Que triste sentir la huida, que gris se enturbia la vista como se fruncen los labios, ante la pena infringida, que pasiones derrochadas, cuanta entrega sin salida. Los colores van cambiando, en irisaciones vívidas y el valor se va fundiendo, con el miedo que se enquista.
Amor en sedas envuelto, de plata y oro bordado, de jazmines coronado, soplo eterno deseado, que flota en el Universo. Luz de infinitos colores, de gestos tornasolados, impregnado de deseos, envuelto en sutil misterio, al albur de las pasiones.
Cambia la vida al instante, un invisible destello, un tornar irrefrenable, que devuelven los espejos. Interior que se conmueve, se yergue al temblar el vello y es voluble la existencia, en cada sutil momento, La vida torna y retorna, hacia lo humano y lo eterno.
Que solo se queda el verso, en la vorágine oculto, como se pierde su aroma, difuminado entre efluvios, como pierde la fragancia, si solo prima el insulto, como se va diluyendo, en los cerebros caducos. La rima sigue su curso, entre párrafos, a su ritmo.
Arropada entre algodones, entre alabanzas y lujos, se regodea la avaricia, en su engolado discurso, sin piedad sobrevolando, viendo de soslayo al mundo. De vino y rosas envuelta, se regodea la riqueza, a espaldas del inframundo, no da a la codicia tregua.
Entre los gestos matices, para dar forma al sentido, salvando las cicatrices, de cicatrizadas llagas. La faz de surcos trazada, como roturados huertos, en los ojos reflejados, cada vívido momento. Silueta en lívidos labios, mostrando los sentimientos.
La Luna se da la vuelta, el Sol se asoma en el cerro la vida latente sigue, entre arrozales y almendros.
A.L. (ángel l. pérez) NO SOY LO QUE ESCRIBO...SOY, LO QUE TÚ SIENTES AL LEERME (anónimo). NO GUARDO MÉTRICA ALGUNA...SI ASÍ SUCEDE, ES PURA FORTUNA
La preocupación por lo que va ha suceder, se graba en el cerebro con la misma intensidad, que un acontecimiento negativo real. Esto significa, que la preocupación puede convertirse en el recuerdo de un episodio que no ha tenido lugar. Al angustiarnos por el futuro, activamos el circuito del miedo, lo cual explica por qué el pánico anticipatorio, resulta más desagradable que la situación real. Cuanto más tiempo y energía dedicamos a pensar en lo que sucederá, más profunda es la huella que dejamos en nuestro cerebro, con lo cual, nuestro miedo crece cada vez más. No debemos preocuparnos por lo que sucederá, sino por lo que está sucediendo aquí y ahora.
A veces, soy el camino la muchedumbre y la soledad. A veces, soy la lejanía de un recuerdo en una mirada sola. A veces, desolado mi corazón se llena de silencios y huye vulnerable. A veces, la esperanza yerma veo habitar en cada tumba blanca. A veces, se detiene el tiempo donde mi alma se aposenta. A veces, versos imperfectos llenan de deseo mis manos. A veces, soy el viento y la pasión girando entre la tragedia ajena. A veces, sucumbo en una vida intrigante incomoda e inexplicable. A veces, puedo tocar algo imaginado sin renunciar a la razón. A veces, soy esa palabra que existe, siente y vive en un verso. A veces, soy una lagrima fútil espontanea que vibra. A veces, existo incorpóreo en un aire fantasma. A veces, exhalo mis sueños y me desvanezco. A veces, soy yo en mi alma. A veces, soy solo mi alma. Solo a veces...
La venganza Dios nos dio la vida, llena de amores y benevolencias Nos regó de generosidades, de afectos y de inteligencias Nos inundó de dulzuras, de pasiones, de emociones y prudencias Nos dio la gracia del perdón, del querer en complacencia
No todo en la vida son felicidades, regocijos y tranquilidades Ni satisfacciones, ni ilusiones, ni tampoco oscuridades Afloran los conflictos, los disgustos que arrecian las soledades Aparecen resentimientos con sus venganzas, que vislumbran dificultades Surgen las discusiones, la maldad que acecha al interior de las sociedades Cercenan el progreso, acabando con la paz y oportunidades Aparece la balanza, para equilibrar la acción cometida de las debilidades Venganza maldita del desquite, que persigue sin clemencia las vecindades Tormenta cargada de odios y rencores, la revancha de sus tempestades
Venganza de aquel que toma represalias contra sus agresores Desde la antigüedad y de todos los tiempos, cargada de sospechas y temores Detonante emocional poderoso, que moviliza la conciencia de sus pánicos y horrores Maldita venganza, que acompaña el comportamiento humano, de sus temibles cazadores
Deseos de crueldades, que impulsan las soberbias de los corazones Deseos de venganza de aquel amor infiel, que rompe el alma y las relaciones Deseos de escarmientos al pagar con la misma moneda, que impulsa la maldad de sus intenciones Deseos que llevan sangre en la herida, con desprecios que matan y acribillan las pasiones Lenguas de fuego, que laceran y carcomen el pensamiento, inundándolo de preocupaciones Venganza dañina, que corroe el espíritu, oscureciendo la mente, llenándola de confusiones
La venganza es una arma mortal, peligrosa, mortífera y destructiva Al culminar su sed de venganza, se siente peor de satisfacciones oscuras y espantosas Porque la venganza, solo genera más ansias de venganza, de lágrimas dolorosas La victima se libera de una molestia, pero queda en su interior, la falta temerosa La venganza no trae nada bueno, ni es valiente y mucho menos valerosa
La venganza solo trae odios y rencores, cóleras e indignaciones La vida está llena de amores y perdones, con aplausos y explicaciones La venganza se acaba con tolerancia, con indultos llenos de consideraciones No hay necesidad de equilibrar la balanza, ni gritos, ni malestar en las discusiones Si todos somos humanos, con yerros de pecadores Dialogando se alegran los corazones y se sanan heridas, sacando con amor e inteligencia verdaderas conclusiones
Una de esas noches en las cuales se busca un sitio solitario para no pensar, una de esas llenas de hastío en las cuales la soledad es la compañía más noble mis pasos se dirigieron a un parque de grandes árboles, eran más de las diez de la noche y la mayoría de los vecinos ya se habían retirado con sus niños, yo caminaba descuidadamente cuando mis pasos se dirigieron a un gran árbol, era magnífico: su tronco tendría un diámetro de casi dos metros y era muy frondoso, recordé que en mi infancia solía desear una casita en un árbol, un sueño nunca cumplido, tal vez por ese motivo tuve ganas de treparme, no era difícil, el tronco se ramificaba a poca altura del suelo por lo que sin mucho esfuerzo me vi montada en una de sus gruesas ramas, ahí estuve muy tranquila hasta que sentí un fuerte golpe en la frente, me sacudí y busqué a mi alrededor la posible causa pero estaba oscuro y casi no se podía distinguir nada entre el follaje, entonces, sentí de nuevo otro golpe, esta vez en la nuca, confusa giré de nuevo pero fue inútil, a los pocos minutos el golpe me llegó de costado en una sien, con mi mano abaniqué el aire y fue entonces cuando oí una risa chillona a poca distancia de mí, al concentrarme y fijar mi vista hacia donde se escuchaba la risa observé una figurita oscura con alas colgada en una rama, se trataba indudablemente de un murciélago divirtiéndose con su travesura, lo cual me molestó y le grité : -¿Tú me estuviste golpeando bicho feo?¿Por qué si no te hacía nada? Para mi sorpresa el animal respondió sin dejar de reír: -Estás en mi árbol y me estorbas cuando paso, no tengo la culpa que seas tan torpe y no me veas acercarme cuando vuelo. -¿Te estorbo? Se supone que ustedes pueden detectar los objetos precisamente para no chocar, entonces el torpe eres tú. -Yo no tengo por qué esquivarte, estás en mi árbol, ya te dije. -Los árboles no tienen dueño. -¿No? entonces tú no tienes casa. -Eso es diferente. -Es lo mismo, ¿por qué te subiste? -Porque quería estar sola, relajarme, sin que nadie me vea. -¿No quieres que te vean? Hubo una mujer que se hizo invisible con un manto. -¿En serio? ¿y por casualidad no salía a pasear en alfombra voladora? –inquirí con sorna, pero el murciélago, muy formal continuó sin inmutarse. -Era una mujer hermosa que tenía por esposo a un mago el cual la amaba sin medida, tanto que usaba incluso sus poderes para complacer todos sus caprichos y vaya que era caprichosa, lo que más le gustaban eran las joyas y el mago tenía el poder de materializar cualquier objeto, por lo cual su mujer podía lucir las joyas más costosas, joyas que por otros medios hubieran mermado su fortuna, fortuna que comenzó desde muy joven, cuando descubrió sus cualidades y se unió a un circo ambulante, el cual dejó al cabo de unos años para presentarse por su cuenta, logrando hacerse famoso con el tiempo, luego conoció a su mujer y se enamoró perdidamente, no le fue difícil conquistarla dada su capacidad de materializar cualquier cosa y se casaron al poco tiempo, la mujer no sabía cómo podía regalarle tantas joyas y tampoco le interesaba, como tampoco sabía que al materializarlas disminuían también las capacidades de su esposo, capacidades que ni te imaginas, pero que guardaba en riguroso secreto precisamente para evitar que ella abusara, hasta que un día no le bastó su vida lujosa ni el amor desmedido de su mago… -Nunca oí hablar de tal mago – dije, pero no me hizo caso y prosiguió su narración. -Vivian en una mansión y viajaban constantemente, sus trucos eran impresionantes y atraían gran cantidad de gente, bastaba anunciarse para asegurar un lleno total; luego de las presentaciones a las que ella siempre asistía, él se dedicaba a atenderla y consentirla, cenaban en restaurantes lujosos, la llevaba a teatros y fiestas donde lucía sus valiosas joyas y ella, coqueta, se ponía melosa, contoneándose provocativa, su encanto y sensualidad no pasaban desapercibidos, cualquiera pensaría que eran la pareja perfecta, él por su parte no se cansaba de acariciarla, de halagarla, estaba siempre pendiente de sus deseos, sí, la amaba con delicadeza, con delirio, pues para él era lo más valioso que tenía en la vida… -Seguramente era un mago feo, chaparro y barrigón. -Eran muy pocas las ocasiones en que él salía solo para atender sus asuntos, y entonces ella buscaba otras actividades para entretenerse, un aciago día, durante una exposición de obras de arte le presentaron a un herrero, pero éste herrero era muy especial pues hacía aleaciones increíbles, elaboraba complicados diseños y fabricaba objetos como juguetes, maquinaria, instrumentos musicales, esculturas y toda clase de trabajos para residencias o fábricas, sus cualidades misteriosas lo hacían muy cotizados y ella quedó impresionada con sus creaciones, pero lo que más la impresionó fue cuando le dio la mano para saludarlo, sintió como su temperatura corporal se elevaba, y cuando le miró a los ojos se sobresaltó al creer ver en sus pupilas oscuras chispas doradas, como si en ellas hubiera una pequeña fogata, eso la ruborizó, porque por primera vez alguien le hacía sentir vulnerable, así fue como se encaprichó con él, pues se trataba de un hombre de fuego… -¿Has dicho un hombre de fuego? -Sí, de ésos que pueden crear fuego con las manos, manipular las llamas, conducir el calor, por eso sus trabajos eran tan especiales, no requería instrumentos o moldes especiales para manipular el metal fundido y podía fusionarlos creando nuevos con propiedades desconocidas, era un ser solitario y silencioso como los volcanes, pero a ella descubrió también su temperamento explosivo durante las noches de pasión que siguieron a ese encuentro: imagínate la sensación de hervir por dentro, de que todas tus átomos giren a gran velocidad como si literalmente hirvieran, ser como el metal fundido, así de maleable, así de brillante sí, tocar el fuego sin quemarse, algo intenso, tan diferente al dulce vaivén del mago. -No hay hombres así. -Oh, sí que los hay. hombres y mujeres también, así como los hay de aire, tierra y agua, yo los he visto, nacen aparentemente normales pero no lo son, las llamas les atraen desde pequeños y pueden pasarse horas jugando en el sol sin sentir hambre, yo supe de un caso donde una mujer estaba tan enfadada que literalmente le saltaron chispas de la cabeza e incendió su casa sin querer, siendo una casa de madera y paja ardió rápidamente, pero ella salió ilesa, sí, esos individuos existen. -Dices puros disparates, mejor cuéntame qué pasó con el mago. -Ella se dejó llevar por la pasión del hombre de fuego, traicionando la devoción de su mago, quien había empobrecido sus dones con tal de complacerla, por eso, al ver que ya no era la misma, que ya no le correspondía como antes supo que algo había pasado y no tardó en descubrir su engaño, la decepción y rencor fue tan grande que usó todo su talento para fabricar un manto especial, fabricado con hilos de oro, incrustado de diamantes y piedras preciosas, algo que sabía que su mujer no podría resistir, sin avisarle dio la noche libre a todos los sirvientes y le entregó el manto fingiendo ignorar sus relaciones e inventando un viaje intempestivo mientras ella quedó fascinada mirándose en el espejo con su nuevo regalo, no pudo esperar para estrenarlo y en la noche, cuando su esposo ya había partido para siempre decidió salir a exhibirlo ante su amante. -¿A dónde fue el mago? -No se supo, pero aquél manto representó lo último que podía materializar, tal vez dejó se ser mago y haya muerto, herido de amor y de celos, o tal vez no esté muerto aún y viva en alguna parte, a salvo de las mujeres pérfidas. -¿Y qué pasó con el hombre de fuego? -La mujer llegó deslumbrante y hermosa a su encuentro a su mansión, una mansión con altas rejas de herrería artísticamente trabajada, todas las ventanas y las puertas estaban así mismo profusamente decoradas y exhibían vitrales de colores donde predominaba el rojo, y el amarrillo, la gente del lugar no se acercaba porque decía que eran los colores del infierno y que el herrero había construido su casa de ese modo porque había vendido su alma al diablo, ¡qué tontería!, él la esperaba en el porche metálico de su mansión, que a la luz de la luna relumbraba como si fuera todo hecho de oro, en un sillón plateado muy mono, jugaba con sus dedos, tronándolos para producir chispitas que caían y rebotaban en el suelo, las chispitas se enfriaban quedando duras y negras como balines que usaba como canicas, frente al porche había un huerto con limoneros llenos de azahares que despedían un delicioso aroma, todo propicio para otra candente noche; ella se acercó sigilosa y le rodeó el cuello, pero él sólo sintió una leve brisa, ella se sorprendió, habló con seductor acento, le acarició el rostro, le besó los labios, pero el hombre permanecía inmutable, entonces se alarmó y lo abrazó con fuerza sin lograr asirlo, entonces gritó, trató de sacudirlo pero el hombre seguía sin percatarse de su presencia, concentrado en su juego mientras ella lloraba y gritaba a sus pies, tratando de comprender qué estaba pasando pero de nada sirvió, luego el hombre, aburrido, se levantó y entró a su mansión ignorándola; ella salió a la calle y se dio cuenta que la gente y los carros la atravesaban sin herirla, en su desesperación trató de quitarse el manto pero no pudo, estaba fuertemente adherido como si fuera una extensión de su piel, y entonces comprendió lo que el mago había hecho, pero era tarde, jaló y tiró del manto tan fuerte que éste se rasgó pero lo único que consiguió fue lastimarse, hilos de sangre corrían por sus pliegues dorados tiñéndolo de rojo, entonces arrepentida decidió regresar a su mansión y esperar a su esposo para pedirle perdón, una vez ahí, al verla vacía, silenciosa y oscura tuvo miedo, se dirigió a su habitación temblando y en el gran lecho conyugal descubrió un conejito blanco, ella sintió una desolación enorme al pensar que se trataba de una implícita despedida y desesperada trató de atraparlo, pero éste escapó corriendo, ella lo persiguió, pero el conejo siempre la esquivaba, corrió toda la noche por las calles desesperada, sin importarle ya su aspecto ni el peligro hasta las afueras de la ciudad, adentrándose al bosque hasta que lo perdió de vista, entonces, exhausta se dejó cerca de una gruta, durmiéndose enseguida mientras amanecía. -¿Y entonces llegaron los tres osos y la adoptaron? –pregunté sin importarme la desgracia de la mujer, el murciélago, como si no me hubiera oído prosiguió: -Estaba sola y cansada, con la ropa hecha jirones, casi desnuda, demacrada, pero aún así, ¿sabes? seguía siendo hermosa, no sabía que había llegado a la morada del rey murciélago y cuando éste regresó de sus correrías nocturnas y la encontró, la introdujo a su cueva, estuvo todo el día durmiendo intranquila y al despertar ya entrada la noche se sentía tan desdichada que ya no le importó dónde ni con quién estaba, cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra pudo distinguir las formas de ésta nueva mansión, era grande y todo estaba hecho de piedra tallada y pulida con columnas y cúpulas, habían fuentes esculpidas que se alimentaban del agua que escurría de las paredes, no había luz pero sí destellos, la habían curado y dejado alimentos a su alcance, la mujer estuvo un tiempo deprimida por lo que había sucedido, añoraba al mago por todo el inmenso amor que no supo corresponder pero también recordaba con estremecimientos sus encuentros fogosos con el hombre de fuego, cuando el rey murciélago regresó ella se sobresaltó al verlo transformarse de una criatura pequeña en un ser alto y fornido, claro que no era guapo como los otros hombres, físicamente era mitad humano y mitad bestia, pero sumamente inteligente e intuitivo, tanto que él sí era capaz de verla y sentirla, podía leer sus pensamientos y comunicarse al principio con ademanes, luego le enseñó su lenguaje, no se trataba de un ser agresivo y salvaje, sino gentil y ameno, así ella aprendió a apreciar su compañía, descubrió que vivir aislado no lo hacía ignorante, su morfología era de por sí fantástica y sus vastos conocimientos abarcaban diferentes áreas, poco a poco superó su depresión, hasta perder el interés de regresar a su antigua vida, gozando con él además una nueva forma de amar: en la oscuridad ella podía sentir su cuerpo peludo como un abrigo de piel que la envolvía y la enardecía, sus ojos rojos se le figuraban dos brazas ardientes y eso también la excitaba, su larga lengua llegaba a lugares hasta entonces inalcanzables para otro, en fin, ella descubrió con satisfacción que el rey contenía todo lo necesario para hacerla feliz y aceptó de buena gana su destino; empezó a explorar los túneles y galerías como la nueva reina que ya era y le gustó, pues en ellos había tesoros escondidos y en muchas paredes la roca tenía incrustaciones de oro y piedras preciosas que no se cansaba de tocar, dejó de ser ambiciosa, pero no por eso perdió su atracción hacia las joyas aún cuando no fuesen para exhibir y en su nuevo hogar abundaban; luego, cuando sus heridas cicatrizaron por completo pudo usar el manto como alas, aprendió a moverse en la oscuridad, acompañaba al rey en sus correrías, jugaban bajo el cielo nocturno, era maravilloso ver la ciudad dormida sentir la fresca brisa, no sentirse ya más humana y no estar ligada a los vicios que ello conlleva, había renacido en muchos sentidos y no volvió a poner sus ojos en nadie más ni le importó el mundo al cual había pertenecido hasta entonces, ¿sabes? Ella siguió siendo hermosa y sus descendientes también lo fueron, aunque con la apariencia de su progenitor. -No pude evitar una sonora carcajada y dije: ¡Qué ridículo! ¿quién te contó ese cuento? A pesar de su color negro, el murciélago se oscureció aún más si eso es posible y sus ojos enrojecidos brillaron intensamente como brasas, lo cual me hizo más gracia, enervando más al animal que exclamó: -¡Te estoy hablando de mi familia!, ¡eres una humana muy incrédula y estúpida!, ¡mira que burlarse así de mi ilustre linaje, pero ahora mismo llamo a mis hermanos y entre todos te tiramos de esa rama y te dejamos más calva que un balón! Y diciendo este comenzó a revolotear emitiendo agudos chillidos, nunca se sabe de lo que es capaz un murciélago ofendido, mucho menos si se trata de un príncipe con quizá decenas de hermanos, por eso me bajé rápidamente del árbol y me alejé corriendo sin voltear a ver por si acaso había un ejército real lista para atacarme, más adelante me alegré de ver unos muchachos jugando basket ball en la cancha, eso me tranquilizó y en adelante me abstuve de andar subiéndome a los árboles.
Sobre el dormido lago vibran las notas del arpa eterna, y flotan al viento suspiros y risas, y un coro de flautas eolias que entonan al alma su canto de amor.
Y mi amada, que está en el jardín de mis ensueños, recoge a un tiempo mismo ternura y malicia de amor y de anhelo; y brotan de su fuente suspiros y risas, y un coro de flautas eolias que entonan al alma su canto de amor.
Era una mañana común, como cualquier otra. Otro amanecer con la soledad. Con la frialdad de las sábanas. Con la repetición de la rutina iniciada con el café que no se comparte; Que no se toma viendo otros ojos a través del humo, o enviando una sonrisa sin otra finalidad que la de sonreír; Solo con el café que se hace parte de la subsistencia. Iniciada con los rituales de la limpieza también solo como supervivencia, ya no como querencia para lucir, ni para sentirse bien ni para halagar.
Después pensar en lo terrible del resto de rutinas: Comer… ¿Qué comer? ¿Qué preparar? Salir a comprar… Y las querencias libres, abiertas: El viajar, sesgado por el desastre económico; el placer, roto por tu partida; el baile, ligado a la pareja no existente, y al desastre económico; la Ciencia, que me requiere vivo; tu, suma de todos los placeres, y que no estás; la escritura, último eslabón que las integra, inútil en el ser melancólico, con la necesidad de un café compartido como debe ser el café.
Bajo la mirada triste y me preparo a salir para subsistir.
El desastre ha llevado a cada día buscar sustento, porque ya no alcanza el sueldo, ni permiten la escases, ni permiten las colas, el comprar para una semana. Se vive como los perros, buscando la comida en cada instante por ese instante, para ese instante.
Salgo a la calle, con un sol normal. Camino con mis pasos lentos, pesados; de los años que se quejan del desastre; de la soledad; de que no valieron los logros ni el lugar obtenido ni la pureza brindada, ante la crueldad del desastre, de la soledad, de la ausencia. Entonces, de la nada, una bella muchacha me saluda: —¡Profesor, que alegría de verlo! ¡tantos años! ¡Siempre lo recuerdo! Su alegría levanta mis hombros, rejuvenece mi cara. —¡Hola! ¿Cómo te va? ¿Sobreviviendo? —¡Claro! ¡Hay que sobreponerse! ¡Saldremos de esta! ¡Así, con un espíritu como el suyo! Se despide con un abrazo que me reanima.
Reinicio mi caminata y cuando mi cabeza va a bajar le cuesta un poco. Locales más adelante, colas y negocios más adelante, tiempo más adelante, vuelvo a encontrarme a otro exalumno: —¡Profe! ¿Cómo le va? —Bien, gracias. —¿Sigue torturando a sus alumnos con el “justifique su respuesta”? —Jaja… Ya me jubilé. Ya descansaron. —Bien útil que nos fue. Se lo aseguro. Un placer. Hasta luego, profe. Cuídese. Esta vez reanudo la marcha erguido. Sabiendo que debo seguir siendo ejemplo. Entonces recuerdo las sonrisas que se multiplican hoy en recuerdos; los alumnos antiguos, hoy profesionales, que siguen creciendo. Recuerdo que en lo humano no existe lo perfecto. Y parece mentira, y detallarlo no quiero que al seguir el camino otros mis alumnos sin saberlo, me socorrieron Pero lo más hermoso que recibí de ellos fue la amplia sonrisa: gratuita, fácil, sin maquillar sin interés ni esmero solo alegre reflejo de un sentimiento eterno que aquellos exalumnos a mi tristeza dieron sin saber ni entender el bálsamo que fueron. Y regresé a mi casa y comencé a escribir.
Era una mañana, común, como cualquier otra. Aderezada con el canto de los pájaros con tu recuerdo, eterno. Las sábanas, frías, me invitaban a buscar el calor del termo a saborear el café y preparar el día para escribir de nuevo.
Es infinitamente elemental suministrar un mortífero veneno una minúscula molécula, en muchas ocasiones, es suficiente para un desplazamiento con velocidad de la luz aún no hay freno y la inteligencia humana con su enorme poderío es insuficiente.
El amor materno obnubila el cerebro y el juicio verdadero elimina, si la razón está turbada el juez más auténtico no puede ser justo por ello todas las razones con un inconmensurable peso discrimina su taciturna vida se torna vacía y sólo impera el máximo disgusto.
Un verdadero educador busca para sus pupilos el mejor futuro pero sin el apoyo irrestricto de los padres se vuelve imposible, por esta razón un maestro ideal, en esta tierra, es siempre impuro si la insensatez del progenitor se materializa al máximo audible.
El juez perfecto, en este globo terráqueo, actualmente no existe todo juicio en el momento será incorrecto, para la parte perdedora es inaudito pensar la aceptación con decoro si eres tú quien perdiste más aún cuando una sola decisión es para ti triste y desgarradora.
Si fuera el viento palabra, y el aliento fuera amor, si la sangre fuera el agua, que el humano arrebató, la palabra sería aire, el amor sería vapor y el cuerpo muerto estaría, de la sangre que perdió.
Temblores entre las hojas, del libro de los humanos, saciadas líneas de nombres, plenas de frases de sabios, de conquistas y desdichas, de muerte, horror e injusticias. Cada página predica, pero resuena en lo arcano.
No sabe el poder y el necio, que no valen sortilegios, cuando se extiende la ira. Si fuera pitanza el viento, alguien lo embotellaría. No se intercambia la vida, por preces y privilegios, ni con falsas letanías.
Si el abrazo fuera alianza y fueran sabios los necios, el mundo oasis sería, la sabiduría un sustento. Si fuera alimento el tiempo y el amor fuera una ley, no habría ni hambre ni reos y el corazón sería el rey.
Tiempo que al tiempo acuchillas, con el filo de tu acero y vas dejando semillas, de odios y de recelos. Tiempo que no tiene prisa, solo la tiene el viajero, que tan deprisa camina, que va perdiendo el aliento.
Si fuera un tesoro el día y fuera la noche un premio, vivir y dormir sería, como un viaje hacia lo eterno, salpicado de sonrisas, de bellos y sueños tiernos, cada suspiro alegría, verdad cada pensamiento.
Tiempo que al tiempo castigas, con tu indomable flagelo, dale a las razones tiempo y a la verdad tu talento.
A.L. (ángel l. pérez) NO SOY LO QUE ESCRIBO...SOY, LO QUE TÚ SIENTES AL LEERME (anónimo). NO GUARDO MÉTRICA ALGUNA...SI ASÍ SUCEDE, ES PURA FORTUNA