Ojos que se humedecen, inyectadas pupilas, pestañas mariposas son redes que deshilas, tejida en un chinchorro se apresa una tragedia, Janitzio se sorprende por mi alma que te asedia.
Tormenta, lluvia negra, cual nube se adivina, bañado en propias aguas de espuma blanquecina me queda poco tiempo, llegué tarde a tu vida, mas, tengo la esperanza mi ser en ti se anida.
Sin brújula naufrago, el vigor ya fracasa, te pido que me salves ven pronto en tu barcaza flotante, cariñosa, con cadencia de amor tus remos multipliquen las ondas del candor.
Soy el pescado blanco que agónico se queja, acuoso ser plateado que nadando se aleja, ¿seré por siempre, yo, con toda mi entereza p’urhépecha de estirpe, fiel linaje de alteza?
Sueño con un estanque pausado y redimido con aquellos paisajes que recobren sentido, que emerjan de sus entrañas lindas primaveras, que ecología y naturaleza sean verdaderas.
¡Qué mi llanto colme la inmensidad del lago, qué mis lágrimas tristes sean salado empalago!; han muerto atardeceres fugaces que fluyeron ocasos palpitantes de brisas que se fueron.
Temprana oscuridad frágil tenue espesura, deseo besar tus labios la miel de su dulzura, tal vez alguna noche vagando en la ribera comprenderá la luna a este ser que te espera.
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Isla de Janitzio, Lago de Pátzcuaro, Michoacán de Ocampo, México . . . Reg. SEP Indautor No. 03-2016-070109301200-14
Tú sabes dónde buscarme, Tú sabes cómo encontrarme, Ven y róbame nuevamente el corazón Y haz de mi alma tu tibio cobertor.
Pronto dejarás de ser El ardiente sol de verano, Que aunque ahora, aún quema la piel, Se pierde anodino en el atardecer…
Ven y descansa tus alegrías y pesares Sobre el mar inmenso de mi pecho, Te estaré esperando para contener, Tus ardientes rayos en mi cuerpo anochecido.
Ven y rodea mi cuello con tus brazos Para escuchar cantar al violín, al chelo Uniendo voces con el arpa y la guitarra, Oirás tu nombre, en grata melodía.
Amarnos, será perdonarnos Y brillarás eternamente, Con tu carita de luna llena, En el cielo de mi amor.
Voló la canción sin rumbo, en busca de un libre espíritu, desgranando notas mágicas, flotando en el infinito. De emoción impregnó el mundo, con la numen de su ritmo, y su clamoroso ímpetu, ahuyentó lo más insípido.
Sintió el poeta en su alma, el dolor que se derrama, se desborda el corazón, se rinde el ego al espíritu, y se deshojan los versos, como de auroras racimos, la garganta se reseca, de la profunda emoción.
Traspasó el umbral el miedo, preso en un lugar secreto, y muescas profundas deja, en la carne y en los huesos, mientras bebe la armonía, de las melodías que brotan. El huracanado amor, borró el temor sin saberlo.
Poeta que al viento acude, para libar de su aliento, su empuje aspirando a ciegas, para bordar sus secretos, y el aroma que transporta, a los sentido seduce. Poeta que al ritmo vive, de la verdad y el misterio.
Livianas hojas que bailan, aterciopeladas brisas, miradas enamoradas, de las rosas y las vidas, tonadas de los jilgueros, que con la belleza riman, y majestuosas águilas, que van retando a los cielos.
Caminos por construir, magos que plasman bosquejos, en los desvaídos lienzos, en las vidas por vivir, al final de sus comienzos, amores que precipitan, de puro prístinos locos, de puros mágicos versos.
La canción volcó sus notas, sobre enquistados cerebros, y alimentó las neuronas, de bellos y sabios versos, dio sintonía al corazón, a la razón y al respeto, y el amor como argumento.
Cuando un ser humano nace la vida entera renace, se renuevan los cimientos familiares sentimientos.
¡Prendamos el candelero!, pues, el día once de enero del año dos mil diecinueve linda región se conmueve.
Michoacán, rumbo a Huecorio, está de regio “jolgorio” en la ribera del Lago de Pátzcuaro con halago.
Nació Lucy la primera nieta princesa heredera de Apúpato, del buen Saúl Juramuti, junco, tul.
Los padres están radiantes deseaban ésto cuanto antes los abuelos, tíos, los primos, empiezan a hacerle “mimos”.
Hay fiesta en el Desarrollo Turístico con apoyo de la Virgen bendecida que ama a la recién nacida.
Este lugar de descanso del Rey Morales remanso p’urhépecha de aguas calmas donde reposan las almas.
Ya tiene nuevo destino, un infantil “remolino” femenino angelical con su porte celestial.
Verdes pastos, las cabañas, ya sabrán de las hazañas, los juegos, las travesuras, “chiquilladas”, aventuras.
De Lucy tierna fragancia que aromará con prestancia los capullos, frescas flores, del islote con candores.
Mi Virgen de la Salud préstale vida y salud, cólmala de bendiciones te tendré en mis oraciones.
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Apúpato (San Pedrito), Lago de Pátzcuaro, Huecorio, Michoacán de Ocampo, México, a 11 de enero del 2019 Reg. SEP Indautor No. (en trámite)
Duerme tranquilo el cachorro, ajeno a las desventuras, y en sus sueños se desnudan, las innumerables vidas. La paz serena se olvida, cuando la sangre se agita, presa de la calentura, cuando es audacia la prisa.
El corazón se desboca, huye el verbo en estampida, la voz se agrieta perdida, entre los labios que vibran. Sosiega el tiempo la herida, y el amor en su vaivén, altera, muerde, apacigua.
El cuerpo cruzó la puerta, leve sudor que le perla, en los ojos siempre brilla, el sentimiento que habita, en la mansión clandestina, del efervescente gozo. La pausa así tranquiliza, cuando es caricia y no ira.
Temores que se concitan, en la garganta y las tripas, fajando el nervio se reta, la avalancha que gravita, y entre las sutiles tretas, vence el amor, no el terror, aunque de la mano vivan, aunque juntos sobrevivan.
Vive agitado quien nace, vive el soñador sin prisa, y entre los dos se hace vida, se resuelve la ecuación. El verso trepa a la cima, donde la vida subyace, no hay nada en el corazón, que su locura no alcance.
Temeroso vive el ser, en su deambular constante, pendiente de los quehaceres, inmerso en la pesadilla, lleva repleto el zurrón, de recuerdos de otras vidas, y no renuncia en su entrega, de dar cuerda al corazón.
Vive tranquila la vida, si no es voraz la ambición, que marca su día a día. El auténtico valor. Vive en las cosas sencillas, en el noble corazón. Una voz, una caricia, un amor que dulcifica.
La vida es un diapasón, que al ritmo que vive, vibra.
Hasta que tu ansiado amor me tome bien en cuenta evitaré que la luz del sol llegue a la cuenca, con la sombra amarga de mi vida haré derroche perpetuando, así, las tinieblas de la noche.
Hasta que tu boca emita el tan anhelado sí teñiré las aguas del lago de color carmesí, las redes mariposas pescarán mi sangre, causaré la muerte de carpa, charal y bagre.
Hasta que entiendas que mi fiel alma es a ti devota no volará sobre la isla ave ni gaviota, con mis sollozos tristes, quejas y mustios lamentos expulsaré de la región todos los vientos.
Hasta que tus labios me den el beso deseado mi corazón, de la niebla, seguirá de aliado, no brillará luna ni cintilarán estrellas impediré, a toda costa, que resplandezcan éllas.
Hasta que tus ojos me miren a mí, únicamente, no habrá flor aunque la pidas fervientemente, en estas tierras no habrá siembra ni cosechas, ya que ahora las riegan mis lágrimas deshechas.
Hasta que tu tersa piel morena cubra mi ser y tu cruel indiferencia ya no me impida crecer en montañas, valles y pueblos, no brotará vida cuantimás que mi existencia sigue malherida.
Hasta que por fin seas reina de la vida mía no habrá calor e imperará la bruma más fría, porque el témpano de hielo de mi franco atardecer se derretirá solamente . . . con tu querer.
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Isla de Janitzio, Pátzcuaro, Michoacán de Ocampo, México, a 18 de febrero del 2011 Reg. SEP Indautor No. 03-2011-041513462700-01
Inconsciente en la modorra, la conciencia se rebela, desvelando los secretos, que en el subconsciente velan, testigos irremplazables, de la historia verdadera. Entre nebulosas sueña, y el sopor la huella deja.
Si, es consciente el corazón, cuando altera sus latidos, cuando llega la emoción, vive en alerta el instinto, que en el animal aumenta, pues su imstinto no se altera, con mentiras y demencias, su instinto intacto se queda.
Amor que sigue su curso, pasa de largo o se queda, alumbra o solo da sombra, se refleja o pasa cerca. El amor solo hace nido, en corazones que tiemblan, si es sabia la libertad, ante el miedo no se arredra.
Busca quien ama la vida, una senda más auténtica, no teme a la oscuridad, entre dudas se despeja, reflexionando camina, meditando se concentra, y no desprecia el color, de la piel y las ideas.
Estrambóticos los sueños, como sainetes o dramas, deseos que se entrelazan, de jugosos pensamientos, atrevidos o apocados, sinceros o ahítos de trampas, de voces quedas o airadas, que acarician o flagelan.
El tiempo cubrió de nieve, calles, montañas, veredas, y fue dejando sus lágrimas, de puro blancas, de nácar, posó sus pétalos níveos, sobre inquietudes e ideas, y con su blanco pincel, barnizó serias cabezas.
No rinde la flor de plata, se funde con las palabras, y en su blancura plateada, piensa el grande que es pequeño, Y el más pequeño se agranda. Así, entre níveas montañas, el espíritu se escapa. Corazón que se deshiela, cuando hierven sus entrañas.
Nobleza en el corazón, en la mirada ternura, sabiduría en la cabeza, en la sangre la pasión, en las manos la destreza, y en los labios la emoción, si es de verdad su pureza, si su entrega es verdadera.
No somos dueños del Sol, ni amos somos de la Luna, ni de la diosa fortuna, somos señores, si esclavos, somos del viento lacayos, y del tiempo marionetas. La Tierra nos posee a todos, hijos somos de su vientre, ella te impone sus reglas.
Hoja al viento que se agita, frágil libélula vuela, sobre la lámina de agua, que en sus ondas se refleja. Lengua de fuego que abrasa, hija de sinuosas simas, restañando las heridas, que sangran como chorreras.
No somos dueños del tiempo, ni amos somos del amor, ni dueños de la pasión, que al sentimiento arrebata, ni propietarios del verso, que nace, crece y se exalta. No somos dueños de nada, ni de la sangre que fluye, ni del latido que ama.
Amor que temblando anida, que como tormenta arrecia, cuando el corazón le llama. De multicolores alas, de mariposas que bailan, en las tripas y en los ojos, en las venas y en el alma. Temblores que rompen mitos, mentiras, odios y trampas.
No somos dueños del mundo, del amor hacemos magia, no somos dueños del ánimo, pero si le desnudamos, para vestirle de audacia, y de valores humanos. Del amor no somos dueños, somos de su fuerza esclavos.