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Es el momento, de decirte todo sobre mi, de que sepas de mis emociones, es la hora.
La noche nos invoca, la luna es nuestra guia, ven a mi, querida niña oscura.
Es ahora o nunca, de demostrar tus sentimientos, los mas profundos y oscuros, que has de guardar.
La noche es ahora, la luna es testigo, de un verdadero amor, de un oscuro romance.
Erick R. R. Torres (Angel Negro)
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Poeta
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No estás porque no quiero que estés, no estarás porque no quieres estar.
Cansada estoy de contradicciones, de este dejarme de lado para gozar tus caprichos, de negar mi presencia.
Sincera, como el azul del mar, como el frío de invierno, te dejo.
No quiero saborear tu recuerdo, no estoy cuando me busques.
Desaparecí, morí.
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Poeta
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Silencio, sombras de nada, una pesadilla indistinguible,
como una mueca del destino se corporizan los fantasmas y nuestras cicatrices nos recuerdan un pasado real,
sueño una gestación, periplo de voces y de truenos, y en un espejo de azabache y plata se yerguen nuestras siluetas frágiles como la pluma,
y brota la nostalgia con la lluvia en su lenguaje, cuando todavía canta mi negro corazón,
me encuentro en los brazos en los que quisiera perderme, sin una mirada que reemplace una historia,
y aunque nos haga cosquillas el roce del amor, el amor sabe de esperas y fragancias, y del canto de las aves que te arrullan sin ser vistas,
somos dos aves negras, oscura nostalgia interminable, venimos del destino que nos propuso la vida de nuestro propio destino en este minuto estéril,
y aún así me digo, deseo tu sombra, oscura como mi alma, como la verdad del silencio, y el silencio de una mentira,
no es verdad que se estrangulen los colores de los sueños, si, es veraz nuestro negro sabor inocultable cuando ocultas tu palabra,
somos una letra postergada, una hoja en blanco, como cuando te escurres con tu vuelo entre mis sueños de agua, errantes, siderales,
tanto negro día habita nuestros cuerpos y tanta noche imaginada, tanta muerta oración, que fallece al instante tanto amor inmaculado,
una negra remembranza sin ataduras ni pulsadas emociones, trepa desde mi estómago que retorna de un negro mar,
no desnudes los pliegues de tu cuerpo, negra ave, desnuda tu alma pura para que puramente logre hacerle el amor sin profanar lo solemne,
mientras, mi oscuro cadáver espumoso ubicará sus restos y su sangre en este infierno sórdido, y el héroe que creí ser acabará por diluirse en su negra esperanza.
Jorge Rosso
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Poeta
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Cada vez
Cada vez que empiezo yo a pensar en ti siento que me tiembla el corazón y tal vez derrame alguna lagrima pues no se ya vivir sin vos Cada vez me cuenta algún amigo que al pasar te vieron sonreir pienso que te besan otros labios como yo te besaba a ti Cada vez que te vean de nuevo que te digan que no te olvide que yo sigo sufriendo y te quiero y quisiera tenerte otra vez Cada vez que te encuentren por favor que te hablen de mi que quisiera que pronto regreses que de amor yo me puedo morir
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Poeta
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Cuando un hombre ama, Entrega su alma con un gran valor, No existen falsas promesas, No hay imposibles, Pues todo gira en torno al amor.
Cuando un hombre ama, No hay noches sin luna, ni días sin sol, No existen tristezas,todo es alegría, Se vuelve realidad toda la ilusión.
Cuando un hombre ama, Se abren las puertas de la magia y la poesía, Todo tiene un toque de emoción y fantasía, Pero al abrir los ojos sabes que es verdad. Empieza la magia al tomar su mano, Y escuchas a diario más de mil te amo, "Princesa hermosa te voy a cuidar".
Cuando un hombre ama, No existe Princesa en el mundo mas bendecida, Ni existen límites que no se puedan lograr, Te lo entrega todo cubierto de cariño, Y no hay mujer más hermosa en ese lugar.
Cuando un hombre te ama, Te mira a los ojos tomando tu mano, Te dice te amo hasta la eternidad, Te toma entre sus brazos, Te acerca a su pecho y Baila contigo el más bello vals.
Cuando un hombre ama, No existe distancia a la que no pueda llegar, Su mirada cambia, percibes un brillo, Y te entrega un alma llena de bondad. Cuando un hombre ama, Cuando un hombre te ama, A través del tiempo nunca lo puedes olvidar…[/color]
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Poeta
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Íntima
Tú no oprimas mis manos. Llegará el duradero tiempo de reposar con mucho polvo y sombra en los entretejidos dedos.
Y dirías: -"No puedo amarla, porque ya se desgranaron como mieses sus dedos."
Tú no beses mi boca. Vendrá el instante lleno de luz menguada, en que estaré sin labios sobre un mojado suelo.
Y dirías: -"La amé, pero no puedo amarla más, ahora que no aspira el olor de retamas de mi beso.
Y me angustiara oyéndote, y hablaras loco y ciego, que mi mano será sobre tu frente cuando rompan mis dedos, y bajará sobre tu cara llena de ansia mi aliento.
No me toques, por tanto. Mentiría al decir que te entrego mi amor en estos brazos extendidos, en mi boca, en mi cuello, y tú, al creer que lo bebiste todo, te engañarías como un niño ciego.
Porque mi amor no es solo esta gavilla reacia y fatigada de mi cuerpo, que tiembla entera al roce del cilicio y que se me rezaga en todo vuelo.
Es lo que está en el beso, y no es el labio; lo que rompe la voz, y no es el pecho: ¡es un viento de Dios, que pasa hendiéndome el gajo de las carnes, volandero!
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Poeta
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El río Guadalquivir va entre naranjos y olivos Los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo.
¡Ay, amor, que se fue y no vino!
El río Guadalquivir tiene las barbas granates. Los dos ríos de Granada uno llanto y otro sangre.
¡Ay, amor, que se fue por el aire!
Para los barcos de vela, Sevilla tiene un camino; por el agua de Granada sólo reman los suspiros.
¡Ay, amor, que se fue y no vino!
Guadalquivir, alta torre y viento en los naranjales. Dauro y Genil, torrecillas muertas sobre los estanques.
¡Ay, amor, que se fue por el aire!
¡Quién dirá que el agua lleva un fuego fatuo de gritos!
¡Ay, amor, que se fue y no vino!
Lleva azahar, lleva olivas, Andalucía, a tus mares.
¡Ay, amor, que se fue por el aire!
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Poeta
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No te conoce el toro ni la higuera, ni caballos ni hormigas de tu casa. No te conoce el niño ni la tarde porque te has muerto para siempre.
No te conoce el lomo de la piedra, ni el rasgo negro donde te destrozas. No te conoce tu recuerdo mudo porque te has muerto para siempre.
El otoño vendrá con caracolas, uva de niebla y montes agrupados, pero nadie querrá mirar tus ojos porque to has muerto para siempre.
Porque, to has muerto para siempre como todos los muertos de la Tierra, como todos los muertos que se olvidan en un montón de perros apagados.
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto. Yo canto para luego tu perfil y tu gracia. La madurez insigne de tu conocimiento. Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca. La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura. Yo canto su elegancia con palabras que gimen y recuerdo una brisa triste por los ollvos.
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Poeta
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La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados. La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas.
Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas, levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre.
Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.
Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.
Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías.
¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llénarse de agujeros sin fondo.
¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso.
Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales.
Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen dónde está la salida para este capitán atado por la muerte.
Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros.
Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado.
No quiero que le tapen la cara con pañuelos para que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
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Poeta
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Yo. Con el hueco blanquísimo de un caballo, crines de ceniza. Plaza pura y doblada.
Yo. Mi hueco traspasado con las axilas rotas. Piel seca de uva neutra y amianto de madrugada.
Toda la luz del mundo cabe dentro de un ojo. Canta el gallo y su canto dura más que sus alas.
Yo. Con el hueco blanquísimo de un caballo. Rodeado de espectadores que tienen hormigas en las palabras.
En el circo del frío sin perfil mutilado. Por los capiteles rotos de las mejillas desangradas.
Yo. Mi hueco sin ti, ciudad, sin tus muertos que comen. Ecuestre por mi vida definitivamente anclada.
Yo. No hay siglo nuevo ni luz reciente. Sólo un caballo azul y una madrugada.
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Poeta
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