Odio, olvido… Nos juzgamos ¡esta cama y yo nos juzgamos! Ahora somos inexistentes, tuvimos la existencia y la dejamos partir. Ahora no soy yo, esta cama tampoco es cama, somos torpes puertos que a medias aprendieron su labor. Ahora, nos merecemos estos corazones repentinos, esclavos renacidos que martillan y martillan al odio, al olvido, como dos rocas que se agigantan en cada golpe de inútiles martillos.
Como siempre Ya me va siendo costumbre, Que solo las magnolias Me despidan al salir.
Caminar por el jardín Y tirar alguna rosa marchita, Señal inequívoca también De que el amor se está marchitando.
¿Dónde están los gitanos aquellos Que nos auguraron un eterno amor? ¡Que al compás de violines y guitarras Cantaron, danzaron y de fiesta nos llenaron!
Son diez años apenas… Cuales si fueran diez días para mí. Ya no tengo quién me prepare el café Al levantarme, tú sigues durmiendo.
Ya es primavera, sin embargo, Las violetas y jazmines no sonríen más, Siento llegar el frío del adiós En las blancas sonrisas de los nenúfares.
Me levanté temprano, no quise molestarte, Pero te he dejado flores frescas Para que te hablen de mi.
Ojalá te alegren la mañana Gardenias y azucenas, Que corté hoy, Para ti.
El sueño dentro del sueño, el poder de ver sin ver, sentir sin tocar ni oír, y sin pensarlo gozar, por el hecho de existir.
La flor sin sentir inspira sentimiento a quien la mira, y va emanando su olor, bello aroma que transpira, seduciendo a quien respira. El mar sin saberlo mata, y sin saberlo desata, arriesgadas travesías.
Soñando quedó el poeta, inmerso en su calentura, vagó entre los sentimientos, entre las dudas se inspira, y soñando que soñaba, dejó en sus trazos la vida, senderos que transitar, a quienes sin verlo, miran.
Así, destapando velos, el sabio en su soledad, bucea en los entresuelos, en las simas del dudar, y soñando sin soñar, va desvelando señuelos, desentrañando secretos, dando sentido al pensar.
Voces quedas como gritos, miradas como puñales, y sueños que son reales, versos que derrumban mitos. La vida a bandazos sueña, despierta soñando sigue, siendo rica su existencia, no goza con lo que vive.
Amor desea quien camina, dejando huella tras huella, y en su soledad anhela, una sonrisa sincera. Sueña quien quiere aprender, que es sabio entre pesadillas, y piensa quien amar quiere, que es la vida una vigilia.
Amores en el desván, donde existen las reliquias, donde quedaron los sueños, las nefastas pesadillas. Amores en el salón, humanizando las prisas, y una mirada que brilla, una palabra sin voz.
Luchaste cuanto quisiste, con tesón, quebraste hasta las expectativas de aquellos artefactos que hace la ciencia e impusiste tu férrea pasión por vivir, no te permitiste siquiera perder conciencia de lo esencial, las memorias y la familia.
Por sobre cada ataque a tu organismo, te hiciste fuerte en nuevas metas y sueños, como regresar a casa, por ejemplo, esa fortaleza sencilla, que se levanta en la ternura y el consuelo que derrocha, una sonrisa, un abrazo… los te quiero.
Y cuando la mansión blanca se hizo casa, allí también encontraste la música, los recuerdos, los versos y algunos cuentos, para seguir tejiendo las historias propias y ganarle la batalla a cada día y su noche, para despertar a pesar del aislamiento… a buscar en la puerta las siluetas queridas.
No siempre llegamos y cuando fue posible, las despedidas se volvieron tortuosas, ¿Cómo despegar tus manos de las mías, cómo perderme de tu mirada anhelante y cómo ofrecer un incierto hasta mañana? ¿Cómo hacer para volver a repetir los sonidos del saxo en “Noche no te vayas”, aunque, se desboquen suspiros y llanto?
De tanta dura despedida, combates cruentos, se sumaron las trabas del virus; te visitamos tanto como nos permitieron, con más dolor en los adioses, por los cambios que tus facciones acusaban y la incertidumbre galopando cada alba…
Temía por la noche, esa que cansa y… no permite expectar qué sombra acecha y superaste hasta la última noche; partiste casi con el sol en su cénit y la algarabía de un año nuevo, te fuiste, no entre tubos, casi derrotado, maniatado, te fuiste cuando así lo creíste oportuno, libre, sonriendo, saludando un nuevo día; vuela muy alto padre… vuela muy alto…
El tiempo va jalonando, los pasos que da la vida, marca el paso cual soldado, secretos va desvelando, así, descubre el carácter, da calentura a la sangre, y en su sentencia constante, marca el destino sin prisa,
Sendas que nunca se hollaron, simas negras insondables, cerebros inescrutables, caminos que se borraron, y metas que se alejaron, mientras se acerca el destino. Se diluye la memoria, entre recuerdos desvaídos.
La faz de la Tierra cambia, como la piel se avejenta, que el fiel tiempo desentraña, va mutando pelo y cara, plata, transparente y nácar. Surcos de hollar sin descanso, buscando una nueva estampa, e invisibles cicatrices, que surcan sin ver el alma.
Un nuevo mapa se extiende, sobre el rostro que se escapa, señalando cada ciclo, cada pasión alcanzada. La voz se torna aceitosa, más grave, más matizada, y el cabello se desprende, como una lluvia de plata.
El tiempo altera y confunde, clarifica y adelanta, va avanzando o se retrasa, según la fuerza que emana, y va dejando regueros, por el sendero que marca, con los ojos entreabiertos, concentrando la mirada.
Canción que señala el tiempo, con cada nota que aguarda, a la audaz nota siguiente, que reemplace su tonada. Así, viran como el viento, los signos del pentagrama, dando armonía a los acentos, y sentido a quien lo canta.
La voz va quedando huera, de tanto empeño en usarla, y va derramando arpegios, matices en sus palabras, el tiempo templa la nota, de la curtida garganta, y tensos lo labios vibran, como cuerdas de guitarra.
Amor de exquisitos gestos, de vivas muecas que hablan, que el tiempo marca y sentencia, inapelable su marcha. Un juez sin jurisprudencia, que a su albedrío dicta y plasma. Amor que unido a la senda, entre atajos vive y anda.
¿Te has portado bien?, ¿estudias también?, ¿pusiste tu carta?, pa’ que a éllos parta.
La deben leer para, al fin, traer todo aquel juguete que dicha promete.
Dime, ¿qué escribiste?, ¿fortuna pediste?, ¿paz al cien por cien?, rezando di amén.
Duérmete temprano ten sueño a la mano pégate a la almohada, sarape, frazada.
Cobíjate mi alma espera con calma estarán en casa, tu ser los abraza.
En la madrugada antes de alborada éllos saben cuándo, mas, . . . no andes espiando.
Porque, igual no llegan y obsequios no entregan, no les dan regalos a niños malcriados.
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Ciudad de México, a 6 de enero del 2017 Dedicado a mis nietos Marijose, Mayté e Ian Santiago . . . Reg. SEP Indautor No. (en trámite)
Aunque siempre lo niegues Y digas que ya no me quieres, El brillo en tus ojos, está hablando por ti Que en tu corazón, yo sigo presente.
No podrás olvidarme y quizás Hasta quieras volver a tenerme, En cada momento de tu sano juicio... Pues el destino, a veces saca de quicio.
Tu risa nerviosa acusa y sentencia Lo que sigues sintiendo día tras día Cuando te hablan de mí, bien lo sé Porque nadie te ha dado lo que yo te di.
Nadie más tiene el mirar de mis ojos Como estas miradas con las que te adoré, Ni el sabor de mis besos en tus dulces Como aquellos que a ti te entregué..
Desde que tú te marchaste Mis ojos y labios quedaron sellados, Nadie más ha acariciado mi cuerpo Ni ha dormido en tu almohada.
Y aunque parezca grosero, Decirte que aun te quiero, ruego que nos perdonemos, y Si tú quiere volvemos.
Del vórtice del ciclón, nace la fuerza inaudita, donde arrastra la pasión, en un brutal torbellino, al poder casi infinito, locura que precipita, brutal golpe del destino, a un enorme corazón.
Carrusel de las ideas, que sin fin revolotean, como ágiles mariposas, entre las mentes curiosas, que persiguen su camino. Giran como remolinos, entre las luces y sombras, en busca de su destino.
Como pavesas al viento, se deslizan vapuleadas, por la brisa y las tormentas, por el calor, por el frío, en cada bandazo pierden, en cada caricia ganan, y así, caen y se levantan, como tentempié de feria, las gentes que andan y andan.
Poderoso es el placer, que pletórico se afana, como derrocha el poder, quien nace en cuna de plata, pero solo es oropel, que brilla más se decapa. La fuerza en la vida está, en la mente que destapa, la mugre que esta tapada.
En el centro se condensa, en el corazón se agranda, y en el cerebro se afinan, los latidos que se aman. La potencia esta en el vértice, en la cúspide que aguanta, en la verdad que se extiende, como una infinita manta.
Amar, amor de materia auténtica, vestida de verdad y alma, de carne y mística esencia, de sangre febril y humana, bordadas en el respeto, de realidades plasmada, perfumada de emociones, de sensaciones cuajada.
“El cielo ante ti se abra . . . amante de la palabra.”
Treinta y seis, mil novecientos, con sus dones y talentos llegó al mundo ser pensante autodidacta brillante.
Solo sexto de primaria, lectura . . . faena diaria, dominó múltiples temas memorizó cien poemas.
Muy respetable orador, excelso declamador, ¡di “Los Motivos del Lobo” padre sano, señor probo!
En el lenguaje impecable de una dicción admirable varonil voz, gran cantante que, bailando, fue galante.
Esencialmente un artista que su majestad persista, tuvo apego a la madera, la honestidad por bandera.
Con poco se conformaba el tabaco le gustaba un buen trago con amigos ellos mismos son testigos.
Sin ser santo hombre bueno capaz, ilustrado, ameno, letrado, una enciclopedia, su carácter . . . cosa seria.
Atenea Diosa preclara sabiduría virtud rara, hoy, que se apagó su vida ¡mi conciencia llora herida!
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda México, D. F., a 04 de enero del 2014. Dedicado a mi Señor Padre, Gonzalo Ramos Amaya (QEPD) Reg. SEP Indautor No. 03-2014-073110472600-14