Nobleza en el corazón, en la mirada ternura, sabiduría en la cabeza, en la sangre la pasión, en las manos la destreza, y en los labios la emoción, si es de verdad su pureza, si su entrega es verdadera.
No somos dueños del Sol, ni amos somos de la Luna, ni de la diosa fortuna, somos señores, si esclavos, somos del viento lacayos, y del tiempo marionetas. La Tierra nos posee a todos, hijos somos de su vientre, ella te impone sus reglas.
Hoja al viento que se agita, frágil libélula vuela, sobre la lámina de agua, que en sus ondas se refleja. Lengua de fuego que abrasa, hija de sinuosas simas, restañando las heridas, que sangran como chorreras.
No somos dueños del tiempo, ni amos somos del amor, ni dueños de la pasión, que al sentimiento arrebata, ni propietarios del verso, que nace, crece y se exalta. No somos dueños de nada, ni de la sangre que fluye, ni del latido que ama.
Amor que temblando anida, que como tormenta arrecia, cuando el corazón le llama. De multicolores alas, de mariposas que bailan, en las tripas y en los ojos, en las venas y en el alma. Temblores que rompen mitos, mentiras, odios y trampas.
No somos dueños del mundo, del amor hacemos magia, no somos dueños del ánimo, pero si le desnudamos, para vestirle de audacia, y de valores humanos. Del amor no somos dueños, somos de su fuerza esclavos.
Busco el número cuarenta en el calendario y no domino el imperio... dejándote escapar de mi presente, en el momento que las luces duermen en mi habitación tu silueta inyecta el dolor.
Sueño que estoy jugando a desnudar tu alma la caja de pandora perdió la ilusión tú eres el único medicamento para remediar mi corazón, por la edad el deseo caduco.
En la última página de las paredes de mi habitación, moldeo tu nombre; con esmalte de tu quimera y el ánfora de tu sed, el cerillo del afán lo aspiro tu cansado recuerdo.
Tus huellas dactilares en el puente de mi espina dorsal, quemando mi piel a cinco segundos por hora, ella cuarenta, yo dieciséis.
Me dicen loco, porque le escribo a alguien que nunca me leerá Porque les cuento a todos, de tus hermosos ojos Pero ellos no me ven, les cuento que te sueño cada noche Aunque tu te encuentras lejos de mí.
Me dicen loco, porque te compongo canciones Que nunca escucharas, solo me queda la esperanza de verte de nuevo Para que pueda cantarte mis canciones Que solo hablan de ti.
Me dicen loco, porque te sueño todas las noches En mis sueños cuando apareces soy muy feliz Pero a la ves es un castigo porque hay despertar Cuando sueño contigo, sueño que te tengo entre mis brazos.
Me dicen loco, porque mi ilusión más grande eres tu Cada noche al escribirte, me ilusiono cada vez más y más En mis historias, plasmo lo maravillosa que eres Soy loco porque he de amarte toda una eternidad, Nadia.
Mientras unos se revuelcan, entre fortunas y dádivas, otros viven en la hambruna, donde ni la luz se acerca. No cree el poderoso en nada, que no sean sus riquezas, ni en el hambre, ni en el frío, ni en quienes ni techo tengan.
Cuando el corazón se cierra, se va pudriendo su esencia, se endurecen sus latidos, su materia torna a pétrea, y va poniendo cerrojos, en el sentir que se gesta. Los sentimientos se enquistan, y el rencor, habita y medra.
Abrid ventanas y cercas, que se aireen las cabezas, que se hinchen los corazones, de valores sin reservas, las voces salgan al aire, rompiendo muros y rejas, y la verdad no se agriete, pudriéndose bajo tierra.
Que el corazón lata firme, que no sea como veleta, que al aliento de los aires, cambie el rumbo cuando quiera, que marque el ritmo preciso, para que el amor se crezca, y no se apaguen los pálpitos, que dan a lo feo belleza.
Que no se rindan los buenos, que los necios no florezcan, que no nazcan más mentiras, vestidas de verdad íntegra, que el corazón sea el aceite y el motor sea la cabeza, la mirada sea la fuente, donde el amor se alimenta.
Que no se calle el cantor, ni enmudezcan los poetas, no se doblegue el amor, ni sea la pasión de cera. Que el respeto sea el perfume, que impregne la vil materia, aromas de libertades, olores de buenas nuevas.
Que no sea solo el reloj, quien dicte la vida entera, y sea dueño el sentimiento, del caminar en la tierra. Que el amor sea la bandera, y no un pedazo de tela.
Odio, olvido… Nos juzgamos ¡esta cama y yo nos juzgamos! Ahora somos inexistentes, tuvimos la existencia y la dejamos partir. Ahora no soy yo, esta cama tampoco es cama, somos torpes puertos que a medias aprendieron su labor. Ahora, nos merecemos estos corazones repentinos, esclavos renacidos que martillan y martillan al odio, al olvido, como dos rocas que se agigantan en cada golpe de inútiles martillos.
Como siempre Ya me va siendo costumbre, Que solo las magnolias Me despidan al salir.
Caminar por el jardín Y tirar alguna rosa marchita, Señal inequívoca también De que el amor se está marchitando.
¿Dónde están los gitanos aquellos Que nos auguraron un eterno amor? ¡Que al compás de violines y guitarras Cantaron, danzaron y de fiesta nos llenaron!
Son diez años apenas… Cuales si fueran diez días para mí. Ya no tengo quién me prepare el café Al levantarme, tú sigues durmiendo.
Ya es primavera, sin embargo, Las violetas y jazmines no sonríen más, Siento llegar el frío del adiós En las blancas sonrisas de los nenúfares.
Me levanté temprano, no quise molestarte, Pero te he dejado flores frescas Para que te hablen de mi.
Ojalá te alegren la mañana Gardenias y azucenas, Que corté hoy, Para ti.
El sueño dentro del sueño, el poder de ver sin ver, sentir sin tocar ni oír, y sin pensarlo gozar, por el hecho de existir.
La flor sin sentir inspira sentimiento a quien la mira, y va emanando su olor, bello aroma que transpira, seduciendo a quien respira. El mar sin saberlo mata, y sin saberlo desata, arriesgadas travesías.
Soñando quedó el poeta, inmerso en su calentura, vagó entre los sentimientos, entre las dudas se inspira, y soñando que soñaba, dejó en sus trazos la vida, senderos que transitar, a quienes sin verlo, miran.
Así, destapando velos, el sabio en su soledad, bucea en los entresuelos, en las simas del dudar, y soñando sin soñar, va desvelando señuelos, desentrañando secretos, dando sentido al pensar.
Voces quedas como gritos, miradas como puñales, y sueños que son reales, versos que derrumban mitos. La vida a bandazos sueña, despierta soñando sigue, siendo rica su existencia, no goza con lo que vive.
Amor desea quien camina, dejando huella tras huella, y en su soledad anhela, una sonrisa sincera. Sueña quien quiere aprender, que es sabio entre pesadillas, y piensa quien amar quiere, que es la vida una vigilia.
Amores en el desván, donde existen las reliquias, donde quedaron los sueños, las nefastas pesadillas. Amores en el salón, humanizando las prisas, y una mirada que brilla, una palabra sin voz.
Luchaste cuanto quisiste, con tesón, quebraste hasta las expectativas de aquellos artefactos que hace la ciencia e impusiste tu férrea pasión por vivir, no te permitiste siquiera perder conciencia de lo esencial, las memorias y la familia.
Por sobre cada ataque a tu organismo, te hiciste fuerte en nuevas metas y sueños, como regresar a casa, por ejemplo, esa fortaleza sencilla, que se levanta en la ternura y el consuelo que derrocha, una sonrisa, un abrazo… los te quiero.
Y cuando la mansión blanca se hizo casa, allí también encontraste la música, los recuerdos, los versos y algunos cuentos, para seguir tejiendo las historias propias y ganarle la batalla a cada día y su noche, para despertar a pesar del aislamiento… a buscar en la puerta las siluetas queridas.
No siempre llegamos y cuando fue posible, las despedidas se volvieron tortuosas, ¿Cómo despegar tus manos de las mías, cómo perderme de tu mirada anhelante y cómo ofrecer un incierto hasta mañana? ¿Cómo hacer para volver a repetir los sonidos del saxo en “Noche no te vayas”, aunque, se desboquen suspiros y llanto?
De tanta dura despedida, combates cruentos, se sumaron las trabas del virus; te visitamos tanto como nos permitieron, con más dolor en los adioses, por los cambios que tus facciones acusaban y la incertidumbre galopando cada alba…
Temía por la noche, esa que cansa y… no permite expectar qué sombra acecha y superaste hasta la última noche; partiste casi con el sol en su cénit y la algarabía de un año nuevo, te fuiste, no entre tubos, casi derrotado, maniatado, te fuiste cuando así lo creíste oportuno, libre, sonriendo, saludando un nuevo día; vuela muy alto padre… vuela muy alto…