En mi humilde condición, de peregrino del tiempo, voy descubriendo caminos, que son casi siempre ajenos. Entre el follaje deambulo, apenas la luz encuentro, y a medida que me adentro, más dudas surgen de nuevo.
El corazón se hace añicos, al comprender lo que pienso. Seductores o atrevidos, camuflados entre pliegues, que va doblegando el tiempo, pensamientos que claudican, arrebatando recuerdos, y en ciernes, nuevos proyectos.
Trasiego de vaguedades, que como zombis deambulan, soslayando realidades, de fantasías y utopías, tal vez sea o por si acaso, de ideas inalcanzables, y llegando hacia el ocaso, se apilan días y días.
El tiempo lo borra todo, dice el dicho popular, pero solo se mitiga, lo que va quedando atrás. No por menos caminar, se hace el camino más corto, si el viajero llega lejos, más sabio será el andar.
La mirada se diluye, en los flecos del pensar, va vidriando la mirada, pupilas como el cristal, que la lágrima cautiva, en lo que mira, atrapada. Seducen las melodías, que acuden como aludidas, que palpitan o arrebatan.
En mi humilde condición, de viajero del pensar, abro el pensamiento al verso, que sin pausa se desliza, entre la duda y lo cierto, mientras la estrofa se anima, dando fin, a su pesar, pues la reclama Morfeo.
Estallido de las hojas, aplauden vivas al viento. Sonoras palabras mágicas, de los atrevidos ecos. Entre las ráfagas de aire, castañetean las albarcas, pisando el barro y el cieno. El agua seduce al grano, de la enamorada playa.
Abanican las pestañas, dando a la pupila viento, iris espejo que baila, con la sigilosa lágrima. Brilla atenta la mirada, fundiéndose con la pátina, y va escalando sin celos, mira al abismo que llama.
Piensan los labios jugosos, la esencia de los adentros, manantial entre los ojos, boca sedienta de besos. Dice lo mismo la mueca, hablando muda lo cierto, y se rinden los matices, al sentimiento y al gozo.
Baila la sombra en la tierra, hollada por su gemelo, acompasada la danza, de la vida y su reflejo. El amor destierra al odio, con caricias y zarpazos, y se enamora la vida, de lo auténtico que alcanza.
Van llamándose los años, como peregrinos locos, buscando el siguiente paso, camina el tiempo azaroso, marcando el ritmo a su antojo, y van quedándose atrás, sin mirar huellas y enojos, conquistas y desengaños.
Se balancea la esperanza, péndulo eterno del tiempo, sentidos alborotados, sentimientos que se abrazan, temores en el subsuelo, mudos, atentos, sin ojos. Amores en la semblanza, de sus caprichosos modos.
Calma chicha en la mirada, serena tarde de otoño, placidez de la templanza, en el lago de los ojos, infinito en la entrañas, mente que llena vacíos, promesas que cuelgan fatuas, vacuas voces de alabanza.
El Sol con la Luna baila, en la danza de la vida, mientras el amor se encarga, de edulcorar sus andanzas.
En tristeza andante se convierte su vida y su sonrisa en una eterna pulcritud sabiendo que los momentos vividos ya la olvidaron; viniendo el tiempo
con nubes grises que no disipan el dolor hondo del corazón y menos esos intensos aromas con rimas en los que en su amplio mundo vivió.
Se entonan canciones que ya sonaron trayendo los momentos de amor y las penas que recorren el alma van retumbando como amarga canción.
La noche es larga y los días se asemejan a un alma que no tiene color con las heridas infringidas en el pasado no puede respirar, todo en ella culminó.
Volver a pensar en la ilusión no quiere menos atarse al amor por el que lloró se sumerge en la bruma densa y oculta que se desliza en su mundo, tapando su sol.
Andar sus caminos desolados quizás en sus manos una flor que le mantenga el alma perfumada y con sus versos armar el amor.
Camina despacio y segura que dio su alma con convicción entregando todo con la blancura que da por única vez el amor.
Aún lleva en el alma sus sueños con esperanza y devoción.
De la fuente, que mana sin pausa, hasta el río, que en el mar se baña, a la lluvia, de nubes preñada, cuyas gotas, semejan ser lágrimas.
De la boca, que al aliento se abre, a los vientos, que impulsan con saña, la palabra, que en el vientre nace, crece en la garganta, de voz sustentada.
De la vida, que amanecer quiere, de voz aflautada, a la herida, que cerrarse quiere, que a sanarse aguarda, a la sangre, que al latido ama.
De la huella, que deja la ausencia, al fugaz impacto, que el presente deja, la volátil bruma, que llega y se aleja, a la fiel presencia, que siempre se queda.
De la fuente mana, la voz de la boca, de la vida el ser, huella es la pisada, la fuente es la vida, que a la vida salva, la boca el aliento, que el latido arranca.
Vida, boca y fuente, huella que se plasma, de la fuente vive, que la sed aplaca, de la boca sabia, la sabia palabra, si las cuatro se aman, el alma se agranda.
Si se detiene el beso, se queda sin aliento, la entristecida boca, el aire ya no baila, en el labio de aurora, se quedarán llorando, las rojas amapolas, y el viento será oscuro, dando voz a la sombra.
Se quedarán sin Luna, las noches de los sueños, cantarán las cigarras, en áridos recuerdos, y el corazón sin mácula, olvidará el secreto, de aquel amor de ensueño, que escapó de su encierro.
Volverán las nostalgias, abrumando entre velos, ladinas y acrobáticas, llenando los espacios, que se quedaron hueros. Las duermevelas mágicas, recordarán el tiempo, de la alegría plácida.
Si se detiene el noble, se quedan la verdades, en el aire sin dueños, las razones vagando, cual vagabundos ciegos, y sembrarán las almas, cizaña en vez de anhelos, la lluvia será ácida.
Al borde del abismo, nacerán nuevos tallos, brotes nuevos sinceros, amores en racimos, de valores de acero. El día será lúcido, de libertad sin miedo, y cantarán sin pausa, coloridos jilgueros.
Amor como el diamante, de esponjoso cerebro, de corazón de pálpitos, que late sin recelos, y en las noches calladas, donde se acuna el tiempo, susurrarán las sábanas, palabras de consuelo.
Si se detiene el tiempo, un amor ha nacido, como un brote de enebro, y una luz estentórea, reclamará su acento, serán versos los gritos, el amor será eterno.