Entre telas, formada en sillón, el polvo trasnochó la amargura que jamás se oyó, mientras afuera llueve sin razón, tus pies buscan el pecho que tengo yo, heridas rotas, tiempo cuajado en un vaso de aromas soñolientos bajo el techo que se olvidó mojar mis esperanzas de nubes equivocadas, ni aun así, era escatimada aquel laberinto de archivos y memorias tristes que son alimentos para el moho verdor, burlándose entre los archivos de polillas soberbias pisoteando mi fe. ¡Y, todo mi amor…!
El olor a mudo viejo, que no aprendió a deletrear, el afán de tus besos secos, como sello registrado para mi tiempo cuajado. ¿Qué digo? ¿Por qué lo digo? Si soy un vaso roto, sin valor para tus ojos; sangre hirviendo techos de arenas perdidas entre las arenas de aquel hogar subterráneo de gusanos, bailando por mis llantos, como si fuera una canción de amor para sus pies sin botas que no van a mi compás; ni aun así será imprescindible las letras de húmedas esperanzas, de que más tarde, tal vez, pueda ya desaparecer, cuando vengas a este atardecer, dónde el tiempo se cuajó por verte desparecer; no abras entonces las memorias de mi ser.
Autor: José Monnin elpoeta Limpio-Paraguay Derechos reservados Libro: “Tu poema entre las sombras”
Vientre nuestro, oh Tierra, Madre Nuestra, que nos distes, vida, y velaste nuestro sueño.
Tanto amor, por ti, hemos sentido, no es pequeño.
Dulces los frutos que recibimos, de tu mano, que tal vez, tú, los pares con dolor, que son frutos que comemos, puros, limpios, y nos dan vida, legado a nosotros por ti, con mucho amor.
Sea tú nuestra Madre, Te reconocemos, como nuestra Madre, eres Tú nuestra Madre, que vida nos das, y vida nos quita, pero en tus brazos, lista, a recibirnos siempre.
Nuestro Padre, el Cielo, nuestro Tío el Viento, y todo por amor, y todo por nuestro contento.
Vientre nuestro que tú eres, oh, Tierra.
Vientre que nos recibes en tu seno.
Tu reino es nuestro, porque de ti venimos, y esta escrito, a ti regresaremos.
Me mentiste Me metiste en un már de elogios donde era casi imposible no caer de a poco con sonrisas de doble faz me atraías y a ti llegué Como todo lo que sube tiene que caer Cuando llegué al tope Me presipite y en Caída libre termine Al llegar al final pare y a unos metros de suelo me encontré luego como una pluma me deslice y con los dos pies firme y sin vacilar al suelo llegué, no miento me dolio pero sólo como una Daga ligera se sintio
O Bem, de concepção possível e constatação impossível, SERIA toda ação de um livre arbítrio da inteligência que através dos seus desdobramentos, que resvalariam para o infinitamente complexo, mais amenizasse que exacerbasse, pelos tempos afora, aqueles sofrimentos que vitimizam os espíritos justos, até a consumação dos tempos dos justos neste mundo. O Bem se existe neste mundo, não nos presenteia com sinalização límpida e clara que o indique, mas desde que existimos, testemunham os anjos e observam os homens que onde há mais talento e sentimento de boa vontade, mais se alegram os espíritos justos e mais se amenizam seus sofrimentos.
Guru Evald
Música: Polovtzian Dances from Prince Igor Autor da música: Alexander Borodin
No logro hipnotizarte, ausentando tu partida, no logro que te quedes, porque de ti no soy más que una huida. Te conocí en el momento más impreciso pero el más perfecto, y eso me dio la salida. No puedo darle nombre a un orgasmo, ni puedo asimilarte en mis años, no busco aprender, busco caminar de la mano. Quiero tenerte aquí casi todos los días, pero lo cierto es que atinaste en todos mis calendarios. Le encontré matices a mis evoluciones reflejados en ojos verdes. No es adueñarme es encontrarme. No es etiquetar, es dar seguridad.
No aspiro más de lo que tu cama me permite, no vuelo más de lo que tus alas me enseñan, no busco intoxicarme, conocerte fue una adicción. Y tenerte de cerca, de noches y risas, de sexo y melancolías, te me pones en la frente como la prioridad que tu no pedías
Me preguntas que esta en mi que esta en ti... La respuesta sería: no puedo enamorarme de mi mismo, por eso te busco.
En los lejos esconder de maremotos. La lluvia se agazapa en gotitas breves. Porque una sirena enfría las nieves del verano. Del sol desconocido de la penumbra barba. En la fragancia florida cien miradas.
¡Bataholas!. De la brisa. Que delata, cartones, las arenas, transparente. La serpiente expectante aristocrática culpa. Al verso qué dibuja poetas inexistentes. ¡Solo sueños de letras!.
¡Bataholas!. De quien hizo la vida miles de mortandades y ahora huye dulce. En la sed excelsa del madero insigne arcano fúnebre y patético. En el odio apasionado del volar girando cuadrados y rectángulos. En la tentativa que disminuye inhabitable lo incólume del vicio.
¡Bataholas!. Al interrogante enredando años ilustres de la roja opresión impía. En la desesperación incorrecta que muerde delirantes las arterias. Del torbellino donde las moscas dejan las tristes añoranzas grises. Por los sueños de los ingenuos lagos de confines inmortales cafés.
¡Bataholas!. Suspendidas de las sombras claras, con lo onírico, del financiar vano. La ingrata esperanza de las ventanas extintas, figuras del mirarse. En la memoria que se pierde en el prefacio mismo, obediente desgarro. ¡Por la discrepancia del calor y el fuego, con el impulso del encaje azul!.
¡Ya nada queda de ésto... Ni batas, ni holas, bateando olas!. En la luz nacida del agua libre el hielo viejo, forja un nuevo frío. Al mismo tiempo que al sueño visible del cincelar pared ruinosa. En el hotel de los espejos, hay aviones del arrebato al inclinarse. Por el arte de los años del papel rugoso, del temblar el falso enjambre.
¡No, ni holas, ni batas, solo ratas y hojalatas!. Por la inspiración de las paredes al hervir, profundo estéril fugitivo. Por los techos huérfanos hechos de verde cielo, hilachas de porcelana. A cada rato, en la selva de páramos y caravanas, pinceladas de grana. Para la cunas hechas del desamparo, naturales de plásticos dormires.
¡Bataholas del ejemplo, cobarde, abominable, de arrogancia falaz!. Con toda la técnica verbal de la ignorancia, infinita del hueco pecho. En la suela del lecho, un camino, de sangre jinete aterciopelado es. Por todo el tiempo imprevisible, las espumas, irrevocables del fracaso. Del zapato recorrer cada deseo. ¡Bataholas y bataholas!. Claras.