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Todos están callados ahora. El desaliento que repentinamente siguiera al comentario de esa duda, persiste como un presentimiento. El hermano recorre las noticias del diario
que está sobre la mesa. La abuela se ha dormido los demás aguardan con el oído alerta a los ruidos de afuera, y apenas se oye un ruido las miradas ansiosas se clavan en la puerta.
El silencio se vuelve cada vez más molesto: una frase que empieza se traduce en un gesto de impaciencia. ¡La espina de esa preocupación...
Y cuando llega el viejo, que salió hace un instante, en todas las miradas fijas en su semblante hay una temerosa larga interrogación.
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Poeta
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El libro sin abrir y el vaso lleno. -Con esto, para mí, nada hay ausente-. Podemos conversar tranquilamente: la excelencia del vino me hace bueno.
Hermano, ya lo ves, ni una exigencia me reprocha la vida..., así me agrada; de lo demás no quiero saber nada... Practico una virtud: la indiferencia.
Me disgusta tener preocupaciones que hayan de conmoverme. En mis rincones vivo la vida a la manera eximia
del que es feliz, porque en verdad te digo: la esposa del señor de la vendimia se ha fugado conmigo...
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Poeta
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Como un deslumbramiento de rubias primaveras irradian y perfuman las dichas prisioneras de todos tus encantos ¡Oh, poemas paganos! Heroína y señora de rondeles galanos:
Para que siempre puedas orquestar tus mañanas calandrias y zorzales mis selvas entrerrianas te ofrecen en mis trovas. Que en todos los momentos te den las grandes liras sus más nobles acentos,
y revienten las yemas donde el placer anida, en las exaltaciones gloriosas de la vida que surgen en el cálido floreal de tus horas, como un carmen de auroras, ¡eternamente auroras!
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Poeta
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Sí, vecina: te puedes dar la mano, esa mano que un día fuera hermosa, con aquella otra eterna silenciosa «que se cansara de aguardar en vano».
Tú también, como ella, acaso fuiste la bondadosa amante, la primera, de un estudiante pobre, aquel que era un poco chacotón y un poco triste.
O no faltó el muchacho periodista que allá en tus buenos tiempos de modista en ocios melancólicos te amó
y que una fría noche ya lejana, te dijo, como siempre: «Hasta mañana...» pero que no volvió.
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Poeta
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¡Ah, si volvieras!... ¡Cómo te extrañan mis hermanos! La casa es un desquicio: ya no está la hacendosa muchacha de otros tiempos. ¡Eras la habilidosa que todo lo sabías hacer con esas manos...!
El menor de los chicos, ¡pobrecito!, te llama recordándote siempre lo que le prometieras, para que le des algo... Y a veces -¡si lo oyeras!- para que como entonces le prepares la cama.
¡Como entonces! ¿Entiendes? ¡Ah, desde que te fuiste, en la casita nuestra todo el mundo anda triste! y temo que los viejos enfermen, ¡pobres viejos!
Mi madre disimula, pero a escondidas llora con el supersticioso temor de verte lejos... Caperucita roja, ¿dónde estarás ahora?
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La mesa estaba alegre como nunca. Bebíamos el té: mamá reía recordando, entre otros, no sé qué antiguo chisme de familia; una de nuestras primas comentaba -recordando con gracia los modales, de un testigo irritado- el incidente que presenció en la calle; los niños se empeñaban, chacoteando, en continuar el juego interrumpido, y los demás hablábamos de todas las cosas de que se habla con cariño.
Estábamos así, contentos, cuando alguno te nombró, y el doloroso silencio que de pronto ahogó las risas, con pesadez de plomo, persistió largo rato. Lo recuerdo como si fuera ahora: nos quedamos mudos, fríos. Pasaban los minutos, pasaban y seguíamos callados.
Nadie decía nada, pero todos pensábamos lo mismo. Como siempre que la conmueve una emoción penosa, mamá disimulaba ingenuamente queriendo aparecer tranquila. ¡Pobre!
¡Bien que la conocemos!... Las muchachas fingían ocuparse del vestido que una de ellas llevaba: los niños, asombrados de un silencio tan extraño, salían de la pieza. Y los demás seguíamos callados sin mirarnos siquiera.
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La jaula del desamor
En una mañana de primavera llegué a tu balcón para entonar las más dulces notas, al escucharlas tus ojos se abrieron y con delicadeza me tomaste entre tus manos, pero el paso del tiempo con sus manecillas fue marcando tu vida y la mía.
Y así fielmente llegaba en tus mañanas cada día a despertarte con mi canto y mi calor y cada vez regresaba a mi rinconcito para descansar mis alas y así fue pasando los días, hasta que decidiste tenderme tu apoyo y tu protección y me quedé a tu lado.
Así como transcurre la vida así transcurrió nuestra entrega de amor…caricias, pero como todo en la vida termina así se consumió tu interés por mi trinar…por mi calidez y me diste una jaula por casa y quedé presa en ella no sabiendo que moriría lentamente de tristeza, antes bebía y comía de tus manos, ahora… tu olvido llegó y con él la desconsuelo y el abandono, pero te seguía amando hasta que mi canto murió en mi pecho y me dejaste sola y confundida.
Pero en una tarde cualquiera mis alas crecieron, de nuevo y pude escapar de esa prisión donde me tenias cautiva y volví a volar a mi cielo en busca de la felicidad que antes tenía y por buscar tu amor la perdí, ahora comprendí que el poder volar me hace libre y lo principal ya no te amaba…no te necesitaba.
Rafaela
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Sola desde mañana, son las seis de la tarde, no tengo ganas de ir a lado ninguno, estuve pensando en miles de cosas, ninguna conclusión, a no ser estoy sola. Dentro de muy poco tiempo ya tendré compañía, saldré, por un espacio de tiempo me siento la que quiero ser. Volverá todo mañana de nuevo. Como si una maldición me echaran siento, una nostalgia inmensa y no se la causa, son tantas cosas adversas, sin sentido común, que no consigo, poner orden a la confusión de saber que pasa. Ahora ya entiendo, como empiezan las guerras, entre el ser humano, discordia pensamientos pre concebidos, terqueza de unos, dictadura de otros, todo junto se arma la confusión sin necesidad. Si tuviera fuerza para no hacer caso a pequeñas cosas que lastiman era distinto, pero soy muy sensible y no acepto actitudes, que me hieren el alma en el mas profundo, rincón, de este corazón, que tanto ha querido ser lo que siempre deseé, alguien que no quería discordia, solo ayudar a componer las cosas a los demás. Pura fantasía de mi parte, pues al lado me han puesto, como un trapo viejo, solo que muchas veces es más necesario que un pañuelo bordado con hilo de oro. Ando sin acertar el qué de tanto jaleo, el porqué de tanta mala acogida, busco y rebusco, y no consigo entender. Estoy agotada, por no entendieren que quiero ser feliz junto con todos, cada uno en su sitio, hay lugar para todos. ¡Era tan fácil! Solo un poco de comprensión, un nada de buena voluntad y todo era distinto. El desprecio no me mata, duele, apartarme, la omisión, el juego del escondite, todo lastima, así me vine para lejos, para que puedan hablar alto, todo lo que les de la gana, quien no ve no sufre tanto. Ahora sé que nunca podré contar con algunas personas, cuando lo necesite. Si me rechazaran no impongo mi presencia. Nada mas puedo hacer, ni quiero, en las manos de Dios está el poder, solo El y en nadie mas. El llanto es el principio de la sonrisa, alguien hará para que un día sonría mas que llore. Merece la pena por un poco de felicidad. Sentir que ya nada represento, para quien pensaba tener como amigo, es poco, para dejar de querer a quien me limpia mis lagrimas. Oporto, 23 de Mayo de 2012 Carminha Nieves
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Muchachos de Diez y seis años Desnudos, Espolvoreados en la Piel con Polvo de Oro, con Collares de Esmeraldas en los Cuellos, entre Muchachos de Diez y seis años Desnudos con Máscaras de Cerdo puestas y entre Estatuas y Bustos de Emperadores Romanos.
Son los niños espléndidas luminarias De fragante pasión, dorada e ígnea, Y los Césares de mármol gritan iracundos En sus rostros de piedra y silencio despiadado.
Son los niños antorchitas de fuego dulcísimo Entre los enmascarados cerdos de porquería A los que se les ven los hocicos porcunos Y los colmillos de jabalí espantosos.
Llevan las esmeraldas radiantes los muchachos Y enseñan sus culitos y sus grandes vergajos Entre los disfrazados de cerdo repugnantes.
Y los Calígulas impasibles, y los Marco Aurelios de piedra, Observan la deleznable y asquerosa semiorgía Rabiando en sus cárceles de mármol por no poder moverse. ............................................................................ Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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Certa vez eu escrevi um poema intitulado: “Sob Encomenda”. Eu tentava explicar que eu não sei escrever sem ser inspirado. Tenho que viver o que eu escrevo, tenho que sentir... A “coisa” tem que sair de dentro de mim. Não sei olhar para algo e escrever... Não sei escrever “de fora, pra fora”. É algo meio difícil de explicar. Não tenho nada contra quem escreve sobre qualquer coisa, a qualquer hora, debaixo de chuva, de sol, primavera, verão ou inverno... Quem é escritor profissional precisa saber e ter estas armas. Mas eu sou é poeta (juro pra vocês que eu falo esta palavra com uma certa “inquietação”). E além disso, não sobrevivo de escrita. Escrevo simplesmente por prazer. Apesar de ter uma preocupação enorme com o que escrevo, mas não tenho tanto responsabilidade. Talvez por isso que advenha o prazer. Deixe-me explicar uma coisa: Estou referindo-me à poesia. Não acho fácil olhar para alguma coisa, e fazer um poema... Não acho fácil alguém dar-me um tema, e eu fazer um poema... Estou falando neste sentido. Outro tipo de texto, tudo bem. Mas na poesia é outra coisa. Parece que ela carrega nossa alma do momento. Digo do momento, porque nós temos vários momentos. E aquele momento em que nós estamos escrevendo, a nossa alma deve estar sendo carregada. Talvez nem estejamos vivendo o momento física ou emocionalmente. Mas é o nosso momento, aquele que nós estamos passando para a escrita. Eu tenho uma certa “indiferença” com acrósticos, justamente por achar que o acróstico é uma coisa muito “técnica”, muito fria. Vou dar um exemplo: Na década de 80, quando eu vivi os melhores momentos da poesia, depois de algum evento, saia aquele bando de poetas curtindo de bar em bar... E quando alguma pessoa pedia que fizéssemos uma poesia para ela, a nossa “válvula de escape” era o acróstico. Perguntávamos o nome da pessoa e, pimba! Tome um acróstico. Então para mim, é uma coisa sem emoção. E o que eu mais curto em escrever, é justamente a emoção de começar sem saber no que vai dar. Muitas vezes começo a escrever pensando em uma coisa, e vai dar em outra. Parece que a escrita tem vontade própria. É isso que me agrada. Tenho visto nas comunidades de poesia, os poetas fazendo poesias em parcerias, mas eu não entro na brincadeira. Eu não consigo “entrar” na idéia de outra pessoa. Um amigo meu, o poeta Antonio Sanábria, em um dos seus livros colocou um poema para o leitor terminar. A intenção dele é editar um livro com essas parcerias. Quando eu vi essa idéia, aplaudi, gostei muito. Tentando tornar-me um parceiro (poético) do meu amigo, debrucei-me sobre poesia, tentando completá-la... Quando eu escrevia alguma coisa, ficava alegre, achando que tinha conseguido. Depois que passava o calor da euforia, ao analisar friamente, eu via que nada combinava. Apos tantas tentativas, desisti de querer completar. O livro dele está ali, me olhando... Para completar esta idéia, vou contar um caso que deve ilustrar bem onde eu quero chegar com essa história: O meu compadre, o poeta Luiz Nazcimentto, tem uma facilidade enorme para escrever “sob encomenda”. Tem três poemas dele que todo mundo que lê, gosta. Mas ele não suporta. Ele não os coloca em lugar nenhum, só porque os poemas são “frutos” de desafios. Desafiaram ele, ele escreveu, provou que faz, e fim. Encerrou o caso. Quando alguém questiona porque é que ele não gosta dos poemas, ele diz: Eles não nasceram de mim, eu não gosto de poemas feitos assim!
A.J. Cardiais
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