Yo te pienso y te quiero, sin ni siquiera tenerte Te escribo todas las noches, sin que tú me leas Espero no te molestes, porque en mis sueños estas Vives en mis recuerdos, cada instante pienso en ti.
Yo creo en ti y pienso en ti, como el cielo piensa en las estrellas A Dios le pido, que me deje abrazarte por primera vez Poder ver en tus ojos, tu alma y poder probar tus dulces labios Y si me enamoro, que sea de ti.
Tú, aunque no lo sepas, para mi tu eres la persona más encantadora Le diré al mundo, que estoy enamorado, de los ojos más hermosos Con el corazón en la mano, quisiera decirte que tú me gustas Espero no te enojes y espero no me odies, por estos versos.
Se que no tengo el derecho de quererte Y tampoco puedo exigirte nada, solo espero que comprendas todo esto Encada momento que pasa, solo pienso en ti Solo se que yo por ti me muero a cada instante, Nadia.
El barco partió del puerto, presto hacia un nuevo destino, camarotes de proyectos, llenos de sueños distintos, el mar abraza la quilla, que conserva el equilibrio, y va rompiendo las olas, afilada cual cuchillo.
Fija el rumbo el timonel, se aferra al timón tranquilo, manos recias como garfios, mirada hacia el infinito. La mente envuelta en las luces, que van marcando su sino, y el cuerpo firme y enjuto, como un solo cuerpo unidos.
Destino incierto y distinto, vario, oculto, clandestino, agazapado en la sombra, presto a mostrarse, instintivo. Frente de arrugas tupida, fiel reflejo del camino, perlada de las andanzas, cada gesto, cada rictus.
Marca el rumbo el almirante, al pairo del mar bravío, y se desliza el velero, por las olas impelido. Singladura de los sueños, escalonando caminos, sobre la furiosa lámina, de la mar de sus destinos.
Consejos que se susurran, alertas de los instintos, y sentidos que se alteran, pieles tensas que se erizan, atento y fino el oído. Alarmas en las pupilas, en las miradas que brillan, en los labios que se aprietan.
Surca en el inmenso liquido, la nave de los destinos, y va rompiendo la carne, de la mar que le incrimina, las velas al viento gritan, en la tela de sus sinos, mástiles que al tiempo retan, batel al albur, perdido.
La mar aplacó su irá, templó sus ganas el líquido, y se deslizó sin pausa, sereno por su camino.
Cicatrices en las carnes, de las heridas pasadas, heridas que irán llegando, cicatrizando mañana, surcos en la piel caliente, de cada ilusión truncada, flecos en el corazón, de las cosechas sembradas.
Poco a poco o velozmente, como un suspiro, una brisa, un instante o una prisa, una fracción que se acaba, un momento que termina, la levedad de la risa, la instantaneidad del habla, la transcendencia precisa.
Reguero de sueños vacuos, como lágrimas sin brillo, posesos de los escándalos, de alocados estribillos, dormida en sueños la calma, vacía de amor la soñada, y duermevelas de ensueño, para aliviar a quien ama.
Heridas en las costuras, de noches atormentadas, pavor en las pesadillas, que retuerce las entrañas. Amor que asoma y se esconde, porque se apaga la brasa, enfebrecidas la voces, que ante la tormenta callan.
Cicatrices en las manos, de aferrarse a lo que agrada, diluyéndose en la piel, las caricias ya pasadas, guarda memoria la piel, de las heridas causadas. Amor de pálido a etéreo, apasionado e infiel.
Un paraíso que se fue, una aventura que pasa, aquella mirada fiel, de aquella clara mañana, aquel hermoso vergel, ahíto de frescas viandas, y amor que viene y que va, escrito sobre la nada.
Heridas que no cerraron, impresas con un troquel, que cada mañana sangran, un abismo sin tapar, profundo, negro y sin alma, ese vacío que abduce, que a su oscuridad te arrastra, no cicatrizan las llagas.
Amor de plausibles notas, de mágicas filigranas, en sus bordes de algodón, amores que nunca sangran, temores que se disipan, como niebla en la mañana, amor que llega y se queda, cuando encuentra libre el alma.
Sorprende la mirada, de miedo, que subyuga, en unos ojos tiernos, que no saben que pasa. Numen que desata, indignados sentidos, un torrente de lágrimas, un sentimiento íntimo.
Un poder que arrebata, lo más noble de lo ínfimo, un brillo que relata, un suspiro de alivio. Palpitantes las alas, del brutal sacrificio, la dignidad robada, un mazazo asesino.
La atmósfera pesada, del sudor que la empapa, la ira de lo injusto, que el corazón aplasta. Se dilatan los poros, de las pieles que hablan, y se mastica el aire, espeso, que ahoga el alma.
Unos ojos bañados, de lluvia de las lágrimas, gotas de sentimiento, de la agria amenaza. El terror se ha adueñado, de las pupilas que hablan, con el silencio humano, del miedo que atenaza.
Prisionero del tiempo, el amor se desplaza, entre los sentimientos, presos en la mirada. Un inaudible ráfaga, de un amor sempiterno, una corriente mítica, de sutil esperanza.
El sendero es estrecho, no cabe una mirada, el amor, como el agua, a las carnes se adapta, y en el horror sin nombre, la vida se levanta.
Fotografía que no miente ¡la felicidad se siente! que dichoso, que buen mozo, su nombre: Germán Gayoso.
Época del siglo veinte su fortuna es ascendente, año del cuarenta y dos en su camino está Dios.
Premiándolo con amor en sepia, sobrio color, vivencia de la armonía estampa de antología.
Invitado va a una fiesta su alegría es manifiesta, parece que está bailando un minué acompasando.
Anda de muy buen talante bien boleado y elegante, pavimento en que se posa digna pose candorosa.
Juventud que sale avante la bonanza por delante, los edificios testigos, zaguán, ventanas, postigos.
A flor de labio sonrisa esa suerte tiene prisa, el poste, la cruz su vigía, ¡la prosperidad . . . lo guía!
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Cantina “La Reforma” (hoy, “La Covachita de la Reforma”), Col. Narvarte. México, D. F., a 07 de diciembre del 2012 Dedicado al Sr. José Antonio Gayoso Sáenz (QEPD) Reg. SEP Indautor No. 03-2013-051712171201-14
Sinuoso camino, que al final lleva, cargado va el viajero, de vida y de promesas, al término se duerme, escaso ya de fuerzas, y se asombran las sombras, de tamaña proeza.
Corazón palpitante, que a golpes se recrea, señor de los latidos, que la sangre bombea, errático y nostálgico, vacilante y sentido, con la carne bailante, que da vida y respiro.
Sortilegio de gestos, prematuros y etéreos, enarbolando enseñas, que atraviesan el verbo, amor de los destinos, con los brazos abiertos, soñadores de ensueños, adornando los sueños.
Tenebroso pasillo, que conduce a la nada, amante entretenido, que en los rincones habla, voz que emite susurros, como furtiva llama, arrogante en las formas, tímido en las palabras.
Arduo y tenaz sendero, que conduce al destino, donde la noche es reina, de lo noble y sencillo, armoniosas presencias, de cálidos delirios, y las gotas que ruedan, en las mejillas tímidas.
Retrato de la noches, de soñada existencia, cabalgando entre sombras, se ha asomado la ausencia, precursora de miedos, de probada experiencia, y unos ojos veloces, de mirada serena.
Movimientos telúricos, que palpitan y piensan, en las mentes pensantes, de febril apariencia, amor entre los ojos, vacilante navega, en las miradas cómplices, de cómplices que medran.
Amor entre las hojas, que la vida deshoja, y escribe en su diario, cada matiz que brota. Amor entre las notas, de una vida sinfónica.