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Volví aquí, donde la medianoche ensaya como abrir, desperdigados, sus postigones de recibir el alba, con repentino rechinar de gallos, el giro inmemorial de sus bisagras.
Aquí, donde enjoyada mi visión, en un tiro que comba el firmamento, se pierde enajenándome sentidos que recobro al pitar del tren nochero y al lamento de los perros por su oído.
Aquí, donde la iglesia se hipnotiza y emancipa parroquianos el *boliche; aparcero mostrador confesionario con una Cruz del Sur casi fetiche y en las copas un fracaso sublevado.
Aquí, donde confronto aquel solar, naufragado y aferrado de su palma. A su aljibe introvertido como un viejo, el nunca más del portalito de tu casa y un aura triste de amorío deshecho.
El asunto es que por fin estoy aquí, donde la luna gentil es piedra blanca de una rayuela trazada con pretiles; con su cielo quimérico de chapa: candombeado, si llueve, con repique…
O por gatos en trifulca por su gata.
Boliche: Cantina, bar Candombeado: Ritmo de tambores; 'tamborileado'.
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Poeta
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Sobre la áurea urea que airea la ira airosa, que trina espinas en la esquina de la inquina, en el recodo del codo acomodando Cuasimodos, rehila un sueño el ornado mustélido impretérito. ¡ Cómo brisas del pan sin el costal y su mortaja ! ¡Sí! ¡ Como avutardas insaciables en el trigal ! Lamen ellos los ejes ancianos de la historia, que chirrian entre rodamientos ignotos halos del néctar putrefacto. Porque no por transnochar las copas de unas chanzas burdas lavamos lo luctuoso del pecado, ni la mirada del menesteroso que escondemos.
[img align=center width=540]http://pendientedemigracion.ucm.es/info/podotuna/borrachos.gif[/img]
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Poeta
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Dulce color, belleza blanca, ya está aquí, es la hora.
Sal bella doncella blanca, cubre este mundo con nieve, que esta oscuridad, se vea cubierta de frío.
Belleza total, muerte blanca, bello infierno helado, déjate ver.
Dulce frío mortal, está aquí, es la hora, de ver este mundo congelarse.
Erick R. R. Torres (Ángel Negro)
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Poeta
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He visto el tiempo pasar, la noche correr, no hay descanso, el destino se ha vuelto insoportable. Hay cosas que siempre pasan, a veces no las vemos, solo las pasamos por alto, es mejor detenerse, y disfrutarlas.
El tiempo corre sin descanso, solo eso y nada mas, el tiempo es a veces cruel, detenerlo no se puede.
La noche sigue, el tiempo avanza, tomar un descanso, para seguir con esta rutina.
Erick R. R. Torres (Ángel Negro)
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Poeta
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Invierno, noche fría se acerca, la luna surge, la blanca nieve llega.
Ángeles de la noche fría, Ya llegan, para hacer este mundo, paraíso letal.
Dulce invierno, belleza infernal, con manto blanco, nos cobijará.
Bella muestra de invierno, hermoso espectáculo, la ventisca llega, la oscuridad nos cuida.
Erick R. R. Torres (Ángel Negro)
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Poeta
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Me fascina el atardecer, ver el sol caer, la noche llega, la luna aparece.
El frío está por llegar, la gélida bienvenida nos recibe, las hojas del árbol se secan, el invierno nos espera.
Es de noche, el sol se fue, la luna nos guía, es hora de salir.
Almas vagabundas, que miran el cielo oscurecer, miran las estrellas brillar, miran la luna resplandecer.
Erick R. R. Torres (Ángel Negro)
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Poeta
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ENTIGRECERSE LAXO ( Experimental Neosurrealista)
Por esas lágrimas que lloran de alegría con suavidad no quiero ser indiferente como cuando la inquietud sostiene la miel de una salada abeja.
Después de tantos ensayos, con un nuevo fracaso diario, tan interesado, predispuesto y poco diestro, al comer el hambre confundida con el apetito, determinando al presente por accidente, mucho más de prisa que la primera vez, por ser particularmente engañoso todo lo que es fácil y sencillo, como cuando el agua tiene sed, y un tejido teje al sol la sombra. En tanto que los tranquilizantes aparecen inquietos, y los ojos preguntan a los frascos las dosis que se hunden en el insomnio.
¡De la ceremonia cereza del cero con la cerradura del certamen!. ¡Desfilando con desgana por el deshielo y el designio desigual!. ¡Por el eco del eclipse edificado ejerciendo empeñoso el encargo!. ¡Fabricante fértil ferviente del fingir fogoso al fondo frigorífico!.
Tal vez sea imposible porque no se tocan ni ven los perfumes de las estatuas desde el agua con dientes y los números endurecidos. Atigrados camaleónicos tortugismos.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Camino el museo, cabizbajo y callado, me acompaña el eco de silenciosos pretéritos
Culturas pasadas, cerámicas rotas, olvidados nombres de letras e idiomas,
El tiempo condena sin causa ni juicio, solo es necesario que rote la tierra
Costumbres y egos, nada ya queda, solo callados adornos en salas inmensas,
Culturas perdidas, naciones enteras, tan solo el rastro de ideas pequeñas.
El hombre olvida sin culpa ni pena. El hombre no entiende por que habita la tierra
Extraña especie que acumula materia, solo es una larva que roe la tierra
Catriel Cuestas Acosta creado 22/12/2013
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Poeta
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EL OMBLIGO DE LOS LIMBOS Autor : Antonin Artaud Francia 1896-1948 De ¨L´ombilic des limbes¨ Versión L. S.
El ombligo de los limbos
Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu. Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida. No amo en sí misma a la creación. Tampoco entiendo el espíritu en sí mismo. Cada una de mis obras, cada uno de los proyectos de mí mismo, cada uno de los brotes gélidos de mi vida interior expulsa sobre mí su baba. Estoy en una carta escrita para dar a entender el estrujamiento íntimo de mi ser, tanto como estoy en un ensayo exterior a mí mismo y que se me presenta como una indiferente incubación de mi espíritu. Sufro que el Espíritu no halle lugar en la vida y que la vida no se encuentre en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del Espíritu-traducción o del Espírítu-atemorizante-de-las-cosas para hacerlas ingresar en el Espíritu. Yo dejo este libro colgado de la vida, deseo que sea masticado por las cosas exteriores y en primer término por todos los estremecimientos acuciantes, todas las vacilaciones de mi yo por venir. Todas estas páginas se arrastran en el espíritu como témpanos. Perdón por mi total libertad. Me niego a hacer diferencias entre cada minuto de mí mismo. No acepto el espíritu planeado.
Es preciso acabar con el Espíritu como con la literatura. Quiero decir que el Espíritu y la vida se encuentran en todos los grados. Yo quisiera hacer un libro que altere a los hombres, que sea como una puerta abierta que los lleve a un lugar al que nadie hubiera consentido en ir, una puerta simplemente ligada con la realidad. Y esto no es el prefacio de un libro, como tampoco lo son los poemas que lo indican en la lista de todas las furias del malestar.
Esto no es más que un témpano atragantado. Una gran pasión razonadora y superpoblada arrastraba a mi yo como un puro abismo. Resoplaba un viento carnal y sonoro, y el azufre también era denso. Y pequeñas raíces diminutas llenaban ese viento como un enjambre de venas y su entrelazamiento fulguraba. El espacio sin forma penetrable era calculable y crujiente. Y el centro era un mosaico de trozos como una especie de rígido martillo cósmico, de una pesadez deformada y que sin parar cae como un muro en el espacio con un estruendo destilado. Y la cubierta algodonosa del estruendo tenia la opción obtusa y una viva mirada que lo penetraba. Sí, el espacio entregaba su puro algodón mental donde ningún pensamiento era todavía claro ni devolvía su descarga de objetos. Pero paulatinamente la masa dio vueltas como una náusea potente y fangosa, una especie de fuerte flujo de sangre vegetal y detonante. Y las ínfimas raíces trémulas en el filo de mi ojo mental se arrancaban de la masa erizada del viento a una velocidad vertiginosa. Y todo el espacio como un sexo saqueado por el vacío ardiente del cielo, se estremeció. Y algo como un pico de paloma real socavó la masa turbada de los estados, todo el pensamiento más hondo se diversificaba, se disipaba, se volvía claro y reducido. Entonces era preciso que una mano se transformara en el órgano mismo de la aprehensión. Y aún dos o tres veces giró la masa artificial y cada vez, mi ojo se enfocaba sobre un sitio más exacto. La oscuridad misma se hacía más densa y sin objeto. Todo el hielo ganaba la claridad.
Dios-el-perro contigo y su lengua que atraviesa la costra como una saeta del doble morrión abovedado de la tierra que le causa ardor.
Y aquí está el triángulo de agua que se aproxima con paso de chinche pero que bajo la chinche ardiente se transforma en cuchillada.
Bajo los senos de la espantosa tierra dios-la-perra se ha marchado, de los senos de la tierra y de agua congelada que pudren los agujeros de su lengua.
Y aquí está la virgen-del-martillo para masticar las cuevas de la tierra donde la calavera del perro del cielo siente crecer el horroroso nivel.
Doctor,
Hay un asunto sobre el cual hubiera querido insistir: es el de la relevancia de la cosa sobre la cual operan sus inyecciones; esta especie de languidecimiento esencial de mi ser, esta disminución de mi estiaje mental, que no quiere decir, como podría creerse, un rebajamiento cualquiera de mi moralidad (de mi alma moral) o ni siquiera de mi inteligencia, sino más bien de mi intelectualidad servible, de mis recursos razonantes, y que se relaciona más con el sentimiento que tengo yo mismo de mí mismo yo, que con lo que pongo de manifiesto a los demás de él. Esta vitrificación sorda y polimorfa del pensamiento que en cierto momento elige su forma. Hay una vitrificación inmediata y llana del yo en el centro de todas las posibles formas, de todos los modos posibles del pensamiento. Y, señor Doctor, ahora que usted está bien enterado de lo que puede ser alcanzado en mí (y curado por las drogas), de la zona de conflicto de mi vida, espero que sabrá suministrarme la cantidad suficiente de líquidos sutiles, de reactores especiosos, de morfina mental, capaces de sobreponer mi abatimiento, de enderezar lo que cae, de juntar lo que está separado, de reparar lo que está destruido.
Le saluda mi pensamiento
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Poeta
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