El Alma En Los Labios: de Medardo Angel Silva (Ecuatoriano)
Para mi amada
Cuando de nuestro amor la llama apasionada, dentro de tu pecho amante contemples extinguida, ya que sólo por ti la vida me es amada, el día en que me faltes me arrancaré la vida.
Porque mi pensamiento lleno de este cariño, que en una hora feliz me hiciera esclavo tuyo, lejos de tus pupilas es triste como un niño, que se duerme soñando en tu acento de arrullo.
Para envolverte en besos quisiera ser el viento, y quisiera ser todo lo que tu mano toca; ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento, para poder estar más cerca de tu boca.
Vivo de tu palabra y eternamente espero, llamarte mía como quien espera un tesoro. Lejos de ti comprendo lo mucho que te quiero, y besando tus cartas ingenuamente lloro.
Perdona que no tenga palabras con que pueda, decirte la inefable pasión que me devora; para expresar mi amor solamente me queda, rasgarme el pecho, Amada, y en tus manos de seda, dejar mi palpitante corazón que te adora.
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Soledades
Cuando la soledad cala tus huesos, te sumerges en la multitud para vivir el espejismo de un amor virtual y te consumes de pena, sonriendo.
Las ansiedades se multiplican en las dunas grises de tu soledad. No alcanza la noche para incubar un príncipe azul y por eso te quedas embalsamada como estatua de sal, anclada a un dolor tan lejano que ni siquiera alcanzas a reconstruirlo, simplemente cargas con él y tanto es el peso que tu andar languidece en una pena infinita, sin sentido.
En la intima soledad que te desvela, crees descubrir la punta de la madeja para desentrañar tus dolores, pero llega la aurora, estás muriendo.
Achicharraba el sol marciano con una iracundia majestuosa, todo él rabioso de soberbia y fuego sobre la mina de rubíes. Centelleaban los rubíes rojos y negros frenéticos de rojo y carmín, como una gran hoguera de sangre derramada, qué espeluznante armonía de bermellones, negros, púrpuras, y escarlatas, que dejaban ciego y hacían derramar lágrimas a los ojos. Los granates a montones refulgían espoleados por la luz del sol, rojísimos y negros, igual que un vino de Rioja, y los astronautas, en sus carros, recogían con palas mecánicas la valiosa colección de rubíes. La mina a cielo abierto era un coágulo de sangre rojo y negro en la desértica y también roja planicie marciana. Los astronautas en sus trajes parecían bellísimos gorilas de hombros robustos, estatuillas finas y bien proporcionadas, los trajes espaciales les daban proporciones sumamente atléticas y simiescas a los muchachos, negros arcángeles de un cielo ensangrentado, o demonios de un infierno de púrpuras violentísimos. Los carros iban y venían arrancando al planeta Marte su valiosa riqueza como un ave de rapiña que escarbara en la carne con sus uñas furiosas en busca del corazón caliente de un cordero. Destripada la tierra, violentísimos granates aparecían en un arroyo de cristal inexistente, limpísimo de un agua imposible, como un muerto de un tiro a bocajarro. Acompañando a los astronautas los alienes feroces, negros y rojos, se mostraban como perros dobermanes de la tierra, o furiosos tigres amaestrados, con una mansedumbre hipócrita terrible, sencillamente catastróficos y salvajes, de una obediencia ciega a sus amos, que los mantenían a raya con gestos adustos. Habían domado a los alienes para que protegieran a los astronautas del ataque de otras bestias de Marte y los lindísimos cachorritos se comportaban con su apropiada ferocidad demente igual que perros rabiosos, dobermanes rabiosos, que soñaran con un paraíso de carne macilenta. Los astronautas eran sombras sublimes y bellísimas, los alienes eran también bellísimos en toda su ferocidad, y las bestias marcianas que a lo lejano se acercaban eran también bellísimos espectros. Los rubíes brillaban hiriendo la vista. Sangre, sangre, y más sangre, negra a la luz del sol, casi morada de noche, casi negra, rabiosamente carmín. Las bestias de Marte se acercaban, como lobos, tenían que proteger los relucientes diamantes de la mano sin escrúpulos de los invasores terrestres que estaban asesinando a la Madre Marte con su demencial avaricia., y contra las bestias de Marte los astronautas usaban a los domados alienes como los perros de los pastores que protegen a los corderos de las feroces fauces de los lobos. ¡¡¡¡¡¡Cómo utilizar semejante vileza de ira para proteger al yacimiento de sus legítimos dueños¡¡¡¡. Pero era cierto. Los astronautas tenían a sus perros, a sus tigres, para proteger el yacimiento del mineral, los valiosos rubíes que brillaban como estrellas rojas rutilantes haciendo daño a la vista. La avaricia humana se protegía de la avaricia extraterrestre con los rabiosos alienes, todos ellos de feroces dentaduras homicidas. Llegó el momento en que una bestezuela marciana se acercó demasiado a ellos, y el Alien, domado como un león de circo, abrió su dentadura asquerosa y repelió el ataque de la pequeña bestezuela. Pero no iba a ser un buen día aquel. No para la avaricia terrestre. Pronto se vería que cientos de bestezuelas marcianas iban a acudir al yacimiento para impedir que los astronautas se llevasen los rubíes, y los alienes se iban a ver desbordados por el número de marcianos. .................................................................. Francisco Antonio Ruiz Caballero. Igual que Francia con el Uranio de Mali.
Para qué ser otro si mi corazón te sigue amando En mis noches ávidas de amor y de ternura con un cariño que no termina nunca Aunque el lago de mí amor, ahora sea, un secano lacrimoso.
Inhumano tu amor queda en mí alma Encerrado en la capilla del destino Donde lúgubre marcha el desatino Por haberte amado como mía, cuando tú, ya eras ajena.
Pero tú no dijiste la verdad, eso te condena Sin embargo yo también arrastro la cadena de tu pena… Porque queriendo o no, nunca pude decir… ¡no! Y te erigiste como reina, en la miseria de tus melados besos.
Piensa en la belleza, eso es un azar Y la juventud sólo son lágrimas… Escurriendo lentamente por las manos Bañadas de angustia y soledad, en las noches plañideras.
No hallarás cobija que te oculte de mis pensamientos Ni calor humano más ardiente que el mío Porque yo no hallo brebaje para olvidarte Ni ardor que no desee más que el tuyo.
Te di mi corazón para que lo guardaras, para que lo cuidaras y lo llenaras de amor, pero tú no supiste hacerlo, te dedicaste a romperlo y ahora solo hay dolor.
¿Y cómo puedes decir que me quieres? si yo se que con ella me engañas y no, no trates de negarlo, yo sé que es verdad. ¿Cómo puedes mirarme a los ojos? y decirme que no pasó nada , si sus labios besaron los tuyos y has dicho que la amas.
Y ya no hables más, que no quiero escucharte, un "lo siento" no basta lo hecho, hecho está. No me pidas perdón, que no sirve de nada, ya el daño está hecho y nada va a cambiar.
¿Y cómo puedes decir que me quieres? si yo se que con ella me engañas y ya no trates de negarlo, yo sé que es verdad. ¿Cómo puedes mirarme a los ojos? y decirme que no pasó nada , si sus labios besaron los tuyos y has dicho que la amas...