Poemas de reflexíon :  El Poeta Compasivo
1-Tema
Dice la Biblia:
El creyente debe vivir
en la santidad de la verdad.
Efesios 4:24

2-Poema
El Poeta Compasivo
sirve con la verdad
a Jesùs su Señor;
Y es como una flor
porque la sinceridad
es una bella expresiòn;
Y no es como un ladròn
porque no busca cualquier
medio para alcanzar su fin;
Y es como un siervo del Señor
porque a Èl es a quien realiza
su cotidiana labor;
Y no es como un loco porque
no habla cualquier cosa, sino que
toca un tema de profunda reverencia;
Y es como un guìa espiritual
porque orienta a las personas
a la verdad;
Y no es como un mentiroso
porque no promete ninguna
cosa a cambio;
Y es como un amigo porque
busca lo mejor para los
demàs.

3-Mensaje Central
El Poeta Compasivo
sirve con la verdad
a Jesùs su Señor;
Y es como un amigo porque
busca lo mejor para los
demàs.
Poeta

Poemas de reflexíon :  El Poeta Compasivo
1-Tema
Dice la Biblia:
El creyente debe vivir
en la santidad de la verdad.
Efesios 4:24

2-Poema
El Poeta Compasivo
sirve con la verdad
a Jesùs su Señor;
Y es como un ventilador
porque brinda mucho
aire;
Y no es como un
cocodrilo porque
no come a nadie;
Y es como un una bolsa
porque siempre recepciona
lo mejor de los demàs;
Y no es como una càmara
porque no està pendiente
de los otros;
Y es como un sirviente
del Amo màs trascente
del universo.

3-Mensaje Central
El Poeta Compasivo
sirve con la verdad
a Jesùs su Señor;
Y es como un sirviente
del Amo màs trascente
del universo.

Poeta

Poemas de reflexíon :  El Poeta Compasivo
1-Tema
Dice la Biblia:
El creyente debe vivir
en la santidad de la verdad.
Efesios 4:24

2-Poema
El Poeta Compasivo
sirve con al verdad
a Jesùs su Señor;
Y es como un frondozo àrbol
porque està protegido por muchas
aguas;
Y no es como un dìa de mucho frìo
porque la sinceridad brinda mucho
calor;
Y es como un dìa de paz porque
produce tranquilidad interior
a quienes vivimos siendo francos;
Y no es como una
màquina porque
tiene muchos sentimientos;
Y es optimista ser veraz
porque descubre nuestro
mejor potencial.

3-Mensaje Central
El Poeta Compasivo
sirve con al verdad
a Jesùs su Señor;
Y es optimista ser veraz
porque descubre nuestro
mejor potencial.

Poeta

Poemas de reflexíon :  El Poeta Compasivo
1-Tema
Dice la Biblia:
El creyente debe vivir
en la santidad de la verdad.
Efesios 4.24

2-Poema
El Poeta Compasivo
sirve con la verdad
a Jesùs su Señor;
Y es como el dìa màs
extraordinario de su
vida como creyente.
Y no es como un
simple mortal que
vive sòlo el presente;
Y es como un superhèroe
de la fè porque obedece
al Señor;
Y no es una obediencia
perfecta porque alguna
vez miente.
Y es como un ave
porque con la sinceridad
llegarà al Paraìso.

3-Mensaje Central
El Poeta Compasivo
sirve con la verdad
a Jesùs su Señor;
Y es como un ave
porque con la sinceridad
llegarà al Paraìso.
Poeta

Poemas de reflexíon :  El Poeta Compasivo
1-Tema
Dice la Biblia:
El creyente debe vivir
en la santidad de la verdad.
Efesios 4:24

2-Poema
El Poeta Compasivo
sirve con la verdad
a Jesùs su Señor;
Y es como un gato
porque la sinceridad
es ternura;
Y no es como un dìa màs
porque cuando servimos al Señor
todos son extraordinarios;
Y es como una maravillosa
puesta de sol porque
resplandece el dìa;
Y no es como un mentiroso porque
no ama la mentira, aunque miente
y por ello se sincera;
Y es como una flor porque
ser sincero es ser sumamente
delicado;
Y no es como incrèdulo porque
solamente tiene su fè puesta
en el Señor;
Y es como un filòsofo
porque reflexina profundamente
sobre la realidad;
Y no es como un pesimista
que siempre anuncia malos
augurios;
Y es un optimista porque
porque sigue el sendero
del Señor;
Y no es como alguien de
balanzas falsas que miente
intencionalmente;
Y es como un rocìo porque
porque es pasajero en la
mentira;
Y no es como un incrèdulo
porque sigue con denuedo
al Señor;
Y es como un billete
porque llega a todas
partes.

3-Mensaje Central
El Poeta Compasivo
sirve con la verdad
a Jesùs su Señor;
Y es como un filòsofo
porque reflexina profundamente
sobre la realidad.
Poeta

Poemas :  Aquiescencia arancelada
AQUIESCENCIA ARANCELADA...

Por la yarda núbil.
Por el acre hueso.
Por la libra codiciosa.

Aquí, se queda aquí, en el vaso transparente,
que vive de las uvas secas,
en los cascos de los caballos y las torres,
que viven de los fantasmas,
en las fábricas de las largas fantasías,
y las alturas de los recuerdos,
que un día caerán,
sin la miseria, ni lámparas de aceite,
cambiando himnos de serpientes,
batidas, arrasadas,
de su propia escama, y venenosa ufanía.

¡Aquí es arancelada!.

Como
el
silencio se desploma,
en la ciudad, tribal,
de hombres terribles,
donde
la razón ha sido destruida,
y cae desde si misma abismada,
como
el
silencio. ¡Se desploma!.

¡Aquiescencia malvada!.

Que descansan bebiendo los inviernos de néctar puro de rica plata nieve,
de ventanas cerradas, de abiertas puertas, mesas solas, y desnudas camas,
de cristales, de plásticos, de oraciones, harapientas y miserables dioses,
de vencidas guirnaldas y laureles entre dobladas estructuras podridas.

¡Aquiescencia desvergonzada!.

La honestidad del escritorio es,
la misma lengua del infierno íntegro.
La virtud del vidrio es,
la conjunción de hienas, hiel y solo hielo.
La gran sorpresa es,
la paternidad corrupta del vecino del siempre.
Con el entonces que entrará,
por la salida del cercano cementerio.
Y podrá bajar el viento,
donde reina la paz del crédito perenne.
Y donde los grilletes misericordiosos,
son gentil desgracia.

¡Aranceles de letargo!.

Entre los frutos de las calles estrechas,
anidan las mismas lenguas,
de asno, buitre, camaleón,
escorpión y gusano.

¡Aquiescencia arancelada!.

Están hasta en la misma casa,
de la pérdida del tiempo y la esperanza,
En el nivel de la procesión fatal,
derramando la ignorancia verdadera.
En el trono de la inocencia tierna.
dulcemente sepultada por palomas.
Las palabras del fondo cierto,
solo muestran los cadáveres del sueño.
Y desde
entonces
las plagas
desayunan virtualmente.

Y hablar con la verdad.
es el delito de mentiras,
de corbatas inmortales, de algodones puntiagudos.
Y
Aún
Hay
Muchos que intentan comprar la paz con el oro.
Mucho de lo que atrozmente sepultan con acero.
Vestido...
¡De lenguaje pintoresco, rufianesco y vano!.
Aún
Hay
Muchos.
Entre las legítimas
ausencias,
de lápidas, graciosas.

Y
no existen más
escalones
a la cima...
Donde, donde, donde...

Ya
las balanzas perdieron
todas
las cabezas huecas...


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Cuentos :  EL ÚLTIMO RELAJO
Terminé de vestirlo con su mejor traje. Aquel terno azul con el que a mí me parecía el más guapo de los hombres.

Esa noche el efecto era diferente. Andrés no sonrió ni me dijo esas cosas que, cuando hace años me las decía, me perturbaban. Con un hormigueo entre las piernas quería correr a sus brazos.

A las parientes que me ayudaron a limpiarle las manchas de sangre que aún quedaba en la cabeza y el torso; luego, con paciencia a vestirlo y, a acomodarle las manos cruzadas sobre su pecho, les pedí con tranquilidad que salieran del dormitorio. Oí que, en voz baja, preocupadas, comentaban sobre mi alarmante falta de lágrimas. No le di importancia. Tenía apuro de regresar junto a él, para reconocerlo justamente acostado en el sitio que él siempre ocupó en nuestra cama, frente al televisor donde, de manera infaltable, miraba los noticiarios o cualquier programa que le permitiera no tomarme en cuenta a ninguna hora.

A solas, con dificultad le descrucé las manos. Como pude, las coloqué hacia sus lados. Andrés, le dije, mientras primero me recosté junto a él como que nada hubiera pasado. Andrés, repetí y, sin darme cuenta o, quizá por una vieja costumbre, me encaramé sobre su pecho. Siempre me gustaron tus piernas, le susurré, tus manos, ay, tus manos, Andrés; pero nada como tus besos. De entrada me abrías la boca, atrapabas mis labios, me acaparaba tu lengua y, claro, después, ya no era mi culpa; pese a todas las broncas, yo cedía, fiel a tu deseo y a mi papel de idiota.

Yo sobre él, me afirmé a todo su cuerpo, creyéndolo así, mío para siempre. Lentamente delineé su perfil con mis yemas, condoliéndome milímetro a milímetro por los moretones que atravesaban su rostro. Lo contemplé largo rato. Sonreí evocando nuestros íntimos juegos, iba a decirle algo cuando, sin desearlo, mis lágrimas descendieron por mis mejillas y, sin poder evitarlo, cayeron directamente sobre sus ojos, como para hacerme creer que era él quien lloraba y que, al hacerlo, no deseaba otra cosa, sino que lo perdonara.

Lo abracé, ¡cómo no perdonarlo! Lo cubrí con el calor de mis senos esperando no ser rechazada. Que, compadecido ante mis miedos, me tomara entre sus brazos, y al fin, me mintiera o, a su modo, me amara. Esperé en vano. Andrés ya no podía responder a mis caricias. La verdad es que desde hacía tiempo me ignoraba del todo.

No recuerdo en qué momento pasé a convertirme en directora general de lo que terminó en un sepelio en el cual todos coincidían en que, Andrés, era el muerto. Sin embargo, y siempre sin una lágrima, ordené sus flores; me fijé que fueran llegando uno a uno sus amigos, mientras yo, temerosa de que se le fueran a abrir las suturas, suplicaba ¡con cuidado, con cuidado!, cuando oportunos familiares lo colocaron dentro de un cofre color gris brillante. Luego, acepté la sugerencia de velarlo en el jardín de la casa. La sala siempre fue pequeña y el calor de la temporada resultaba inaguantable. Así fue como, entre rezos y lamentos, no recuerdo de quién, lo acompañamos toda la noche. Yo siempre tranquila. Muchos creyeron que hasta indiferente; pero no, yo me daba cuenta de todo. Por eso, ante la circunstancia de una nueva capilla ardiente, levantada donde Andrés había sido hasta el día de ayer el jefe, sin poder hacer nada por evitarlo, observé cómo se llevaban el féretro donde, entre la comitiva, lo esperaba, hecha una ofrenda viviente, Valeria, su última amante, tal vez su favorita.

Aprovechando mis derechos de legítima viuda, acudí allá para poder contemplarlos a los dos, a mis anchas; tan juntitos, y al fin, separados para siempre.

¿Te das cuenta Andrés? … Ahora que estás muerto, tiene fuerza mi insignificante presencia. Yo, la loca, la inútil, como ella solía llamarme; tu estorbo tras tantos años de matrimonio, y ya ves, sin mayor esfuerzo, la verdad sin decir “ni pío”, mantuve a la raya a la gran puta que fue tu obsesión durante tantos años.

Desde el infierno, donde con toda seguridad te encontrabas, ¿podías leer mi pensamiento?

¿Adivinaste mi frialdad cuando me acerqué a mirarte tras el vidrio de tu marco mortuorio?, ¿te diste cuenta de que pensé en reclamarte?, recordarte lo canalla, lo vil que fuiste conmigo, ¿sentiste que creí conveniente abrirte las heridas, comprobar que no tenías corazón por ninguna parte? Palabrotas impronunciables se me ahogaron en la boca. Merecías que en medio de un alboroto, me lanzara contra ti, te rasguñara, pataleara, que ante tu prudente silencio, te armara un último relajo; pero, ¡qué te parece!, más pudo en mí la pena, al ver cómo, minuto a minuto, lo que quedaba de tu conciencia te fue desfigurando el rostro.

Después, a mis espaldas, cerca de mí, lejos y, hasta de frente, avispas dentro de muchas lenguas, aletearon venenosas ¿te fijaste? La viuda no llora. No se desmaya. No grita que su muerto vuelva a la vida, que no se vaya. Qué raro. Cierto ha sido. Con razón el licenciado siempre la traicionaba. La mujer siempre tiene la culpa. Motivos de sobra tenía para ser borracho. Dicen, yo no lo creo; pero, los dos es que se cuerneaban. Uhh, eso yo lo supe hace fuu. Ese bochinche se regó por todo el barrio; pero, como es feo meterse en la vida de los demás, yo no decía “ni esta boca mía”, ya saben, por mí, allá entre ellos. Claro, claro. Meterse en la vida de la gente es horrible. Eso ni Dios lo permita. Es de gentuza andar con dimes y diretes; pero, no es que yo me meta, peor que me importe; pero, que llore, que disimule; que guarde las apariencias como cualquier esposa decente. Sí, sí, alguien debería aconsejarle que disimule, aunque a las claras se ve que esta es una de esas viudas que se quitan el duelo en el mismo entierro. Sí, sí; pero, que disimule. No ve la otra, con los ojitos hinchados está allá atrás, escondida ¡la podre! Qué horror, doña Ana, ni llora, ni deja que nadie llore al finado. Ahí está, bien sentada, montando guardia. La propia altanera parece frente al marido muerto.

¿Te das cuenta, Andrés? Aún muerto, ¿me seguirás causando daño?

En medio de este desastre me hallé dándole gracias a Dios, porque al llevarte, Él, me hizo comprender que, al fin y al cabo, había escuchado mis ruegos.

Dios lo sabía.

Este funeral lo presentí desde hace tantos años.

Para ser precisa, este momento empezó desde la primera mujer de mierda que se cruzó en mi camino. Y fueron muchas, si no me equivoco, amantes fijas como ocho; simples deslices o entretenimientos nomás, que era como Andrés llamaba a sus concubinas, la verdad, fue difícil llevar la cuenta.

Nunca lo tuve para mí sola. Hasta las náuseas de mi primer embarazo las compartí también con las de alguna de sus fulanas. En los últimos años ya no me quedaban ni sus sobras o, a lo mejor, eran sobras sus insultos, sus frases hirientes, su directo desamor cual golpe bajo.

No sé, Andrés, pero te consta que justo la noche vísperas de todo, dominada por mis celos salí a buscarte. Desesperada, no me importó que ya fueran las dos de la madrugada. Conduje mi auto sin evadir los baches, la obscuridad, la terrible distancia. A través de las lágrimas distinguí tu carro convenientemente escondido entre las sombras. Me acerqué. Como siempre, estabas en arrumacos con tu prostituta de turno. Te grité, ¡maldito!, mal nacido, cobarde, te odio.

Lloré. Te supliqué que regresaras conmigo. Sin orgullo te confesé, Andrés, te necesito. Asustada, la mujerzuela te sugirió que sí, hazle caso, te dijo, no ves que estas amargadas son capaces de cualquier cosa. Ándate con ella, está como loca.

¡Maldita sea, que te largues, he dicho!, fue tu definitiva respuesta a mis histéricos gritos.

Regresé sola. Ansiando que se me atravesara el mundo. Queriendo morir, regresar a buscarte. Necesitando orar para que salieran de mi corazón esos demonios que me hacían amarte.

Tanto dolor para que a la mañana siguiente, tú y yo como que nada. Hechos los desentendidos sobre lo que ocurrió hacía pocas horas.

En silencio planché tu camisa blanca, sugerí que te iba bien la corbata gris con rojo. Esperé que de un rato a otro, tú, arrepentido por tu maldad en la noche pasada, me invitaras a la sesión donde, entre bombos y platillos, te condecorarían por ser un buen hombre, “el ejemplo a seguir por las futuras generaciones”. Nada me dijiste. Yo fingí no darme cuenta de que partiste feliz como pocas veces.

Por eso, cuando en medio de una tromba de gentes llegaron hasta mi casa un centenar de vecinos, parientes y entre tanta vieja chismosa, alguien atinó a repetir las mentiras de que “así es la vida”, que doña Anita “tenga valor”, que “hay que ser fuertes” y que, en resumidas cuentas, en un violento accidente, tú habías muerto a eso de las ocho después de una gran parranda; simplemente, me quedé impávida.

Así continúo hasta ahora. Sin poder hacer que brote una sola lágrima. Sin poder entender por qué no pude llorarte muerto. Después de tanto tiempo, no he hallado respuesta ni al recordar el pesar que produjo en la sociedad tu muerte. Es que no logré contagiarme ni de los llantos ajenos.

¿No sería que la noche de tu accidente, se me vino de golpe el recuerdo de esas veces cuando tú decidías irte de mi lado, y yo, a fuerza de una vez tras otra, aprendí que era inútil que me desesperara, que llorara pidiéndote que no te fueras? ¿No sería que al verte muerto, de entrada comprendí que era en vano recurrir al apoyo que otros encuentran en las lágrimas?

Recién lo comprendo ahora, y ya han pasado seis meses desde tu entierro. ¡Cuándo no, la torpe de siempre!, estarás pensando; pero ya ves, nunca será tarde para desenmascararnos. Acabo de hallar la última carta que no tuviste tiempo de entregarle a Valeria. La verdad, también encontré tu poemario, inspirado en diferentes mujeres aunque con las mismas mentiras que a mí me dijiste un día. Más que absurdo, casi junto a tus poemas encontré los pedazos, amorosamente ordenados, de aquella fotografía que un día estuviste a punto de descubrir en mis manos y donde estoy –o estuve- apoyando mi cabeza en un hombre que no era el tuyo.

Andrés; pero, cómo es que tú no comprendiste a tiempo que, llegado el momento de rendirle cuentas a la lección de fuego y hielo que recibí en tus brazos, si no se hubiese atravesado el tráiler que te destrozó de contado, convéncete, yo mista te hubiera asesinado. No sé ni cómo, ni cuándo, (aunque supongo, no debes haber olvidado que yo sé mucho de mecánica). Mas, ¿te das cuenta? Ventajosamente tu muerte se adelantó al día en que, sumando tu vileza, al reptar de tu sombra enlodando las nítidas paredes de mis sueños, nada me hubiese costado no dejar rastro de la crueldad de tu sonrisa, la inutilidad de tus poemas, ni de la ironía con que solías mirarme.
Poeta

Poemas sensuales :  ENCAJES ROJOS
ENCAJES ROJOS


Algarabía
la de tus manos
desprendiendo
- lobas -
serpentinas caricias
sobre ligas
y encajes rojos

Algarabía
la de tus negros ojos
sobre el almibar
de mi deseo


Algarabía
la tus labios
sobrevivientes
al filo paradisíaco
de mis fuentes

Algarabía
la de tus brazos
redes de araña
donde se rinde
el inútil intento
por salvar mi alma

Algarabía
la de tu cuerpo
- conjuro de minotauro -
dulce tentacion
con que me seduces...
Poeta

Poemas :  Besos, Recuerdos e ilusiones Rotas
Espera un instante
No te marches todavía
Te vas ahora y tras de ti
Te llevas llorando mi vida
Aun no ha llegado la hora
Quédate un instante mas
Deja que el tiempo decida
Si esto ha de quedar atrás
Si esta historia de amor fugaz
Debe quedar en el olvido
Quedando solo los recuerdos
De un amor que es prohibido
No te marches por favor
No quiero vivir del pasado
Me duele ver que no te has ido
Y parece que me has olvidado
Como vivir sin tus besos?
Como aguantar el dolor?
Como borrar los recuerdos
De nuestro prohibido amor?
Como escribir poesías
Sin mi musa de inspiración?
Como explicarle que te marchas
A mi triste corazón?
Como le digo a mis labios
Que tus besos no volverán?
Como decirle a mis oídos
Que ya no te escucharan?
Como continuar la vida
Si tu no estas a mi lado
Como vivir el presente
Si no puedo olvidar el pasado.
Poeta

Poemas románticos :  tu amor y mi amor
tu amor y mi amor estan aqui
perdura y persevera
es para nos la bebida encantada
de un beso que ahoga de deseo
ven y dame tu amor
ven y dame tu sentido de lo exacto
en sentir tenerte
cuando te beso me llevas al quinto cielo
paraiso proletario
foco de amarnos tanto
Poeta