Poemas sociales :  Burbuja sólida
Burbuja sólida

Sólo son dignos de sí.
¡Cuándo han cumplido los hechos!.
En

Mismo creados.
¡En un acto!
¡En una reacción!.

En
Cadena...
¡En cadena, que libera de cadenas!.
¡De los miedos!.
Especulaciones de los hilos
¡Y las arañas!. Más rápidas.
Del plumaje.
¡Vano de abusivos!.

Lenguajes de la nada.
¡Espada en mano!.
¡Raíz! Del dolor
Y de la ruina... El presagio.
¡Somos iguales los hombres!.
Nadie...
Vive
Bajo
El... ¡Miedo, el terror!.
Del
Dominio
De
Unos pocos.

¡Ver la vida!.
Sin ideas ajenas. ¡Qué otros!. Dicen, creo, defender.
¡Qué a otros, defienden!.
¡Qué, asesinan, las consciencias!.
¡Desde sus consciencias muertas!.
La
Realidad
¡En palabras!. Tuercen.

Muy
Al antojo... De sus egoístas.
¡Intereses!... ¡Oh, monedas!.
¿Quienes son?... ¡No lo ves!.
La injusticia.
La avaricia.
La tiranía.
¡Del grande!... Sobre el pequeño solo.
Sin, nosotros.
¡Del rico entre mil pobres!.
¡Del poder sobre mil debilidades!.

¿Hay que ser bastante ciego para no verlo?.

Desesperación.
Paralítico sueño.
¡Actúa justo!.

Afín. Contigo. ¡Mismo!.
Hacer y hacer.
Lo
Que
En
Justicia. ¡Corresponda!.
Y
Burbuja
¡Sólida... Serás!.
Sí, sí... ¡Burbuja sólida!.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Poemas surrealistas :  Tiempo hay aún...
Tiempo hay aún...

Aún.
Hay...Humedades parpadeando nubes.
Tiempo...Perdido en sangre reverdece.
No todo...¡Es tormenta siempre!.
Está...
Perdido...¡El poliedro, aún es hermano!.
De la esfera...¿Aterrorizado estás?.
¡Muerta y muerto en vida!.

El
Amor.....En ella, encadenada cruz.
Vacío es...En toda raza y color y fe.
Hipotenusa...¡Musa de Hypnos!.
Himnos...¡Agonizantes luces crepusculares!.

Ama
La paz...¡No está, entre, dos... Guerras!.
¡Hombre endiosado nato uno!.
Inverso e isomorfo... ¡Morfeo!.

Monomio dulce.
Ignorante adverso.
¡Reverso letal!.

Libertad en la consciencia late.
¡Inexistente siendo!.
¡En el infinito!.
Fondo de cada amor... Y en uno.
Solo... Átomo... ¡Tejiendo endestinado!.
¡La pasión que no arranca!.
¡Ningún, pero, ningún terror!.
Ni miedos... Vanos... Sueños... ¡De ningunos!.

Eres
En ti mismo... ¡El universo!.
Libre
De
Hacerlo
Ó... ¡Evitarlo!.

Aún hay tiempo...En una hoja seca.
¡El tiempo, pasa... No, no. Pesa!.
¡El... Tiempo... Sin color!.
Toda sangre humana es roja.
Rastros... Rostros.
De
Dolor
Y
¡De virtud!... ¡Aún aún, hay tiempo!.

El
Amor, dice bien... Cuando dice:
¡Nadie, pero nadie... A matar me obliga!.
El
Futuro
De
¡Mis hijos!.

El
Mal es mal... ¡Jamás crea el bien!.
Ni, por el bien... Ha sido creado.
No
Existe, el mal que sea bueno... ¡Con el malo!.
Falso es...
¡Que coexistan!... ¡En esencia incompatible!.

¡Concéntrico el tiempo!.
¿Cuál es su volumen?.
¿Hay loxodromia hemática?.
En
Los
Equilibrios.
¡Asimétricos!. ¡Oh, ahora asimétrico ignorado!.

He ahí,
él. Engendro. Verdadero. ¡Génesis del terror y miedo!.
¡Oh, hermano, oh, hermano!. En el rubí,
rubí, rubí... ¡Entre cadenas!.
También, también, hermano, hermano.

Claveles abre ya en los huertos nuevos.
El duelo sobre la ventura derrama.
Nacido del tierno amor... Pecho... Tuyo.
¡Cuando declina en el sol la lenta tarde!.

Aún hay tiempo.
¡Hermanos somos todos!.
En éste mundo...


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Poemas de amor :  Amor azabache
AMOR AZABACHE

De las estrellas un simple,
pastor soy... ¡Alado y complicado!.
Me he quedado.
¡Solo en el pecado!.
De los sueños. ¡Oro y azabache!.

Pretendiendo
Haberme encontrado.
En un espejo. ¡El corazón!.
¡Qué brilla en el fondo!.

De perlas carnales.
De diamantes entretelas.
¡Espejos de suspiros!.

Amor, sí. Amor que enciende.
¡Amor que enciende astros!.
Amor, que, tinieblas muere.
Vegetación.
¡Pedregosa y salada!.

Marinos cabellos.
Y de tu vientre. ¡Cada perla!.
¡Cada anhelo en cada muslo!.
De la noche aquélla. Eres
Eres
La
Estrella, donde anido.
¡Lluvias de blancos vinos!.
He quedado. ¡Ensueño de oro!.

En los pechos.
¡Qué te bebo!.
Gotas del tiempo.
¡Amor!.
Del tiempo, de la tierra, del agua. ¡Con el fuego!.

De ti. ¡De tu aliento!
Amor, amor. Amor Oro. Y... ¡Azabache!.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Poemas sensuales :  Barquitos fantasma
Barquitos fantasma

Duermevela enrojecida cueva
De remotos agujeros
Los filos sin punta untados
¡Yace el sapo!
De mundos chiquititos.
Dónde
Las
Flechas. ¡Carnes hielan!.

En
El
Blanco vilo de un cerillo
Cuevas qué cautivan con el vuelo
¡Qué pene el alma!
¡Qué pene, qué pene!
Fantasma... El barco
¡De pulmonía!

Cómo fantasma... ¡Apenado!
En las venas
¡Del mástil!
Y
Las
Caderas... ¡De un clavo!
¡Frenético, plateado, platanar!

Y las sierras, abejas del cachete
¡Perfume del clavel!
Saliente... De faena débil
¡Cuando... Pene, el fantasma?
¿Quién lo sabe?
Blando...
¡Se aleja por las noches...!
Bañado. ¡De martillos!.
Y jinete.

Duermevela.
¡Resplandor de coliseo!
Colérico, discípulo, endiablado..
Pretérito.
Pretexto. ¡Enrojecido!.
El
Fantasma
¡De barquitos...!


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Poemas surrealistas :  Silvestre éxtasis
Silvestre Éxtasis

Éxtasis silvestre de laterales fuegos.
Hembras claridades innumerables.
Comuniones azucenas multiplicando.
Arborescentes silencias humedades.
Las orquídeas conmovedoras siempre.

¡Luz perfume!.

Luciérnaga distante galería.
De mínimos estigmas fluviales.
La piel del incienso combustible.
Profunda resistencia nocturna.
En la enérgicas, telúricas.
¡Partículas, ondulantes haces!.

¡Colores palpables!.

Atrás quedaron las escarchas estrujadas.
Miles de langostas hospitalarias.
Alucinantes musicales fotografías.
¡Del aire las estatuas en sábanas!.
Las siempre conmovedoras ondean.

¡Filosos algodones!.

Bebiendo los diamantes silencios.
En las solitarias aguas dulces.
En las cuerdas respirando sales.
¡Pueblos de pupilas hormigueros!.
Emboscados camarones vuelan.
¡Con los éxtasis de las praderas!.

¡Fosforescentes aguas!.

Silvestres doscientos insectos.
¡Creíanse nobles serpientes!.
Soñábanse iluminados.
Innumerables humedades.
¡Cuando llovían entre noches!.

¡Silvestre éxtasis!.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta

Poemas :  María Soledad
María Soledad
Cuando tu llegaste
la alegría se juntó a la ternura,
nos fascinó tu llanto,
dulce manera de hacernos saber
que ya estabas con nosotros.

El horizonte a pesar de la noche
se agigantó e iluminó,
los dichosos ojos
estaban inundados de dicha represada,
plenos de luz y curiosidad.

Qué difícil resultaba
calmar al corazón,
que desbocado
impedía abrazar tanta felicidad;
razón y cerebro también,
absortos e impotentes espectadores,
tardaron tanto en procesar
la ráfaga de sueños y sensaciones,
que contigo,
cuanto se multiplicarían!

Qué hermoso será abrazarnos entre más,
cuan amenas serán nuestras charlas,
cuando con tus palabras
nos hagas partícipes de tus ocurrencias,
ensueños e inquietudes.

Qué decir de tus cariñosos besos,
Cuán dulces serán?
Cuán cálidos tus abrazos?
Y tus ojos, qué color tendrán
y qué tan profundo podré navegar en ellos?
Siento sí, que toda la paz,
la determinación y la fortaleza
del universo inundan mi espíritu,
que con tan sólo una sonrisa tuya,
con tus primeros sonidos
no habrán imposibles, ni agotamiento.

Hoy a un mismo instante,
has puesto en mi cuerpo
unas alas inmensas y un ancla fuerte,
para volar y soñar más,
pero con el corazón y cerebro
abrazando el hogar
y las imágenes de mis vidas,
mis compañeras, mi brújula
tu madre que amo
y tú mi bebé que adoro.

Hoy nos sentimos más,
hoy empezamos a ser más,
con la bendición de la maternidad
de mi compañera y mujer,
hoy y para todos nuestros días
tendremos la calidez
y la felicidad inconmensurable
de tu compañía.
Poeta

Poemas :  Apuntes desde la ausencia
Apuntes desde la ausencia

Casi danzando …. suaves
casi acariciando …. Callados,
frágiles copos de nieve,
poblaban poco a poco
todo el paisaje,
-cual estepa blanca-,
frío, encantador e imponente,
todo parecía huir,
hasta el más leve sonido,
-quizá quirófano-
manto azucena,
invitando a deambular
a perderse buscando una caricia,
o abstraerse añorando
tu figura delirante,
para pintarla luego a besos,
cálida, acogedora, apacible,
mas,... inútiles mis manos
arañaron un aire helado, vacío
buscándote ansiosas,
mientras los cansados ojos
se extraviaban en algún rincón
de aquel extenso desierto pálido,
tan inmenso como tu ausencia
y tan frío,
que el pensamiento mismo se congela
renegando por la falta de su musa,
queriendo sumirse sólo en eterno letargo
hasta que regrese a ti mi alma
y pare por fin,
este triste peregrinaje,
sólido, opaco...

New York - 1993
Poeta

Poemas :  Lejanía
Lejanía

Amasar el sustento no siempre resulta cercano,
hay que buscar el trigo donde esté,
cruzando muchas veces, trechos de camino
que se convierten en horas
a veces días y para muchos meses y años,
espacios inevitables que quiebran armonías,
destierran sueños y postergan caricias.

Y hay que hacerlo,
aun cuando el alma se revele
y el corazón resienta estar ausente,
es que no se puede renunciar a la calidez del hogar,
a tener alegría y claridad en la mirada,
a perder la cuenta de las sonrisas y los sueños.

Y hay que hacerlo,
aunque las distancias nunca sean justas
ni los instantes únicos, recuperables,
entonces hay que incluir esa sonrisa especial
para el equipaje y para blindar el espíritu,
muy pronto agobiado por la nostalgia y la ansiedad.

No puedo dejar de hacerlo,
aunque las noches pierdan el encanto
y los amaneceres se conviertan en tortura,
por la odiosa rutina de la cosecha demorada,
por la impotencia de abreviar el tiempo,
porque el sueño se tarda en vencer.

Y quiero hacerlo a pesar de todo,
porque al volver tu sonrisa será irremplazable
y seremos dueños del universo que creamos,
porque entonces los instantes
durarán lo que la dicha represada quiera,
porque la magia de tu carita sonriente eterniza.

Hasta tanto cierra los ojos conmigo,
engañemos al insomnio y al sueño que no llega,
para que lleguen los recuerdos hermosos,
para que el latir de mi corazón recuerde el tuyo
y recupere el ritmo, para inyectar coraje
y esperanza a la terrible lejanía.
Poeta

Prosas poéticas :  Apuntes para dibujar un borrador...
"Apuntes para dibujar un borrador"
“…No es que el paisaje sea triste,
es que la nube de frailejones calla
y observa impasible el vuelo señorial
del viento, del cóndor,
del cóndor como viento.
Es que el paisaje es profundo y amplio
profundo hacia la bóveda azul
donde el Chiles y el Cumbal
besan con sus picos albinos
su vientre inmenso e intenso;
amplio como el frío
que cala hasta los huesos
y mantiene despierta el alma.
Es que el paisaje es único,
es que el paisaje es nuestro,
y es que comulgando con sus faldas
nosotros somos el paisaje…”
Tomado de “Mi Tierra” (M. Álvarez – Antología Añil / 1995)

Soy Milton Henry, hijo de Jorge Isaac un zapatero soñador y Rosario Herminia una bella artesana del dulce y la ternura, me trajeron a la vida en Tulcán una pequeña ciudad que se extiende alrededor del Chiles, un cerro que se abrasa entre frío y viento con el Cumbal en la vecina Colombia.
Ambos nacieron en la capital, más buscando organizarse fuera de Quito llegaron a Tulcán, tras de mi abuela materna Carmen, una viejita bonachona, la gestora de trabajar el azúcar para hacer tantas y tantas golosinas, así llegaron a esa pequeña ciudad, fría pero muy activa por el comercio con Ipiales (Colombia) a sólo treinta minutos en taxi.
Mientras vivió la abuela, generosa como amorosa, no permitió que su hija trabajara haciendo dulces, sin embargo la partida de la abuelita que no dejo imagen en mi memoria, más las necesidades de una familia pobre, que apenas tenía el esfuerzo del buen artesano zapatero que fue mi padre, puso pronto a todos en movimiento, en la herencia de trabajo de la abuela Carmen.
Entre manualidades y mucho movimiento mis hermanos y yo aprendimos tan pronto pudimos, que teníamos que engranar en el especial equipo de los Álvarez Viteri, pues había tantas cosas que hacer que siempre existía una tarea para cada uno, pero también tiempo para charlar, reír o leer revistas.
Alquilábamos revistas en la tienda frontal de la casa y claro, los más asiduos lectores éramos nosotros, así llenamos en nuestra mente tantas y tantas historias, más fantásticas que reales y las reales fantásticamente contadas y dibujadas, creo que aquellos años de imágenes, aventuras sin fin, alimentaron nuestras dotes naturales de buenos dibujantes, el cultivo de la memoria, alguna amplitud en el vocabulario, pero por sobre todo un horizonte basto, místico a veces, idealista siempre, pero por nuestra realidad, con un corazón inconmensurable de determinación y esperanzas lleno.
Más tarde papá dejó la zapatería como actividad económica principal de ingresos, para con mamá hacerse cargo de la atención del bar del colegio en el que estudiaba Margoth Anabella mi hermana mayor, entonces las tareas se multiplicaron, había que preparar más cositas, comprar otras cruzando la frontera, etc. Aquellos viajes a Ipiales y/o Pasto los disputábamos todos, porque aunque había que ir a caminar mucho, cargar paquetes, etc., podías sin embargo también, deleitarte con el ajetreo del comercio, el especial espectáculo de la gente embebida en la tan especial ceremonia de comprar y/o vender, y por supuesto, disfrutar de las golosinas que mamá o papá compartían con el acompañante beneficiado.
Familia modesta que por el trabajo colectivo habría vivido sin dificultades, tuvo que encarar desgraciadamente las tristes secuelas de las enfermedades, por no acceder desde el vientre a una atención médica preventiva, (sin contar que los pocos médicos locales eran todólogos, pues debían convertirse en especialistas de todo mal, con más modestos que profesionales resultados), los esfuerzos por heredar una buena educación a sus hijos, puso pronto a Jorge y Herminia, a luchar cada instante contra los ataques de las enfermedades, ya que terribles infecciones tempranas, arrancaron a dos de sus nueve hijos: Edmundo el tercero a quien no conocí y Johnson Patricio el séptimo, mi bebé que parecía juguete, que se fue sin despedirse cuando yo iniciaba mis estudios en la escuela primaria; cuando mis primeras letras, debieron enseñarme a decir adiós, y mis primeros juegos debieron incluir lágrimas de despedida.
Los dos se fueron muy tiernos, que debían ser para Dios decían, no llegaron a saber mucho de este mundo, ni siquiera alcanzaron a caminar y caerse en el intento.
Nací el quinto de nueve hijos, hoy soy el segundo de los cinco que quedamos, el cuarto Tyron Elvis fue nuestro mártir, padeció cáncer en sus riñones entre los 8 y 14 años, los años de juego, de hacer picardías, de aprender cosas, de los pedidos inverosímiles a Papá Noel, se diluyeron antes que sus riñones.
Pudo sin embargo expresar su increíble sensibilidad, para demostrar muy temprano, que fue el más virtuoso en el dibujo y en el uso de las letras para decir lo que el alma grita; sus cartas de “noche buena” al niño Dios pidiendo como favor, como bendición lo que cada niño sano tenía, el aliento para jugar, correr, caminar sin dolor al menos, mirar los ojos de sus padres, libres de la represión de las lágrimas, brillosos aunque sea de esperanza, ver sus rostros descansadas, libres de la ansiedad, de las muecas de dolor contenido, de la ira contra natura. Sí, podían romper cualquier nudo de garganta para permitir el paso a raudales al llanto que hace descansar algo al espíritu, para ponerlo nuevamente en guardia a soportar la siguiente embestida.
Nuestros viejos no paraban nunca, luchaban sin descanso para no dejar que una vida más les sea arrebatada, cuando fue necesario llevaron a Tyron a la Capital al Hospital de Niños, que jamás fue una garantía de mejores posibilidades, la ciencia desarrollaba recién en esos años, los primeros pasos de implantaciones artificiales y mi país tenía algunas décadas de retraso respecto de esos primeros avances. Pero no se quedaron allí, buscaron en la fe también, experimentaron hasta con una Virgen de esas que se asoman de cuando en cuando, hasta un pueblo Colombiano de nombre Piendamó lo llevaron a limpiarlo en las aguas bendecidas por aquella, algunos galones extras también les vendieron para llevar a casa, para que la virgen milagrosa completara la sanación (los consabidos negocios forjados paralelos a las apariciones); todos nos embebimos en esa esperanza que emborracha a los necesitados, especialmente a los que no teníamos cómo optar por otras alternativas.
Cuando por fin -dios debe haber sido-, Tyron murió, lo hizo peleando una esperanza más, lo habían llevado a internar en el Hospital para niños de la Capital, papá había ido a buscar ayuda con Doña Corina la esposa del Presidente Velasco, para tratar de alcanzar alguna solución para los riñones de mi hermano que casi no existían; esa ayuda tampoco fue posible, no estuve allí, pero ahora sé que sólo tanto amor y esperanza de mis padres esperando un milagro, pudieron soportar tanto dolor y angustia. Tyron fallece asomando a sus catorce años huérfanos de adolescencia, cansados de luchar, lacerados por las limitaciones de la enfermedad, pero maduros a más no poder de esperanza, de persistencia de negarse a bajar los brazos, de no querer llorar, pues ya bastantes lágrimas habían en los ojos de mamá, se fue deseando volver corriendo como tantas otras veces y aunque hubiese regresado en brazos de papá, habría sido un triunfo más de su fortaleza infinita, una pincelada maestra que retoque su estatura sin igual de ser humano.
Cuando alguien muere sus recuerdos dicen, van en proporción con los años de vida, yo no lo creo, van en relación con la calidad de vida que se ha tenido, Tyron se nos fue dejándonos como herencia su tesón por la vida, su gran sensibilidad al dibujar y pintar, su poco niñez y su ninguna adolescencia debido a la madurez extrema de tanta ilusión por sanar, y sobre todo, nos dejó un hueco enorme como el hambre, en la casa toda y en el recuerdo que no se llenará ni saciará jamás.
Pero de los que se fueron, había un sol que también se nos iría, el cariño hecho hija y hermana, mi “hermadre” Margoth Anabella la primera, la que tenía besos y caricias para los pequeños que mamá no podía atender, porque estaba consolando el dolor y las angustias de Tyron, la que encontraba el estímulo exacto para todos, hasta para los viejos, la de la sonrisa dulce, aquel ser que su belleza espiritual le desbordaba también físicamente, nuestro ángel.
Nuestra Margothsita que tuvo la fortaleza, la inteligencia y todo el amor del mundo, para desprendernos del pedazo de falda de mamá que peleábamos los pequeños buscando su cariño, un pedacito de ternura, un instante de sus ojos amorosos, nos hizo sentir compensados, nos enseño que debíamos apoyar a nuestros padres y cada que podamos hacerles saber que les queremos mucho y que podían contar con nuestro apoyo, para la epopeya de buscar ganar la lucha por la vida de nuestro mártir.
La bella Margoth que se fue queriendo ser madre, que no resistió saber que su tercera maternidad había parido un hijo, que a las pocas horas no pudo continuar respirando y que la dejó aún más sola, en la distante Caracas, en donde no estaba y no pudo llegar raudo el consuelo de mamá, … sólo se fue, … no sé, si renegando con su corazón que se negó a seguir latiendo o pidiéndole que ya no lo haga más, porque su tercer intento de tener sus propios hijos se marchitaba, sin embargo su imagen angelical flotando llegó, hasta el rincón de nuestra tristeza, para consolarnos con el recuerdo de su dulce sonrisa y sus ojos grandes como su alma, acá en la casa, el hueco de hambre se hizo hueco de tristeza y rebeldía, de sentimientos inciertos, manos vacías, de frío en la espalda y ojos cansados.
La partida de cada uno de los ausentes, estableció huecos sí, pero la rebeldía de la impotencia para detener lo inevitable, pudo trocarse en determinación por avanzar, pues aún éramos muchos, que sobre todo nos necesitábamos tanto y por ello aprendimos a apoyarnos, a hacer del beso y el abraso el mecanismo más continuo de cercanía. Pudo especialmente convertirse en madurez, de sabernos capaces de superar tormentas, de entender que nuestro trabajo nos da la medida de enfrentarlas, y toda la ternura que podíamos recibir y generar el motor para nunca darnos por vencidos.
Aprendimos que no podemos perdernos los detalles de vida de cada uno de nosotros, que no necesitábamos consuelo, que era más importante la compañía, el compartir los alimentos y el saludo, el trabajo cotidiano y los sueños y hasta el chiste que nunca falto, porque había que encontrarse al menos sentido del humor en la desolación y la desesperanza.
En casa al igual que se preparaba la suela y los nuevos lindos zapatos, se amasaba el azúcar y envolvía los sugestivos dulces, más tarde toda la gama de artículos para los bares, etc.; la insistencia en los detalles y en el trabajo de grupo de todos, nos ayudó siempre a acentuar los cuidados entre todos, nos hizo entender que la felicidad es un instante y que por ello hay que darle intensidad a la entrega, a la expresividad, aprendimos por ejemplo con Raymundo el sexto, mi entrañable hermano Ray, que teníamos que alimentar la ilusión de Carmita y Harold los últimos, que debíamos reeditar el derroche de amor de Margoth y otra “Nochebuena” lloramos después de haber logrado algún regalo para los pequeños, sus sonrisas al otro día serían la mejor recompensa y nuestra Navidad, quizá el enfrentar situaciones de este tipo, determinaron que fuéramos convirtiéndonos en algo padres y no cuates de juegos, triste manera de forjar distancias y barreras generacionales, pese a la insignificante diferencia de edades.
En aquella “nochebuena” mis padres habían tenido que asistir en la Capital al primer embarazo fallido de Margoth, su muñequita no alcanzó la vida, murió prematura con la belleza corriendo por su pequeña estatura, mamá y la otra abuela tuvieron que envolver entre lagrimas y un atuendo blanco aquella tierna vida frustrada, como dos niñas grandes compartiendo la misma muñeca preferida, para con el murmullo de sus sollozos velar su sueño eterno hasta apagar la luz con los clavos que cerraban su lecho.
Jorge Isaac Jr. el segundo hijo, estudiaba lejos y tampoco estaba con nosotros, tuvo que aprender a imaginar cómo se va el agua entre las manos, aunque esta no corra refrescando. También él se nos quedó lejos, por aquellas absurdas distancias generacionales, cómo podíamos entenderlas entonces, para acercarnos y protegernos, para hacernos fuertes y sostener con mayor abrigo la fe en la vida, en la esperanza loca de tener un amanecer distinto.
Aprendimos…, siempre aprendimos, buscamos entender la lección de cada pasaje, pero era necesario que algún momento pongamos en blanco y negro estos pasajes de nuestro fortín, del remanso en media guerra, de la casa, de las ilusiones después del llanto, de cómo se afianza y crece la familia, a pesar de los detalles desgarradores en ocasiones de esa al fin y al cabo nuestra historia; algún momento había que hablar de lo vivido sin temor a llorar por hacerlo, rescatar la memoria de los ausentes, por sobre la cultura del dolor, por sobre el sacrilegio de no abandonar las lecciones de vida, que la calidad de los años vividos dejaba.
Para tranquilidad de mis padres los más pequeños fuimos buenos estudiantes, en mi caso había despuntado como un excelente alumno en mi escuela, pero injustamente compensado, mi escuela era la típica escuela de pueblo chico, en donde brillan o más bien se hace brillar a los hijos del maestro o al hijo de familia de recursos, “ tanto tienes tanto vales” es un maldición que se cumple inexorable; a pesar de no haber tenido punto de comparación, se me relegó injustamente repetidas veces, como que hasta en eso mi ambiente no encontró incentivos.
Recuerdo como los hechos más sobresalientes de mi vida escolar: que me seleccionaron como declamador innato desde el primer año; a mis 8 años tenía a toda la clase en mi rededor, escuchando historias increíbles, quizá una mezcla de las 30 a 50 historias que semanalmente devoraba, cuando las revistas nuevas llegaban a casa; ese año participé en un concurso de dibujo con otras escuelas con niños de hasta 12 años y quedé tercero, lloré mucho antes de llegar a casa con la noticia, ese año mi Tyron dejó de asistir a la escuela, lloraba porque sabía que si él estaba aún en clase, abríamos llevado dos premios a casa. Cuando terminaba la escuela primaria, uno de los profesores jóvenes, -que luego despuntó como uno de los poetas de mi ciudad-, al leer mis perspectivas de vida en una composición que hice en el concurso por la medalla de oro (que también me robaron), se acercó a felicitarme y a decirme que tenía una gran inventiva y que debía explotarla.
Quizá estos no gratos antecedentes determinaron que en el colegio busque otros atractivos a más de pasar los años sin dificultades, sin prestar mucha importancia a algún estímulo que recibí, entre ellos la de uno de mis profesores de literatura, que me resulta especial ahora, me dijo una ocasión que escribía con mucha madurez y que debía dedicarme a estudiar Literatura, después de calificar un ensayo de cuento que había presentado, pero fue un comentario que se le hace a un niño de 13 años y nada más, una felicitación más, vaga e intrascendente. Hice algo de teatro a finales de secundaria, y pude mantener mi fama de buen declamador hasta cambiarla después por la oratoria.
Para entonces mis padres administraban el bar de mi colegio, de modo que mis recreos los dedicaba a ayudar, mis amigos más cercanos no salieron del colegio, los tenía en el barrio; sólo cuando cursaba los últimos años de colegio y toda la influencia de la revolución cubana nos llegaba a través de los movimientos de izquierda, encontré respuestas difusas a mi rebeldía, a la angustia en todos los rostros de la miseria galopante, al olvido inmisericorde de pueblos como el mío, traté de ser un líder y pretendí tener respuestas, pero era más la confusión y las complejidades de las ortodoxias mal explicadas y aplicadas, que proyectos concretos para generar cambios, viví sin embargo la crisis de una de las masacres más terribles de esa década en mi país, la matanza de los obreros del azúcar en Aztra; luego el retorno “democrático” con todo su circo de curanderos sociales, inventores del progreso, de la justicia social, demagogos traficantes de la miseria popular, no tuvimos que esperar mucho para sufrir la desilusión de constatar las equivocaciones, la corrupción y los engaños de los nuevos títeres de turno; nos regocijamos y estallamos en solidaridad con el auge del sandinismo hasta la nueva decepción de su caída posterior.
Vinieron más tarde las ramificaciones de la familia, Jorge que se hizo Técnico de Aviación nos trajo a Yolanda, pronto llegaron los primeros sobrinos y nietos, Jorge Isaac Tercero y Patricia, cuando ella nacía, yo también abrí mi ramal con Ruth Silvana, mi compañera, jóvenes impulsivos pusimos nuestras frentes y puños al viento, con la coraza férrea de un amor del tamaño de nuestros sueños, dueños del futuro y las herramientas para forjar un núcleo diferente en nuestro hogar, echamos a andar, allí fuimos dando forma a las sinuosidades del camino, tratando de esperar los ramalazos de luz de mejores amaneceres, para que las bendiciones de las maternidades de mi muñeca-mujer encuentren al menos más amplio el horizonte para volar y soñar.
Poeta

Poemas :  Hay días..
Hay días

Hay días en los que al despertar te sueño, te pienso y deseo al máximo!! y hasta te imagino acá conmigo

Hay días en los que no te siento, pero me invade tu recuerdo, llegan a mi mente cada uno de esos bonitos recuerdos

Hay días que solo me lleno de ira por no tenerte y decido aprovecharla en crecer personalmente y ser mejor por si algún día vuelvo a tenerte

Hay días que solo te siento llena de ira y encerrada en ti misma y no sabes como desearía romper esas barreras y liberarte poder besarte y vuelvas a ser la de antes..

Hay días que daría todo por ver tus ojos apretar tus cachetes besarte y detener el mundo hacerte mía y que de mi no te alejes! Volver a ser la pareja envidiada y no la pareja extrañada...

Hay días en los que solo me conformaría con verla y darle un beso...

En fin hay Días q solo van pasando y no recuperamos solo nos vamos alejando y el amor se sigue agotando…

ARMANDO Romero @ramshady
Poeta