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SÚPLICA (José Antônio Gama de Souza-Balzac)
Los hombres no hacen la guerra La muerte que lleva lejos de ti La sangre se derrama sobre el terreno La vida de todos nosotros!
Leopoldina, MG, Brasil.
(Originale) SÚPLICA (José Antônio Gama de Souza-Balzac)
Homens não façais a guerra A morte que tira de vós O sangue que derrama na terra A vida de todos nós!
Leopoldina, MG.
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Poeta
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SIEMPRE (Jose Antonio Gama de Souza-Balzac)
Siempre habrá un alguien que yo pueda alegrar. Siempre habrá la alegría que yo quiera cantar.
Siempre habrá una pasión que yo pueda vivir. Siempre habrá la vida que yo quiera saber.
Siempre habrá un amigo que yo pueda abrazar. Siempre habrá el abrazo que yo quiera esperar.
Siempre habrá una nostalgia que yo pueda sentir. Siempre habrá el sentimiento que yo quiera traducir.
Siempre habrá un niño que yo pueda acariciar. Siempre habrá la caricia que yo quiera ganar.
Siempre habrá una flor que me pueda enternecer. Siempre habrá la ternura que yo quiera tener.
Siempre habrá una ilusión que yo pueda soñar. Siempre habrá el sueño que yo quiera realizar.
Siempre habrá una tristeza que yo pueda redimir. Siempre habrá la remisión que yo quiera permitir.
Siempre habrá un necesitado que yo pueda ayudar. Siempre habrá la ayuda que yo quiera donar.
Siempre habrá una belleza que yo pueda ver. Siempre habrá la visión que yo quiera merecer.
Siempre habrá una suerte que yo pueda jugar. Siempre habrá el juego que yo quiera mostrar.
Siempre habrá un dolor que me pueda afligir. Siempre habrá la aflicción que yo quiera exprimir.
Siempre habrá una duda que me pueda atormentar. Siempre habrá el tormento que yo quiera cultivar.
Siempre habrá un miedo que yo pueda combatir. Siempre habrá el combate que yo quiera vencer.
Siempre habrá un rostro que yo pueda besar. Siempre habrá el beso que yo quiera dar.
Siempre habrá una verdad que me pueda herir. Siempre habrá la herida que yo quiera omitir.
Siempre habrá una mujer que yo pueda amar. Siempre habrá el amor que yo quiera ofertar.
Leopoldina, MG.
Traduzido para o castelhano por Marcelino Cruz Mar del Plata - Argentina. Marce./Puente al Corazón/Marce.
(Originale) SEMPRE (José Antônio Gama de Souza-Balzac)
Sempre haverá um alguém que eu possa alegrar Sempre haverá a alegria que eu queira cantar
Sempre haverá uma paixão que eu possa viver Sempre haverá a vida que eu queira saber
Sempre haverá um amigo que eu possa abraçar Sempre haverá o abraço que eu queira esperar
Sempre haverá uma saudade que eu possa sentir Sempre haverá o sentimento que eu queira traduzir
Sempre haverá uma criança que eu possa acariciar Sempre haverá a carícia que eu queira ganhar
Sempre haverá uma flor que me possa enternecer Sempre haverá a ternura que eu queira ter
Sempre haverá uma ilusão que eu possa sonhar Sempre haverá o sonho que eu queira realizar
Sempre haverá uma tristeza que eu possa remir Sempre haverá a remissão que eu queira permitir
Sempre haverá um carente que eu possa ajudar Sempre haverá a ajuda que eu queira doar
Sempre haverá uma beleza que eu possa ver Sempre haverá a visão que eu queira merecer
Sempre haverá uma sorte que eu possa jogar Sempre haverá o jogo que eu queira mostrar
Sempre haverá uma dor que me possa afligir Sempre haverá a aflição que eu queira exprimir
Sempre haverá uma dúvida que me possa atormentar Sempre haverá o tormento que eu queira cultivar
Sempre haverá um medo que eu possa combater Sempre haverá o combate que eu queira vencer
Sempre haverá uma face que eu possa beijar Sempre haverá o beijo que eu queira dar
Sempre haverá uma verdade que me possa ferir Sempre haverá a ferida que eu queira omitir
Sempre haverá uma mulher que eu possa amar Sempre haverá o amor que eu queira ofertar
Leopoldina, MG.
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Poeta
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ODE À AMIZADE (José Antônio Gama de Souza-Balzac)
Sou de um amor diferente Dócil escravo, fácil presa Um sentimento consciente De muito valor e nobreza
Não permite preconceitos Não envolve distinções Mulheres e homens aceitos Defeitos, virtudes, razões
Há, do ancião à criança Neste modo de amar, profundo Muita lição e esperança De melhorar nosso mundo
Tem este amor a decência De acatar, com harmonia O prazer da convivência No pesar e na alegria
Como exprimir tal valor Não ser, nos versos, prolixo Sintetizar tanto amor Como Deus no crucifixo?
Ser lacônico, entretanto Sem desprezar a beleza Sem ferir tanto encanto Sem perder tal riqueza?
Este poder, já vos digo Que tem tal dignidade É a bênção do amigo O amor da amizade!
Leopoldina, MG, 29 de maio de 2001.
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Poeta
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sin tu amor,que no llego a puerto el deseo se escapo por la ventana y quedamos separados por el desamor fuiste todo.yo di mas sin embargo no hay olas en este mar de silencio que fue placer de mentes y deseos de touch sensorial espero por vos pero ya no te creo porque heriste mi piel
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Poeta
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Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas, y las largas viudas que sufren el delirante insomnio, y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas, y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas, como un collar de palpitantes ostras sexuales rodean mi residencia solitaria, como enemigos establecidos contra mi alma, como conspiradores en traje de dormitorio que cambiaran largos besos espesos por consigna.
El radiante verano conduce a los enamorados en uniformes regimientos melancólicos, hechos de gordas y flacas y alegres y tristes parejas: bajo los elegantes cocoteros, junto al océano y la luna hay una continua vida de pantalones y polleras, un rumor de medias de seda acariciadas, y senos femeninos que brillan como ojos.
El pequeño empleado, después de mucho, después del tedio semanal, y las novelas leídas de noche, en cama, ha definitivamente seducido a su vecina, y la lleva a los miserables cinematógrafos donde los héroes son potros o príncipes apasionados, y acaricia sus piernas llenas de dulce vello con sus ardientes y húmedas manos que huelen a cigarrillo.
Los atardeceres del seductor y las noches de los esposos se unen como dos sábanas sepultándome, y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes, y los jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban, y los animales fornican directamente, y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas, y los primos juegan extrañamente con sus primas, y los médicos miran con furia al marido de la joven paciente, y las horas de la mañana en que el profesor, como por des- cuido, cumple con su deber conyugal, y desayuna, y, más aún, los adúlteros, que se aman con verdadero amor sobre lechos altos y largos como embarcaciones: seguramente, eternamente me rodea este gran bosque respiratorio y enredado con grandes flores como bocas y dentaduras y negras raíces en forma de uñas y zapatos.
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Poeta
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Noche fabricadora de embelecos, loca, imaginativa, quimerista, que muestras al que en ti su bien conquista, los montes llanos y los mares secos;
habitadora de celebros huecos, mecánica, filósofa, alquimista, encubridora vil, lince sin vista, espantadiza de tus mismos ecos;
la sombra, el miedo, el mal se te atribuya, solícita, poeta, enferma, fría, manos del bravo y pies del fugitivo.
Que vele o duerma, media vida es tuya; si velo, te lo pago con el día, y si duermo, no siento lo que vivo.
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Poeta
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Podrá nublarse el sol eternamente; Podrá secarse en un instante el mar; Podrá romperse el eje de la tierra Como un débil cristal. ¡todo sucederá! Podrá la muerte Cubrirme con su fúnebre crespón; Pero jamás en mí podrá apagarse La llama de tu amor.
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Poeta
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Amparo ¡qué sola estás en tu casa vestida de blanco!
(Ecuador entre el jazmín y el nardo).
Oyes los maravillosos surtidores de tu patio, y el débil trino amarillo del canario.
Por la tarde ves temblar los cipreses con los pájaros, mientras bordas lentamente letras sobre el cañamazo.
Amparo, ¡qué sola estás en tu casa, vestida de blanco!
Amparo, ¡y qué difícil decirte: yo te amo!
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Poeta
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Hay dulzura infantil en la mañana quieta. Los árboles extienden sus brazos a la tierra. Un vaho tembloroso cubre las sementeras, y las arañas tienden sus caminos de seda -rayas al cristal limpio del aire-. En la alameda un manantial recita su canto entre las hierbas. Y el caracol, pacífico burgués de la vereda, ignorado y humilde, el paisaje contempla. La divina quietud de la Naturaleza le dio valor y fe, y olvidando las penas de su hogar, deseó ver el fin de la senda.
Echó a andar e internose en un bosque de yedras y de ortigas. En medio había dos ranas viejas que tomaban el sol, aburridas y enfermas.
"Esos cantos modernos -murmuraba una de ellas- son inútiles". "Todos, amiga -le contesta la otra rana, que estaba herida y casi ciega-. Cuando joven creía que si al fin Dios oyera nuestro canto, tendría compasión. Y mi ciencia, pues ya he vivido mucho, hace que no lo crea. Yo ya no canto más..."
Las dos ranas se quejan pidiendo una limosna a una ranita nueva que pasa presumida apartando las hierbas.
Ante el bosque sombrío el caracol se aterra. Quiere gritar. No puede. Las ranas se le acercan.
"¿Es una mariposa?", dice la casi ciega. "Tiene dos cuernecitos -la otra rana contesta-. Es el caracol. ¿Vienes, caracol, de otras tierras?"
"Vengo de mi casa y quiero volverme muy pronto a ella". "Es un bicho muy cobarde -exclama la rana ciega-. ¿No cantas nunca?" "No canto", dice el caracol. "¿Ni rezas?" "Tampoco: nunca aprendí". "¿Ni crees en la vida eterna?" "¿Qué es eso? "Pues vivir siempre en el agua más serena, junto a una tierra florida que a un rico manjar sustenta".
"Cuando niño a mí me dijo un día mi pobre abuela que al morirme yo me iría sobre las hojas más tiernas de los árboles más altos".
"Una hereje era tu abuela. La verdad te la decimos nosotras. Creerás en ella", dicen las ranas furiosas.
"¿Por qué quise ver la senda? -gime el caracol-. Sí creo por siempre en la vida eterna que predicáis..." Las ranas, muy pensativas, se alejan. y el caracol, asustado, se va perdiendo en la selva.
Las dos ranas mendigas como esfinges se quedan. Una de ellas pregunta: "¿Crees tú en la vida eterna?" "Yo no", dice muy triste la rana herida y ciega. "¿Por qué hemos dicho, entonces, al caracol que crea?" "Por qué... No sé por qué -dice la rana ciega-. Me lleno de emoción al sentir la firmeza con que llaman mis hijos a Dios desde la acequia..."
El pobre caracol vuelve atrás. Ya en la senda un silencio ondulado mana de la alameda. Con un grupo de hormigas encarnadas se encuentra. Van muy alborotadas, arrastrando tras ellas a otra hormiga que tiene tronchadas las antenas. El caracol exclama: "Hormiguitas, paciencia. ¿Por qué así maltratáis a vuestra compañera? Contadme lo que ha hecho. Yo juzgaré en conciencia. Cuéntalo tú, hormiguita".
La hormiga, medio muerta, dice muy tristemente "Yo he visto las estrellas."
"¿Qué son las estrellas?", dicen las hormigas inquietas. Y el caracol pregunta pensativo: "¿Estrellas?" "Sí -repite la hormiga-, he visto las estrellas, subí al árbol más alto que tiene la alameda y vi miles de ojos dentro de mis tinieblas". El caracol pregunta: "¿Pero qué son las estrellas?" "Son luces que llevamos sobre nuestra cabeza". "Nosotras no las vemos", las hormigas comentan. Y el caracol: "Mi vista sólo alcanza a las hierbas."
Las hormigas exclaman moviendo sus antenas: "Te mataremos; eres perezosa y perversa. El trabajo es tu ley."
"Yo he visto a las estrellas", dice la hormiga herida. Y el caracol sentencia: "Dejadla que se vaya. seguid vuestras faenas. Es fácil que muy pronto ya rendida se muera".
Por el aire dulzón ha cruzado una abeja. La hormiga, agonizando, huele la tarde inmensa, y dice: "Es la que viene a llevarme a una estrella". Las demás hormiguitas huyen al verla muerta.
El caracol suspira y aturdido se aleja lleno de confusión por lo eterno. "La senda no tiene fin -exclama-. Acaso a las estrellas se llegue por aquí. Pero mi gran torpeza me impedirá llegar. No hay que pensar en ellas".
Todo estaba brumoso de sol débil y niebla. Campanarios lejanos llaman gente a la iglesia, y el caracol, pacífico burgués de la vereda, aturdido e inquieto, el paisaje contempla.
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Poeta
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Una larga carretera entre grises peñascales, y alguna humilde pradera donde pacen negros toros. Zarzas, malezas,jarales.
Está la tierra mojada por las gotas del rocío, y la alameda dorada, hacia la curva del río. Tras los montes de violeta quebrado el primer albor: a la espalda la escopeta, entre sus galgos agudos, caminando un cazador.
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Poeta
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