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Aquellas almas grandes que tuvimos y estas de ahora, iguales y distintas, siguen ardiendo y consumiendo vida. Ardientes almas nuestras... ávidas, delirantes, violentas, vengativas, tenaces, hechizadas, sedientas, con sus flamas en rojo, negro y blanco, en gris, en amarillo y en violeta, -iris y fuego- sometidas al viento ineluctable, al incendio... Con cauda de cometas locos, con colas y con crines de caballos apocalípticos para imponer el miedo. Ah! nuestras almas jóvenes! aquellas que tuvimos y tenemos, fieles a la gran aventura irreversible de la vida y al signo irrevocable del acontecimiento, siguen viviendo a través de la sangre inextinguible, en hélices y elípticas, en el misterio. Almas rudas, flagrantes y filudas como lanzas de acero. Nuestras almas de ayer, de nunca y siempre, ígneas, incandescentes, implacables, ultravioletas, ultrarrojas, ultrasolares, ardiendo...
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Poeta
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Yo se que eres una ave fugitiva, Un pez dorado que en las ondas juega, Una nube del alba que desplega Su miraje de rosa y me cautiva.
Se que res flor que la niñez cultiva Y el hombre con sus lágrimas la riega, Sombra del porvenir que nunca llega, Bella a los ojos, y a la mano esquiva.
Yo se que eres la estrella de la tarde Que ve el anciano entre celajes de oro, Cual postrera ilusión de su alma, bella.
Y aunque tu luz para mis ojos no arde, Engáñame ¡oh mentira! Yo te adoro, Ave o pez, sombra o flor, nube o estrella.
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Poeta
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Dios dijo al ave de los bosques canta, al tierno caliz de la flor, perfuma a la estrella, los mares abrillanta, al sol invade en la azulada bruma
al ambiente suspira, al mar encanta con tus bellezas de argentada espuma y a ti mujer para el odio nacida, te ha dicho acaso dios ¿ ama y olvida ?
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Poeta
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¡Oh! cuánto tiempo silenciosa el alma mira en redor su soledad que aumenta como un péndulo inmovil: ya no cuenta las horas que se van! No siente los minutos cadenciosos a golpe igual del corazón que adora aspirando la magia embriagadora de tu amoroso afán.
Ya no late, ni siente, ni aún respira petrificada el alma allá en lo interno; tu cifra en mármol con buril eterno queda grabada en mí! Ni hay queja al labio ni a los ojos llanto, muerto para el amor y la ventura esta en tu corazón mi sepultura y el cadáver aquí!
En este corazón ya enmudecido cual la ruina de un templo silencioso, vacío, abandonado, pavoroso sin luz y sin rumor; Embalsamadas ondas de armonía elevábanse a un tiempo en sus altares; y vibraban melódicos cantares los ecos de tu amor.
Parece ayer! ...De nuestros labios mudos el suspiro de ¡"Adiós" volaba al cielo, y escondías la faz en tu pañuelo para mejor llorar! Hoy... nos apartan los profundos senos de dos inmensidades que has querido, y es más triste y más hondo el de tu olvido que el abismo del mar!
Pero, ¿qué es este mar? ¿qué es el espacio, qué la distancia, ni los altos montes? Ni qué son esos turbios horizontes que mira desde aquí; si al través del espacio de las cumbres, de ese ancho mar y de ese firmamento, vuela por el azul mi pensamiento y vive junto a tí:
Si yo tus alas invisibles veo, te llevo dentro del alma estás conmigo, tu sombra soy y donde vas te sigo por tus huellas en pos! Y en vano intentan que mi nombre olvides; nacieron, nuestras almas enlazadas, y en el mismo crisol purificadas por la mano de Dios.
Tú eres la misma aún; cual otros días suspéndense tus brazos de mi cuello; veo tu rostro apasionado y bello mirarme y sonreír; aspiro de tus labios el aliento como el perfume de claveles rojos, y brilla siempre en tus azules ojos mi sol, ¡mi porvenir!
Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido; mi nombre está en la atmósfera, en la brisa, y ocultas a través de tu sonrisa lágrimas de dolor; pues mi recuerdo tu memoria asalta, y a pesar tuyo por mi amor suspiras, y hasta el ambiente mismo que respiras te repite ¡mi amor!
¡Oh! cuando vea en la desierta playa, con mi tristeza y mi dolor a solas, el vaivén incesante de las olas, me acordaré de tí; Cuando veas que una ave solitaria cruza el espacio en moribundo vuelo, buscando un nido entre el mar y el cielo, ¡Acuérdate de mí!
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Poeta
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Y he pasado la vida humilde como aquellas fuentes que en la montaña su frágil copa líquida modelan o entretienen las horas tejiendo manteletas de algodón y azúcar de vidrio para los hombros de la piedra. He tenido ese culto apasionado de las cosas pequeñas... he sido ingenua como el chal de encaje de la nube viajera... y más bien que ser águila he querido ser rosada falena... Esta autobiografía fue bien fácil hacerla si es tan trivial la historia de una vida discreta.
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Poeta
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Juntos miramos el invierno y llega de este paisaje en blanco una dulzura que nos recuerda la inicial ternura conque al ensueño el corazón se entrega. Aunque la tarde a la distancia pliega sus abanicos de fulgor, perdura laluz en nuestras vidas, y madura está la mies para la augusta siega. Fuimos al arte y la belleza fieles, cosechamos espinas y laureles en el azar de la jornada intensa. La muerte apenas separarnos puede ¡y qué congoja sentirá el que quede solo, en el borde de la noche inmensa!.
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Poeta
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Desde Antioquia maternal vinieron a la conquista de la selva brava nobles aventureeros que traían en la homérica hazaña, la fe en el corazón y el brazo fuerte, tendido al sol manejaron como invencibles armas, a lo largo del bosque de la vida el rosario y el hacha... Qué bien que te fundaron los abuelos de frente al porvenir abierta y clara.
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Poeta
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Vamos por el camino que nos traza el Señor, Sembrando un trigo nuevo de bondad y de amor I La canción en el labio despierta Al futuro confiadas marchamos Y encendida la antorcha llevamos Contra el viento que agosta la mies; Y en el aula que signa escudo De los brazos de Cristo yacente Depuramos el alma y la mente En el claro crisol de la fe. II El estudio nos da la alegría De mirar sin temor el destino Y encontrar en la sombra el camino Floreciendo de rosas de luz; El deber nuestros pasos orienta Al país de la dulce esperanza, Donde hallamos serena confianza Al amparo de amor de la cruz.
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Poeta
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Ayer, el bosque inmenso de huraños esplendores, los cedros milenarios, la fronda desolada, la hermosura inquietante de la selva inviolada que dominó la audacia de los conquistadores. Hoy, la ciudad alegre que en himnos triunfadores glorifica el Progreso, tierra predestinada que rinde culto al Arte, a la Cruz y a la Espada y ha forjado en el yunque sus poemas mejores. Mañana, la gran urbe tentacular, la hazaña más grande que en su seno presencie la montaña, la ciudad cuyo símbolo fue una antorcha encendida y que tras la tortura esquiliana del fuego asciende hacia la gloria como el mito griego en la clámide roja del incendio ceñida
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Poeta
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La carretera asfaltada le va coqueteando al río y le hace seña en la curva con su codo de peligro Los árboles espinosos hacen punzante el camino y un automóvil glotón se traga el paisaje vivo. La ceja negra del puente sobre el agua en remolinos va remolcando cantares y poemas vitalicios. Atrás un dragón de azúcar, en sus marfiles pulidos, lleva una carga amargada por contrapesos de hipos. Más acá nube de pájaros con nostalgias en los picos, Cerca del cerro, a lo lejos, martilleos de relinchos
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Poeta
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