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EL MISMO HOGAR
No más pudiera ni deseo imaginar Algún tiempo; entre templos, más sencillo, Y cuando en la distancia inmensa trillo, Encuentro sin pensar el mi hogar,
La renovación pudiera cambiar, Pero siendo falena sigo el brillo Inmerso en el torpor, me maravillo Y vuelvo sin siquiera aun pensar,
El tanto cuanto pueda se tenía Disperso en la proficua fantasía, Sangrando el mismo engaño conocido,
Serpenteando entre las rocas ilusorias, Revivo lo que hubiera en las historias, Y mismo esmorecido, nunca olvido…
MARCOS LOURES
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Poeta
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CIEGA
Presiento en tu mirada, cara amiga, El dolor que tracen, ilusiones, Clavadas en su pecho, emociones Que tanto se desea y no consiga,
La dicha de tal forma así prosiga, Vagando en paralelas direcciones Singlando las inmensas dimensiones Del mundo que de facto desabriga,
La vida es necesaria, pero así, Lo cuanto en otro engaño concebí, Expresa la verdad que no se niega,
Dejando que tristeza nos domine, El sueño en pesadillo determine, La suerte sin paraje, sigue ciega…
MARCOS LOURES
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Poeta
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ARRUINADO
Aquel aire, aquel arenoso amarillento, aquel maizal como pocos, con el cual se tejerían sobre espumas, las colinas de las tardes en que soñaríamos cobijados por las ramas en el esplendor de las hojas, caminando con la luna, aquellos oleajes que habían sido decorados con ayuda de las aves, eran dibujados ahora dificilmente con los tensos músculos temblando, estos días hechos con las horas alargadas en las miradas inquietas con presteza por el color de las nubes que cargaban tormentas anchas entre la verde mofa de los lejanos campos.
Esterilidad, puros sueños ignorados. Experiencia inútil. Concluido el tiempo nada hay más que hacer, nada más qué esperar. Es la esencia pura de la ruina, decadencia concreta, estrapalucio objetivo, la misma quiebra del desmedro. Solo aceptándola se supera, y no por ignorarla desaparece. ¡Así es, quiérase o no!. Sepultada la esperanza absurda, sucumbe de tiempo en tiempo, la fe atónita oficiando, el incienso antes de haber sido gastado el compromiso en la contemplación donde la vida se escapa recogiendo playas en el corazón de un caracol infértil. Pensaba. Lo que más recuerdo de aquel día fue lo gris de la tarde, el polvo, lo agrietado del suelo, y la ingenuidad que a veces ponían los zapatos ante los arroyos secos colgando una lámpara en la madrugada humedecida deseando todo enlagunado. Él, ocupando la sombra bajo el encino a la izquierda de la salida del sol, se escondía. Pensaba qué nadie lo vería desde el ayer bebiendo sequía. Y ahora qué sólo llueven botellas vacías en la inofensiva sonrisa sin preguntas oyó las infinitas respuestas posibles como dueño de la película de suspenso, pero... Pareciendo todavía la de un hombre perdido en el mundo. Todo natural, todo indudablemente coherente en el desierto frío por los mordidos recuerdos desnudando el espejismo de ser traspasado por los ojos secos de los musgos que colgaban para verlo todo, y cubrían de vidrios rotos los últimos confines inundados...
Por fin se dijo qué este cielo se obscurece ahora como homenaje al fracaso tanto tiempo negado; Este ambiente asfixiante que encierra sobre los silencios el olvido que va descendiendo hacia las tinieblas mayores; este ambiente hace temblar cualquier costumbre de las necesidades absurdas de los faroles del acantilado oculto en las comunes enredaderas con sus imborrables heridas sin ver al pórtico fornido por el torbellino del agrio estio en el trance fatal de la insolación que fulgura toda flama perfumada con acero.
Así fue la desolación entre la merma y el fracaso, la peor infamia del espíritu agusanado irremediablemente benigno con la tarasca y pernicie caminando alegremente por las calles al constelarse el desamparo con los encajes de verde malva en los mínimos horrores de la incertidumbre con toda la indignidad y la honorable bajeza recibiendo los laureles perdonados dulcemente en la desgracia mayúscula del alma Pobre pues, fue aquel maizal esculpido en las canteras ahora que lo cuento, y que me dices, están deterioradas las mismas nubes rodeando al embarcadero que ya no existe.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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DÍAS TERRIBLES
De mis días terribles, el pasado, Yo traigo solamente cicatrices, Y en vuelta de esa angustia siempre dices Un canto en otro tiempo desvendado,
Olvido una ilusión, engalanado, Grasando las tormentas y infelices Cebando viejos campos, sus deslices Versando hasta el deseo desgarrado,
Volando sin las alas más serenas, Y cuando sin destino, me condenas, Venenos me trasciendo el desenlace
Lavando con las lágrimas venales, No dejas más siquiera otros canales En cuanto nuevo rumbo no mostrase
MARCOS LOURES
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Poeta
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Declina mis momentos caballeros inundando cada poro con sus curiosidades. Cada intensidad con la que va acumulando detalles, su manera incisiva de quedarse aunque no venga. Sabe de eternidades y lo demuestra en su sonrisa, ataca sin miramiento mis cuadros psicóticos con miradas perdidas vendidas solo para dos. Se está volviendo la precuela de mi vida, atorándose como puede a mi paso, pero volando bajo, bajo sus propios cielos.
Nace lo mujer en sus momentos más siniestros porque apunta en la herida y la actúa como el hada del olvido, ella sobrenatural, yo extra cotidiano; pero siempre con la inercia de sus silencios. Para ella no existe otro final más que el suyo.
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Poeta
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Llega sin faro en el alma, la mar velada y salvaje, no trae encima bagaje, está perdido y sin calma. El arma tiene en la palma, un huracán en su mano, su aliento expele propano, sus ojos mirada ciega; la furia que se despega sin ver la faz del hermano.
Locura de ese "cristiano", soldado en cualquier combate, parece fuera un primate salido de algún pantano. No parece un ser humano, sino una bestia inconsciente, que mata como demente lo que adelante se instala; tenga pies o tengan alas, enemigo o inocente.
Tan solo se muestra un ente, denotando su crudeza y demostrando fiereza, acaba con lo latente. No tiene voz, ni es clemente, ni cerebro sin temor, construye con el terror, obedeciendo ordenanzas; nunca pone en la balanza la crueldad contra el amor.
Hasta aquí llego señor contando estos tristes versos, en experiencias inmersos, sabiéndome perdedor. Hoy tengo amargo sabor, por este tiempo aludido, al estar mi hijo querido, sumergido en este espanto; le ruego a Dios con mi llanto no lo deje en el olvido.
[img width=300]http://3.bp.blogspot.com/_A41g08A65h8/SGSzV9M5VGI/AAAAAAAAAGE/xVltiZ1zRbc/s400/4.jpg[/img]
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Poeta
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Arenas, piedras hechas polvo, mezcla de valvas de moluscos y esqueletos de ballenas
Infinitas partículas de cuarzos en las playas de los mares, y en el yermo viento del desierto
Arenas de los hombres, harina de la historia, gránulos del tiempo
Relojes de arena, ovillo con que Cronos teje el olvido en el espacio de las eras
Extracto de materia, que marcan el inicio y el fin, de mentes y de cuerpos
Arena, caprichoso juguete que soplan los espectros de espíritus eternos
Creado 21/10/2010 Catriel Cuestas Acosta
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Poeta
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Se reía con melancolía Y lo trataba de disimular Buscando un grito al caminar ¿Cómo vive alguien con tal pesar?
Se reía con lágrimas frías Yo lo podía notar Cuando sus ojos se nublaban Y pensaban en su verdad
Maquillaba su risa pero sufría Y se me clavaba como un puñal Ya que con todo mi corazón Yo quería que riese hasta llorar
Con los ojos encadenados Con las manos castigadas Con los labios del pecado Con la vida desencantada
Miraba mas allá del horizonte Donde no le dejaban mirar Pensando si algún día Su dueño le dejaría volar
Enmascaraba su tristeza en alegría Y yo solo le podía entonar Que era lo que mas quería Y que hay peores compañias que la soledad
Tantos te querrán amar sin miedo Y dejarían que surcaras los cielos Pero un ave que acostumbra a su prisión Hace tiempo que renunció a su corazón
No sabía si algun día pasaría el umbral Mientras,se comformaba con mirar atrás No entiende que a veces es mejor estar sola Que perderse a la deriva en el mar como una ola
Me rompió el corazón Cuando escogió A quien entierra a la primavera Y no a quien regala una flor
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Poeta
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Al azul del infinito ofrecí
la duda que me ahogaba,
dejando envuelta en su grandeza
esta pena,-lamento de verbo silente-
que sin pedirlo me llevaba;
sentado en esta morada
que no tiene ahora y tampoco dueño
esperando otro mañana regalé mi ayer.
Pasan las sombras amontonadas
envueltas en sudarios ocultando sus caras,
abriendo y perdiendo a su paso los caminos
confundiendo el horizonte;
pasan dejando huellas que la lluvia
o las lágrimas, sin saberlo, borrarán.
Marcharon los momentos
y con ellos los recuerdos, todos;
y se hicieron brisa y con ella se despidieron…
…acariciándome.
©Jpellicer
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Poeta
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Las negras no me dan asco.
Estaría dispuesto a follarme a una negra guapa y delgada con toda la naturalidad del mundo. Si me empalmara, claro, porque no me empalmo con ninguna mujer. Pero a priori estaría dispuesto a follarme a cualquier negra guapa. Casi todos los negros me dan asco, o por lo menos los pocos que conozco, que conozco a muy pocos, pero las negras no me dan asco. Hay negras guapísimas. No me excitan pero no me dan asco. Podría follarme una negra con toda la naturalidad del mundo. Algunas negras son guapísimas. Pero no se hizo la miel para la boca del cerdo. Hace veinte años hice el amor con un negro, Jacki de Puerto Rico, nos chupamos las pollas, luego no todos los negros me dan asco. Pero las negras no me dan casi ninguna asco, a menos que sea una negra guarra sin estilo. Eso es como los gordos, no todos los gordos son malas personas, ni todos los delgados me gustan. Podría follarme una negra, si me empalmara, que no me empalmo con ninguna mujer, podría follarme una negra sin asco. Que un negro me de asco no quiere decir que todos los negros me den asco. Que un gordo me de asco no quiere decir que todos los gordos me den asco. Hay gordos simpáticos que son todo ternura. Nunca me dejaría encular por un gordo pero una mamada no le negaría. Y las negras no me dan asco. Las negras delgadas y guapas no me dan asco, no me empalmo con ellas, pero no me dan asco. Pero hay negros que me dan mucho asco. El negro de la heladería, por ejemplo. Es guapo, es delgado, es fuerte, está muy bueno, pero me da mucho asco. No follaría con él ni aunque me dieran un millón de pesetas. No se hizo la miel para la boca del cerdo.
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Poeta
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