|
|
|
Mire tus manos tan cercanas y con un lento asombro entendí que se alejaban, empecé a olvidar la suavidad de cada roce, vi como tu mundo fue buscando el lugar que corresponde, guardaste tus besos que escondiste tanto tiempo y encerraste nuevamente entre tus labios las palabras lindas que sin querer sacaste de su encierro.
Sin saber por qué metiste tus ojos en pasados que no cuentan, en pasados que están, pero no se pueden borrar con tu deseo, es un juego la vida y solo quien es capaz de jugar sin mirar en el reflejo de partidas ajenas, en los ojos que se han ido jugara hasta el final y seguro con victorias reirá y será feliz, pues al final con la fuerza y sin temores solo quien se atreve derrota rivales imposibles.
Te marchaste, yo no fui quien te dijo que te fueras, tu corazón te lo dicto y tu sabes si él no se equivoca, el conoce tus lágrimas y risas, él sabe cómo amas y como te retiras, él es quien gobierna tus sentidos y solo tú eres capaz de saber a quien lo entregas.
|
Poeta
|
|
|
Locura de una fiesta, la cual se celebraba O en la noche de bodas o en convite de rosas, Divinas cualidades las que surgen hermosas Imitando a las musas, que siempre yo alababa.
Rozarás la ternura que ya resucitaba, Invadirás el dulce soñar de las preciosas, Acabarás por ser de las más primorosas, Jugando con la espuma, mientras te recitaba.
Olvida los frecuentes y raros desvaríos, Prefiere los caminos que no son desdeñosos, Invito a tu convite los recuerdos muy míos.
Orgullosa te siento con gestos cariñosos Bebiendo de mis mimos que llegan como ríos, Busco tu amor profundo con mis ojos tan briosos.
|
Poeta
|
|
|
|
Hasta que llega tu hora.
Hasta que llega tu hora espero tu llegada, y pienso, que tal vez no has de venir.
Y todas las horas de espera, de silencio, entre medio, me parecen, como un ancho mar que cruzo lejos.
Me parecen las horas una soledad que abruma; transparente, abierta, como la distancia.
Sufro un esperar de brazos, un esperar de silencios abiertos, hecho solo de esperar.
Hasta que llegan tus besos. Hasta que llegan tus labios. Hasta que llega tu hora. Hasta que llega tu cuerpo. Hasta que llegas tú.
Entonces, esperando hasta que llegue tu hora, espero.
Como siempre, como tiene que esperar, sin desesperarse, todo el que espera.
Me detengo, fuera de mi, esperándote, deseándote.
Hasta que llega tu hora; hasta que se acercan tus pasos; hasta que llegan tus labios, hasta que llegan tus besos; hasta que llegas tú.
©Rafael Pérez Derechos Reservados
|
Poeta
|
|
|
AGLUTINADORAMENTE...
La Mente Ad ora Aglutina. Duramente dorando al dormirse. Y Con el sueño sepultando. El tiempo. ¡Sin ir más lejos del principio!. Entre la circunstancia y peripecia. Apagando. Los caminos. Intransitables... Donde manudean, las estratagemas suardas. ¡Entre pureza y flaqueza!.
Y Ya después del drama un clarinazo. Ya para que. ¡Grita un sótano!. De opúsculos miradas. Al encuentro del viejo plenilunio. ¡Ya el parque es un liso porqué del qué!.
Del paraje abandonado pasaje, aglutinado y dorado. ¡De menta ausente lamenta el sabor!. De la bienandanza peregrino En la más íntima verdad de las ventanas. De la disculpa del hipogeo. En el misterio puerta abierta. ¡Por el ictíneo tumulto!. ¡Por el furtivo incidente!.
Aglutinador. El siglo da un brinco atrás Al mar golpeando las arenas Al encuentro del desierto ahogado
Porqué El Siglo corre vestido en sangre. Del Lebrillo al embrollo. Del incordiar energúmeno. El Tiempo Sepultado, abandonado, nada y nada. En la piscina. De los relojes pendulares acordeones. De La Frialdad flamante. Los delicados pilares, desdoblando chispas. En la derrota de las victorias de ceniza. De los autorretratos despreocupados. De la sorna disipada sin tapujo.
Los Escritos llorando los destinos. Sin tino ni trino tónico. Del amor. ¡Desgarro imposible!. Aglutinadoramente Por El tiempo ¡Oh, el tiempo ha sido sepultado!. En Un ¡Eterno instante!. A-glu-ti-na-dor.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
|
Poeta
|
|
|
El Cardo y la Gota de Agua. Poema hecho para matar el tiempo.
Un tormento malayo tenía un cardo, Exabrupto vegetal, gancho lascivo, Y a su arista, voraz, inquisitivo, El rocío le ponía agua por fardo.
Pesado plomo al furioso dardo érale la gota lujuriosa, y al cardo brotárale una rosa que con la gota no dijera: ardo.
En la rosa estaba el agua bella, Ajena a las espinas, fría y pura, Transparentábanle a la rosa estrellas.
Secó el sol el agua en el cardo duro Y la rosa al final sin su hermosura El tormento imploraba sin futuro. ............................................................. Francisco Antonio Ruiz Caballero. ¿WHY KILL THE TIME IF YOU CAN KILL YOURSELF?.
http://www.rtve.es/alacarta/audios/co ... -oyente-16-10-12/1553148/
|
Poeta
|
|
|
|
[img width=300]http://dl.ziza.es/upload/image/102008/17/chavalas_durmiendo_71/004.jpg[/img]
Mi más profunda infinidad, mi más perfecto anochecer, mi piel despierta de la edad, en tus labios al amanecer.
Llegará la noche e iluminaré todas las lunas de tu vientre opacando desde el azul profundo con olas del mar la luz del sol
Unos galopan los alegres sueños, otros se bañan en la esfímera fama, algunos pocos llegan a la gloria, entonces enseñame todos los días, amor mío, como amanecer junto a ti.
Encuéntrame en las ccálidas palabras que susurra el viento en tu oído en el rayito que se cuela en la cama, y estoy seguro que allí sonreirás
Quien pudiera volar en una noche, hasta el centro de la tierra, hasta el confín del universo, para traer en su alma consigo, el calor y dártelo de abrigo una estrella para tu corazón.
Si me buscas estaré en : las piedras que están debajo en el agua cristalina, la brisa que con su soplo acaricia tus cabellos, el ángel que cuida de tus sueños mientras duermes, pero si buscas muy adentro de tu ser, me verás en lo más hondo de tu pecho
Cuéntame un cuento hasta quedarme dormido, sobre tu piel de terciopelo, sobre tu mundo prohibido, en la ternura de tu cielo, en la inocencia de tu nido, en el color de tu vientre, en el sabor del gemido, y si un cuento no alcanzase, bésame, tan solo bésame, hasta quedarme dormido
|
Poeta
|
|
|
|
La tormenta del olvido
|
Poeta
|
|
|
|
Uma diferença entre o idólatra e o iconoclasta é que o idólatra sempre é um bobão e o iconoclasta às vezes sim, às vezes não.
Guru Evald
|
Poeta
|
|
|
|
Me pregunta usted, Señora de todos mis días, qué es lo que hago con la soledad de todas mis noches. Y yo no sé qué responderle aunque en el fondo reconozco un reclamo sutil de gata en celo que aguarda agitada en la fiebre y oye cómo crujen mis papeles a sólo cuatro metros del deseo. Créame usted, Señora de todas las ansiedades, que su pregunta es mi pregunta y su reclamo es mi reclamo. Quizás no lo perciba, Señora de todas las suposiciones, pero hay momentos en que quisiera ser ese que usted imagina a la derecha de su espera; sin embrago, mi soledad tiene fantasmas que ya no dejan de rondarme, tiene presencias que me acorralan en la palabra y me impiden acudir a su llamado.
Me pregunta usted, Señora de todas mis vigilas, qué es lo que hago con mis embriagueces de ahora. Y nada puedo responderle aunque existen mil pretextos y otras tantas alusiones, pues mis embriagueces son mis embriagueces y no las suyas. No hay nada que decir. Usted lo sabe.
Me pregunta usted, Señora de la única sospecha, qué es lo que hago con los espacios del amor que por derecho le corresponden. Y tengo que contestarle, aunque toda la historia de su vida y de mi vida se torne en fábula sin moraleja, que sus espacios son muy amplios pero los míos no tienen límite (o son muy limitados, si así usted lo prefiere), que hay un todo y una nada irremediablemente compartida -a pesar de las sombras que puedes ver en tu camino- y que hay, Al final de estas razones, Una palabra que siendo de todos es muy nuestra: NOSOTROS.
|
Poeta
|
|
|
E.N.V.A.N.E.C.I.D.O.S...
Cuando la apariencia. Parece. ¡Qué se desvanece!. Y la muerte recuerda. Flexible. Dormida. La memoria del inicuo maliciosa. Por el infatuarse. La consciencia entre los brazos. Por el ufanarse. Al endiosarse.
En Vane Cidos...Vibrantes en loanza. Envanecidos... Vibrantes sordos al plañido. Del humo arrepentido. Del quimérico equino. Del banasto cetrino. Lúgubre ciclópeo. Refinar. Salvando al mismo edén del cementerio. De la virtud eximido. Parece poroso en lo compacto del viento. Apareciendo. Cuando... En los oleajes al infatuarse se ufana lustroso. En las sombras enlunadas enlutadas, embelesadas. Donde Solo. ¡Aparece lo transparente opaco!. Y aún ésto. Desaparece. ¡Ensombrecido!. En los tibios. Picapedreros retorcidos del musgo. Al ritmo de la hojarasca. Apagando la fragancia. De la voz. Justa. Protesta la casa en ruinas. Al ruin. Escritorio. Con el alma bajo la mesa. Y el bolsillo en la cabeza. Descabellada petulancia. Por El piso charlando con sigo mismo. Cuando... La apariencia. Parece. ¡Qué se desvanece!. En Vano nacidos necios mecidos procerosos.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
|
Poeta
|
|