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+ SANGRADO CIELO +
Por aérea sangre crecen hondas conchas. En el tacto de sumergidas flores En la danza de las perlas Hojas de voces noches ¡Arboles del aire! Marfil triunfal de los canguros Enciende los caminos azorado. ¡Por cada litoral un espejismo!
Los números elementales de la mañana. ¡Beben los congelados lutos!.
Por aérea sangre sabor tragedia En cálidas maderas encarnadas En las márgenes absortas Hombros del silencio llueven ¡Atormentados estigmas! Matriz perseverante de los años Escribe los nombres truncos. ¡Por cada cántico disuelto!.
Los incomparables tímpanos de la campana. ¡Bañan los estragos inhumanos!
Por aérea sangre perforado cielo En el absoluto los cabellos. ¡Envilecidos! En la duna de las tardes ¡Ojos de lenguas hienas! +++ Anidan balleneros +++ Marcha tenebrosa de los metales Escala los evasivos fieles. ¡Por cada fúnebre sosiego!.
Los Desesperados Árboles de la vidriera. ¡Barren los súbitos abismos!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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ARCANA PRIMAVERA
En la cúpula de un trueno brillan. Lienzos de gotas amantes. Desde granos antiquísimos. Por la brisa laberíntica de tierra. Y el regreso verdoso verdadero. Y la blanca belleza con su nieve.
Hormiga la hoja cada migaja. En la noche que las estrellas tejen. En el molino de sollozos acurrucados. Con las pajas movedizas de pestañas. Con el hechizo, miel, flauta y polen. ¡Abrazando con el cielo girasoles!.
Cada golondrina descansa su distancia. Anudando desconocidos barros. En las frágiles horas entrelazadas. En el fondo refugio de su vuelo. Donde nacen vientos como brasas. ¡Y la esfera burbujeante del anhelo!.
Más allá de las cáscaras sangrientas. Hay pájaros agricultores de colmenas. Y los oasis redimen penas y agobios. ¡Qué abren jardines en las nubes!. ¡Qué acompañan la vida tras la muerte!. Y el timón del orden infinito llega.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Elíxir inmortal
Desde la fugaz neblina de la vida, recuerdo. Los erráticos relojes esfumados, encuentro. El tenue tránsito sin aliento, fusionado. ¡Con la música, fulgor y sombra!. Palpitándose, las pieles virginales de un suspiro. ¡Gramíneo!.
En la esbeltez compacta curvilínea. ¡Desnudándose! El jardín húmedo y compás antorcha. Derramando, jades alabastros y zafiros almendrados. ¡Ardorosos!. Los instantes de siglos despertando.
Transparentes, las colinas meridianas entre senos. Armoniosos. Los patios primaverales y celestes. Recubiertos, de mágicas y grandiosas redondeces. Resbalando, sábanas, estepas, bosque y pezones. ¡Arcangélicos!.
¡Arcangélicos, arcangélicos!. Ya traslúcidos tintinean flotando. Gigantescos. ¡Los espumosos recuerdos extasiados!.
En El Clímax De Mil... ¡Placeres!.
Simultáneos, simultáneos.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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ESENCIAS EXISTIÉNDONOS
Ardiente por la tarde lujo galardón, de noche. Morena dirección del frío luz amada. De pies ágil. También sigo. ¡Dando flores la oliva!. Los furores afloja. Por las tardes ardientes invisibles. Por las noches galardones amados.
Vistiendo luz llorosa con la vida núbil. Lentos los días tristes ardiente luna. ¡Breve leve trotas!. ¡Plácido ensueño!. Del ancho mar las olas aquietas. Ardid tan veloz de vuestros pechos. ¡Oigo el eco!. ¡Núbil vida!.
Ardiendo por la Venus madre luz amada. El mar me mueves en dirección del frío ya. ¡Buenos fuimos por la vida!. Malos nunca por la muerte. Luna cándida las ocho veces. Del abril florido besándonos. ¡Por la vida malos nunca!. Por la muerte fuimos buenos.
Vida...Vida. ¡Te vas huyendo al día!. Muerte...Muerte. ¡Te quedas por la noche!. Vida, noche, muerte, día. ¡Te vas, te quedas!. Te quedas, te vas. ¡Vida muerta... Muerte viva!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Deliberada tragedia
Ella cantaba bajo el aaguaa de un recuerdo. Colmenas de guitarras dibujaban una nube En los barcos de pocas nueces Arropando la raíz de cada ccamaa.
A lo lejos la nieve de la nnochee. Saltaba clavos y violines. ¡Flamas aceradas!. Timones temerarios, limones ssecoss. Y una rueda fresa dulce.
Más acá los labios de una tarde. Desgranaban los números oocultoss. Con la luz salvaje por el rríoo. Un lirio duro, clavel dorado y destemplado.
Tantos eran los tambores blandos Y las esmeraldas en los pisos ¡Ranas de pecho, gatos escondidos! ladrillos incansables y niños fríos...
No hay remedio. ¡El hhogarr está vacío!. La vieja luz teje laberintos. El plato tiembla plato y techo. ¡Solo moluscos arañan las arenas!.
Por esos andamios la saliva aahogaa. Y gritan las corolas rumores de velero. Chimeneas de plomos caños. ¡La vvozz de los volcanes se ha perdido!.
Luego, luego, la cadena gana biombos. Y las retinas desayunan alfileres. Hay talcos de trigo y plazas ahorcadas. Y el carbón de libertad ppadecee náuseas.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Viendo muertes
Poder ver a las dos muertes descubriendo copias y almanaques en el atardecer de una ventana en el patio fieltro noble ¡Clarobscuro vivo viendo!
Poder acompañar un rayo sólo Con la túnica y la concha Con los dientes inocentes Dibujando moribundos ritmos ¡Entre cascadas agrietadas!
Alguna vez, tal vez Pueda seducir el abismo Oleoso de luces ondulantes Las palabras olorosas en racimo ¡Con el filo blando sin agujas!
Alguna planta planté ¡Cada planteada plata! El hilo de la vida El papel de la partida ¡Cada ser abyecta sombra! ¡En la tierra del cangrejo!...
Las dos muertes quiero ver De frentes fuertes meditando ¡Alas de crepúsculos amables! Pálidos guardianes de los astros ¡Nube noche de marfiles! Las dos muertes vivo viendo...
Las Dos Muertes Vivo Viendo...
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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DESLUMBRANTE PESADILLA
Pidiendo perdón la voz perjura cada letra Cada cuna pálida perdida por la niebla... Candor perverso Cadavérica Naturaleza
Hambrienta carcajada del descaro tosco Monumento de lagartos cavernarios... Hedionda huella Horrible hueco Híbrida hiena
Los espejos los mismos reflejos rechazan Las infamias las infancias acribilladas... Espectralmente Perenne mancha Encadenada
Infinitos cuernos adornan las pezuñas ¡Por la voz de las alfombras qué queman! Humana plaga Plagio hablante ¡Descarnándose!
En el enjambre de vacíos furiosos Los biberones andan desnudos Los maternos alfileres secos Los insomnios desesperados En la ceniza de hojalatas labios...
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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La Reunión de los Cardenales.
En la magnífica y amplia sala, arabescos, ónices y damasquinados que herían la vista, entró el Cardenal Azul Turquesa. Llevaba un manto arzobispal tan hermoso como las pupilas de la más bella de las huríes del paraíso. En sus huesudas manos tres anillos daban mordiscos relampagueantes al aire. Uno de los anillos eran un rubí, tan feroz y lascivo como una gota de sangre al mediodía. Otro de los anillos era un carbunclo, espantoso en sus acordes de anochecer enfurecido. Y el tercer anillo era un ámbar, fulgente como la miel de romero, que escondía una dosis siniestra de estricnina, y tenía forma de cisne de plata. Tras el Cardenal Azul Turquesa entró el Cardenal Azul Marino, sereno como una estatua de mármol, con una cruz de oro que describía puñaladas de fulgor a la luz de los grandes candelabros. Después de él entró el Cardenal Azul Lapislázuli, fastuosamente bello, delgado, hierático, tal un extraño pavo real aristocrático, solemne en su majestad de príncipe de la Iglesia satánica. Y más tarde entró el Cardenal Azul Celeste, exactamente igual a un cielo sevillano, indescriptible en su soledad fantasmagórica. Y finalmente entró el Cardenal violeta., terrorífico como la tortura, y bello como una explosión de lilas. Entraron en la sala y se saludaron con besos jesuíticos y cariñosos e hipócritas abrazos. Todos ellos se amaban y se detestaban al mismo tiempo. Y el roce les hacía saltar chispas de amor y rencor a la vez. Tenían que debatir, se dijeron. ¿qué hacer con el Hereje?. El Cardenal Azul Turquesa describió su castigo: Que una negra gorda, bestial como un elefante, con la boca llena de mierda, desvergonzada, maligna como un cáncer, y enormemente gorda, gorda, gorda, tal un hipopótamo, estrangulara al blasfemo. El Cardenal Azul Marino, no estaba de acuerdo, se mordió los labios antes de pensar el tormento y dijo: No me parece bastante, ¡¡¡¡arranquémosle los ojos¡¡¡¡¡, para que no pueda ver el producto de sus blasfemias. Un silencio de neumonía recorrió la sala sobre grandes témpanos de hielo. Habló el Cardenal Azul lapizlázuli. ¿Para qué sacarle los ojos?. Que vea a sus hijos deformes y repugnantes nadar en la piscina, esqueléticos y feos, nauseabundos, y que esa misma visión le atormente hasta el final de sus días. O hagamos que lo sodomice el más brutal de los maricas. Una sonrisa macabra tenía en la cara, hermosa como un jade lunar, como empolvada de harina, y sus dientes eran tan blancos como la nieve más pura, brillaban arañas de plata en tanta malignidad. Pero habló el Cardenal Azul Celeste. ¡¡¡No¡¡¡, dijo, mientras doblaba los brazos sobre el pecho junto a una cruz de carey verde. No, dijo. Hagamos que tenga hijos, que los vea crecer y ser felices hasta los quince años, y entonces, tal el segador que corta las espigas de los trigos, arrebatémosle esa belleza. O metámoslo en la más profunda de nuestras prisiones para que no vea la luz del sol, ni se acaricie con sus rayos, y se vuelva loco en su silencio de cristal irisado. El Cardenal violeta estaba casi como un ausente, espeso como el aceite o la piedra, y tan morado que causaba enojo. Se dirigieron a él con un gesto de amigos fraternos. ¿qué hacer con el autor de tales herejías?. Y habló entonces como enloquecido, gritando casi, desesperado y maniático: ¡¡¡Hagámosle creer que no existimos¡¡¡¡¡¡¡.
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Francisco Antonio Ruiz Caballero. (El autor ha hecho tal esfuerzo que tiene callos en el cerebro).
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A la memoria de Daniela Nicole, un precioso ser que inundó de vida a quienes la conocimos, su existencia trasciende en el amor que contagió su determinación por vivir, esta poesía se escribió durante su vida, que no ha dejado de fluir a través de su presencia intensa e inmensa en nuestra memoria.
Una oración por Daniela...
Pequeña muñequita hija de la esperanza, donde se anidaron el tesón y la ternura, te trajo la primavera queriendo florecer aún más el horizonte y el consuelo, de ella debes haber recibido tanta sed de vida, volátil polen, luz que aclaras el día, inflamas corazones e inyectas ternura con cada respiro.
Me llega la suave caricia de tu mirada y siento que me redimes, me llega como bálsamo el aleteo travieso de tus pequeñas manos y siento en mi piel como bandada de nubes, brota tu sonrisa como manantial celestial y la recibo como bendición, retumba en mi corazón tus suaves balbuceos y mi alma se quiebra.
La vida te recibió con el renacimiento y las flores, tú también eres una de ellas, botón de aromas y de lluvia, te besan las mariposas y del rocío recibes tu corona de perlas húmedas; hasta el sol se inclina para recibir la luz de tus ojos profundos como galaxias en fuga, y en el filo de tus pestañas, la luna sonríe contigo pues ya no está sola.
Cada estrella y lucero te buscaron ese día, curiosos y alegres, de algún lugar llegaron también los pajaritos fisgones, a invitarte a volar y a traerte su canto para que los imites, luciérnagas y libélulas esperaron inquietas, para llevarte a jugar con el marco del crepúsculo en la orilla del bosque, con su corte de hadas y ninfas.
Vamos pequeña acompáñame, dame tus sueños y con los míos visitemos las osas en el infinito, el buen amigo Silvio nos prestará su unicornio, podrás jugar con él y hará el viaje más grato, ponte tu boina y una bufanda el viento frío querrá ir contigo, cuando regresemos será tarde y la noche tendrá bordado con su manto el firmamento, más, no importará, todos los astros nos guiarán.
Conocerte fue suficiente para elevar una oración, por el milagro de la vida fluyendo en ti y a través de ti, pero cómo hacer una oración si tú misma eres una oración, eres nuestras voces juntas susurrando una canción, eres nuestras miradas abrigando tu compañía, eres nuestras manos unidas implorando una alabanza, eres nuestro corazón abrazando la esperanza.
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¡Sigues siendo presente, Sempiterna esperanza!, tu presencia sigue erupcionando en nuestros pechos, en las miradas extraviadas, en las caricias aún frescas de las manos que te atesoraron, en cada rincón de este planeta, que te albergó y se recreó con tu risa y la luz de tus ojos, en cada sueño pequeño y en todos los imposibles, que el ímpetu de tu vida nos hizo buscar con pasión.
Eres sobre la ausencia y el dolor, incesante consuelo, fortaleza que abriga, eres la llama viva y cierta del milagro de vivir y crecer, tu estatura inconmensurable es un reto que aumenta y que refulgura en nuestras almas, eres como cielo y eres parte de él, hasta tu aura es índigo, ya no necesitas viajar para jugar, la vía Láctea es tu jardín y desde allí nos trasciende tu sed y devoción de amar.
¡Descansa preciosa, juega, vuela, sueña, vive, sigue viviendo, sigue siendo nuestra alegría, ángel y cobijo de ensueño, caricia que bendice!
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Poeta
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Qué bueno regresar
Es que, simplemente siento que todo sabe mejor, que hay más color y los sonidos tienen la magia de tu compañía cierta.
Me gustan los regresos porque saben a ti, a lluvia ligera, a luna llena, a besos tiernos nuevos, a tibieza en el alba y sueños plenos.
Me gusta regresar y encontrar en tus ojos toda la luz y esperanza, para alimentar mi alma.
Qué bueno regresar, para dejar de ser el hombre de acero y ser sólo tu amante, para refugiarme en tu regazo y olvidar mis molinos de viento.
Regresar para romper el insomnio, para sepultar intenciones, para amasar el éxtasis maravilloso, de buscar nuevos colores y sonidos a los amaneceres que recibo contigo.
Regresar para solo fundirme en la madreselva de tu piel, para encontrar tus pupilas y volar, sólo volar y soñar.
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Poeta
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