|
|
|
Sucedió una tarde de frío Invierno, cuando tus manos sedujeron con amor mi talle, y extraviando mi cordura, en la dulzura de tu boca, nació vacilante... mi primer beso...tardío!
Encontré entonces una ilusión perdida, y un motivo suficiente para seguir con vida, y desde esa fría tarde, ¡¡tuyos son todos mis besos!! porque aprendí de ti a besar, porque me gustan tus besos traviesos!
Musitaron también tus labios, el deseo y la pasión, conviertiendo el frío Invierno, en cálida estación, y al viajar por mi piel, tus ardientes manos, en medio de esa febril locura, hasta el alma se estremeció!
Fué aquella tarde, de frío Invierno, que grabado quedaste en mis pupilas, y tatuado quedó tu nombre en mi corazón, Tu esencia corre con mi sangre por mis venas, y tu amor, late a la par de los latidos de mi corazón!
Claudia Alhelí Castillo 09-04-12
|
Poeta
|
|
|
|
[youtube=425,350]http://www.youtube.com/watch?v=Iw6hRe4KnHw[/youtube]
Amor
¡Qué dulce es la voz del viento y el cabello despenteiam como violentos latigos golpear violentamente en la cara
Buscando en la sal de las lágrimas Lo que los ojos brotan En la suave melodía el canto del viento
En este momento lúdico Como dicho que las lágrimas broten una por una las lagrimas De este modo comenzar a
Remojar la Luna seca Inundando toda la tierra Un millón de lágrimas en el viento Y así las inundaciones
inundación Este cielo carente de estrellas Y este jardín seco y árido Lo que se oye la voz del viento Sus ojos brillan en la distancia Tu amor por mí
alexandre
queridos amigos lectores lo siento por la traducción No puedo hacerlo mejor
|
Poeta
|
|
|
|
El Alien Rojo. Dioses, no me negueis la tinta china, que negra la quiero hasta el relámpago. El Cardenal se mueve sobre la arena dificultosamente, flor fucsia, extraña petunia voluptuosa, salvaje majestad rosa, cuyo manto arzobispal es una entelequia de amapolas histéricas. El desierto marciano lo contempla. Es el ocaso y un cielo rojo se refleja en un lago de arena de sulfato ferroso y cinabrio infinito. Es un inmenso espejo granate y naranja veteado de carmines rabiosos el que pisa el sacerdote, detrás de él, feroz maraña de espinas, el Alien rojo, manso y esbelto, incontenible muelle púrpura en tensión, le sigue los pasos. Es un tigresaurio demoníacamente rojo, la prolongación siniestra de la ropa del cardenal, su imagen especular y deforme. Ambas flores escarlatas dejan una sombra negra y alargada a sus espaldas en el carmín de Río Tinto minera y Tarsis. Hay arroyos secos en los que la sangre corrió como una furibunda serpiente, torrenteras en las que el vino sumergió cien ángeles desnudos, savia de olmo de cristal y ónice que atrapó lagartos furibundos. El suelo de pizarra roja daña las sandalias del sacerdote, el suelo quema, escorpiones frenéticos danzan al paso del amo de la bestia, cuya frente empapada en sangre brilla. Suda el cardenal sangre y da ahogadas bocanas al aire enrarecido del desierto marciano, que lo contempla como a un Jesucristo en trance al que acompaña un Cirineo monstruoso. La pantera le sigue con su doble boca erizada de dientes, las dobles mandíbulas en tensión son como tijeras a un instante del supremo corte y el Cardenal es una hierática rosa sobre la estepa carmín. Suda sangre el apóstol sublime, que se ahoga en la enrarecida atmósfera. Avanza con dificultad, el camino es pedregoso y las piedras son aristas afiladas y crepitantes, lacerantes e indiscriminadas, el monstruo le sigue como un extraño bailarín a su dama, en su piel de silicona roja se refleja el ocaso marciano como una llama púrpura sobre un satánico pavo real escarlata. Los dos dejan una sombra negra y luctuosa bajo un sol irascible que quema como el fuego, que intenta bajar al horizonte. El silencio es una capa de escarcha venenosa en la que se deslizan acordes de címbalos negros. Al fondo se eleva la ciudad marciana, es un rostro negro de esfinge hierática, con los pómulos resaltando las oquedades de los labios. El sacerdote da una bocanada de aire y de su nariz brota un goterón de sangre negra, que cae sobre su vestido, la rosa se llena de mucílago negro. Cae al Suelo. Detrás de él el monstruo se detiene y escarba la tierra, parece sonreir con malicia, pero es la carcajada de una hiena vampiro. Vomita cólera morbo el sacerdote, un gargajo negro como la muerte que ensucia su vestido bermellón y cae a borbotones sobre la arena. Se levanta. Al fondo se eleva la ciudad marciana, sobre un espejo horripilantemente púrpura, negra como la antracita. Los muros ciclópeos delinean la pirámide, los escalones se elevan hacia el cielo y las balaustradas terminan en arcos negros, rotos, y salvajes. El sacerdote, avanza, la arena impulsada por el viento le lacera la cara, le quema la nariz, de la que aún gotea la sangre negra, mezcla sudor y sangre en su piel. Detrás de él el horrible híbrido sonríe, es como un muelle en tensión el salvaje percutor de una trampa lasciva que quisiera desollar arcángeles. Su piel de silicona roja está hecha girones, pero su figura indemne y escuálida muestra la agilidad del escorzo de la ortiga. De golpe empieza la lluvia de relámpagos. La Lluvia seca. Son fotógrafos cósmicos los que hacen reverberar las opacas turquesas rojas del suelo, el flash fotográfico que ilumina el poniente, donde un sol mortecino quiere dejar su cabeza de gallo. Un rayo atraviesa al monstruo que cae partido en dos, el cardenal tiembla como la hojarasca en Enero, se agazapa sobre la tierra y reduce su volumen, se pone las manos sobre la cabeza, detrás de él el monstruo, herido de muerte, vomita como un borracho un manantial de sangre verde. Todavía es roja la escena, y la ciudad marciana, de muros altos y negros, ciudad de inmortales y espejos, azogues profundos y sombras repentinas, lo contempla como a una hormiga. Crisoberilos negros aguardan la victoria del apóstol que ha perdido a su gato en el trance. .......................................................................... Francisco Antonio Ruiz Caballero.
|
Poeta
|
|
|
|
Amanecer frío. Soplando la brisa. Iniciando el ruido. Y a toda prisa,
Se calienta el agua. Se escarba la lata. aromático café. Tortillita con queso
De olor tostado De amargo sabor Con caña dulce el dulzor
Así es mi amanecer Me pides Cambiarlo Jamas, Ni pensarlo.
|
Poeta
|
|
|
|
Cuando él caminaba en silencio sufriendo por nuestros pecados, el madero que iba arrastrando se sintió apelambrado. Las mariposas del campo volaron haciendo rondos, y se escucharon los suspiros que salían de lo más hondo. Las mujeres se postraban ofreciendo sus pañuelos, mientras sus ojos lloraban gritaban mirando al cielo.
!!oh nazareno de gloria!!, maestro señor y dueño ¿porque la gente que amas te humilla como a pequeño?. ¿si tu eras el gran poderoso seguido por multitudes? ¿porque ahora padeces?, ¿porque sufres?, ¿porque no huyes?, ¿porque te duele mi llanto si eres tu quien va cargado, con un madero en tu espalda y en tus manos mi pecados?. ¿porque tus llagas me sanan?, ¿porque tu sangre me limpia?, ¿porque este gran sacrificio por estos que hoy te gritan.
!!oh nazareno de gloria!! el único varón perfecto, déjame secar con mi manto las gotas de tu lamento. Deja de llevar mis cargas, mira mi arrepentimiento, siento en mis venas la sangre que por tu rostro va corriendo. Déjame gritar tu nombre, que suene fuerte en los cielos, que te ensalcen en la tierra, que lo pregonen los vientos. Deja ya de ser el hombre, vuélvete en el dios perfecto, líbrate tus ataduras, deja ya tu sufrimiento.
!!oh nazareno de gloria!!, que estas llegando al calvario, cuando subas a los cielos mil ángeles te estarán esperando. Aplaudirán tu valentía, pues todo será consumado y te dirá el Dios padre este es .....este es mi hijo amado.
|
Poeta
|
|
|
|
¿Será que ya la luna no es lo que era? Antes me buscaba ahora se me esconde antes me escuchaba ahora me ignora ¿qué viento solar la ha transformado?
¿Qué ideas torcidas la han despojado de esa suave piel envuelta en celofán y la han dejado atolondrada mirando hacia otro lado?
Luna, ¿dónde estás? no te alejes no permitas que vaya en busca de otro farol que me alumbre cuando escribo y tu espíritu se quede en el olvido
Sin ti luna mis versos solo serían un montón de letras sin luz un poema sin luna eso sería yo sin ti
|
Poeta
|
|
|
DEL FARO DEL ECO
Faro, phare, farol, Leuchtturm. Re Pe Tir. Ripetere, wiederholen, répéter. En Lo En lo alto alumbra el eco. Al jardín cautivo largamente. De un claro lugar. Solemne al sol. Allí dentro. (Océano en ciernes).
El Eco Del faro...Eco, eco, eco.
Al antiguo labio que la piel recuerda. Por no decir, menos perlas muslos. Del hermoso rostro tierra. ¡Al tulipán pulido!. (Fuego húmedo).
Naranja Na Ranja del faro eco.
Naranja del amor, un pétalo. ¡Qué crece despacio!. Por la mañana de razones inquietantes. ¡Filigranas, vagabundas, ágatas!. Formando guirnaldas en ventanas. (Faldas, faldas). Encarnada fábrica sin mangas. ¡Conteniendo la respiración dorada!. *Flama*
Faro De La...La...La...
Repetida en la sonrisa. Agradeciendo, a la imaginación. ¡Las manos desnudas de los temores!. Con las cartas, miradas, de los dados. (Cúbicos). Al olor de las promesas. (Fragua).
Del faro El Eco, eco, del faro, faro, eco.
¡Estrellas qué no envejecen!. Al pálido perfume sin tiempo. ¡De la ropa, del espejo, del espacio, despacio!. ¡Qué recoge, las semillas, asequible, bledo, oro!. En las pequeñas cosas. Del hielo soñoliento. ¡Cruzando, al faro, encima de la vida!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
|
Poeta
|
|
|
ABRAZAR AL ABROJO
En los brazos del roble seco, el plomo tentador, la sangre, siembra, hambriento, al eco que aguarda cada esquina, de los párpados paletas. ¡Ardiendo!.
En las colinas llameantes, nubarrones del extravío, del polvo, emigrante, del vidrio, negación, incierto, esclavo.
Después de sufrir al perfume, cubierto entre agujas, navegantes que perdieron, al ombligo, lengua, marchita.
Antes de conocer las pestañas, de las balas, vendedoras, raíz, que devora las muletas. Al infierno. Del papel. ¡Verde!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
|
Poeta
|
|
|
MADERAHORA
Con la mirada en el almendro lejano cultivando bellotas ocasión de hacer ciruelos en la palma de una mano qué dejamos bajo el mar.
Una vez En la soledad arrugada En la silueta pastilla Natural, huye, arrepentida ¡El alma qué enfermó! Al poder amargo Al quitar al pequeño cielo Las estrellas con el fuego Encima de la encina Al cuello...
De una soga entre cucharas Al pasado sólo prendido El perro, empobrecido, vive su hambre, Marchando al marchar, huérfano, De la cómoda conífera al encender...
La pantalla, qué se mueve, qué proclama, qué da alas, ¡En las sombras, al pezón seco! Con el manantial qué, nada respira, ¡Una oruga, tocando al óxido! En los pedazos Inerte Los contornos de la huerta ¡Satisfecho del telar al talar del árbol! ¡Qué ya consume carne!.
Con El Ínfimo Tesoro...¡Sin silueta!
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
|
Poeta
|
|
|
|
El Poeta Compasivo reflexiona sobre el Amor y el Odio.
El Amor es como un dìa de sol.
El Odio es como un veneno interior.
El Amor es como una flor que brilla en su esplendor.
El Odio es como una bacteria que destruye nuestro organismo.
El Amor es como una dulce caricia de nuestra querida mascota.
El Odio es como una flor marchita que se muere sin el agua.
|
Poeta
|
|