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Realmente no te conozco por fuera, pero por dentro, conozco tu universo y por ello expedicionario ser quisiera, para, porque ya te adoro, llevarte este verso.
Un verso delicado, nervioso que intente mullir cálidamente cual caricia leve, así como tonada que quiero atesorar en mi mente.
O tal vez un verso ronco, inquietante, que reverbera en mi corazón, queriendo explosionar desafiante para hacerme perder la razón.
Simplemente un verso mío que rompa algunas fibras de mi alma, tratando describir cuánto ansío pensando en ti, sin encontrar la calma.
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Poeta
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Intentar describir cuánto cautivas mi alma es pretender que acariciándote tenga calma, Rauda la inspiración descarga cataratas de sensaciones como torbellino de besos, de ternura y de pasión explosiones Aquí y ahora ambiciono un te quiero tuyo que retumbe en mi corazón, en mi mundo y me haga más tuyo Cómo no cantarte amada mía si llenar de alegría tus días todo mi ser ansía Y que tengamos en la noche de plena luna cobijo de caricias y besos que no deje sed alguna.
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Poeta
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Cuando derriten los dolores
Cuando tras largas ausencias, todo se llena de culpas, muy íntimo, muy húmedo, cada párpado de labios resecos, en la presencia de horas, frecuentes rostros perdidos en tiempos polvorientos, palabras boca abajo, en la más pura memoria de nada, de cobres ardiente, y telarañas en piedras.
Es Cuando Los Dolores Derriten.
Una vez, de tristes verdades desnudas, las conciencias bebiéndose ocultas, como copas de luz espesa, frío hijo del collar enigmático, tumulto, de horas vestidas de tierras ignoradas, donde la paz huyó y las lenguas florecen.
Es Cuando Derriten Los Dolores.
Dolores que nadie ha mirado, por dentro, por la sombra de puertas obscuras, voces que llaman, voces que queman, los cielos albergues lejanos, lluvia cansada del fruto silvestre, uno de tantos caminos gastados, mantos enredados de serpiente, que nievan pupilas al viento.
Es Cuando Los Dolores Derriten
Cuando una vez, los dolores derriten, los columpios sin duda, imploran los cantos antiguos, de aves que inventan respuestas.
Es Cuando Derriten Los Dolores.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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CONSUELO DEL CIELO
Suelo soñar cielo en el suelo. Del cielo asombrado entre estrellas. Del sueño que duerme. Del cielo el suelo. ¡Y suelo pensarlo consuelo!.
Y Suelo Pensarlo... ¡Consuelo!. Del dormir entre estrellas. Del despertar entre nubes. ¡Consuelo de nubes solo!.
En el suelo donde duermo nubes. Nubes que me sueñan. Creo. Un suelo nuevo cada día de consuelo. En el alba de la tarde tarde. Con la noche relámpago de médanos.
¡Consuelo del cielo!. Del cielo... ¡Consuelo!.
Médulas elementales de la nada. Demasiado poco un rato roto. Y ruedo al suelo de mi cielo. En el sueño del suelo y su consuelo. ¡Una vez asombrada nube!.
Consuelo, consuelo, del cielo.
Otra vez, solo nube que tuve. Otra solo nublado. ¡Solo suelo del cielo soñado!. En el mí, que contengo De ti, cielo, de mi suelo.
Mi consuelo. En el que suelo soñar. Durmiendo, nubes y estrellas. Y cielos de consuelo.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Hoy me paseo en mi caballo, al compartir con él, mi fuerza, pero él es más fuerte que yo, Sé, por supuesto.
Estoy montando, entonces, Soy más inteligente que mi mascota, Por lo tanto, comiendo pasto con él, No lo haré.
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Poeta
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¿Qué será de la alondra en la tormenta… cuando el viento calmo que en su vuelo va se vuelva despiadado e inclemente huracán, lo arrase todo y se lleve hasta su canto?
¿Dónde sus trinos de bellos madrigales y sus acompasadas coplas al amanecer se escucharán? tal vez… sin querer, sin amor… lejos de su nido, de abrigo y de sustento.
¡Tengo miedo que no sepa qué hacer que pierda el rumbo en ese vendaval que sus alas quiebre y no pueda escapar de ese farfullo que la quiere aprisionar!
Si no la encuentro será porque la he perdido… más tendré la eternidad para no olvidarla, me quedará el recuerdo de aquella que fue mía, ese delicado torbellino que me cambió la vida.
Porque el amor vibra en su versos… impregnados de mí, en cada letra… en cada armonía de sus cantares en las más bellas de sus poesías.
Delalma viernes, 26 de agosto de 2011
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Poeta
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Siento, que me estoy perdiendo, en la niebla de la montaña, desconocida, no se por donde vine ni como bajaré. Cuando, arriba, miraba los horizontes verdes, tocando el azul del cielo, sin fin, sabia quien era, adonde estaba, el porqué de haber subido. Ahora la niebla densa, me cerró, mi visión, me pregunto, el porqué de tanta voluntad de subir tan alto, en busca del paraíso, para mi corazon, si no lo puedo tener. Me decían, que si mirara las estrellas y con toda mi fuerza pidiera algo, ellas me lo regalaban Cansé de mirarlas, de pedir, nada vino hacia mí, entonces subí la montaña, para quedar más cerca de ellas, a ver si me oían. No lo pude hacer, la densa niebla, las encubrió de mi. Ahora no sé como regresar, ni para qué, nada me espera, ni nadie, ni yo me espero. Pasé la línea de la realidad, entrañada en un sueño imposible, mi vida cambió, no volveré a ser la misma. Sentada esperaré que la niebla se vaya, para bajar segura de mis pasos, a la realidad, cruda, fría, sin color, muerta. Quería otra, viva, colorida y cálida, dulce, sin sobresaltos, ni lágrimas. Cierto que casi la conseguí, pero como las estrellas que tanto miré, no está a mi alcance, me queda el trago amargo de saber que no tengo derecho a nada, a no ser aguantar, como pueda, este fardo inmenso a mis espaldas, caminaré corcovada, con su peso, hasta que quede en un cualquier lugar acostada en suelo, duro de mi vida. No debería, pensar, tan amargamente, se que en este momento, hay gente, que sufre, mucho más. No debería, sentir, tanto, lo que me pasa, lo que sí, sí estoy perdida en medio de la niebla, esperar a que se marche, que el cielo quede limpio, para mirar de nuevo las estrellas, bajar con seguridad la montaña. Del cansancio, hacer fuerza, ser yo y no sentir que me perdí, en miedos, o incertidumbres. Alguien, que enferma, está, me hizo pensar, que me quejo, casi sin razón, tengo, si, que dar gracias a Dios, por mi salud, por mi techo, que me abriga de la tempestad, por el calor en invierno y el fresco en verano. Saber que se quién soy, a donde y lo que tengo, mirar las estrellas y no querer coger ninguna, solo mirarlas. No subir a montes, quedar abajo, en los prados, verdes de hierba, ser algo y no querer ser todo. Lo que me está reservado, vendrá, mas tarde o temprano, así son las cosas y puedo soñar, puedo vivir mis fantasías, Puedo todo, mis pensamientos, son míos, solamente míos. Soñar hace parte de la vida, la llena y le da fuerza para el mañana. Mientras tanto, voy intentar buscar dentro de mí la estrella que seguro la tengo y aun no me he dado cuenta. Algo de sublime, tenemos, dentro de nosotros, algo que no entendemos, algo que solo sentimos, cuando lo que queremos, no está visible. Normal, dos cosas tan distintas, viviendo juntas, sin poderlas separar! La materia y el espirito. Así fijando mi alma en la figura blanca del Papa. Mirando la juventud, alegre, bajo de la tempestad, con sus canticos, me he dado cuenta que soy en momentos más materia que espirito y no puedo ser así. Cambiaré? No sé. Mejor dejar en las manos del destino, vivir en paz, esperar y coger, lo que la vida me da. Con niebla, o sin ella, caminaré, sabiendo o no donde estoy, también, mañana quizá, sea distinto mi pensar. Oporto 26 de Agosto de 2011 Carminha Nieves
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¡Pues bien!, yo necesito decirte que te adoro, decirte que te quiero con todo el corazón; que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro, que ya no puedo tanto, y al grito en que te imploro, te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.
Yo quiero que tú sepas que ya hace muchos días estoy enfermo y pálido de tanto no dormir; que están mis noches negras, tan negras y sombrías, que ya se han muerto todas las esperanzas mías, que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir.
De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver, camino mucho, mucho, y al fin de la jornada, las formas de mi madre se pierden en la nada, y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer.
Comprendo que tus besos jamás han de ser míos, comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás; y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos, bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos, y en vez de amarte menos te quiero mucho más.
A veces pienso en darte mi eterna despedida, borrarte en mis recuerdos y huir de esta pasión; mas si es en vano todo y el alma no te olvida, ¿qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida, qué quieres tú que yo haga con este corazón?
Y luego que ya estaba concluido el santuario, tu lámpara encendida, tu velo en el altar, el sol de la mañana detrás del campanario, chispeando las antorchas, humeando el incensario, y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar...
¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo, los dos unidos siempre y amándonos los dos; tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho, los dos una sola alma, los dos un solo pecho, y en medio de nosotros mi madre como un Dios!
¡Figúrate qué hermosas las horas de esa vida! ¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así! Y yo soñaba en eso, mi santa prometida; y al delirar en eso con alma estremecida, pensaba yo en ser bueno por ti, no más por ti.
Bien sabe Dios que ese era mi más hermoso sueño, mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer; ¡bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño, sino en amarte mucho en el hogar risueño que me envolvió en sus besos cuando me vio nacer!
Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores se opone el hondo abismo que existe entre los dos, ¡adiós por la vez última, amor de mis amores; la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores; mi lira de poeta,mi juventud, adiós!
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Poeta
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¿Cuál es el cielo?
¿De qué cielo desconocido es el alma el tesoro?. Llave que llueve olores de tierra, de verdades sin nombre, sin besarse, las tormentas de silencios que arden, que pesan montañas, cruzando la muerte, la noche florecilla de un sol, mar de lámparas destruidas, sin defensa.
Única música de espada sin filo, sin filo, sin vela, una flama seca, en los bosques llenos de crepúsculos, riberas del sueño de abejas.
Figuras que siglos brisan ociosos, misterios sentados en cada roca, dice, qué dice, te ama, te perdona, y te mata, te deja en la ruina, te da una, y otra pobreza de mil colores, te vende sus dioses en una tarjeta. Y te pide que seas publicista, que necesita tu ayuda.
¿Cuál es ése cielo, que asesina los hombres?. Misterios de arcilla, de aliento prestado, hambrientos, ignorantes, llenos de defectos, infectos gusanos que abusan de sus hermanos, donde solo unos pocos destruyen a muchos. Y en los rumores del quién es. Todos se dicen dueños del único cielo verdadero.
¿Cuál, cuál es ése cielo de riqueza ambición?. Cielo de tropel cargado de ceniza y verano.
***
¿De qué cielo vagabundo es el mundo tesoro?. Caminos de santuarios hambrientos, raquíticos destellos, del humanismo esquelético, espacios de tambores, que bajas coronas, diademas de velas, siguen y siguen.
El pleno discurso y su hermoso vacío, solo compañero del atroz exterminio. ¡Rostro donde la esperanza se pudre!. Se ve acabada la sombra de noches, noches de sótano, de cavernas hermanas, solo rodeado de escombros humanos.
¿Qué cielo es ése cielo?. Cielo que no duele, que ignora, que todo perdona, que asesina. Cielo donde todos hablan de un dios. ¡Un dios solo de ellos!. El mejor, el único, solo su verdad les cree, fantasmas, de aliento que necesitan respirar. ¡Cielo inconsciente del hombre verdadero!.
¿Cuál, cuál es ése cielo?. Del hombre enemigo de sí mismo.
***
Solo hay un cielo que veo, con cada piel, con cada hombre que muere injustamente. Entre tanto cabello inconsciente, alfombras, lenguas de sillas, y lentes codiciosos, tan allá, como acá que se sienten, que se huelen. Inconscientes con el mismo pensamiento, corazón seco, emociones no nacidas, amor de momento. Solo copias baratas de amores de novelas.
¿Cuál cielo, es el cielo que dices, que es ése?. Un momento eterno, un instante de humo astillado. ¡Amor, egoísmo puro y celeste!. Perdón en cada rodilla, en cada noche que compra luz de mortal, dos, tres, cuatro ignorancias hermanas, en el pasaje acuoso del cautiverio, en lágrimas esenciales, que están en otras, hojas que emergen cultivando voluntades. ¡Paralíticas y débiles!.
¡Qué delicioso es este bello cielo!. ¡Qué hermoso es olvidar las atrocidades!. ¿En los hijos, ó que son los abortos de dios?. Deliciosas circunferencias mortíferas, que piden al cielo les viva su vida, cielo de orugas, dios fabricado al gusto, sediento de publicistas, ingenuos vacíos. ¡Hambrientos, hambrientos, de inmortalidad!.
¿Cuál es el cielo?. Acaso es éste, y nadie lo sabe. ¿O unos lo disfrutan y otros lo sufren?.
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Y éste, me dices, éste ínfimo cielo es de todos. ¡Verdadera matriz qué se aborta a sí misma!. en el solo sí mismo, interior, de ausencia perenne.
Una vez palabra, otra silencio. Una vez todo y nada eterna. Una vez cielo de todos los cielos. ¡Dentro y fuera al mismo tiempo!.
¿Cuál es el cielo?. ¡Y por solo una vez, sé sincero en la vida!. Pero no lo digas a nadie. ¡Respóndete solo a ti mismo!. Ser Transitorio Puede Ser El tesoro. También en el cielo, un desconocido mañana.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Del semáforo que apaga y enciende Para siempre como pena luminosa. De la tarjeta de crédito que te molesta Con la gracia de un usurero. De los impuestos y tasas Que te sorprenden todos los días. De las leyes y abogados Que te imponen un mundo sin gracia. De los médicos y sus enfermedades Que nos asustan a cada consulta, Que nos enferman a cada examen. De las creencias y sacerdotes Que nos quieren impolutos, En medio a la podredumbre. De la manía de un mundo virtual Que nos atrapa en una locura Que prohíbe el olor de la tierra mojada. De trabajar sin parar Para enriquecer y después morir Sin ver el sol que insiste en renascer. De las academias y sentencias Del bien vivir, Que quitan el placer de comer La alegría de caminar por caminar.
¡Esclavitud de cadenas partidas, De la alegría adquirida, De la tristeza prohibida!
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Poeta
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