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Si la gente mala y mal pensada, que solo vive para crear conflictos, que de la mentira hacen verdad, que acusan inocentes, se esconden en falsedad, para salir impunes, si tuvieran un aviso de Dios, para sí redimieren y cambiaren, todo sería mejor. Asisto a cosas del otro mundo! Como puede alguien intentar separar hermanos, matrimonios, felices que por maldad, los transforman en infierno, por culpa de una suegra? O una cuñada o otro familiar? Hablo de esto, por herida que estoy, cómo puede alguien, hacer la cabeza contra su hermana? Y si pensamos, que él es bueno, dulce y cariñoso, mayor es la revuelta. Hace muchos años, que sabía que no le gustaba, la oí decir muchas veces, que se había casado, pensando que era millonario, pero que tuvo que trabajar toda la vida, aun por encima era defectuoso, en verdad, el tiene un brazo que no estira, se cayó de una ventana en pequeñito y la ama no dijo nada, el hueso ha solidificado y nada en aquellos tiempos se podría hacer, si como pensaba tuviera dinero, era cosa sin importancia Vive del otro lado del mundo, viene una vez por otra, vino este mes y ni siquiera le he podido dar un abrazo, que tiene de mal perder cinco minutos para hablar con la hermana, quizá con su edad y la mía no debería dejar para otra ocasión, era un ratito, solamente un abrazo. No sé por qué quedaste sin tiempo Hace muchos años, me han empujado por detrás y me fui de cabeza por la escalera, la peluquera que asistió ha llamado la atención, pero como yo era una joven, no cogí maldad. Ni me enfadé, al revés, fui siempre amiga de todos, secretos guardados, para siempre, vacaciones en mi casa, en la playa, siempre é tratado lo mejor que supe. Porque ahora, se alejan de tal manera, qué ni mi hermano puedo saludar? Continúa con los mismos sentimientos, ahora, no lo deja estar conmigo, cosas, que no tienen sentido. Que mi memoria se acuerde, nunca hice nada, que molestara, nunca. Como decía mi querido primo, en la vida, tenemos siempre alguien que nos persigue, con maldad. Y es cierto. Mi casa, abierta estará siempre para él, dejaría de comer, para él, así será siempre. Nadie puede romper los lazos de sangre, ni mi amor por él. Triste estoy, muy triste, aun ahora que necesitaba tanto desahogar, de hablar de mis cosas, se marchó ya ve en avión a esta hora y estuvo en casa de un familiar a diez minutos de la mía. Momentos estos que me siento sitiada por todos los lados, con espinos de tristeza que me hacen pensar, que la vida es cruel, por culpa muchas veces, de animales irracionales con forma de gente! Tanta esperanza tenía en verlo! Se marchó y ni siquiera he oído su voz! Hermano, como? Hermano, que tienes contra mí? Hermano, no te olvidaré nunca, cuando seas abandonado, por enfermedad, o otra cosa cualquiera, mis brazos te esperan. Siempre estarás en mi corazon, siempre podrás contar conmigo. Oporto, 30 de Junio de 2011 Carminha Nieves
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Poeta
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Todavía me queda memoria, para sentir fresco y cercano, todo aquello que llenaba mis días, cuando asido al filo de tu falda, sólo esperaba por tu mirada y un pedacito de tu sonrisa, para saber cuánto me querías, para sentir tu protección.
Cómo revuela en mi memoria, la energía infinita de tu actividad, pasando de ser nuestra aurora y parte del milagro de cada día, al lucero constante, acogedor de nuestro primer sueño.
Conque ansias rebusco en mi memoria, las charlas de ensueños y de los inagotables planes, para entender en que momento hiciste posible, que aquellos pequeños se transformen en guerreros, por tu determinación para aceptar y vencer los retos, por tu fortaleza para tratar de entender la vida, aún cuando esta se iba a veces a jirones, por todo el tesón y el coraje para jamás aceptar renunciar, para nunca bajar la frente ni los brazos.
Como catarata se vuelca en mi memoria, tu esperanza y fe en la vida, tu convicción de reeditar tantas veces el ave fénix, para volver a la magia del vuelo y no renunciar a los sueños, para mantener rastrillada en el filo de los labios, aunque moribunda, una sonrisa, para que el alma se haga fuerte, para que los ojos no se opaquen pese a la humedad de las lágrimas que broten.
Cómo te encuentra siempre mi memoria, y es que tu abnegada presencia es gigantesca, en cada rincón de lo imaginable, en cada día y cada centímetro de vida, en la continuidad de tu creatividad, en la inconformidad y la negación de aceptar la inmovilidad, en la búsqueda constante de ser mejores, en el combate eterno por ser felices.
Y porque todavía me queda memoria, me duelen los recuerdos y el alma toda, cuando poco pueden hacer mis brazos y coraje, contra la dura secuela de las enfermedades y el derroche de tus energías en tus años mozos, pero porque aún me queda memoria, es que puedo y debo mantener presente tu testimonio de vida para volver a rastrillar la sonrisa terminal, para cada día crispar los brazos y la frente, para enfrentar cualquier reto futuro, para amasar cómo tú, preciosa artesana del dulce y la ternura, la tarea infinita de alcanzar un amanecer mejor.
Qué bueno que tenga memoria, para que se solacen mis hijos de tus enseñanzas, para esculpir en ellos nuevos guerreros, que tengan la generosidad tuya y derrochen amor, para que atesoren siempre la felicidad, aquella que brota en cada pequeño detalle y está presente en los días, en el espacio de los puros de espíritu, como tú mamá, … como tú mamá, …
Sabes? Aunque duela la memoria misma, siento el consuelo grato de tu sonrisa, la confortable sensación de tu cariño y compañía, tu abrigo y aliento permanente, en la distancia y hasta en los polos del afecto, siento sobre todo, la presencia de tu imagen conminándome a ser mejor, a ser bueno, a superar lo vivido, las charlas locuaces, para buscar aún más amplios horizontes, para volar y soñar sin límites.
Y es que la memoria es diáfana, por cómo marcas mi sendero … atalaya constante, mi fiel faro vigía, con el fulgor y limpieza de tus años íntegros, de tu estatura exacta, de la ternura sin fin, más, … la memoria es sobre todo sabia, para dosificar las películas y su intensidad para mantener constante, cálida y nívea tu presencia, para permitirme ahora decirte que así te siento, que así vivirás siempre en mí … mamá.
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Poeta
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Morenito Llegaste conmigo desde siempre, en el caminar apresurado por disfrutar de la solitud, en el sueño repetitivo de volar cual ave, en el obsesivo insomnio por alcanzar un amanecer diferente, con las figuras y sonidos de toda la vida y la determinación de multiplicarlos; pasajero de mis alas seguras, compañero del aire para buscar rasgarlo sin tener cometa, solo la locura inconmensurable de soñar aprisionar al menos una de sus imágenes.
Vienes conmigo como mi reto que crece en esta tarea interminable de buscarnos, de encontrarnos y distanciarnos, como sino ser dialécticos en la necesidad de cambiar y presionar, como sino ser movimiento y ser parte de la vida, de nuestra persistencia de no olvidar que podemos y debemos soñar, del continuar emulando al Quijote, contra otros monstruos, vientos y locuras.
Vamos amigo de mi alma rebuscando y agigantando alientos, creciendo aunque necesitemos refugio y consuelo, derrochando ternura aunque el desaliento ataque, incinerando sin compasión el corazón amando siempre, aunque a cambio tengas ingratitud e indiferencia, aunque afuera caigan en tormenta el pesimismo, el desconsuelo y otros demonios.
Vamos hijo mío arriba los brazos! en guardia, vigilantes, avistando y abriendo caminos, rompiendo el viento para ampliar el horizonte; vamos hijo mío prestas las manos! para el esfuerzo que da seguridad, para la caricia que ensueña, para moldear la esperanza y esculpir el tesón, para abrigar la necesidad de refugio, para ser refugio y ser invitación a volar.
Vamos mi morenito recoge tus metáforas y los ligeros pasos, todavía tenemos que conjugar colores para atrapar y perennizar otros amaneceres, para disparar ramalazos de luz buscando en cada alba, nuevas tentaciones, otros mundos, vamos a conquistar la vida cobijando y cubriéndote de amor.
Ve pequeño, encuentra tu compañera y lucha por aprisionar la felicidad entre cuatro manos lo lograrán, si en extensión multiplican ternura si juntan miradas y latidos para romper auroras, para edificar entre besos y sueños tu propio reto que se agigante más allá de tus perspectivas y tus fantasías, para comulgar en su mirada distante la bendición de la vida, como yo puedo conseguirlo navegando libre, feliz en tus cafés pupilas.
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tu amor se ronda en el dolor tu deseo fue un instante de amor y millas de dolor ya no vuelves ya no miras sos el puro dolor de un momento que ya fue no estas,no sentis tan caliente y tan fria en las ruinas del desamor
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El Asesino de la Armónica de Oro.
El Asesino de la Armónica de oro iba andando por la calle como si fuera un copón de incienso sostenido por un monaguillo, desprendía su aroma de lirios y fresas bajo un sol de oro y topacios. De la armónica surgían mariposas verdes y colibríes violetas y toda la calle era un inmenso acuario de peces naranjas. Iba en su música, con gusto a mazapanes de sidra y olor a alberca de cortijo, un toro negro como la noche, de ojos tan azules como un cielo iracundo, y cuernos tan blancos y peligrosos como la acrilamida. Y al lado del toro, feroz bestia que parecía de mentirijillas, iba un chavalillo torero de quince años, bello como el esfuerzo de una rosa en la nieve. Desaparecían para dejar mil mariposas verdes y diez mil colibríes violetas, y un olor a inciensos sublimes, recién quemados en un incensario de plata. La calle era un inmenso acuario de peces naranjas. La plazoleta se abría de par en par como una inmensa ventana, y por ella entraba la música como una gran antorcha en una cueva de diamantes. Era la plaza una gran ballena de oro, varada en la playa, penosamente agonizante, pero el esplendor del sonido la devolvía de nuevo al mar, y una gran medusa escarlata se quedaba en la orilla proclamando su venenosa malignidad bellísima. El sol brillaba en lo alto como la promesa de un beso, y en medio de la plaza, la fuente, manaba un agua tan pura como un crisantemo amarillo. Había en la fuente quince monedas de oro, brillando al sol, tan relucientes que daban de si mismos pinchazos dolorosos, y una bailarina en el Gran Moulin Rouge se torcía el tobillo en un esguince azulísimo, las monedas las acababa de arrojar un chiquillo de siete años, que no existía, y un anciano de noventa, con los cabellos de ceniza, que tampoco existía. La armónica de oro sonaba a perfume de lilas, y tres jorobados cruzaban su melodía aterrorizados por un cisne de fuego. Serpentinas rosas había en aquella armónica, y jades tan furiosos que mordían como los escorpiones, y sobre todo había tanta ázucar como en un turrón de guirlache. Los colibríes violetas se estremecían en sus notas libando de flores azules, tan azules como el mediodía en Florencia, e iban flotando junto a un cisne de fuego que ardía sin consumirse tan dorado y carmesí como una rosa. Cien mil espejos reflejaron la plaza, que era un inmenso acuario, lleno de peces naranjas, y todo brillaba como la pupila verde de una Hurí. Qué extraño caballo jerezano verde cruzaba violentamente un puente de turquesas, con las crines de fuego amarillas y los ojos rojos como los de los vampiros, y qué extraño tigre sin rayas daba zarpazos morados a una gacela rosa, de donde surgía la música?, de un fondo de oro y piedras preciosas, de ámbares con hormigas, tan naranjas y tan ambarinos, como un palacio bajo el mar. Y las rosas exhalaban hacia el cielo su alma de esclavas en Babilonia. Al verme el músico pasar calló su armónica porque yo no sabía torear y no me merecía la gloria de los gladiolos, y la calle y la plaza quedaron en silencio, como el cadáver de un anciano. Era tan bonita la música como un paseo entre los lirios, pero el dueño de la armónica, al verme, como yo no sabía torear, dejó de tocarla. Y solo recuerdo que era una música tan densa como la miel, tan perfumada, como una rosa, y tan hermosa como un cisne de fuego. En el silencio del mediodía la Tumba de los faraones tenía una momia tan fea como un asesinato. Y empezaron a sonar las campanas de San Gil, de una manera dulce y amarga, limpia y rencorosa, melosa y estridente, y en cada campana había un hipopótamo recién nacido y un cocodrilo rabioso. Yo solo quería ver un chavalito negro.
........................................................................................ Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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Desde el más allá
Cuando moría pensaba en la vida eterna. La ballena catorce años dormida. Hermana de los mismos zapatos. Anotando calles y teléfonos definitivos. ¡Con el rostro recién nacido!.
Ahora sucede qué nadie vive otra vida. Y en el mismo tiempo inmóvil reposa. La inquietud instantánea y el cauce cóncavo. Del temblor enmascarado anunciando luz. ¡Solo el otoño se pregunta quién es!.
Cuando vivía enconchado en la perla tierna. La paloma de granito espesa y rosa. Hermana de los distintos destinos. Anhelando castillos y flores perennes. ¡Con el aliento despierto danzando!.
Ahora sacudo los años de cada vida. Y en el blanco vano pésimo gris. La quietud permanente y el ritmo emplomado. Del atardecer vestido reclamando sombra. ¡Solo el verano se contesta no sé!.
Cuando Ahora.......... No vivo. Cuando Ahora.......... No sueño. Cuando Ahora.......... No existo. Solo Soy un simple nada Solo Soy un recuerdo.... ¡Sin memoria!. Un Instante........ ¡De mil eternidades!. Un Cuando.......... ¡Lleno de ahora y nunca!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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La vía láctea
Linterna de abajo, de cualquier principio Luciérnaga Sagrada Dulce Luz.
Muchas arcillas abajo desayunan su dios Efímeramente Ignorados Salados Mares.
Enormes avispas en bruto y entrañas Carboníferas Calaveras Teatrales Hoyos.
Melodía de vanidades arrugadas y delirio Cavernícola Descuerne Perdón No.
Hazañas del moribundo abismo y pozo Desencajados Cenicientos Pedazos Allí.
Luminosamente de arriba, de cualquier altura Linterneando Profanada Láctea Sal.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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El Asesino que vivía en una Mariposa.
En un fondo de luz azul vivía, en una estela dorada, en una nota de piano. Se sostenía en los arabescos de una pompa de jabón amarilla. Vivía en el ala de una mariposa. En una gota de ámbar se paseaba a la caída de la tarde armado con un cuchillo mellado, oxidado y pardo, que cortaba el aire siniestro y lascivo, voraz como una hidra de mil fauces. En ese cuchillo la luna se deslizaba destilando su gota de aguardiente venenoso, para el paladar exclusivo de los malvados, y la cicuta crecía como en el costado de un árbol caído, reseco y con talados muñones. En aquel cuchillo había un vuelo de colibríes negros, que libaban de hibiscos de fuego una miel caliente y amarga, nunca dulce, preparada por los sacerdotes de una iglesia satánica. Preparaban la miel en noches de luna nueva, de luna inexistente, la extraían de una mandrágora arrancada de la tierra, mandrágora regada por el semen de un ahorcado tuerto. El acto preparatorio era un carnaval de máscaras horrendas, emplumadas de avestruces y deformes, narices inmensas y ojos de buey castrado, y capas carmesíes. Danzaban los sacerdotes bajo el incienso quemado y prodigaban oraciones en etrusco y latín, y hacía presencia en la mascarada un chivo de pelaje negro, un macho cabrío, con la boca llena de colmillos. Se asesinaba a un niño recién nacido, ahogándolo en sangre de tigre. Esa miel la destilaban de los hibiscos de fuego los colibríes negros, colibríes que tatuaban, grabados, la daga del asesino. El asesino que vivía en las alas de una mariposa. ¿Qué pescuezo de cisne, toro, o gallo no cortó aquel cuchillo?, describió espantosas oraciones a Satanás con la veracidad del algebra de los números complejos. Polinomios sangrantes ejecutó con la perfección de los compositores de clavicordio, tiñó la nieve de margaritas rojas y se clavó en corazones calientes en los que había colibríes de oro, y robó de vasos de alabastro rosa hielo picado suficiente para todas las coctelerías del mundo. Magnífico cuchillo, mellado pero certero, roto pero afilado, como un diente o uña de tigre en celo. Lo llevaba el asesino en sus paseos orientales, cuando a la caída de la tarde, sobre una gota de ámbar puro, sobre un damasquinado de yeso verde, paseaba. Con él sajó los ojos del cardenal Santorno, emboscado en la alacena de palacio, cuando fue a probar los pastelitos de miel e higos. Le habían pedido los ojos del sacerdote como prueba del arzobispidio. Cuando extrajo los ojos aún vivía el sacerdote, su garganta, cortada como un clavel púrpura aún manaba sangre caliente, sangre que manchaba su uniforme de príncipe, con caléndulas rojas en un rojo vestido estremecido. Aquello lo contempló una libélula azul y verde, silenciosa como una calle de noche, que voló de una orquidea naranja a una margarita rosa. También lo presenció un coleóptero dorado, que se empeñaba en horadar un trozo de madera con sus grandes mandíbulas de hueso. Y un cuadro de Caravaggio, La Muerte de Verónica, también contempló el cardenicidio, y la extracción sanguinolenta de los ojos, que fueron guardados en un vaso de aceite perfumado. Cuatrocientas onzas de oro fuera el pago, lo avalara un judío de Toledo y un moro de Granada. El asesino vivía en el ala de una mariposa, y disfrutaba del oro y del ámbar, de la estela y el perfume de la algalia, de los dorados y el relumbre de las tardes verdes del verano, y de los otoños violetas. De las primaveras iracundas cargadas de vencejos. Vivía en una estela del mar de la China , en una playa remota rodeada de dragones de fuego, en cada dragón veinte panteras y en cada pantera veinte dragones, uña por uña y colmillo por colmillo. La mariposa iba de orquídea en orquídea y de jacinto en jacinto. Era un palacio de oro y crisoberilos, era un palacio de lilas húmedas, regadas con sangre de plata. Y de noche la sangre en el cuchillo era negra como la tinta china. El asesino era un vampiro con los ojos marrones, como de miel de eucalipto, bebía anís a las once y té a las siete y media, y guardaba cuatrocientas doblas de oro en un cofre de mármol, que cerraba con una llave de plata en la que había un cisne. Tenía un cuchillo árabe de filo roto, y una cruz de carey al cuello. Una cruz egipcia regalo de algún muerto, amuleto que le protegía de la justicia sagrada. Y vivía en una mariposa de alas de diamantes, envuelto en un aroma a rosas asesinadas.
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Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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EXISTE NOBLEMENTE
El silencio de la últimas esquinas. Oye hijo. El silencio de las frentes arrugadas. Mira hijo. El silencio de los negros ecos. Palpa hijo. El silencio de las cuerdas flojas. Teje hijo.
Donde se congregan las tijeras. Donde las bandejas son siniestras. Donde se disfrazan las espuelas. Donde las tintas son alambres.
Piensa en las alturas de la blanca. Nada. Siente la semilla de la verde. Tierra. Huele la ceniza de la negra. Noche. Alegre la flor de la violeta. Herida. Espera la rueda de la púrpura. Justicia.
El silencio piensa hijo. Oye, mira, palpa, teje. Donde nada existe hay algo. Donde los colores nada importan.
Hijo. Hijo. ¡Viven y mueren!. Los silencios.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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¡Declive Cruento!...¡Declive Cruento!.
En el interior de pana pena el pantalón. Por la camisa de lana leña el sol. En el exterior, sombra frágil. En el interior de lunas.
Duerme y aroma esmeraldas dulces. Los dolores jaspes serenos claveles. Con la espina por sandalia. Con la dura y cruda ágata en bruto. Realidad del existir granate.
El paño de años piedras. Sangre sacra y abanico. Cada hecho un artificio. Cada lecho un orificio. ¡Sagrado el corazón humedece!.
Por fuera reverdece solo el sol. En la negrura de claridad austera. Por dentro destrozada solo el alma. En la sequía de vulgares oropeles. Por fuera, por dentro, sufrimiento puro.
En el aire. Se bañan los lamentos-Devorados. Por los dientes y nombres-Helados. Con el ritmo exótico indefenso. Con el cantar de una paja. En el aire hondo de discursos. ¡Y las focas apagadas del océano!.
Esbeltas rocas. Esmaltan lapidarias. El entusiasmo.
Crece la fuerza y desconsuelo. Inoportunas Cariterias. ¡Martirio del criterio!. Sano. En las manos fúnebres de lenguas.
Declive agrio de vinagres. Summum, inmoral e innovación. Vendimia y bufonadas baratas. ¡Expansión declarativa de autopista!. Enrojecido el cielo. Ya se seca, enriqueciendo cementerios. Sirviéndose de infausto fraude. El declive es repulsión.
Cruento hueco de la historia. Bien lo sabe la consciencia. ¡Sí aún hay!. Por el remordimiento. Del consigo carcomido. Cara cosa de arcabuz y cuchillo. Alquimia de perico y discurso.
Es justo el odio que se tiene. Bien lo sabe. ¡Cada flor en cada tumba!. Y de la sequía ni una sola gota. Ni brizna de merecer es digno.
Gloriosamente. Fracasado declinar. ¡Escombro vivo!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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