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NOCTURNO SENTIRSE AMANDO
A medianoche, faroles hay en el espejo, mediodía. En laberintos de alabastro es un ruiseñor ella. Emergiendo, ilusiones rosas de los mares, cristales hoy. Del claro canto cautivado sueño, embelesado. Escuchando, esa palabra del sí, enduraznado melón. Cargado enlactosado del placer en agua azul. Bañado, ardiendo campanadas de jinete verde. Encarnado, en la selva, cabellera, sin cadena. Cordereando, las cuerdas de nardos y claveles. ¡Amando!.
A Los desnudos imposibles de nubes que se queman, iluminando amaneceres. A Los viejos mundos derramados en la arena, que fabrican dorado al viento. A Las abiertas muchedumbres sedientas, frente a frente del vientre llenos. Abajo Abarrotados Abasteciendo Aberturas acompañadas, acometidas, además adheridos, adentro amándose anudados.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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LEÑOS DE FUEGO...
¡Fuego, fuego, fuego!. Feuer Fuoco Fogo, feu, fire.
La muerte pura y blanca de serenos leños extraños, Del Herido guijarro sagrado habla solitario al río, Cuando La miel de la sangre es tesoro carnal tranquilo, Y Nada sigue cuando nada hay de la gran falta poco, Desatados De los motivos inmediatos del arado y la calleja. El Pequeño cielo no pasa de su color de lluvia noble. Donde Aúllan los deslizamientos de los temblores tibios. Antes Entretejidos de los gránulos de fuente amantes. Nunca Iguales que constatan si aquéllo, empaña la penumbra. Merecida En una mirada, azabache, de algas asombradas mojadas. Resbalando.
Corazones Descompuestos de azucena han crecido sorprendidos. De Faroles por una manera batiendo nácar ausencia. Las Corbatas, corpiños y caderas hermosas cinturas. No Siempre tienen poco de mayor importancia gimiendo. Sentadas. Por el golpearse las mejillas de níquel y anfibio. Un Enorme poco de las pestañas y largas trenzas, ladrando. Casualmente.
En Los anuncios dispersos hay laureles y cristales ardiendo. Lo ¡Qué es difícil contemplar espigando silvestres sueños!. Por La hermosa hoja fluyendo y ardua distancia de las ramas. Elegantes. Sin la presencia del muslo de un guijarro como fragua. En La lejanía de la estatua perfilada y ardua disputa del mármol. Despierto. Con las hermosas cadenas de grandes alas y caderas enamoradas. Reposadas.
El Alfabeto de la pasión humana está en el horizonte. Enmudecido. ¡Qué asciende antes de qué lo verifiquemos!. En La cantera de los buscados anuncios esperados. Por La vida candil que siempre fue la orilla confusa. Herradura.
Y ¡Cuándo el amor verdadero llega solo!. De Pronto, inesperado, de girasoles de noche. ¡Quedamos!. Atados, y pensamos, y sentimos y soñamos que nada hace falta. Eternamente.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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En el rincón de la serpiente
En el rincón de la serpiente. Nadie llora ya, la piedra está en la frente donde solo los sueños lloran. Nadie canta ya, la boca está solo en el tembloroso vaho de veredas lejos. En El Rincón nadie llora ni canta, solo la serpiente piensa y siente... Aquí está, se trata de la carne, de la esquina redonda, de los cuerpos, de las almas, del polvo, desnudo, dulzura inquieta, brumosa, en la lámpara de la torpeza, en la pregunta perfecta, con toda la niebla, con toda la cuesta, de la muerte en el mundo.¡Welt, mondo, world, monde!. Gloria de los candiles degollados, y sobrevivientes por las espirales montañas, del tiempo, del aire, de plata pajiza y lentejuelas, sordomudas, magnolias, hechas de limones, violetas. De mezquina paga, bucles de mano a mano, de los que mueren juntos, abajo de los rincones, de los serpenteantes pensamientos garbosos, de los rincones de juncos de dos mitades, degollados e inaccesibles mapas perdidos.
En El Rincón de la serpiente hay crepúsculos de invierno, hay viejas estatuas de trigo, de lobo y de flor, ajada. Hay palabras de perdidos alfabetos, de arañas campestres. Hay pueblos centenarios ricos de presentes. desventuras. Rincón de los rincones distraídos, dependiendo del después. En el antes ciego, mudo, sordo, pantano de artimañas, llaves y candados. Seis retrasados confidentes, descifrando novelas de escarabajos y gusanos. En el mañana del quién sabe, tal vez, de otra manera, que por ahora no...
En El Rincón de la serpiente de muletas.
¡Sí, sí, de muletas, de muletas!-Krücke, gruccia, béquille, crutch.
Hay otras serpientes desengañadas, en los domingos de piedra, de lodo seco. Hay otros más pequeños rincones, invocando a las lombrices imaginarias. Hay además otras cosas que ya nadie recuerda, por ahora o por las noches. Hay además botellas en los tejados de pólvora de las hogueras sembradas. ¡Hay, otros tantos miles de hay, además, de menos a más ó menos casi!.
En el rincón. De la vida social, de la muerte individual, la serpiente cristaliza vidrios. Por los soñolientos saltamontes, comprimidos del silencio pergamino endulzado. Por los telegramas melancólicos, donde nacen, las campiñas y meditan las orugas. Por los viejos gavilanes, invocando en la sortija, caballeros y doncellas raras. De la vida serpenteante, de la muerte angelical, la fructífera ignorancia. En el rincón. ¡Teje del mismo interior, otras serpientes redondas!.Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Prepárate me dijo el sol cuando vio tu barca cercana. Galán de corazón enamorado está llegando a tu playa. Buscador de tesoros, en tu alma encontrara la riqueza. Viste tu casa con entrega plena y abre ahora tus puertas.
Milenaria la espera, preparada para el advenimiento. Mar y cielo artífices del encuentro en naturaleza perfecta. Silueta ataviada para sorprenderte en tiernos amores. Esperanza de permanencia forjada en ilusiones de certeza.
Escribimos nuestra historia en pergaminos de pasiones. Paraíso glorioso revelaba armonía y exquisita sinergia. Profecías de felicidad se manifestaron con tu presencia. De piedra las bases asentadas en las emociones del alma.
Despierta me dijo la luna, la barca levó sus anclas. Mar y cielo cómplices de una partida sin justa razón. Silueta despojada de tesoros de amor irreemplazables. Esperanza de permanencia muerta en un furtivo adiós.
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Poeta
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POR EL ECO AFÓNICO...
Por El Eco del embudo. ¡Aparece silencioso!.
Silencioso, silencieux, silenzioso, still, ruhig.
Afónico Por El Eco.
Lo que una espada deja en la punta, como un lirio, malamente, el salvaje misterio de velos finos, despacio, en que con torpe mano, la carne absurda se forma, adrede, hace de un tronco su luctuoso manto, presto, en el éter fúlgido y sereno, demasiado, a su capricho un infinito de azulada esfera, enseguida, y luego baña el surco su silvestre aroma, medido, y ante su obra humedece al espejo rojo, agradeciendo, y se arrodilla, se empecina, en la orilla de la luna, y se pregunta, se interpreta, en la pendular espuma, dudándose.
¡Dudándose desnudo!. Y por eso la ribera las leyendas finge, de joyas duras sobre la caja, invariable, entre tu desnudez intacta y la mudable muerte sometida, súbdita y primera, tartajosa, entre su figura descarnada, y la flor del beso del rocío, marfil indomable, espabilado, entre el pincel de plantas trepadoras, y el profundo licor, aliento hundido, taxativo, entre la dura boca en la espalda impaciente enarbolada, una llamarada ahila.
En las formas, en la carretera, que subyugante agrupan, reales a un fantasma, una incógnita viajera, de la mente, de la brisa, en el pecho, carmesí, de ridícula melena hirsuta ahogada invención, y hecha del ídolo ya, sacrificado, en su altar que cariñoso mece atmósferas trémulas, del eco ronco.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Piel de seda, caricia suave seduces al despertar la madrugada, palpas como el plumaje de las aves das un toque terso, mimas apasionada.
Sentidos tensos al rozar contigo tengo duermes la mente, sin cuerpo vago. ¡De las estrellas sin alma vengo y ya no sé qué es lo que hago!
Ternura volcada dentro de la brisa la respiro al estar tan cerca de tu piel, abrigas finura en la blanca frisa y me dejas tieso con el olor a miel.
Dulzura encantada en mi ser te quedas la fricción de tus dones no quiero perder, piel de mota sílfide labrada en seda arrullándome el momento prefiero tener.
Julio Medina 11 de enero de 2012
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Poeta
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Fue alguien...
Fue un alguien que aprendió a salir de cualquier parte y agradecer las modestas mañanas de la tarde, de la noche, sin sol ni luna, por las limosnas de los años envejecidos, del sueño, con la rutina, sabor del hilo, del hielo, del ciclo, con la rotura, sobre la oruga, la tortuga.
Fuego del agua, carbón y combustión, de una no sospechada primavera, hoja del otoño, un reverso, de tornillos y de tuercas, en la memoria de una llanta, que lo ha dejado, abandonado, en el camino, lejano de ciudades, desde hace ya tantos años, que hoy parece ayer y qué puede recordarlo sin amargura, una carreta que no ignora que el caballo se cansa, que ya es el porvenir un verano antiguo, y el olvido lo tiene invernando, como ha sido desleal la escarcha. Y con el óleo seco al eco fueron desleales, lo qué puede sentir de pronto, el desierto al cruzar la calle, por una misteriosa y despoblada felicidad de vino añejo.
Hilo De seda De algodones extintos De fugitivos tabacos que no viene del lado del humo fácil, y de la esperanza del cerillo y de la esperanza de la flama inmóvil dentro del ojo de una aguja desventurada de una tela de alambre sino de una antigua cerca, con la inocencia, del candado sin cadena, en la propia raíz acerada, o de un día difuso ... ¡Para ser alguien en cualquier parte!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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UN PORQUE SENCILLO
Este Es Un Porqué sencillo, como cualquier otro cualquiera, lleno de puro porqué.
Porqué tiene mucho. Pues. Luego. Con que. Por consiguiente. Por tanto. Por un porqué. ¡Con tal de qué!. ¡De modo qué!. Por un porqué. ¡Tan pronto como!. ¡En tanto qué!.
Es La Viva Esencia Del porqué de los porqués.
Un Porqué Sencillo. ¡Uuunnn!.
Porque disculpar aún lúcidas espinas, donde hay olmos, muchos cedros, muchos álamos, en que sonríe el mes del siglo, donde hay abejas, muchas hormigas, muchas palomas. Sin gracias. ¡Están perdidas!.
Un Porqué Sencillo. ¡Uuunnn!.
Porque las nueces, con sombrero desesperan, piadosas, el veneno, bajo la sien, que aun nada transfiguran con su luz: Sin gracias. ¡Están perdidas!.
Un Porqué Sencillo... ¡Uuunnn!.
Porque dentro de las noches una voz escapa, de quién sabe dónde, y hay un guión, escondido en los pliegues del silicio: Sin gracias ¡Están perdidas!.
Un Porqué Sencillo. ¡Uuunnn!.
Porque expectativas el mal es don del cielo, y que, al excusarse va, con raudo celo, desmoronándose aprisionado también, porque se acerca el primer final: Sin gracias ¡Están perdidas!.
En un porqué sencillo del futuro que fusila hombres. En un porqué sencillo del ayer qué opulento muere. En un porqué. Sencillo al qué sólo nadie le hace caso. ¡Ese nadie del diario preguntar!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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RAMILLETE INGRATO
Dices. Gritas. Cantas. ¡Con el ramillete ingrato!. Cualquiera ha sido el culpable. Cualquiera aunque no quiera, ni lo sea, ni siquiera lo sepa. Si voy de aquí, hasta nuestros días, ya no quiero verdaderas joyas, solo más oír, menos ausencias, de la voz toda una regia mansión, fuente de voz que suena a eco, donde sublime resplandece lo que ya falta, ya sereno, ya esbelta linfa, como así de confesor, ramas bellas derramando cielos, si se escapa de la suave ternura el poder de arrepentirse. Nada hallo fuera del clarín estridente, en que se afirme tumulto de galeras labrado nada de humano nada de ilusiones y la proa resulta hueca la gruta insulto acuático si ésta cárcel es de caracoles profundas delicias por otra resignada insolación aislada, al fin fragante primavera muerta al fin temprano polvo encorvado en cada vacío, cada nido, cada estéril brasa, por lo que acabaremos. De hundir, los puentes en los techos de los lechos.
¡Oh triste soledad!. En su cuadrante, por lo mucho que se tiene, y la del engaño de creerse fulgurante escarlata, entre la fortuna ingrata, en humana compañía, caminante, golondrina de oficina, moviéndose y tomando chocolate, que del mirar se advierte, entre espejos, desconocido ermitaño, el viejo Cronos en su trono.
Por el destronado ingrato ramillete, de relojes egoístas y paredes necias. Lo que ha ido muriendo poco a poco se olvida por el suelo, hasta llegar el día que la historia repita vena a vena cada arteria cada hueso, cada sudorosa lágrima en que los reflejos salten de espejo a espejo, como extraños a sí mismos y descubran que ya no vivían, ni las ideas radicales, ni los ramilletes temporales. ¡En el cementerio de los espejos!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Pensar de Orión
Si El huracán enloquece Por Tener más de lo que necesita. ¿Que le queda?. ¡¿Cómo inmóvil, rueda, el raudo vacío?!.
Piensa A veces en sus rayos y truenos El viejo Huracán (Maya) En La constelación Transformado... En el más allá.
Aire en el purgatorio incapaz de defenderse del hambre y de la sed con la insatisfactoria relación maligna, incompleta, entre las cosas que dañan, la tortura del alma de cañones candorosos en los pobres cuerpos que envilecen una a una las mismas horas zurcidas y a las almas de vestuario verdadero y del poder cerrar la cera, flama, vela. Donde se afanan las cuarentenas nerviosas se retocan a los pobres de solemnidad barata vivificándolos. ¡Cómo híbridos huracanes!. De Tropical perturbación. Y atmosféricos latidos en el noble pecho humano.
Y Las nubes se dispersan En la bóveda de jade, y son cada vez menos, detrás de los horizontes, solemnes y más pobres, desapareciendo tardes, lo que ya es bastante grave, gira del regreso, débil por el suelo, que un solo hombre todo un año marcha, o una sola mujer por el día galopa, y ambos contemplen cuantas gentes van por las riquezas muriendo, sin tomar reposo aún bajo mil techos distraídos del horizonte. Híbridos, huracanados, en el hueso pisciforme.
Donde lo montes, se levantan, y suben a las cumbres escarpadas. Prisioneros de los estandartes al octavo compás inundado de rincones iluminados, pretendiendo, apresar la luna, semejantes a una corriente que pasa, por el agua pensativa, oculta entre bambúes, donde sauces silenciosos observan, los lagos donde la luna se refleja, y que salen, de este sueño que cuentas.
Y piensa, dice, sueños crea...
¡Que la ortogénesis es incontrolablemente interna, válvulas de amores, perfumados odios de sillas, y salones destrozando, platos, en las juergas de claveles, y como él, de una pierna, cojo, el rayo con el trueno, en una dirección determinada del perdido rumbo inmóvil!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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