la bayoneta. Cualquier cosa era arma para él. Por estas razones fue condecorado con la medalla al valor.

Terminada la guerra quedó desubicado, sin saber qué hacer. Un hombre joven con ganas de luchar. Se dedicó a trabajar el campo, oficio que conocía por ser campesino de cuna, sus padres le habían heredado un pedazo de tierra para que trabajara e hiciera su vida allí.
Pasado unos años conoció a su media naranja y se casaron, tuvieron muchos hijos, más de los que un solo hombre puede alimentar.

En su casa se hacía solo lo que él dijera, sino corrían el riesgo de ser levantados a garrote por donde le cayera, así su mujer e hijos aprendieron a ser sumisos, todos en casa le tenían miedo.

Hasta sus vecinos les daba miedo hablarle pues era hombre de pocos amigos. Le gustaba comer pólvora con aguardiente disque para mantener su coraje.

En algún lugar en medio del monte y un día que no recuerdo, llegué a este mundo, para tristeza de mis padres. Pues ellos no deseaban más hijos y menos mujeres, pues ya tenían bastantes en casa, dice con tristeza Gabi.
Por alguna razón que aun desconozco, mi padre no me rechazó como a mis demás hermanas, de tal forma que me protegió y me tomo como su acompañante de aventuras desde escasos 3 años. No permitía que nadie me tocara ni menos que me pegaran o algo así. Un día mí hermano me hizo caer sobre unos troncos en el piso y eso fue motivo suficiente para que él se fuera de la casa pues temía que mi padre lo acabara a garrote. Y nunca más lo volví a ver, recuerda con profunda tristeza.

Por razones desconocidas, mi padre tenía que esconderse en el monte sobre todo en la noche, y muchas veces me llevaba con él. Crecí con miedo y desconfianza de la gente, sin saber quién era amigo o enemigo, pues mi padre decía que el mejor amigo era traidor, por tal razón pase muchos años de mi vida sin poder diferenciarlos.

Quien o porque nos perseguían, nunca lo supe, lo cierto fue que muchas noches tuvimos que huir de casa a dormir al monte pues llegaban gentes buscándonos. Nos tocaba dormir con un ojo abierto y listos para huir, creo que eran tiempos de la violencia aquella en que peleaban unos contra otros sin saber porque.
Unos años después nos tocó huir lejos de casa, a muchos días de camino. Allí en medio de la nada, en las montañas, construimos una choza donde poder vivir. Alejados de la civilización pero más cerca de Dios.

Sembramos diferentes cultivos para comer y para tratar de llevar a vender a algún lado. Recuerdo que pasaban semanas sin oír a ningún mortal por esos lados. Aunque por allí no vivía nadie, solo las bestias del campo. Algunas tardes ya casi noche, salimos a algún caserío de alguna parte a llevar los productos de la labranza para cambiarlos por otros de la ciudad. Al devolvernos lo hacíamos bajo las sombras de la noche y por caminos por donde nadie pasaba, eran montañas altas y bastante peligrosas.

Aprendí a luchar a los pocos años de edad al lado de mi padre, recuerda ella, quien la cogió como su acompañante en sus aventuras, enfrentando tanto las inclemencias del tiempo como a sus enemigos naturales por razones de su personalidad. Cuentan que una vez les salieron en el camino unos diez chuzmeros, y los enfrentaron a bala haciéndolos huir. Siempre andaba con su escopeta al hombro, una bayoneta y la macheta de trabajo diario.
A este hombre lo perseguían bestias salvajes, gatos monteses, fieras que echaban humo por la boca y tenían colmillos afilados como de tigre, también lo atacaron perros negros con ojos de fuego y garras como de león, era algo normal escucharle contar historias de estas, pero lo mejor era que varias veces hubo testigos que lo afirmaban.

Cuentan que una vez peleaba contra su mujer, ya la estaba ahorcando cuando de repente saltaban unos gatos negros desde los árboles, maullando en una forma tan infernal que se llenó de pánico y salió huyendo dejando a la mujer tranquila.

Gabi aprendió a caminar por los peores caminos, pues su padre casi nunca usaba los caminos normales de las personas sino que buscaba ir por donde nadie lo viera, pues no solo huía de la gente sino también de la policía; pues lo buscaban con mucha frecuencia por sus conflictos con los demás.

Pasaba semanas enteras con su padre escondidos en el monte, donde trabajaban la tierra, dormían en trincheras hechas por él, para protegerse del mal clima y de los mosquitos que sobreabundaban. En esta forma paso la infancia, así aprendió a ser muy callada y poco sociable, además miraba a los demás con sigilo pues no sabía en quien confiar.
Pasaba días enteros triste y llorando, pensando en mi madre y mis hermanos, pues no los podía ver por estar perdida en el monte con mi padre.

Aprendió a tener miedo de los demás, a ser desconfiada, a estar a la defensiva y siempre expectante aunque no hubiese motivo para ello. La perseguían los fantasmas, las ánimas, los animales salvajes, las sombras y hasta los hombres.
A este guerrero a sus 50 y tantos años de vida lo acosó la muerte hasta que se lo llevó sin dar mucha pelea, pues ya estaba tan agotado de luchar en la vida que no pudo dar más y una enfermedad de muchos años lo venció.

Mi padre escondía el dinero que le quedaba de lo que vendía, al cabo de un tiempo tocaba sacar a asolear los billetes pues comenzaban a llenarse de moho. Recuerdo que tenía una mochila llena de billetes y monedas. Pero los escondía en el monte y después de su muerte nadie supo dónde estaba dicha mochila y seguimos siendo pobres por muchos años más.

Gabi tenía escasos 12 años cuando el murió, pero aun así le tocó aprender a tomar las riendas de su casa, y muy pronto manejaba con valentía lo que su padre había dejado, tomando así el liderazgo de su familia en casa de su mamá. “Esta mujer había heredado el espíritu de su padre”.
La lucha contra el hambre.

Se casó a los 18 años con un buen hombre, trabajador y luchador como ella, pero tuvieron tantos hijos que su situación se tornó más difícil pues alimentar a más de una docena de hijos y darles estudio y vestido era cosa imposible. Su lucha se incrementó cada día pues las pocas fuerzas se consumían trabajando el campo y criando a sus hijos, tarea titánica para una mujer de talla mediana y bastante desnutrida, pues la falta de alimentos no permite tener un cuerpo apto para estas labores duras del campo y el hogar.

Después de la muerte de mi madre nos fuimos a vivir a una finca de unos abuelos muy buenas personas, allí ya comenzamos a trabajar para sacar adelante a nuestros hijos. Cosa bastante difícil pues darle de comer a tantos exige mucho trabajo.
Una de sus mayores batallas fue contra el hambre, o la falta de comida. Ya que su familia siempre fue numerosa, nunca hubo suficiente para todos. Aunque la tierra produce buena comida uno no se puede alimentar de dos o tres productos solamente.
Mi lucha ha sido sin descanso, siempre he estado sola aunque hayan muchos con migo. Esto es apenas un breve comentario de mi vida, pues no se alcanzan a imaginar lo dura que ha sido mi lucha por sobrevivir.

Por más de 80 años me ha perseguido mi padre, su espíritu no me ha dejado sola. Para mal o para bien su compañía ha sido mi fuerza, al momento de enfrentar a los que me quieren hacer daño, él ha estado con migo y me ayuda a vencerlos.
Recuerdo que un día caminaba a casa en el campo, un hombre grande como de 2 metros venia hacia mí con un machete al cinto amenazándome, de un salto lo agarre del cuello con una mano y con la otra le cogí la macheta y lo empuje a un vallado, este hombre no supo donde quedó al ver mi destreza. Nunca más me volvió a mirar mal.

Me llamaban con cariño “la fiera”. ! Haciendo notar mi agilidad. ¡

A estas alturas de mi vida me da la impresión que todo eso no ha sido lo mejor para mí, ni para mi familia, creo que si hubiese tenido un padre cariñoso, tierno y comprensivo tal vez no hubiese tenido tantos problemas en la vida.

Las historias contadas son muy bonitas, pero vivirlas son muy difíciles, no tienen ni idea cuánto daño y sufrimiento me ha causado todo lo que he vivido, tanta soledad sin tener a nadie con quien compartir las cosas buenas y malas de mi infancia, las penas y tristezas de ser una persona desagradable a los demás por mi forma de ser, por mi mal genio, porque no aprendí a valorar a las personas por las cosas sencillas de la vida sino por sus capacidades de trabajar y producir ganancias.

Desde muy niña tenía que trabajar duro como uno grande, recuerdo que mi padre me regañaba por no hacer una cantidad de trabajo como él, y aprendí a exigirle a los demás que no descansaran sino que tenían que trabajar a toda hora, pues el tiempo perdido los santos lo lloran y que al hombre sin plata la cama lo mata y muchos otros dichos que me hacían ser productiva y exigente con los demás.
Cada día y noche en el monte, anhelaba estar con mi madre y mis hermanos, pero tenía que aguantarme las ganas, pues no sabía ni dónde estábamos, mucho menos saber llegar a casa. Esto me hizo ser una persona poco amiga de la familia, pues prefería estar sola que con ellos. A si mismo me impuse en mi casa, domine a mi esposo y a mis hijos, siempre fui la que mandaba y decía lo que se hacía y lo que no.

Parece que esto no fue muy bueno, pues si no estaba yo al mando, nadie hacia nada y menos lo que yo decía, pues no podía estar siempre a lado de mis hijos.
Mirando hoy a mucha gente que tiene ideas y sueños para sus vidas, me doy cuenta que yo no aprendí a soñar pues ni siquiera podía dormir bien menos tener algún sueño. No he podido entender a la gente que dice tener planes para el futuro, o que quiere sacar adelante sus sueños, como si soñando lográramos satisfacer las necesidades del diario vivir.
Con tantas necesidades no queda tiempo para soñar ni hacerse planes a futuro, menos analizar o planear lo que vamos a hacer. Pues las obligaciones nos llevan a estar a toda hora en el rebusque de la comida y más cuando son tantos en casa y están esperando que uno solo haga todo.
Tenía que madrugar antes de las 4 de mañana, a hacer desayunos y a alistar todo lo de los muchachos, pañales, teteros, ropas y mucho más, además el almuerzo y todos los oficios de la casa, era imposible tener cabeza para algo más, menos para tener sueños.

Para mayor desgracia mía, mi esposo murió en un accidente, dejándome con hijos pequeños razón por la cual me enfermé varios años y nos tocó más difícil, aunque ya los mayores ayudaban a trabajar, pero eso de ser madre y padre a la vez no es nada fácil.
Gracias a Dios mi vida ha cambiado en todo sentido, en el trato con mis hijos y con los demás, pues Jesucristo me ha transformado. He podido vivir muchos años de paz y armonía en mi casa y en buenas condiciones económicas. Esto debido a que me entregue al Señor Jesucristo y he puesto en sus manos todo el pasado y Él lo ha sanado.

Hoy ya tengo más de 80 años,
me siento desfallecer,
ya no me quedan fuerzas
ni siquiera para comer.
By Joseferchozamper

Reflejos viejos, de una Eternidad

El amor dura lo que dura la brisa de una mañana,
tiene fases como la brillante luna de anocheceres rojos,
es dueño de la primera mirada, en la primera cita que se hunde
en tu corazón virginal, amores intensos, de profundas
heridas que van apareciendo, con el paso del tiempo.
El amor nace y muere casi en el mismo lugar, aunque
No lo notamos se va gastando como hojas en el viento,
se marchita como una flor sin agua, en un jarrón olvidado,
es como la sonrisa que se acaba, con una mueca de lamento
como el suspiro ultimo de un muerto, casi nada queda
cuando él se va, lo lleva todo consigo y no regresa jamás
lleva atado a su faldón, aquellas noches eternas de pasión
El aire perfumado lo deja rancio, casi pútrido, sin colores.
amaneceres sin sabores en tu boca, que añora el aliento
de aquella boca que amabas, deja tus manos vacías, solo
llenas de nada, sin saber el amor se va ,no sabemos cuándo.
pero te sorprende mirándote al espejo como reflejo viejo de una eternidad.

Por Conrado Augusto Sehmsdorf

UN MAL JUEGO DE AMOR

Entre nosotros hay un mal juego,
miradas que caen y se conservan
en una expresión gélida y pervertida
vestidas por la idea de resistencia

Pero eso es sólo una fachada
un intento de fuerza y supuesta valentía
para no demostrar dolor alguno
y resistir la batalla absurda todos los días

Tantos adioses van y vienen
pero ninguno define nada
sólo queda el orgullo en medio
y las ganas de gritarnos a la cara

No quiero decir te amo
pero es en lo único que pienso,
no puedo escuchar que me amas
pero eso es lo que más anhelo

¡¡¡¡¡¡pero ninguno cede!!!!!

¿juntos o dispersos?
¿lo intentamos o nos devolvemos?
¿intentamos olvidar tanto amor
o lo dejamos como nuevo?

Cuanto más nos evadimos
más cerca estamos de romper la cuerda floja
algo que puede suceder tan pronto
acabando con esta locura

Pero en medio de este juego asesino te digo..

Que pueden pasar en segundos los siglos
y esperarse que florezca en el invierno,
puede cambiarse la trayectoria de la luna
pero no se cambian los sentimientos.

Tampoco se deshace el destino
aun cuando vamos perdiendo,
si hemos de estar juntos un día
de algún modo se van a unir nuestros senderos

El ahora va a ser un adiós,
procuro no pensar en el mañana,
nuestro mañana podría volver pronto
para rehacer lo que hoy se acaba


•Autor: auris
•Publicado: 18 de Agosto de 2010 a las 00:41

El Camión Azul

Estoy tendido de espaldas en la nada.
Hay un camión azul de mi infancia
entre las piedras. En su caja amarilla,
retira las piedras que cubren mi corazón.
Las piedras del derrumbe de mi fe.
Mi corazón sepulto no se queja; si por él fuera
seguiría enterrado de por vida.
Pero el camión azul trabaja con ahínco:
¡patina, lucha! Para impulsarse,
afirma su culata en mi mentón,
y sus rueditas traseras arañan
suavemente mi garganta,
recordándome las cosquillas
que de niño, me hacía mi madre.

Cargado de piedras hasta el tope,
arranca pecho abajo. Me deja su olor
a plástico en las narices, mixturado
con el de ciertas cosas que yo, cuando
la fantasía me hacía su invicto conductor,
le cargaba a él: tierrita suelta, piñas de pino
de la playa, botones de semilla de eucalipto,
gramilla fresca... Pero por sobre todo,
le cargaba ilusiones. ¡Ah, el aroma de la ilusión!

A pesar que ya no le doy voz
con mi boca a su silente motor,
nunca a contra mano, el camión azul
toma por mi pierna derecha, sube y baja
cuidadosamente mi rodilla, se descuelga
a un lado del obstáculo que le significa
el empeine de mi pie, y se aleja
a volcar su carga quién sabe dónde.
Ya volverá a mi pecho, sobre mi corazón.
Es que él aún confía en mí;
cree firmemente que algún día,
aunque más no sea a mis setenta o cien años,
yo tendré un camión azul de verdad; es decir,
un buen proyecto cumplido. En fin,
habrá que hacer algo al respecto entonces;
pues, por más desengaño que conlleve
el mucho existir, jamás debe uno defraudar
el cándido propósito de un juguete.

Ahí viene otra vez...

Eterna... Mercedes Sosa

Debe el canto ser luz sobre los campos
iluminando siempre a los de abajo…

Compañera, amiga, hermana: nos llegó la noticia de tu dolor y lo hicimos nuestro, es que desde siempre con tu voz y tus canciones, eres parte de todos, como nosotros mientras caminabas, nos hiciste parte de tu piel, nos hiciste parte de tu canto y nos invitaste siempre a juntar con nuestras voces, los corazones y la esperanza, para pedir que lo injusto no nos sea indiferente, que podamos sentirnos vivos entre tantos muertos y resucitar como la cigarra a brindar lo mejor de todos.
Te acogimos Mercedes, en cada rincón al que llegaste a través de las ondas de radio, a través de la especial tesitura de tu voz, a través de los mensajes que nos identifican y nos agrupan, para juntos buscar esa cosa pequeñita que se llama libertad, es que en tu voz no traías un pueblo, llevabas todos los pueblos de esta América mestiza, cósmica, nueva, creativa.
Con tu voz nos juntamos a tu andar, para aprender que lo que cambio ayer tendrá que cambiar mañana, para saber que el mundo está en movimiento y que debemos crear los cambios que nos hagan sentir parte del futuro luminoso, justo, equitativo, solidario.
Imposible hablar de ti sin tomar tu canto, porque es el canto de todos, porque supiste fundir en tus acordes la esperanza y el coraje, la rebeldía y los sueños, porque recogiste el valor de todos, para decir que no nos asustan las balas ni el ladrar de la jauría, porque haz alentado la protesta que se fortalece en la razón y en la indiscutible certeza que vamos a construir una mejor Patria, la chica y la grande latinoamericana.
No tuviste que marcharte para que apreciemos tu estatura gigante, para recibir el cobijo y el soporte poderoso de tu canto. Mercedes, contigo viva en nuestro espíritu revolucionario, la esperanza está de pie, contigo viva en nuestros sueños, los cambios son ciertos y los vamos a seguir conquistando, contigo viva en nuestras conciencias, la dignidad y la justicia van a ser arrancadas, para dejar de ser utopía.
La vida misma es todo un canto y por ello se van a seguir levantando todas las banderas, con tu voz, que tiene todas nuestras voces, que tiene toda nuestra alegría y las ansias infinitas de transformar.
Para seres como tú, la muerte es una utopía y muy lejos de conseguirse, pues sólo desapareció tu cuerpo, mas no tu espíritu que cobija al planeta con tu voz que sigue avivando nuestras conciencias, compañera querida la enfermedad sólo se llevo tu cuerpo, sigues con todos, sigues aquí porque tu canto es el canto de todos y vamos a seguir dándole gracias a la vida, porque tú nos enseñaste a cantarle de esa manera!!

Mercedes, sigue soltando tu canto,
que el abanico en mi acordeón te está esperando…

Nochecita De Buenos Aires

Nueve pisos a lo alto del ocaso y un ascensor
que enjaula y eleva conmigo la carga
emocional de tanta calle.

Regresado, mi espíritu evalúa aquí lo necesario,
lo poco todo que guarda mi cuarto.
Cosas despreciadas de tan mías (como el amor
de esa alguien que desespera
en un retrato y un día decidirá faltarme).

Pero esta influencia sonora, ciudadana, jamás
abandonará mi cuarto: Más tarde, inspirados
como yo por mi musa, despertarán con ametralladora sinfonía los sones de mi teclado; esa piel
de sapo verrugosa y seca que acoso y hago croar
noche a noche hasta la madrugada en este
mi cubículo sombrío en medio del jardín
fluorescente del florecido Buenos Aires.

Y así, hasta la madrugada me arrullará el rugido
pausado y violento de las ráfagas de marcha,
frenada y marcha de huracanados colectivos
y otros vientos: ¡Un grito! ¡Un suspiro!
Una rabiosa sirena policial tras cruel suceso,
y otra de ambulancia tras la vida.
Descarga de casilleros con queja de vidrios.
¡Carcajada! Comunión de amigos borrachos, tiempo…
Todo sonido y consecuencia treparán
con escalera propia a vibrar en mi ventana
para entrar, para estrujar y dispersar mis versos
sobre mi lecho, diciéndome entre bostezos
y ebriedad: ‘¡No sirven para nada!’

Un día me iré quién sabe a qué sitio perdido, arcano, indescriptible, inubicable,
pero definitivamente de esta ciudad. ¡Ya verán!

Se Equivocó El Hombre

Equivocado como la paloma de Alberti,
un hombre desprevenido sobre viles
propósitos humanos, ya está mostrando
canutos y pellejo de su buena fe:

Creyó que el lucro era amor,
que el negocio caridad,
que el embuste simpatía,
que la injusticia equidad, y,
como la cuenta es cuenta
que da lo mismo al revés;
pues hay amor lucrativo,
caridad que es vil negocio,
simpatía que es puro embuste
e injusticia equitativa,
sórdidamente trampeado y atemperado
por artimañas preestablecidas,
el hombre se equivocaba.

Pero así, tozudo y grave,
sin ver cada vez más alta,
la “cúspide (fraterna) de la rama” humana,
además, se le ha dado en confundir
desazón con esperanza
(es que sin altruismo, enfermaría
de realidad súbita). Y para colmo,
el vicario, siempre lucrando con Dios,
ya casi lo ha convencido
que muerte es eternidad.

Éste hombre-paloma mío,
que equivocaba el amor,
la caridad, la simpatía
y la equidad universal,
es, sin duda, uno de los desplumados
nuncios del bien que mueren dos por tres
a la sombra de nuestra indiferencia.
Total, la mayoría de nosotros,
somos más astutos y transamos
con la realidad; o sea,
con la corruptela existencial.

Y morimos lo mismo y más;
pero sin temor a equivocarnos,
porque ya prostituimos
nuestra realidad y la vendimos, ¿verdad?
Mas si te sientes tocado y eres íntegro,
puro, una paloma blanca, recalco
que dije: la mayoría; no generalizo.

Pero por tu bien, revísate,
a ver si te encuentras algo
que no te excluya o erradique
de nuestra sociedad de gavilanes,
y así, por 'desubicado', no te mueras
de miseria antes de tiempo, o en la cruz
impuesta a las palomas 'equivocadas'.

Donde sueñan tus labios.

Es por eso de pagarle a la belleza que hablaré de tu ángel, de cualquier manera es inevitable que construya una ventana para que la gente pase y te mire como si una perfecta combinación entre comunicación y hermosura pretendiera infringir las leyes del tiempo. He de buscar entonces todo lo humano de tus ojos y en la mirada profunda, el iris de esas palomas titubeantes e indecisas que planean entre el deseo y la locura, el delirio y el atrevimiento. Quién pudiera ser al menos aire para mezclarse entre tus dedos y consumirse ahogado por haber deseado alojarse en tu cabello. Es tu boca un poema de dos versos donde el amor se te sale de los labios, en su vuelo las palabras se suicidan y ya en ruinas, engendran movimiento como si de tanto ser rima la rima se esfumara y tú, esa mujer cansada, sin saber qué hacer con tanta huida ni dónde esconder las palomas de tu alma, por un beso recogerías las cenizas de ese cielo más hondo donde sueñan tus labios y abrazarías tus lágrimas futuras para luego detenerte. No importa, siempre ocurre así, lo verdadero empieza o termina, deteniéndose. Mirad por la ventana y os haré el camino más largo, como si escribiese un poema lentamente por ese cielo tan hondo donde sueñan sus labios.

Poesía

Una espiga al sol arqueada
por la sensualidad del viento.
Un rayo de luz en el rubor cambiante de las nubes.
Árbol que generoso ofrece de su sombra.
Alegría de tenerla, agonía de perderla.
Una azul mirada que quema en silencio.
Plumas de oro en el lecho hirviente.
La mano del menesteroso cansada de que la muerdan.
Agobiado por esa crueldad innata del hombre,
por el mutismo de Dios,
cuando el sufrimiento gota a gota
va desvaneciendo el blanco barniz de la Fe,
desnudo ante la verdad inexorable;
he aquí que nace... la poesía.

Frío en el alma...

Un lamento muy lastimero, sin potencia casi, ahogándose de dolor, de impaciencia, irrumpe desde el sueño desacompasado de mi padre y una infinita desolación invade mi espalda, quisiera pretender que es un mal sueño, pero no, es tan cierto como la parca sombra que ronda por los rincones, en las sondas, en los tubos, en su congoja que taladra, en sus facciones desgastadas, en su mirada extraviada en océanos inciertos…
Tengo frío en el alma
Frío de soledad, abandono…
Frío de incertidumbre, angustia…
Frío de desamparo,
de ansias por consuelo que no llega…
Necesito el milagro del amanecer, con el alba inundando esperanza se restañan dolencias, es posible levantar pausas que hagan huir la tristeza, la desazón y la terminal sentencia de la vida escurriéndose impasible…
Tengo frío en el alma
Frío de rabia, de impotencia…
Frío de pesadumbre, casi suplicio…
Frío de desconcierto,
inútil oblación alguna, que mitigar
pueda esta larga y cruel despedida…

Quedan los recuerdos

Quedan los recuerdos
Fue en tu puerta
que mis manos, apenas sin rozarte
abriéndose paso entre la distancia
que nos dimos, te perdieron;
que tu voz se apagó
como se apaga el color de la noche,
despacio, sin saber ni sentir…
yéndose
tras el silencio del adiós.

Que comenzó la muerte
confundida de vida;
que sentí la derrota
del niño que pierde su lágrima
sin saber porque llora;
de aquél que con ojos cerrados
reinventa su camino
abrumado por el vacío que todo lo llena.

Fue en tu puerta,
umbral de ilusiones por cumplir,
que tu aroma, que ya olvidé,
daba sentido al momento,
respuesta a las miradas
y esperanzas a todos los sueños.

Hoy que pasó el tiempo,
que los años ajaron
paredes y memorias,
paso por tu puerta
y ni de ti ni de mí apenas,
como sombras de la vieja parra,
queda el recuerdo.

© (jpellicer)