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Hice antesala por un siglo…
Traía en mi carpeta concienzuda la piedra filosofal del desatino
Cabían en mi epístola atrevida la paciencia, quince códigos, mi soñar y un compromiso
La institución secaba mis nudillos Sus estampillas me creyeron pergamino
Un burócrata de azul puso diez timbres -de negras manguillas intuí la muerte-
Continué entre espectros sigilosos aspirando a exhibir mi pedimento, pero un morado número en la frente me remitió a la suerte de expediente
Me colgaron en plomo subterráneo, broté en idearios encrespados Maduré doblado y amarillo, mas nadie leyó mis argumentos
Conocí la alacena de las ratas, tirité mordida mi gran carta Me encogí reseco como paja mientras se hacía añicos la esperanza
Hice antesala por un siglo…
La ilusión se llenó de telarañas Cuando quise gritarles mi proyecto la voz tenía clausurada
Hice antesala por un siglo… Equivoqué mis pisadas En vez de sumarme a los miles me trasnoché en burocracias
Y una oficina de partes después de esperar un siglo archivó mi atrevimiento de reclamar suelo patrio.
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Poeta
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Cuando los remos entendieron el frío
se hundió su madera redonda
en los acerados nudillos
de un chilote
Las islas se enlazaron
de botes furtivos
Engalanadas de procesión y chichas
subieron como átomos altivos
al canto inaugural de borracheras
La sidra generosa tupida de sueños
blasfemó la lejanía de los hombres
alargados de pampa y hielo
en la trasquila
Crepitaban las piedras rojas
sus milcaos
Las almejas eran castañuelas errantes
transitando su fuerza pendenciera
Dos acordeones morenos
comenzaron a saltitos
a despertar los raulíes
y cincuenta mujeres solas
aplaudieron el corrido
Para bailarlo y descubrirlo
voló mi poncho hasta las zarzas
Desafiando miradas clericales
abracé la tímida cintura
de mi viuda
hasta encallar mi bote
en su tersura
Luego, por largos años,
ella remó para mí
los crepúsculos
y yo buceé las entrañas
de Calbuco
en un diálogo muy simple
que en diez hijos se plasmó
La silenciosa raíz de los ostrarios
alimentó diez fuertes emigrantes
La música resuena en sus talones
como pálida postal de sus romances
Vuelven siempre en los otoños
en pascua de resurreccón
En corridos y mistelas
a buscar resignación
Noviarán por los inviernos
y de nuevo partirán
A la esquila y a la pampa
Otros hijos dejarán
En alforjas de garúa
llevarán tozos de mar
Con sus botas y sus lanas
otra viuda llorará
Es el ciclo de mis islas
Saturado de llover
Es la historia de mi abuelo
De mi padre y de estos diez
Sin querer que se repita
Pero qué se puede hacer
Chiloé con sus varones
desplazados por Neuquén
Chiloé para los pijes
un rincón sin conocer
Chiloé p’a los chilotes
yerba amarga que sorber.
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Poeta
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Aprendí el lenguaje del helecho,
tartamudo verde de palabras largas,
con su penumbra tibia,
acogedor portero de mi casa
Se arrimaba al sol sin prepotencias
Me saludaba a diario, confidente,
comprendía mis treguas simplemente
Aprendí el lenguaje del helecho,
disfruté su tersura de serrucho,
en sus raíces compactas
descubrí su corazón frutoso
Aprendí el lenguaje del helecho
y sé que él supo del mío,
de mis desorientadas mañanas,
de los cobradores y sus palabras raras
Por eso lloré cuando el actuario
desparramó su cuna colgante
en el lote humillante del embargo
Lo ví aletear en treinta y cinco espacios
Lo ví despedirse del portal, sin acusarme,
comprendiendo mi desnudez escriturada
Helecho marginado del sol hasta el remate,
llegando triste, amarillo y amputado,
para que alguien, por dos centavos,
procediera a borrarlo de inventarios
Nunca más he podido
conversar con los helechos
Desde que falleció mi amigo,
por solemne hipoteca ejecutado.
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Poeta
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Tengo un rosario que es un tesoro, con cuentas de nácar y estuche de oro.
Sus alas son la oración, se canta y se alaba se ora por los hermanos juntando nuestras manor.
Rezando el rosario nuestra madre celestial rie su corazón reboza de alegria sus mensajes han sido oidos.
Tengo un rosario que es un tesoro, con cuentas de nácar y estuche de oro. delfin
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Poeta
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Que equivocada está la gente cuando me tildan de demente, porque si contemplar el azul infinito marino, extasiarse con un bello ramo de margaritas, o amarte hasta la eternidad es estar demente pues demente soy.
Si estar demente es sentir a plenitud tu amor es dejarme seducir por tus caricias o cuando dejas caer tus ropas y quedas desnuda frente a mis ojos, entonces soy demente.
Si estar demente es poder reflejarme en tus negras pupilas, es sentir que tus negros ojos que semejan la noche me gritan que me amas. entonces soy demente,
Y quisiera morir embriagado de esta locura de amor porque tu y yo nos amamos con el alma, amor que se prolongara hasta la eternidad y si por eso somos dementes pues seremos los dementes más felices. delfin
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Poeta
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aun te espero,aun te amo porque lo nuestro ,no es en vano es deseo de lo bello es suave sentir en tus ojos, mi pasion en tu boca mi sentimiento de colores y sabores que se abren a tu piel encantada de estrellas
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Poeta
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Está ahí vibrante
lleno de vida,
eres tu mismo,
pero te extiendes hacia las alturas,
rozas el éter,
te cautiva lo imprevisto,
esa legión de seres que se posan en tus ramas,
algunas veces inofensivos,
otras veces has visto lagartos nauseabundos,
viviendo en tu corteza,
eres tu el árbol,
debes cuidar de él,
es el árbol de la vida,
de la muerte,
debes cuidar tu raiz,
ella es frágil,
inmortal en esencia,
pero frágil,
algunas veces estos seres reptiles,
te dicen palabras extrañas,
te incitan a pensar,
a gritar y maldecir,
a odiar,
nunca a amar,
te hacen sentir grande,
o pequeño,
de acuerdo a tu ego,
"no eres nada",
insignificancia letal de árbol,
esperando la muerte estás",
dicen con sádico orgullo,
moviendo su cola verde,
con una mirada que pocos humanos podrían soportar,
pero a pesar de la insignificancia del árbol,
ellos viven posados en tu corteza,
como parásitos mudos,
viven aletargados,
esperando una oportunidad para ascender,
por la corteza,
a otras esferas,
esa es su ideología,
sencilla y a la vez compleja,
te degradan,
a lo mínimo de tu expresión de árbol,
para ellos subir
por las ramas,
podrías decir que ellos si "se van por las ramas",
el lagarto si,
el Rey Lagarto,
ese que siempre vivió en tu árbol,
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Poeta
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Nuestros momentos...
Son como páginas escritas en un libro de poemas. Son como encuentros de fabulas y sueños. Son pasiones envueltas y sentimientos. Son besos, caricias y bellos momentos..
Nuestros momentos...
Son como nubes en el firmamento. Son como aguas que corren y se encuentran en algún momento. Son magia y sueños. Son deseos transformados en besos. Nuestros momentos... Son rosas y claveles. Son mar y cielo. Son estrellas y universo. Son vida y anhelos. Nuestros momentos... Son palabras calladas que esperan su tiempo. Son mis brazos abiertos en espera de tu cuerpo. Son mis labios ansiosos. de entrega y sensibilidad al viento. Nuestros momentos... Son almas que tienen su encuentro. En el silencio intenso del firmamento. Así son nuestros momentos...
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Poeta
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Eres mi primavera. El agua de mi verano. La hoja de mi otoño. Nieve en mí invierno. ¡En el tiempo de mi vida…!
Floreces mis anhelos. Das vida a mis sueños. Me llevas en tu viento de caricias. Me cobijas cuando siento frio. ¡En el tiempo de mi vida…!
Llenas de colores mis esperanzas. Pintando de azul mis aguas. Acaricias con ternura las hojas de mis ramas. Prendes fuego en mi hoguera derritiendo la escarcha. ¡En el tiempo de mi vida…!
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Poeta
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No solo sufriendo conoces el verdadero silencio. ¡Es tan bello escuchar el sonido del viento! El canto suave de un ave. La carcajada alegre y espontánea. El caer de una lagrima de felicidad. ¡Es tan bello escuchar al suspiro que nace del pecho! El suave vaivén de las olas. El vuelo alegre de una gaviota. El caer lento de las hojas. El golpeteo quedo de una gota.
El silencio es bello Te permite apreciar el sonido de una campana El murmullo del viento en la sabana El sonido el agua en el rio La sinfonía del aire en la montaña
¡Es tan bello el silencio! Cuando los gestos son los que hablan... Las miradas motivan... Las manos acarician... Y sobran las palabras...
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Poeta
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