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Tuerce tus palabras una vez más, dame los silencios necesarios para enamorarme socava al mundo que todo lo rodea acorrálame eternamente con besos y momifícame con caricias frutales dame todas tus lágrimas las beberé, a partir de hoy no te harán falta a ti me entrego, exprimido de amor, delirante, atrevido. Bajo la sombra de una gaviota desnudaré tu manso aroma y con hebras de un suspiro escribiré: te necesito amor
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Poeta
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Así pasan sus vidas: Coreografías cotidianas de carne ambulante en busca del whisky diario que calme su sed de compañía. Idiotas de turno, números, teclas, accesos, contraseñas de bombas que sacudirán reyes de piedra. Así planean el show, control remoto en mano maquillaje gris y ceguera natural… Así caminan, fumando hierbas que apestan con publicidades que despiertan en sus oídos y pastillas que adormecen en sus bolsillos.
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Poeta
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Acaso así… desnudo… sin versos , sin mentiras que cubran mis vergüenzas que sepan de lunares , de manchas , de verrugas de viejas cicatrices, de marcas y señales Acaso así… desnudo… la carne tiritando el frío de la helada o sudado de soles , de trabajo y de rabia Acaso así…desnudo… el viento que me peine, la lluvia que me bañe y las manos vacías como las de mis padres vacías, pero limpias vacías, pero honradas Acaso así…desnudo… vestido con silencios de cosas que he guardado en cofres de recuerdos y tantas que he perdido en sendas que se fueron con rumbo del olvido Acaso así… desnudo me tapen con la tierra perfumada y oscura, bajo un árbol cualquiera que me brinde su sombra, que me traiga la calma Acaso así… desnudo Después! cuando ya muerto Alguno se pregunte, de como era mi alma…
virgilio 07
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Poeta
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Ya no tengo tus horas, no sé si estar, si correr, el sol se esconde donde se oculta mi alma,
no soy siquiera una huella en un charco, y el otoño flota ornamentado,
extraño aquél sueño que nunca existió, no soy tus letras ni tus pasos, no soy la desnudez junto a la tuya,
ya no tengo fuerzas ni momentos, no veo aquél amor que me diera de mamar, y digita un violín curvado en tu cintura,
no soy tu, no soy yo, no soy aquél nosotros que abrazáramos, no tengo espalda ni prisa, solo un diezmado rebaño de espuma,
siento entumecidas mis manos erguidas en busca de tus manos, no soy la simiente construida,
no tengo mi locura ni tus besos, ya está el futuro devastado de canciones, no puedo despertarme con sonrisas pues extraño la voz de tu mirada,
estoy desnudo, estoy vacío, no tengo mis labios en la bahía de tu piel, solo un mundo de cristal y la bestia contrariada,
no tengo pan ni tengo fuego, no tengo piel ni estupidez, ya no hay tormentas en tu cuerpo,
me encuentro como un niño dentro de su madre, sin luz, sin sonido y sin lluvias, solo un pálido pezón que devora mis ojos,
no tengo el grito repicando como un sable, gira mi mente en un ancho vuelo y apaga una balada en su periplo,
trepa el día de voces largas cubriendo mis huesos, no tengo paz ni tengo calma, no siento el corazón ni el desafío,
tengo la incertidumbre de una frontera, la cabeza negra arrodillada, y el cuerpo repleto de presencias cayendo hacia la ruina,
tengo ajadas mis arrugas y mis sienes y un espíritu guardado en un armario, mi fantasma solo y tonto que agoniza y un bandoneón que aturde mis oídos,
no tengo sombras ni pulgares, no tengo dios, solo un delfín estremecido en mi interior,
solo quise que el cielo nos uniera disipando tempestades, te miro y estoy ciego, visión imborrable de este viento que besáramos,
tengo un cuarto repleto de errores, y ya no hay nada que decir, solo la mancha del alma respondiendo por ti,
no tengo rayos ni tengo heridas, no tengo un llanto original, solo la sangre blanda desde el baldío del ángel,
ya no tengo un suspiro entre tus labios y los míos, ya no hay estrellas, ni mi muerte puntual.
Jorge Rosso
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Poeta
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A mis hijos Anderson y Erick.
Voy a triplicar mi corazón para que no te falte el sonido de la brisa al despertar. Si ella te toca, no te detengas. Aunque yo esté ausente le arrancaré la voz a las montañas, en las curvas de la tierra ofreceré mi sudor y una mariposa a contraluz convertirá tus sueños en luna llena.
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Poeta
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Te canto con mis palabras y casi no sé qué escribirte busco señales y mi bandera se bate en el viento. Soy sólo esto que te ofrezco locura total y necedad. A esta hora el viento casi se detiene las voces se atoran y me sofocan los años se reanudan y se interrumpen pero tú sigues siendo la misma inamovible, inmutable. La ineludible que me achica y yo soy sólo esto que está aquí una historia vívida la flor desnuda haciéndose deseo la rama del árbol genealógico que anuncia un nombre invisible.
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Poeta
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Yo que soy poeta y ensarto mis manos delicadamente sobre la mudez de la muerte escribo en las paredes, en la luna. Vago por la tierra, sobre la roca busco a Dios en mi sudario y escribo lo que no puedo escribir. Mi casa está abierta, entran y salen huéspedes silenciosos soy un hombre pequeño la voz de los árboles la tierra que gira arrodillada un poema que abre sus labios. Yo que soy poeta me disuelvo en los pedazos de lienzo doy vueltas entre el agua de la noche y todo se esclarece ante mí.
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Poeta
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Mis manos gotean raíces y hay una segura permanencia en esta nueva casa los capullos guardados de hace tiempo como agua sobre las rocas extienden sus brazos nuevo cuerpo viejos pecados y el verso solo mío como esta morada lejos de todo mirándome respira. Esta nueva casa no tiene llaves aquí conviven ángeles y demonios un pájaro que cruza una loca desnuda y treinta años a salvo del viento.
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Poeta
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Perdóname si ya no soy aquella transparencia justo me quedé a la mitad del camino, me fui tan lejos de ti como pude. Hoy me miro, me escucho esta mañana y mi cuerpo está vacío entonces murmuro y lloro por cada parte de ti. Tengo miedo de estar sola y te ofrezco mi cabello y mis ojos te ofrezco mi historia confusa y mis besos a punto de estallar. De aquel día en que todo quedó atrás sólo conservé la última carta que me enviaste y las palabras en puntillas se arrastran todavía en mis pensamientos me recuerdan que sí estoy sola y tiemblo. Muchas veces he querido escaparme pero viene el tiempo y todo lo envuelve haciendo recuentos y memoria y es inútil, inútil toda huida y es inútil, inútil amarte tanto.
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Poeta
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Donde alguna vez las palmas de tus manos se posaran en mi rostro, entre las ramas del cielo que confundidas dolieran su dios de adolescencia,
y en cada confín la empapada sílaba y la uña humilde clavaba la gran bruma de mis ojos, y la disipara, acometiendo,
donde alguna vez las palmas de tus manos derritieran el invierno en mis mejillas, hallando la arteria errante de la profundidad rojiza donde solo el cielo basta,
y harto, ya, de echar de menos tu huella tibia, triste hasta las lágrimas gigantes, con la ira de saberte ajena, golpeando las puertas del silencio bajo el agua,
donde alguna vez las palmas de tus manos besaran mi frente arrancando una sonrisa, desplomada y mecida hiciera la caricia un borbollón impiadoso en el espejo de mis ojos,
y la contracara de mi cara expuesta, incompleta, bajo la esfera dorada pretendiendo abortar todo dolor en las cenizas,
donde alguna vez las palmas de tus manos arrastraran consigo mi forma indeleble, y un escueto remiendo lograra el anhelo en el color del decir, a sabiendas de un te amo, mudo,
e irrumpiera, galopando, en el sendero de la piel, el invisible sabor dialéctico entre tus yemas y mi rostro, que ingenuo, pretendiera reinventar una pregunta dibujada.
Jorge Rosso
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Poeta
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