Poemas :  Querida Keibi
Irrumpes de niña a mujercita… floreciendo,
con la primavera, con la aurora luminosa,
volcando tu belleza y pureza como un oasis,
referente de frescura, de agua clara, de paz,
con las nuevas mieses y el polen, cúbrenos,
haz que reverdezca amor en nuestro corazón.

Suelta tu vuelo sin miedo, hermosa mariposa,
explora la magia de los paisajes y tus sueños,
conjuga con el arco iris, ramalazos de ternura
y tus sonrisas, redimiendo y alegrando el día…
vamos muñequita, el universo tiene para ti,
exactamente lo que te mereces: el infinito…

Queda atrás el capullo, para mostrarte flor,
en total exquisitez, abriendo en cada pétalo,
belleza, colores, perfume; explosionando
con toda tu energía, también más ilusiones;
el futuro siempre estará pleno de sorpresas,
desde tus ansias por atesorar el milagro del día.
Poeta

Poemas :  Desvariando un soneto...
He tenido que hacer una pausa,
a la pertinaz fiebre y cada desvarío,
para dar paz a este idilio, que acusa,
ribetes del más extremo delirio…

Pero qué oasis podría pretender abrazar
si nuevas olas de devaneos trae tu sonrisa,
que impasible tu sensualidad va a arrasar,
como cada rastro perdido, de la pobre brisa.

Entonces, que se vuelquen sin compasión,
las brasas de esta pasión inmisericorde,
que consuman mi existencia como canción.

In crescendo… para explosionar al acorde,
de nuestra sinfonía de caricias, en ovación,
demencial de total éxtasis, que se pierde…
Poeta

Poemas :  Hasta el sinsonte calló
Tus ojos aún no han iluminado mi aurora,
tus pestañas, son ondulantes cortinas que
atesoran tus ojos lindos, mientras apacible,
tu suave respirar me hace soñar aún más,
en detener el tiempo, en lo fugaz eterno,
en el privilegio de este disfrute, único…

Un límpido cielo sin viento, el sol inundando
de su calidez todos los espacios y tu belleza,
en silencio, como mariposas en vuelo, como
un arco iris en el paisaje, extasía a raudales,
tanto, que hasta el sinsonte prefirió callar y
desde el jardín, respetar tu descanso…

Descansa mi vida, cuando el horizonte,
aclaren tus ojos, habrá empezado mi día…
Poeta

Prosas poéticas :  Amores así... son eternos
Cuatro años y unas semanas más… resultaban una diferencia lapidaria, para José, un niño de doce años, que miraba con ojos de hombre enamorado a la hermana de su mejor amigo, que el año pasado cuando cumplió quince, pudo verla con ese hermoso vestido rosa, maquillada, sonriente… preciosa; desde entonces, algo ocurrió en su interior para siempre, así que le resultaba muy difícil tratar de disimular su incontenible atracción por Liliana.
Se turbaba, olvidaba lo que iba a decir, tartamudeaba, escapaba a caerse tras varios tropiezos, amén de sonrojarse y la sudoración aquella que molestaba tanto… a todo esto, Liliana le sonreía y continuaba con sus días y actividades sin enterarse del viacrucis del pequeño José, “pequeño”, es que además, aún no se había estirado y le faltaban unos quince centímetros de estatura, por lo menos para igualarse con Liliana.
Ella, grácil de figura, atractiva por ese ángel que tienen algunas mujeres, que sin cobijarse con los estándares de belleza del mercado y la sociedad de consumo, era hermosa, por sus ojos claros, su sonrisa angelical y esa agilidad felina para deslizarse al andar, cuántas veces había hasta delirado imaginando poder abrazar esas formas, esas curvas peligrosas decía, porque le sería muy difícil mantener el control… y cuando hablaba, dejaba admirara una boca que a José le provocaba atrapar a besos…
José, además de resignarse a verla enamorado, pero como un imposible, tuvo que aceptar algo que iba más allá de sus ilusiones; Liliana, su bella Liliana se iría a estudiar lejos… una suerte de eclipse total, cubrió los días y noches de su vida, que a pesar de los chispeantes años de la adolescencia, siempre tenía un corto circuito que lo sumía en una melancolía, que evocaba los detalles de la amada Liliana…
Tuvieron que transcurrir como quince años, José se graduó, obtuvo una tecnología, se casó y fue a trabajar en una planta industrial, en donde la vida le tendría guardada una sorpresa del tamaño del universo: Liliana trabajaba también allí en el área administrativa, no había crecido tanto como José, que era quien ahora pasaba con varios centímetros a “su” Liliana, que aún causaba revuelo en su comportamiento.
Estaba soltera, José de inmediato pensó a sus adentros: ¡ojalá hubiese sabido!, la habría esperado, la habría buscado… pero tenía una pareja, esa noticia sin embargo, no desinfló a José, que estaba feliz, saludaba y se despedía de “su” Liliana con beso en la mejilla, habían ido consolidando su amistad interrumpida; su amigo, hermano de Liliana, había salido a estudiar fuera del país y se quedó a vivir con los gringos, se consiguió su gringuita y no pensaba en volver por ahora.
Los lapidarios cuatro años, ahora no se notaban, el porte y aplomo de José, habían causado especial simpatía en Liliana, que sin darse cuenta, se sentía atraída por el ya no pequeño José. Liliana dejó de hacerse acompañar por su parejo, llegaba y se iba sola del trabajo, así tenía más minutos para poder compartir con José. Él por su parte, iba superando los nervios y a medida que charlaban y compartían, sentía que de alguna manera era correspondido.
José tenía dos hijos pequeñitos, que adoraba y su esposa, era un amor de persona, preciosa como las flores en primavera y habían levantado un hogar, que había causado la admiración y envidia de muchos en su entorno; esto le causaba remordimientos y en varias situaciones le inhibía de dar cuerda a eso tan bonito que compartía con Liliana.
En particular, había un instante que era de alguna manera incómodo: las despedidas, porque sin querer o queriendo, se acercaban un poquito más para darse el beso de despedida, que de a poco iba remordiendo distancias, hasta remorder comisuras de labios y tras varios intentos o refrenamientos mutuos, finalmente desembocar en un inevitable beso con hambres atrasadas, que quien sabe cuánto duraría… allí supieron cuánto se atrajeron y cuánto más se ansiaban.
Liliana que sabía perfectamente, la condición de José y su hogar, se adelantó con total contundencia a señalar, que ella también tenía su relación y que jamás podrá aceptar que José abandone su hogar, sus hijos, su futuro con ellos; ella no se había casado, no le atraía esa condición y prefería desde hace mucho, tener su pareja y nada más, esto a pesar de sus dos últimos enamorados, que habían querido tomarla por esposa…
De los besos y caricias furtivas en esos intervalos del trabajo, dieron el salto a verse fuera de la planta industrial; encontraron el tiempo y en una residencial, el espacio para explosionar todas las ganas acumuladas; ella quiso amarlo y él, cual púber enamorado se dejó llevar por ese vendaval de la mujer de sus sueños, por su obsesión adolescente, su más delirante ternura también… a quien según él, había dedicado hasta su primera masturbación…
Se besaron, se descubrieron a través de miles de caricias y miradas, se amaron y volvieron a amar, se quedaron dormidos y al despertar se amaron una vez más, como el primer beso, con hambres atrasadas… fue una conjunción única, exquisita, inagotable… Liliana ofició como maestra de ceremonias, José obedeció, la amó y aprendió, no paró de hacerlo…
Iniciaba o continuaba así, una relación muy especial, en que se entregaban desaforadamente, como náufragos encontrados, sin exigencias, sin condiciones y cada encuentro, era esa oportunidad exquisita, para brindarse plenamente, para inventar, para recrear, para explorar, llegaban ilusionados y se despedían felices, sin horarios ni calendarios, cuando podían se ponían de acuerdo y lo demás era tan solo la urgencia porque transcurran los minutos y se encuentren una vez más solos, dueños del universo, del tiempo, de ellos mismos…
Por sus compromisos, tuvieron largos corto circuitos, pero siempre se volvían a buscar, a encontrarse y a quererse como sólo ellos, o como diría José, como quería Liliana, la sacerdotisa de su amor, de su cuerpo, del placer y como toda relación, con aportes de la pareja, José también buscó sorprender a su amada, explorando nuevas caricias, besos, espacios, tiempo… de a poco fueron necesitando más tiempo para ellos y buscaron noches enteras, días enteros, tras los cuales, venían las pausas, para necesitarse otra vez… con esas hambres atrasadas, que tanta magia traían, que cuánto placer almacenaban y compartían…
Cada uno por su lado, aceptarían después, que esa construcción amatoria, sería únicamente de ellos, jamás podrían replicar con sus parejas, provocando por el contrario, congelamientos muy críticos que apenas escapaban a ponerlos en evidencia… así mismo las no exigencias y no condiciones, dejaron de ser tales y afloraron en escenas de celos y en necesidad de más tiempo juntos; esto último de manera intermitente, cuando Liliana exigía, José no podía y viceversa, pero nunca se debilitó esa atracción, el deseo, las ganas infinitas de juntarse, de sentirse, de inventar más, de sorprenderse con algo nuevo, de derrochar ternura, pasión, lujuria, en cada nueva exquisita ocasión que la vida les brindara…
Varios años después los lapidarios 4 años que agobiaban a José, cuestionaron a Liliana, que se sintió algo más “madura”, que su amado; si a José nunca le importó esa diferencia cuando era apenas un niño, ahora no cambiaría por nada esa condición, Liliana era su mujer, ella le enseñó a amar, él era su púber amante y lo sería para siempre…
Un día José tomó la mano de Liliana y se la colocó en el pecho, su corazón latía como un tropel de caballos desbocados, varias veces le había hecho sentir esa sensación, esa arritmia, alegría, conmoción, lo que sea, que Liliana provocaba en él; fue su manera de explicar sin palabras, que no pueden: apenas cuatro años y algunas semanas, detener ese ímpetu conque él siempre amó a su Liliana, la hermosa mujer de felino andar, de preciosos ojos, cara bonita, sonrisa angelical, boca deliciosa que adoraba devorar a besos, cada palmo de ella, transcurridas algunas décadas, seguían siendo motivo de sus ansias para amarla más…
Juntos construyeron ninguna rutina, juntos aprendieron a reinventar esto de ser parejas y de aprovechar cada segundo que la vida les permitía compartir con toda la intensidad de quien vive para ello, juntos siguen siendo un tsunami de emociones, de expresiones, de detalles, que bien deberían ubicarse con estrellas en el infinito, allí donde no importa el tiempo… donde amores así, son eternos…
Poeta

Poemas :  Torturando la memoria...
¡No bastan!, ¡Nunca bastarán!...
Las desoladas ideas de nuestros besos y caricias,
es que, siempre hay un entorno mágico, único,
que hace de cada instante algo esplendoroso,
que cautiva, que enciende, que atrapa sin razón
y… es lo que a veces se le escapa a mi memoria…

Ojalá pudiera darme ahora mismo, sensaciones
frescas de tus labios carnosos, de tu talle trémulo
mientras lo estrecho y me fugo en un beso más,
ojalá pudiera escuchar nuestros murmullos… o
al menos leer lo que tus ojos bonitos me cuentan,
cuando se cruzan con los míos y juntos se pierden.

Cómo no poder rememorar, el aleteo de tus manos
mientras hablas… con esa sonrisa tan cautivadora
y recordar tu perfume, el sabor de tu piel, lo que
ocurre en mis dedos, cuando acaricia tu cabello,
fluyendo como el agua, como viento, como tu risa,
si, tu risa que inunda mi alma de tu locuaz alegría.

Te amo, te adoro, te deseo... te sueño, te añoro,
te necesito y si no estás conmigo, no queda más,
que torturar mi memoria, para sobrevivir sin ti,
con las imágenes y las impresiones que quedan
tatuadas en mí y que son mi alimento y aliento,
que más inspiran, que intangibles te traen a mí…
Poeta

Poemas :  Atrévete a soñar...
Porque no es solo cerrar los ojos y pretender,
soñar, es permitirnos lo imposible, lo bonito…
soñar, es romper con las formas y los límites,
sueña y construye desde lo intangible y difuso,
cada utopía y anhelo que te atrapa, emociona,
aunque se nos vaya la vida y no lo alcancemos.

Soñar, no es dormir y luego recordar pasajes
maquillados, para alegrar el ego y la modorra,
soñar, es arriesgar, es tomar parte en tu vida,
es abstraer en la noche y esforzarte despierto,
soñar, es intentar con los ojos cerrados, atrapar
mariposas y despierto acariciarlas con ternura.

Soñar, es… hasta inventar una sociedad de paz,
donde no hay que verter lágrimas… ni sangre,
por lo injusto, la insultante inequidad o miseria,
soñar, es amar sin arrepentimiento, es ser feliz,
soñar, es vivir en armonía contigo y con todos,
soñar, es estrechar a quien amas y volar sin fin.
Poeta

Poemas :  Para atrapar como colibrí...
¿Y qué de nuestra energía?... te pregunto…
Si, de aquella que está vibrante en la distancia,
más allá de la memoria y sus espectros difusos,
rebasa lo que no alcanzan a decir las palabras
y nos conecta fulminante con todos los colores
y detalles con tan solo cerrar los ojos o musitar
tan solo, que somos las estrellas de este amor.

Y no nos asusta, no, esto de reventar la calma,
porque estamos vivos y podemos amarnos así,
porque abstraer el roce de nuestra piel, estalla
todas las ganas y las multiplica… en más pasión
y fantasía, porque conseguimos fusionar amor,
ternura, ilusión, sin importar estar muy juntos.

Escribo y es como si te leyera mientras sonríes,
e interrumpes para morderme o abrazarme así,
desconectándome de las formas, para soñar…
esta mágica vida que despierto pretendo narrar
y no estás, pero te llevo en vilo en la inspiración,
en la yema de los dedos, en las ansias de atrapar
como colibrí, en cada fugaz aleteo un universo
de tu néctar, que una aún más nuestras almas.
Poeta

Poemas :  Tengo delirios
No sé si es la fiebre icariana o la luna,
que no llega ni se llena… o el silencio,
que se hace insondable en tu ausencia,
quizás es que urgen para mi espíritu,
las centelleantes líneas que trazas,
desde tu sonrisa, tus ojos, tu compañía.

Para volar aún en la oscuridad y llegar,
justo allí, donde repica tu corazón y sus
acordes, hacen que mi alma se solace…
y sin embargo creo que me vienen bien,
estos delirios que alucinan y ensueñan,
porque son, vienen y van por ti mi cielo.

No hay confusión, son tan solo ansias,
sí, ansias infinitas de sentirte, de amarte,
de explosionar en sueños e ilusiones…
explorando el infinito iris de tus ojos, sí,
de tus hermosos ojos, que sin embargo,
quisiera nunca disipe mis delirios por ti.
Poeta

Prosas poéticas :  Epílogo de una despedida cruel...
No existe despedida fácil, los desprendimientos dejan huecos, vacíos, muy difíciles de evitar, de rellenar…
Hace casi 38 años, había cumplido mis primeros 55, cuando tuve mi primer infarto, que motivó se me instale una válvula ortopédica mitral; desde entonces entendí, tuve que entenderlo así, que vivir es un regalo divino, que hay que saberlo apreciar. Ésa válvula, tenía una vida útil de 30 años, lo cual a ese momento, representaba mucha vida, un tramo suficientemente largo por recorrer y la recibí como bendición.
En realidad me ha servido por casi 38 años, durante los cuales, he tenido varios infartos y otras afectaciones a mi salud, que he superado en algunos casos y en otros he tenido que aprender a vivir con ellas.
Hace casi 13 años, el trance más crítico fue enfrentar la pérdida de mi compañera de vida, mi fiel y amante esposa: la de la dulce ternura… así la llama mi hijo el poeta, que desolación más terrible, nada pudo sentirse igual ni parecido, nunca antes pude valorar lo mucho que mi Charito me amó, soportó y cuidó, todos los esfuerzos físicos, emocionales, de vida, que ella derrochó por mí… podría decir, que ese nefasto 10 de febrero de 2008, fue otro puntillazo de dolor, de despedida…
Sin embargo el amor y cuidado de mi hija e hijos, permitieron que continúe “viviendo”, si así había que llamar a esta supervivencia; es que a mi corazón parchado, se juntaron nuevos males: diabetes, infecciones, próstata inflamada, varios infartos y micro infartos, que minaron además, mi capacidad de relacionarme con todos; me molesta mucho no poder articular oraciones largas, que aunque las puedo elaborar en mi cerebro, me cuesta pronunciarlas, detesto esta situación.
El suplicio de la soledad, fue cambiando el difícil temperamento, que desde antes ya tenía, las limitaciones físicas, económicas desde siempre, torturaron mis días y aunque los beneficios de la jubilación ayudaron, nunca fueron suficientes y entonces tuve que observar contrariado a más no poder, los esfuerzos en especial de mi hija, la octava de mis nueve hijos, por llevar el día a día… que se desvivía por cubrir lo necesario, intentando que no me dé cuenta de esa lucha tenaz que llevaba sin descanso.
Así vi llegar alarmado, aterrorizado más bien, el fin de la vida útil de mi válvula mitral ortopédica, año 2013, pero gracias a Dios, gracias a la vida, siguió funcionando y años después casi como carro viejo, a veces si, a veces no, había que empujarla… ¡siguió funcionando!, siguió funcionando, conté los días, luego los meses y hasta algunos años, cómo me permitió sobrevivir, aunque sea para ver a mis hijos y nietos crecer, para recibir los pocos relatos que me compartían y hacer de cada uno de ellos una novela en mi cabeza; me emocionaba lo que escuchaba, siempre me emocionó hasta las lágrimas y aprendí a vivir de lo que recibía de mis hijos y nietos, de lejitos, a mi manera, hilando en mi cerebro o en lo que mis infartos habían dejado útil de él… así bendecí cada día que llegaba, para saber algo de mi familia…
Los nuevos infartos y micro infartos, aprendí a sobrellevarlos y superarlos, aunque las secuelas de sus ataques, se reflejaban con perversión, en mis capacidades, en las respuestas que podía tener al moverme, al hablar, al pensar, en controlar mi temperamento… un aumento desproporcionado de mi próstata, generaría una condición todavía más crítica, tendría problemas de control de micción por el resto de mis días, peor aún, estaría obligado a utilizar una sonda, que me pondría en una condición de dependencia y vulnerabilidad terrible… meses y años después, el uso de esa sonda, terminaría lastimando mi uretra, con nuevos dolores e incomodidades a mi situación de enfermedades y dolencias…
La suma de mis enfermedades, coincidieron más de una vez en ataques masivos a mi capacidad de resistencia, así siento que dio inicio a esta resistencia final, sin posibilidad alguna de reabastecerme para luchar, de algún período de veda si se quiera que sea un respiro para mí; a finales del 2018 después de algunos períodos en hospitales, mis pulmones son el blanco del funcionamiento defectuoso de mi cansado luchador corazón, me internan en una clínica de cuidados intensivos y me someten a un coma inducido, para valorar mi condición…
…Tengo tubos en mi garganta, una vía de alimentación intravenosa, sondas, estoy dormido, o como se diría, más bien sedado, muy de lejos siento que alguien toma mi mano, deben decirme algo, pero casi no escucho, son murmullos y tampoco sé si es día o noche, o tarde… en esta condición me mantienen por alrededor de tres semanas, de ese tiempo me enteraría después, efectivamente antes de mi cumpleaños 91, me pasan de la unidad de cuidados intensivos a una habitación individual, en donde ya puedo apreciar la visita de mis hijos, algunos nietos y conocidos…
Supe también que ya me habían desahuciado, sin embargo los médicos decidieron, probar a desalojar, agua de mis pulmones, realizando incisiones en cada uno de ellos, para evacuar más de un litro de agua de cada uno; más tarde me retirarían estos punzones de mis pulmones y desensamblarían mi coma, para ver si reaccionaba: ¡lo hice!, gracias a Dios, ¡lo hice!, no podía irme así, derrotado, sin decir algo más, sin saber ¿qué pasó?...
Entre lo que escuché como susurro de ensueño, era el pedido de mis hijos que me recupere, para llevarme a casa y claro que quería irme a casa, cualquier sitio es mejor a ese macabro sitio en donde me habían entubado, me punzaron la espalda y me habían casi declarado muerto… mi hija se dio los modos de organizarme un verdadero cuarto de clínica en casa, a la enfermera que ya me venía cuidando u ayudando, se sumaron: cama de hospital, oxígeno, nebulizador, sonda vesical permanente; amén de los exámenes de laboratorio y Rx rutinarios de control…
¡Pero, al final estaba en mi casa!, aunque la tortura de los “cuidados clínicos” continuaban, y la verdad casi que no reconocía como “mi casa”, por las ayudas clínicas y las no siempre afables enfermeras, que más de una vez maltraté, más como una reacción a mis dolencias y limitaciones, que por alguna reacción violenta ni reprimenda alguna… me viene a la cabeza, las palabras de un médico cubano que me hacía chequeos periódicos en casa: “…con tantos problemas clínicos que tiene don Jorge, el día que no me reciba con una puteada, me tendré que preocupar…”
Y es que si no era algún problema de dosificación de la Anexoparina (anticoagulante), era el cambio de sonda, era la infección a mis vías urinarias, era la saturación, que la presión arterial, hasta una alarma de un nuevo rebrote de un cáncer que tuve en la nariz, fueron tantas cosas que tenía aparte de los dolores obvios, mucho coraje, por las trabas y límites en todo, en comer, en hablar, en caminar, que ya casi no lo hacía; así que, un carajaso, o un chucha madre, se venían más como rebeldía, que cualquier otra cosa…
Siento que lo de estar en casa, tampoco representó más tiempo con mis hijos, por sus actividades a veces casi que no los veía, a los que estaban cerca, imagino que es difícil interactuar con alguien que tiene problemas para hilar una oración completa, peor si es larga; juro por mi Dios que si lo conseguía en mi cabeza, pero no podía decirlas y me venía una frustración inmensa… sin embargo si hubieron detalles exquisitos, por la carga emotiva y la dedicación de mi hija e hijos, en algún sorbo de cerveza por ejemplo, o pedazos de golosinas, como pasteles, dulces, humitas, etc.
Compartí algunas fechas especiales, imagino que algún cumpleaños, día del padre, qué se yo, la presencia de mariachis, siempre consiguieron quebrar algún llanto extra represado y nuevos deseos infinitos de tener más días de vida, porque claro que valía la pena, mantener este espíritu de resistencia, de nunca aceptar bajar los brazos…
En alguno de los internamientos a los hospitales, mi hijo poeta dejó uno de sus libros de poemas conmigo y cada que recordaba, las enfermeras me leían esas cosas tan sentidas que escribe y que generaban casi siempre que solloce y leves espasmos sacudan mi espalda, cerebro y memoria… duele recordar y a veces también, no recordar todo…
Nuevos quebrantos en mi condición de salud, me llevaron, más bien les llevó a mis hijos, siendo finales del 2019, otra vez a buscar hospital, como que mi salud se ponía de acuerdo desde hace algunos años, con los finales de año y para variar, esta vez me prohibieron volver a casa, la infección que atacaba mis vías urinarias, era demasiado fuerte para pretender, atenderla allí, me dieron el pase a una clínica de cuidados paliativos… o sea, hasta que mi corazón y criticidad resista.
Aquí tendría que acoplarme además, a la ausencia de mi hija, que por su trabajo dejaría la ciudad y ya no volvería a verla; resulta terrible lo que ocurrió con mis hijas y esposa: mi primera hija murió en otro país y ni siquiera pude enterrar sus restos; debido a una intervención quirúrgica, no pude acompañar a mi esposa, cuando falleció en otro hospital y ahora, mi pequeña se va, -tampoco la volvería a ver-, como que sentí cuando se fue, que no la iba a volver a ver, duele mucho tan solo recordarlo.
La clínica, sin embargo, se sintió agradable, por los nuevos amigos y amigas, que pude conocer, otros viejitos como yo, personal de la clínica, otros médicos; pero también se convirtió, en una reiterada escena lúgubre, de adioses definitivos, de uno y otro, que ya no volvía y otra vez llegaban, sus relevos a ser los nuevos vecinos, en este espacio de la última morada…
Las visitas de mis hijos, se restringieron y eran apenas ratitos, los que podía compartir, con ellos, los cercanos… pero, como si fuera poco, llegaría la peste esa, del virus Cobid19, que acabaría de amargar, esta vida en resistencia, porque no quiero irme; quisiera ver regresar a mi hija, saber que hacen mis hijos y sus familias; ver cómo han crecido mis nietos; conocer mis bisnietos; volver a escuchar las poesías de mi hijo el poeta, aunque me leen algunas, sé que no deja de escribir y quisiera poder leerlas todas, me emociona y anima, que haya tanta sensibilidad en su espíritu, siempre fue mi consejero y me atrapaba sus relatos e historias… ¡hay! Mi poeta…
La pandemia del coronavirus, terminaría aislando, a los residentes de la clínica, puro viejito, vulnerable a más no poder, encerrándonos, para que nuestros familiares, no nos traigan la muerte en sus visitas. Tuvieron que pasar más de cuatro meses, para que pueda volver a ver a alguno de mis hijos y por muy poco tiempo, vestidos casi como astronautas, parece que estuviera otra vez en una de esas salas de cuidados intensivos, a las que tengo tanto terror…
Las visitas, aunque fugaces, siempre son tan atesoradas, uno, dos minutos más, otra despedida más, apretar las manos de mis hijos, intentar darles la bendición, aunque mis palabras no fluyan, lo prefiero, porque luego viene una larga, muy larga y triste espera… En ocasiones, he podido escucharlos y hasta verlos a través de esos teléfonos con cámara, no sé si me hace bien o me frustra más, es que también son instantes breves, no puedo preguntar, no me acuerdo y termino respondiendo lo mismo: estoy bien, si estoy comiendo, si estoy tomando la medicina, si claro, pronto vendrán a verme… y los abrazos esos por imagen, que no saben a nada, que no se sienten.
Las visitas llegan ahora, dos veces por mes, se acerca el fin de año y un inmenso miedo invade mi alma; quisiera verlos aunque sea a través de esas llamadas con video, quiero sentir su cercanía, saber cualquier cosa de todos… mi hija, quiero escucharla, verla, su ternura infinita me consuela, me alienta, me fortifica, siempre ilusiona…
Escucho que se viene navidad y es más de una semana de la visita de mi Ray, el vino a verme, siempre con alguna golosina y presentes, ¿será que no los dejan pasar?, en navidad, a veces no estaban todos, se juntaban con sus familias e hijos, pero recibíamos el año nuevo juntos, espero que vengan el fin de año, me siento agotado, casi no distingo los cambios de día, tampoco han llamado…
Escucho que mañana es año nuevo, nadie ha venido, no llaman, mi corazón se ahoga, me cuesta respirar, pero quiero alcanzar ese nuevo año, no sé ni cuál es… voy a recibirlo, a lo mejor recibo visita, temprano…
Cuánto extraño y cómo extraño, la compañía mutua que nos dábamos con la viejita, no importaba esperar juntos, lo que sea, pero esto de esperar solo, no es bueno, es tortuoso, me contraría… casi no he dormido, sé que amaneció, lo logré, éste es un nuevo año, pero no lo será para mí… siento que me voy, no me gustaron nunca las despedidas, pero eso no significa que no tenga que despedirme, pero esta vez creo que es lo mejor…
Me he estado yendo desde hace años… de alguna manera, mis hijos se han ido acostumbrando a sentir, que mi vida acaba, pero mi hija, ¿dónde está?, quisiera ver aunque sea, una borrosa sonrisa suya, los rostros de mis hijos, que alguno de mis nietos o bisnietos me agarre la mano… no será posible, así que antes que todo se obscurezca, quisiera bendecirlos, que sus vidas sean tocadas por Dios y tengan salud, trabajo, que no los angustie la enfermedad y menos una como la mía; que sus días tengan sonrisas y mucha esperanza, es vital tener esperanza, bajo cualquier circunstancia, es necesario pensar que todo estará bien, que todo puede cambiar, que podemos ser mejores…
Al final creo que esto es menos incómodo, éste es el final, final… llegan a término mis días y me anima la posibilidad, aunque remota, de reencontrar los espíritus de mis seres amados, que se adelantaron en este tan incierto viaje; también me ilusiona, que la vida de mis hijos, nietos, bisnietos, sigue y aquello es por supuesto, un triunfo de la vida y la esperanza, que bendigo y se convierte en mi mejor sustento, para este último esfuerzo, sin adioses, sin abrazos, sin miradas distantes, sin tan siquiera una lágrima; vine solo, busqué la vida y la peleé muchas veces, solo también, creo que este viaje último, será así mismo, solo…
“La muerte no existe, la gente solo muere cuando la olvidan;
si puedes recordarme, siempre estaré contigo”

Isabel Allende
Poeta

Poemas :  Buena mar, Jesús Fichamba...
Del cuadrilátero, llegaste a la música…
Y te fuiste a vender un sueño de canción,
revirtiendo la llegada de las carabelas a
conocer nuestra exuberante tierra, con
formas de mujer, plena de ilusiones y
riquezas sin fin, de historias y leyendas…

Tu magistral interpretación la opacó, no
otra mejor canción ni cantante, fue una
celebración y un terremoto; lo que la
televisión pudiera vender más, así que,
impusieron la solidaridad y diplomacia,
a la genialidad de un gran cantor indio.

El mundo te reconoció, nuestro pueblo,
la comunidad de artistas, pasaste a ser,
a fuerza de sol bruñido, un embajador
de la cultura, del talento nacional, Jesús
Fichamba, un ícono de ecuatorianidad,
sostenido y templado por varios años.

Hoy, eres víctima del virus con corona,
que sin embargo, no podrá vencer esas
estelas en la mar, tan refulgentes como
las de las tres carabelas, que en el cielo
infinito, no podrán alcanzarte; buena mar,
buen viento, vuela alto gran indio cantor.
Poeta