De la fuente, que mana sin pausa, hasta el río, que en el mar se baña, a la lluvia, de nubes preñada, cuyas gotas, semejan ser lágrimas.
De la boca, que al aliento se abre, a los vientos, que impulsan con saña, la palabra, que en el vientre nace, crece en la garganta, de voz sustentada.
De la vida, que amanecer quiere, de voz aflautada, a la herida, que cerrarse quiere, que a sanarse aguarda, a la sangre, que al latido ama.
De la huella, que deja la ausencia, al fugaz impacto, que el presente deja, la volátil bruma, que llega y se aleja, a la fiel presencia, que siempre se queda.
De la fuente mana, la voz de la boca, de la vida el ser, huella es la pisada, la fuente es la vida, que a la vida salva, la boca el aliento, que el latido arranca.
Vida, boca y fuente, huella que se plasma, de la fuente vive, que la sed aplaca, de la boca sabia, la sabia palabra, si las cuatro se aman, el alma se agranda.
Si se detiene el beso, se queda sin aliento, la entristecida boca, el aire ya no baila, en el labio de aurora, se quedarán llorando, las rojas amapolas, y el viento será oscuro, dando voz a la sombra.
Se quedarán sin Luna, las noches de los sueños, cantarán las cigarras, en áridos recuerdos, y el corazón sin mácula, olvidará el secreto, de aquel amor de ensueño, que escapó de su encierro.
Volverán las nostalgias, abrumando entre velos, ladinas y acrobáticas, llenando los espacios, que se quedaron hueros. Las duermevelas mágicas, recordarán el tiempo, de la alegría plácida.
Si se detiene el noble, se quedan la verdades, en el aire sin dueños, las razones vagando, cual vagabundos ciegos, y sembrarán las almas, cizaña en vez de anhelos, la lluvia será ácida.
Al borde del abismo, nacerán nuevos tallos, brotes nuevos sinceros, amores en racimos, de valores de acero. El día será lúcido, de libertad sin miedo, y cantarán sin pausa, coloridos jilgueros.
Amor como el diamante, de esponjoso cerebro, de corazón de pálpitos, que late sin recelos, y en las noches calladas, donde se acuna el tiempo, susurrarán las sábanas, palabras de consuelo.
Si se detiene el tiempo, un amor ha nacido, como un brote de enebro, y una luz estentórea, reclamará su acento, serán versos los gritos, el amor será eterno.
Al escribir estas líneas una lágrima brotó espontánea con pesar, gran lástima, por más que intenté no la pude contener, élla fue el triste producto de mi padecer.
Amor, tú eres el principal de mis motivos, sin ti . . . corazón ya no tiene latidos, ahora sé lo que es estar solo a la deriva cual náufrago sin retorno, sin partida.
Aciagamente me perdiste la confianza, propios errores me dejan sin esperanza te he suplicado por Dios que me perdones, que reconozcas que también tengo dones.
Mas, no das una positiva respuesta, así con esta cruz subiré la cuesta; creí que tu querer no se acabaría jamás y hoy, que pena, sin esfuerzo lo dejas sin más.
Siento algo muy raro atorado entre pecho el ser para siempre ha quedado desecho, esta vida, en fin, carece de sentido para mi desgracia . . . ¡ha muerto cupido!
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda México, D. F., . . . el día en que, por mi culpa, la perdí. Reg. SEP Indautor No. 03-2011-0909133538000-14
Un corazón que no late, una sonrisa de hielo, un pensamiento que yace, una mirada de acero, los ojos entrecerrados, como rendijas, sin brillo, y un cerebro como ido, labios, como un fino hilo.
Cuando el corazón se ensancha, nace el sentimiento auténtico, aunque sea la realidad, poco menos que un infierno. El necio a sus anchas campa, ausente de lo que pasa, y ante nada se detiene, si tiene llena la panza.
Mira a su ombligo el cobarde, el estulto mira al suelo, mientras miran de soslayo, el necio y el embustero, se creen sobrados de ciencia, de poder van presumiendo, pero su rostro rebela, el vacío que va por dentro.
Amantes quiere el poeta, amores que lleguen lejos, que no se enrarezca el aire, que no se pudra el aliento, que la mirada sea grande, que mire al fondo de todo, que sea libre el pensamiento, no amarrado a otros deseos.
Bruñir de esencias las notas, de su atrevido talento, que el corazón lata fuerte, que la sonrisa sea un gesto, que alivie el dolor ajeno, con los ojos bien abiertos, y que no miren tan solo, que vean más allá del tiempo.
Cascabeles en los labios, bellos sonidos sinceros, que emitan palabras sabias, que suenen como sonetos, que surja la carcajada, si va la risa a su encuentro, y nazca en el corazón, el amor que abarque todo.
El fin no se justifica, con el sacrificio de otros, y tan solo la nobleza, mejora al sabio y al tonto. Que el vértigo no se aferre, ni a la vida ni a los órganos, y no se rindan los buenos, ante el verdugo y el bobo.
Amor quieren las entrañas, el corazón y los ojos, y que se infiltre en las venas, como en su caverna el topo, no se doblegue el poeta, ni al poder ni al poderoso.
Te he visto bajar serena En mis tardes solariegas, Mojándome lentamente El rostro y el abrigo. En otras sin embargo, Con vertida en aguacero, Torrencial, arrasadora, Te has llevado los sueños y la vida De aquellos que ansiosos te esperaban: ¡Lluvia! Mas tu fuerza creadora Ha limpiado las larvas de los campos, Los hierbajos del camino; Has regado las sedientas tierras Con tus lágrimas de vida, Y has abiertos surcos, Como las heridas de mi alma Donde el trigo ha crecido, Como mis esperanzas crecen. ¡Lluvia!
Un maremoto, en un dedal de agua, estruendosa catarata, de lágrimas en los ojos, de un microbio una gran plaga, ventisca de un solo soplo, un huracán de agua y viento, en un aguacero solo.
La voz, como un luengo trueno, que brama de horror y gozo, de ideas un terremoto, en la corriente de un pozo. Una cascada de besos, en un beso intenso y corto, y en un suspiro tan solo, un aliento del dios Eolo.
Si el destino adivinara, ajustaría los antojos, correría mil peligros, más laxo sería el andar, más gozaría del reposo, y en las artes del amar, sería más meticuloso. Iría mas lento o más rápido, dependiendo del amar.
Tromba de agua, en un reducido vaso, torrente en un parpadeo, un berrinche en un solo ojo, de una lágrima un manantial, de una mirada, un sollozo. De una tos un terremoto, de una risa un carnaval.
De un pálpito un mar de fondo, y de tan solo un enojo, el bramido de un volcán. De una letra una pasión, un verso como un ciclón, y en el vórtice de todo, un amor que abarque todo, un ciclópeo corazón.
Un mundo en solo un jarrón, y un universo en un bote, toda una orquesta en un solo, y en solo un dedo el amor, en todo el inmenso espacio. Y así, en tan solo una mirada, amar la vida , que no es poco.