Poemas de amor :  Muñequita
Muñequita

Era … como la caricia trémula, suave,
que por lograrla ligera, ondulante
apenas rasga el aire y no llega,
como el rocío que finalmente arriba
para barnizar de exquisita humedad los aromas,
como el atardecer pleno de colores,
que tanto ansía el pintor en su acuarela plasmar,
o como la noche preñada de luces y destellos
invitando a soñar,... a volar.

Así esperé silente ambicionando
darle a mis sentidos otra sensación
de la que mis ojos traían, de tus labios,
de tu grácil figura danzarina.

Magia, sueños y fantasías
debieron explosionar sin tregua
en el instante maravilloso
en que mis labios copiaban los tuyos,
cerrados tus ojos y los míos
para que sea el tacto
el inspirado maestro de tal ensueño,
con nuestros latidos entrelazados también
cómplices bulliciosos, galopantes
de la noche, la espera, del primer beso...

Que revuelen todos los colores, en cada mariposa,
que se ponga el sol para que lo atrape el artista,
que refulguren las estrellas aún más,
que hasta en la lluvia torrencial
encontraremos la belleza
del renacer, del crecimiento.

Que podamos vivir con los detalles bellos,
que logremos fundir en cada beso
un poco de magia y más sueños,
para poder acariciarte
sin temblar al hacerlo,
para poder dibujarte
con mis manos y besos,
para navegar en tus ojos
y dormirme en ellos,
para deambular un poquito
en cada rincón de tu pelo,
para aprender a quererte más muñequita...
así como te estoy queriendo.
Poeta

Prosas poéticas :  ¡Ahí vienen los paracaidistas!
¡Ahí vienen los paracaidistas!

Un relato obligatorio en homenaje al decoro y coraje de un pueblo rebelde

“…Es que el paisaje es único,
es que el paisaje es nuestro,
y es que comulgando con sus faldas
nosotros somos el paisaje;
hemos abrazado desde antes de la luz
el precioso óleo serrano que creció
y se agigantó ante nuestros ojos y
que vibrante habita en nuestra alma…


"... Hace 38 años en Tulcán, un pueblito que esta en el paso de la frontera a Ipiales - Colombia, donde sus más importantes actividades son las comerciales, debidas al intercambio de monedas y productos de uno a otro lado de esa línea de frontera, los transportistas y comerciantes, eran entonces y continúan siendo en porcentaje, la mayoría de esa población.
A quienes llevaban mercadería al interior del país, se los llamaba “cacharreros”, como un derivado de las “cacharrerías”, tiendas en Ipiales - Colombia, en las cuales se vendía de todo, siendo mujeres mayoritariamente quienes se dedicaban a esta actividad. Y que curiosamente como una “raya más al tigre”, en nuestro país, esta actividad comercial creó una población más que vivía y vive de ella, el control aduanero, el cual a ese tiempo era numeroso y tenía varios puntos de control a lo largo de la frontera y hacia las carreteras que conducían al interior del país, pero de sus desmanes y excesos no vamos a hablar ahora.
Esta cercanía de apenas media hora entre los dos pueblos: Tulcán e Ipiales y la diferencia de la moneda, ha hecho que las relaciones se extiendan incluso a tender lazos de amistad muy férreos e incluso a constituirse parejas y familias de las dos nacionalidades y por lo tanto a crear lazos de hermandad muy fuertes, que sobrepasan las relaciones formales entre las dos naciones.
Para el año 1971 en Ecuador se cumplía el último de los gobiernos de Velasco y probablemente el más déspota y autoritario, que con el fin de buscar nuevos ingresos fiscales, este dictadorzuelo había pretendido imponer un impuesto de dos sucres, al cruce de la frontera, intentando así asaltar los bolsillos de los humildes comerciantes y de todos quienes tenían, por muchas razones dirigirse de Tulcán a Ipiales o viceversa.

La reacción fue inmediata, no demoraron en rebelarse contra este abuso; cacharreras, cambistas de moneda y choferes fueron los primeros en levantarse, más tarde se irían sumando: comerciantes locales, vendedores, artesanos y más, con acciones de desobediencia civil, que no tuvieron eco en el gobierno, el cual insistió en imponer esta decisión arbitraria y desproporcionada.
Las protestas fueron tomando otros ribetes, pasando a enfrentamientos con la policía, que reprimió con dureza todas las manifestaciones de protesta, los tulcaneños no conseguían ningún resultado y la medida de todas maneras pretendía imponerse.
Las mujeres de mi Tulcán, tuvieron una presencia decisiva en la protesta, todos recuerdan con claridad a aquellas que les llamaban con sobrenombres tales como: las churamas, caravajalas, las flechas y tantas otras heroínas anónimas de esta revuelta, que desde los mercados, las plazas y calles presionaron puerta por puerta, para que el paro se cumpla irrestrictamente, obligaban a cerrar los negocios y a unirse a estas jornadas.
De los reclamos aislados se pasó a la respuesta organizada de esta gran mayoría, ocasionándose conflictos de mayor intensidad, que más tarde dieron lugar a un paro de la población, que decidió tomarse el pueblo y por las características de esa toma del pueblo a una verdadera guerra civil, es que la población se había armado, asaltando los depósitos de armas de la misma policía y de la autoridad portuaria.
El asalto de los pobladores al estanco, oficinas de Inspectoría del Estanco que funcionaba en el edificio de Autoridad Portuaria, fue una de las noticias más sensacionales; se recuperaron para el paro muchas carabinas y fusiles, que pasaron a manos de la población, los mismos que se organizaron para de inmediato apostarse en parejas, en cada esquina de la pequeña ciudad.
La toma civil de la ciudad fue contundente, dejaron por fuera a los pocos elementos con que contaba la policía local y los efectivos del ejército que por su ubicación en las afueras de la ciudad, también quedaron aislados hacia el interior de la misma, de modo que recuperar la ciudad se convirtió en un reto para el Estado a través de la policía primero y luego con el apoyo del ejército.

El paro de Tulcán significaba, el desabastecimiento de muchos productos de intercambio comercial entre los dos países, pero principalmente significó, que la población busque sobrevivir de alguna manera; la alternativa natural fue la más ejemplar solidaridad entre sus habitantes, pues sin comercio no había ingresos para nadie.
Resultaba singular la manera como se intercambiaba panes, hortalizas, víveres, golosinas, servicios, etc., para hacer posible la supervivencia ante el cerrado autobloqueo que vivía la pequeña ciudad.
Al principio la toma que si bien tenía el resguardo armado de la población civil, dio lugar a que las calles se convirtieran en el espacio de encuentro para juegos y concentraciones pacíficas; pero pronto cuando se agudizaron las condiciones del paro, primero un toque de queda y las primeras escaramuzas de la policía por intentar retomar la ciudad, más tarde la inclusión de militares que avanzaban y se retiraban, varios choques con más balas y sobresaltos, que de ninguna manera amilanó la resistencia valiente de Tulcán, los enfrentamientos fueron aumentando en intensidad y en víctimas, que se contaban con dolor tanto del lado de los policías y militares, como del lado de los civiles.
El paro tuvo el apoyo de la población toda, los descontentos poco tardaron en unirse al cierre de negocios y a la desobediencia civil total, el toque de queda de la población era obedecido disciplinadamente, no se encendían luces y en las calles no había más presencia que la de los civiles en armas, los cuales todo el tiempo, tuvieron el soporte de alimentos y aliento del resto de vecinos.

El envío de efectivos del ejército de refuerzo por aire se vio frustrado, más bien truncado por la población que concurrió a cubrir con sus propios cuerpos y todo cuanto pudo: carretas, animales, algún vehículo y materiales de toda índole, la pista del Campo de Aviación; le fue entonces imposible al gobierno, usar avión alguno para transportar más soldados a la brava ciudad carchense.
Las dificultades de resistir frente a una fuerza represiva que crecía, con la llegada de nuevos efectivos desde Ibarra, condenaba el levantamiento a solamente algunos días más; pero mientras tanto, cada escaramuza, cada nuevo disparo, era seguido por los más jóvenes con infinito interés, haciéndose imposible de evitar, esto de curiosear.
El fragor de cada batalla, era seguido con el alma en vilo por cada poblador tulcaneño, a veces consiguiendo algún sitio para mirar desde las terrazas y techos, o saliendo cuando era seguro a la calle a contar los impactos de balas en las puertas y paredes, buscar algún casquillo de bala y guardarlo atesorándolo como recuerdo de guerra; fue una actividad generalizada, que alimentaba entre los vecinos los temas a compartir y por supuesto la fantasía de aumentar y transformar imaginariamente los hechos, sobredimensionándolos y ajustándolos a cada mente, no importando de qué edad, explosionando en creatividad y locuacidad, pero sobre todo, significó que éstas acciones quedaran insertadas como referencia ejemplar, en su capacidad crítica, para forjar una conciencia social única que no permita fácilmente, la manipulación, la demagogia y la mentira.
Un día el cielo se cubrió de paracaidistas, pues por tierra no podía el ejército avanzar, sí, a ese punto estaban las cosas, no era la policía solamente la afectada, ya no podían controlar la situación, era también el ejército y llegaba por aire, en esas extrañas bolsas que flotaban… los paracaidistas.
Los primeros paracaidistas que se habían lanzado, habían aterrizado dispersos en los alrededores del estadio y antes que puedan reaccionar y se agrupen, fueron tomados prisioneros por la población, que con palos y escobas los habían sometido, amarrado y aprisionados en los patios de algunas casas del lugar; tremendo error, que permitió el intercambio de detenidos y triunfos parciales de el levantamiento poblacional que se consolidaba en unidad de acción y resistencia, que elevaba aún más su autoestima, su valor y coraje.
Pero, el gobierno pronto organizó otro intento por vía aérea y esta vez para buscar desembarcar una fuerza mucho más numerosa de paracaidistas, pero no sobre la ciudad, el objetivo era esta vez, los potreros cercanos al Campo de Aviación.

Entre las muchas familias que no estaban directamente relacionadas con el conflicto, había un interés galopante especialmente entre los niños y jóvenes, pues los disparos y el ambiente de guerra, con muertos, heridos, ambulancias, historias alrededor de ello, angustias y rabia alrededor de esas historias, dolor, sangre, mucho llanto y coraje creciendo, hicieron que todos se juntaran, hasta ser un solo puño, un grito ensordecedor de repudio al dictador abusivo; los pobladores jóvenes eran también sin haberse imaginado jamás, integrantes de este suceso increíble en que estaban incluidos aunque fuera pasivamente.
En una de esas familias, dos niños de: once y nueve años de edad, sin poder controlar los deseos de ir a curiosear muy cerca del Campo de Aviación, que era donde esos paracaidistas caerían, fueron también presa de esta ansía de fisgonear, había que estar ahí, para mirar cómo caen, cómo funcionan esas bolsas y cómo se veían los soldados, decían que eran comandos con cursos de tigres, de selva, de no se qué no más. Estos niños dejaron su casa sin avisar a nadie, seguramente les habrían prohibido ir a tan peligrosa aventura; consiguieron descuidar el cuidado de padres y hermanos mayores y con sólo segundos de por medio, habían alcanzado la esquina y ya caminaban solos y muy emocionados, avanzaron cerca de unos tres kilómetros hacia el Campo de Aviación.
Pronto se confundieron entre las decenas de curiosos y civiles armados que acudían a cortar el avance de los soldados, compartiendo en el camino toda clase de nuevas anécdotas:
De cómo le hirieron en la pierna a aquel policía viejito, el que era buena gente y que se lo llevó la ambulancia del ejército, había sido atrás de la Escuela Sucre; del chofer que fue herido en la esquina de la Junín y Sucre, al que le atravesó la mano una bala por pararse para disparar o del “tiro fijo” que había terminado con una bala en medio de la frente de un francotirador en la torre del campanario de la catedral, -ojo por ojo- pues este había matado de igual manera a un poblador insurrecto que había estado apostado en el Parque Central.
Espacialísima impresión les causó los detalles, de cómo los pobladores, aprisionaron a los primeros paracaidistas, que en cuanto aterrizaron en los alrededores del estadio Olímpico, fueron capturados por vecinos y vecinas del lugar, les habían despojado de todo su equipo y en ropa interior les mantuvieron maniatados hasta canjearlos con civiles. Y tantas y tantas anécdotas, como los singulares aportes a la resistencia, de la población de todas las edades, que desde sus casas se daban los modos para echar: agua hirviendo, orines, desperdicios para los puercos, agua sucia y toda clase de proyectiles extras al paso de estas “fuerzas invasoras” y una larga lista de etcéteras.
Franquearon en el camino: potreros abandonados, perros alarmados por la muchedumbre, que ladraban sin parar, nerviosos también y una y otra advertencia de viejitas que al paso les conminaban a regresar, que no sean curiosos, que iban a ser castigados por sus padres.
Agitados, emocionados, sólo mantenían en sus cabecitas, la fantasía de una aventura excitante, -como las que habían visto en las revistas- siendo protagonistas de una de esas fantásticas narraciones con imágenes en vivo y todos los accesorios de adrenalina purita quemándoles las venas, de nerviosismo galopante, de olor a miedo, del sonido de las angustias hasta en las pisadas, del ambiente guerrerista que dificultaba hasta respirar.
Es que ya eran varias las historias e imágenes percibidas que sus ojos saltones, jóvenes, inquietos, querían más y esta era una oportunidad única, no podría repetirse, entonces no les importaba ser, quizás los únicos pequeños testigos de este nuevo encuentro del pueblo tulcaneño, resistiendo la represión del Estado, combatiendo unidos para hacer prevalecer sus derechos; sin embargo pronto compartieron con otros, muchos otros más, niños, niñas, jóvenes y hasta ancianos, que desde sus veredas y portales, tampoco querían perderse estos espectaculares instantes.

No habían cumplido sus expectativas, de estar muy cerca, pues con el espectáculo de esos hombres cayendo en las fundas raras, la situación se volvía mucho más crítica, de lanzar piedras e insultos a los intrusos que habían empezado a aterrizar, ya se podían escuchar disparos aislados, más insultos, muchos más gritos de rechazo, pero sobre todo, pronto tuvieron que percatarse, de las voces de los civiles armados, que alertaban sobre el disparo de bombas lacrimógenas y diarreicas, -¡era por eso, que los paracaidistas estos!- traían puestas esas máscaras tan raras.
Sólo escuchar esta alarma, hizo que los dos intrépidos curiosos, desanden el camino a la velocidad que les permitía sus pequeñas piernas, parecía que el corazón se les salía por la boca, casi tropezaban con otros más, la distancia ahora se hizo muy pero muy larga, pensaban ahora en papá y mamá y el posible castigo que tendrían al regresar; pensaban ahora en la locura que fue venir, porque el regresar se veía muy difícil.
Los civiles armados aumentaban la quema de adrenalina, por los insultos y gritos que lanzaban a todos los curiosos, pues el estorbo que ocasionaban, aumentaba el peligro de víctimas inocentes, así como de complicarse para ellos también, las vías de escape…, los paracaidistas se acercaban a fuerza de fuego y gases a discreción.

Pero esa noticia de los nuevos enfrentamientos, las bombas y más heridos, las habían recibido no solamente los curiosos y vecinos al sector, se habían propagado como pólvora y ya todo el pueblo estaba alarmado al respecto; particularmente en la casa de nuestros dos osados curiosos, sus padres habían dado cuenta no solamente de su ausencia, sino que ya les habían alarmado los vecinos, de que ¡habían sido vistos camino al Campo de Aviación!
El desesperado papá había salido en su busca, acompañado de su hijo mayor, un joven convencido de su puesto de -hermano mayor-, es que en las familias de esa época, -los hermanos menores debían obedecer al mayor sin lugar a reclamos e incluso recibir cualquier reprimenda, si él lo creía necesario- era la oportunidad de participar en el castigo a esos "malcriados".

Los dos aventureros sortearon con mucha fortuna las cuadras y cuadras que les separaban de su casa y llegaron sudorosos y extenuados, su madre angustiada y llorosa, les recibió en una mezcla de alivio y mayor preocupación, pues ahora era su esposo y su primer hijo que estaban en peligro. Molesta les ordenó que entraran a la casa y no salieran para nada, que más tarde recibirían algún castigo.
Dentro de casa, sintiendo estar en lugar seguro, la inminencia de ser castigados les hundían en un temor mucho más cierto, quisieron esconderse, pero cómo hacerlo, los encontrarían y quizás sería peor, así que se juntaron a esperar que papá y hermano regresen pronto y terminar con esa angustia.
Regresó el padre primero, pero no tuvo tiempo de amedrentar a esos dos chiquillos curiosos, pues el joven hermano mayor se había separado de él, para mejorar la búsqueda y no había regresado todavía; el padre tuvo que regresar a las calles a buscarlo.
Fueron minutos muy, pero muy extensos e intensos, pues mientras transcurrían, los aventureros ahora presas del pánico por las consecuencias de su aventura, recibían a cada oportunidad, nuevas amenazas de castigo de la desesperada madre.
Finalmente volvieron: el esposo y padre agotado y el joven hermano mayor también cansado, muy cansado y asustado.
Pero en el transcurso de esta aventura también el padre y ese joven ayudante, vivieron esto de quemar adrenalina, de sentir con la preocupación de encontrar pronto a los aventureros, el miedo cierto de poder ser alcanzados por alguna bala y pasar a ser víctimas inocentes, de las que también se contaron varias; fueron también sin proponérselo, protagonistas de esa extraña aventura de curiosidad infantil de impredecibles consecuencias; compartieron angustias con otros padres buscando y con otros civiles armados informando, entre las escaramuzas del combate a los invasores.
La aventura había tenido sin embargo un final feliz, la familia estaba completa y bajo techo, seguros y unidos; para qué castigos, el susto había sido tan grande y no terminaba, pues afuera el sonido de las balas se hacía más continuo y había motivos más serios de que ocuparse.
Bastaba entonces con restringir los movimientos de estos traviesos aventureros y tenerlos bajo cerrada vigilancia, hasta que alguna nueva oportunidad les permita seguir confundiendo las historias, con la realidad, porque eso es la infancia y la vida, una mezcla informe de fantasías y crudezas, de encantos y golpes, que hay que saber balancear y esa tarea, normalmente nos toma el resto de la existencia...”

…Yo fui el niño de once años y me tomó muchos esfuerzos recuperar la confianza de mamá y papá, antes de volver a las calles a compartir con los amigos del barrio, todo ese tesoro de historias y emociones que nos hizo crecer a todos, creo que especialmente a valorar más la vida, a ser más solidarios y a tener un concepto diferente de lo justo, de los bienes, de la amistad…

Tulcán e Ipiales demostraron en estas jornadas también, que su hermandad es a toda prueba, quienes encabezaron la revuelta contra Velasco, que fueron varias mujeres y hombres del bravo Tulcán, se autoexiliaron en Ipiales, donde recibieron la solidaridad y respaldo de los vecinos colombianos, hasta que su regreso fue garantizado y seguro.

La ocurrencia de tan impopular y poco inteligente impuesto, le costo al dictócrata Velasco, todo el rechazo de ese bravo pueblo carchense y la condena nacional por la torpe desproporción en la represión, que ocasionó muertos de ambos lados de la población, la uniformada y la civil, con dolor inconmensurable, se registraron estos casos en una misma familia, muertos combatiendo y muertos inocentes en fuego cruzado, pérdidas que jamás serán olvidadas para condena de ese tristemente recordado Dictador.
Es que además este torpe gobernante, tuvo la osadía de pretender demostrar fuerza, ingresando con tanques de guerra a las pequeñas calles del poblado, flanqueado por el vuelo de los ensordecedores aviones Canberra, que sobrevolaron el gallardo y altivo pueblo Tulcaneño; los marinos no tuvieron por donde avanzar, vano derroche de fuerza en su retirada, porque la resistencia heroica de ese pueblo, obligó a Velasco a derogar el impuesto y no volver más a ese pueblo heroico que lo repudio y lo venció.
Semanas después en su misma ley, Velasco fue derrocado por la Dictadura Militar, comandada por el General Rodríguez.
Esta resistencia duró varios días, pero se ha fijado en la memoria de los Tulcaneños, el 26 de Mayo de 1971, como fecha de referencia, de la muestra más importante y elevada de organización y lucha popular, que registra su historia, referente de orgullo y dignidad, para nunca más permitir abuso alguno a ningún dictador, tenga el pelaje que tenga…

…Es que ésta es mi tierra, es mi paisaje,
somos tú y yo, los nuestros,
es la comunión de barro, fuego y soplo divino,
es el crisol del encanto, de nuevos vuelos,
centinela del coraje y la creatividad,
cuna de la verdad y los nuevos retos,
remanso apacible a donde llega
el bruñido lucero a descansar.”
(Tomado de “Mi Tierra” – M. Álvarez - 2005)
Poeta

Poemas de amor :  deseo tuyo,mente mia
deseo tuyo,mente mia
tu amor es mi deseo
tu piel es mi piel
tus manos de deseo
tu boca como enciende
el amor primigenio
el se
da se brinda
ven a mi y hazme feliz
como yo te busque a ti
Poeta

Poemas de desamor :  Mutilación
La sequía llegó al portal del encantado amor,
dispuesta su voluntad para mutilar corazones.
Cambió el fantástico celeste por el extinto gris,
y lapidó sueños de un mar que se solía dar.

Pueblo fantasma es ahora el sentimiento.
El alma se abate en la huida de unos brazos
que quisiera encontrar felices, enamorados.
Reserva natural de fortaleza y eterno aliento.

Camino obstruido el deseo de tiernas miradas
en las que el amor anhela perderse sin fin,
y besos en los que precisa fundirse con creces.
Pan de vida el romance y la ilusión compartida.

La sequia llegó al portal del encantado amor,
mutiló las emociones y los sentidos del corazón,
declaró muerto el mar y olvidada la esperanza.
Presagio de soledad en su preciosa lozanía.
Poeta

Frases y pensamientos :  NADA SE MODIFICA, CON NUESTRO DESEO
Si el deseo, fuera fuerza, arreglaba todo a mi manera, estaría bien, grito desesperado, que no sale, días y días pasando, todo igual, sin cambios.
Desesperando, pero conformada, nada más puedo hacer, mientras estoy contigo, todo bien, olvido mi vida sin horizonte, al separarnos, letárgica, desencanto, impotencia.
Una pasta de nada, desmoldado, sin forma,
Tu eres mi escultor, tenias que cogerla y moldearla, para coger forma, así va secando y se un día la puedas coger en tus manos, ya estará tan seca, que nada podrás hacer.
Inerte, mirarás para ella, quizá, brote de tus ojos, una lagrima, de dolor, quizá me moje y de nuevo reviva.
Es mucho tiempo, cansancio, destrozada, ni tengo coraje de pensar en mañana, nada, espero, soy pájaro sin alas, nunca volaré, ni con viento a mi favor, quedare en tierra, lo único que puedo hacer, es intentar que no me pisen, me lastimen, o quede sin vida, por un pisotón, de una bota de cazador de felicidad.
Hay muchos, por desgracia, no viven, ni dejan vivir, nada tienen con nadie, pero incomoda la alegría, la felicidad de los otros.
Segura de que soy, batalladora, todo tengo hecho, hasta quedar exhausta, recobrando fuerzas, como puedo, insisto, pero nada se modifica.
Pudiera, volver atrás, mi camino sería distinto, menos bondad, menos pensar en los otros, vivir menos para ellos, ser mas amiga mía, me tendría regalado todo lo que quería, hoy no escribiría así, haría poemas de amor, hablaría, del color de los ojos de mi amor de noches infinitamente dulces, de caricias, de tanta cosa!
Seria libre, no estaría amarrada con cuerdas a mi pasado, juntamente, con más personas, que no me dejan romperlas.
No merecía esto, no lo esperaba, tanta esperanza! Hace año y medio, pensaba que estaría en otro sitio, en otra casa, libre, de esta pesadilla en que vivo, que ya estaba todo resuelto, pero nada.
Si supieran lo que es vivir con gente falsa, que tienen cara de decir que no mienten, que no esconden lo que piensan, de desconfiar de cosas tan estúpidas, hacia mí, como se puede mentir con tanta desfachatez, cuando la verdad hasta un ciego la ve?
Lo que más me incomoda, es obligarme a ser el monedero, todo pago, todo de todo.
Que caras duras tienen! Como si fuera una gobernanta, tengo que administrar el dinero (mío) para sustentar, quien no me es nada, que vive en un hotel de cinco estrellas, que es mi casa!
Hasta cuando consigo aguantar? No sé. La explosión va a ser tremenda, hay límites para todo, estoy casi como un cántaro, en la fuente, al llenar echa por fuera.
Tanta ley, tanta, obligación, tanta política, para mí solo, tengo impuestos y cuentas. De la luz, del agua, del teléfono, de la basura, de los seguros, de salud, de incendios de robo, de coche, de la empleada un montón más de no sé cuánto.
Papeles, papeles, archivos, telefonemas, corriendo salgo para ir al banco, vuelvo, corriendo al súper, vuelvo, corriendo a tomar un café con mi compañero, pues no lo puede hacer en mi casa!
Que es esto? Qué pasa con mi familia? Mejor diciendo con mis hijos, los yernos y nueras, son apéndices, no son de mi sangre, que trabajen, que escudriñen, no los quiero sustentar, ni que las gallinas, tengan dientes!
Ponte fina, amiga mía, tu eres mi cuerpo, mi ser, tu obligación está completa, olvida que eres madre y abuela, antes que ellos te pongan enferma en una cama, sin saberes quien eres.
Carmiña, cuídate, soy tu consciencia, aun tienes mucho camino por delante, hazme caso, aun que rompas cabezas, cuida la tuya!
Oporto, 28 de junio de 2011
Carminha nieves
Poeta

Prosas poéticas :  Jardines con Espejos.
Jardines con Espejos.


Jardines con espejos. Fragilidad y belleza. Precipicios y fuentes. Marcos de oro labrado y barroco. Rococós marcos de carey verde. Inmensos espejos circulares. Fuentes espejos y espejos fuentes. Rosas y sorpresa. Jardines con espejos. Paseos bajo la umbría rematados con espejos, fuentes con caleidoscopías. Salamandras de azulejos, precipicios que terminan en cascadas, laberintos de agua, surtidores de fuego, pirámides de cristal irisado, balaustradas llenas de crisantemos, naranjas, amarillos, rosas, ánemonas rojas, bancales llenos de amapolas, rocallas exquisitas poseídas por las petunias, jardines con cactus, y espejos. Locura y crisoberilo. Agua y reflejo del agua, agua y reflejo del reflejo, transposición y espejismo, sombra y claroscuros, madreselvas frías, y madreselvas calientes, arroyuelos llenos de luz, mármoles y ámbares. Estanques llenos de shubukins. Acuarios bajos los magnolios. Tintineo de cascabeles y grillos, bajo acordes argénteos. La luna se asoma a la luna, el sol se abrasa de sol, centellas y agua perfumada, brillos aúreos, estatuas de oro macizo, lirios para plazoletas con fuego. Jardines con espejos. Fuentes venecianas. Buganvillas naranjas y rosas, crisantemos y campánulas, marcos de carey labrado, la sorpresa al final del laberinto, cintas fosforescentes, uvas que caen desde el techo, orquídeas negras y rosas. Dragones que echan agua por la boca, inmensos dragones de fuego y oro, con el escorzo retorcido, scherzo musical fantasmagórico, Nínives de perfume, Babilonias de rosas, Jerusalenes de lirios. Absoluta fragilidad y absoluta belleza, bailarines al borde del precipicio, equilibristas de circo, fuentes rojas y azules, fuentes verdes, fuentes de cristal y topacio. Lagos de malaquita fundida. Plenilunios bajo el mediodía. Rojos fluorescentes, naranjas aterradores, violetas maravillosos. Reflejos y deslumbramiento. Jardines con espejos. Botellas atrapando el sol. Fuentes en eterna cacería de la luna. Selene muerta, Helios herido, que huye bajo la sombra de las moreras, y pide agua donde mojarse los ojos, celestiales turquesas, índigos furiosos. Templetes donde las arpas se enfrentan, en un duelo de centellas lilas, y lilas al final de los estanques. Equilibrio imposible. Un Jardín que durara un minuto. Antes del ataque de los bárbaros. Orgasmos de luz. Clímax de sombras. Helechos y mirlos. Un Jardín que durara un minuto, y fuera recordado por un siglo.

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Francisco Antonio Ruiz Caballero. (lo malo es que los chavales se dedicarían a romper a pedradas, o a naranjazos, los espejos).
Poeta

Prosas poéticas :  Jardines con Fuego.
Jardines con Fuego.


El problema de integrar el Fuego como elemento decorativo en unos jardines radica en el poder explosivo de los depósitos de gas o gasolina. Si la lluvia apaga el surtidor de fuego el gas empieza a salir de forma indiscriminada desde las espitas que producen las llamaradas y se vuelve tóxico y explosivo. Habría que hacer espitas que permanecieran encendidas aunque cayera mucha lluvia, nieve, o granizo. Y se consumiría mucho petroleo, que es un material muy caro. Pero hacerse creo que es posible hacerse, se pueden hacer jardines con fuego. La mercromina, a su vez, se evapora y cristaliza, luego hay que reponer constantemente el material, igual que sucede con la tinta china. Y además el vidrio es frágil y mucha gente, por diversión, apedrea las estatuas y las rompe.

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Jardines con Fuego.


En el corazón del dragón. Rosas y fuego. Lirios y fuego. Nenúfares y fuego. Cascadas de mercromina. Cactaceas y fuego. Fuentes que vomitan chorreones de fuego, entre los estanques y los lirios. Círculos de agua perfumada. Albercas coronadas por dragones de oro que escupen fuego por sus ojos. Cascadas de mercromina roja, arroyuelos y acequias llenos de mercromina, como si fuera sangre. Estatuas de Venus desnudas, rocallas llenas de prímulas y petunias, antorchas, braseros protegidos de la lluvia, albercas ardiendo entre los magnolios. Hibiscos rojos y naranjas, y pebeteros olímpicos flameantes. En el corazón del dragón. Islas de lirios y azulejos dorados, promontorios de pensamientos violetas, amarillos, rosas, rocallas de amapolas y cardos, y, en el centro de las rocallas, fuentes de fuego. Eternamente ardiendo, fuentes de agua cristalina, eternamente manando, lagos rodeados de fuego, estatuas de mármol sumergidas en estanques de mercromina. Y el sol y la luna poniendo sobre las fuentes su lujuria. En el corazón del dragón, lirios, nenúfares, petunias. Llamaradas desde los ojos de las estatuas. Pavos reales de cristal verde. Pavos reales de cristal naranja. Inmensos pavos reales de vidrio. Gardenias entre serpientes de ira. Primero estaban las fuentes de bronce, negras, negras y macabras. En el primer círculo, manando la sangre sobre el abismo. Flores extrañas se abrían, azules corolas venenosas, flores de fuego, humo esperpéntico, setas llenas de gusanos. Abajo, el abismo. Arriba, el comienzo de los círculos. Y las fuentes de bronce vomitaban, y fuego y humo y sangre. Diapasones, danzantes violines, arpas, claves, golpes de cascabel. Y se alzaban los espejos, caleidoscopio de formas amarillas. Orquídeas rojas, rosas, naranjas. Pompas de jabón, negras, negras pompas de jabón, ponzoñosas. Tacto de goma, aceite, ungüento. Perfume. Y la escala ascendía. Segundo círculo, estatuas de mármol rosa. Formas bubosas y estrambóticas. Espanto, coágulo. Calaveras. Tacto de hueso. Golpes de terribles tambores, el gong, gong, gong, del instrumento rotundo. También brotaba el fuego. Jarrones de malaquita, azurita, rodocrositas. Surgían de las macabras fuentes la absenta. Caballos de dientes devorantes, negros dragones a su vez devorándolos. Escorzo de guerra, batalla, depredadores sobre los cuellos de las jacas. El Lanzallamas desde la boca de un horror. Se podía caer en el abismo. Arista afilada. Filo agudísimo. Onice y jaspe. Vetas en la carne del mármol, raíces, muchas raíces en los granitos. No perfume. Sí perfume. Sándalo y gasolina. Madreselva y loto, en los estanques nenúfares rojos. Se subía al tercer círculo. Ascensión, tremenda escala, filo de cuchillas, cortante, lija demoníaca. La Ambición no dejaba de irritar. Escorpiones de metal. Veneno en ánforas amarillas. Biombos y espejos, flores de cerezo. Los cerdos estaban allí, vomitando y saciándose. Tercer círculo. Estatuas de cristal. Cristal de color verde. Cristal de color azul. Cristal transparente. De las fuentes brotaba el agua. En los estanques nenúfares rosas. Las truchas rojas y naranjas. Moaré en las telas. Sedas iridiscentes. Arabescos, mariposas, yeserías. Nada. Fuentes de Tinta china negra. Fuentes de tinta china azul. Láminas de agua roja que cae sobre prismas turquesas colosales. Escorpiones de bronce gigantes que vomitan fuego, y helechos verdes exuberantes. Prados de cesped verdes con solitarios estanques de fuego. Fuentes con forma de escalera que no conducen sino al abismo, descoyuntadas terrazas colgantes, de las que cuelga la yedra, manantiales de fuego entre las aspidistras, estatuas de jabalíes deformes que vomitan tinta china azul, tinta china negra, tinta china roja. Estatuas de gallos con el cuello herido, fuentes de gallos desde las que brota la absenta o el fuego. Macizos de petunias. Gladiolos en el laberinto. Cactaceas y cardos entre tortugas de bronce. Elefantes gigantescos de oro. Paredes inclinadas y empalizadas torcidas, paseos para tomar la sombra a la luz de las bengalas. Antorchas bajo la lluvia. Dragones en el corazón del dragón.

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Francisco Antonio Ruiz Caballero.
Poeta

Poemas surrealistas :  Encima y debajo existimos
ENCIMA Y DEBAJO EXISTIMOS

Encima de las noches.
Ya no hay lunas de leche.
¡Solo hay alfileres desnudos!.
Crudas gotas de hierbas y corrosiva pólvora.
¡Angustiada muchedumbre y nebulosa selva!.

Encima de los pañuelos.
Ya no hay labios de fuego.
¡Solo hay ideas oxidadas!.
Carcomidos anhelos de vida y desfiles quemados.
¡Ángeles gimiendo, y desiertas manzanas!.

Debajo de las salidas.
Están las montañas de insectos.
Entre las puntas de pálidos rostros.
Como los baños de espinas.
¡Desgarradas ventanas de vidrios y puertas!.

Debajo de las entradas.
Están millares de huesos, con áridos mañanas.
Entre muelas de huecos, con ácidos recuerdos.
Como himnos lastimosos, llenos de ceniza.
¡Desgranados alientos de polvos y arenas!.

Existen sirenas sin zapatos,
donde los duendes se hunden mojados,
por los últimos sombreros,
enterrados y aceitosos.
Y los paisajes terribles, con trajes de tijeras.
¡Allá escombros, acá lechugas de cementerios!.

Existen corderos con zarpas.
¡Dónde los fantasmas bailan sin cáscaras!.
Últimos relojes durmiendo derretidos.
Y los siglos estrangulados perecen.
Allá esperanzas, acá mieles de lápida.


Autor: Joel Fortunato Reyes Përez
Poeta

Poemas surrealistas :  Reflejo de vida
REFLEJO DE VIDA

Esquivo un reflejo se vistió de luna.
Anoche ingenuo con voz de cristal.
Deshojado como milagro de rayo.
Salido de lago fulgor extraño.
¡Oro, cobalto, indeciso, inseguro!.

Pobre reflejo gemido de tarde y desnudo.
Se veía, en su pecho paja de nido.
Habitante de historia inclemente.
Cazador de sombras deformes.
¡Caimán, alacrán, alambre y enjambre!.

Vaya reflejo, corteza de sol y trueno.
El fruto fervoroso inmortal.
Arranca sin rabia sublime la luz.
Del lago resplandeciente, lirio de cirios.
¡Pétalos de penas y glorias!. ¡Anoche!.

Esquivo, por los mil caminos del cielo.
El reflejo fue puerta y ventana.
Eclipse de marfil mariposa.
Colonia de estrellas incansables.
¡Constructor desgajado del espejo!. ¡Anoche!.

Pobre reflejo, transmutado en bostezo.
Se veía, vuelo fugaz patriarca de mártir.
Horizonte corona de sueño suplicante.
Casi prodigio, estatua transparente.
¡Catarata encendida de estrellas!. ¡Anoche!.

Vaya noche.
Reflejo.
Fiel esencia.
De la luz.
¡Incansable de la vida!.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Poemas surrealistas :  ¿A quién y con cuántos?
¿A quién y con cuántos?

¿A quién con la espada purifica la noche?
Ahogando las flores desgranando capullos
En la voz moribunda de helechos
En la faz vinagre del bagre
Ogro gris, desalmado y metálico...

¿Con cuántos cuchillos se teje un anhelo?
Amanecer desgarrado de un hueso
Sembrando en cenizas jarabes amargos
Sembrando millones de ortigas sedientas
¡Hiel enlodada tumulto de instintos!...

¿A quién corresponde, dar ó quitar la vida?
Por dentro esqueleto
y por fuera ignorando su polvo.

Con la mezquina calvicie de gruta
Con la esquina insólita del necio
¡Elefante de escualos chorreando!...
¿ Con cuántos cerdos se alimenta una perla?
Anochecer desmembrando de un niño
Entre las cavernas de cada sandalia
Entre las cañadas de cada cadáver
¡Plaga de latidos podridos!

¿A quién en el fondo exterminas ignorando?
¿Con cuántos alientos se perdona una muerte?
¡Deformes se bordan los días por venir!
¡Deformes están las conciencias ahora!
Enlutando cada nueva esperanza

A
¿Quién?
Y
Con
¿Cuántos?


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta