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Quero continuar existindo nesta casa pequena, com esta vida amena e esses quadros cafonas na parede...
A minha rede é este horizonte aveludado, onde me deito quieto, calado, e fico escutando a voz do vento quando ele passa assanhado.
O meu perfume é o de brisa do mato... Só uso quando visto o lume das estrelas, e saio para brincar com os astros.
O resto é sonho.
A.J. Cardiais 03.11.2010
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Poeta
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Tudo que me resta, é esperar o fim da festa, o fim do dia o fim do ano...
Tudo que me resta, é a porta aberta, eu sair para passear e não mais voltar...
Tudo que me resta, é esse pedaço de vida que ainda tenho que aguentar enquanto a morte não me levar.
A.J. Cardiais 17.11.2010
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Poeta
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Este poema pode não ser bonito...
Mas é um risco é um cisco é um traço de união...
Ele não está na contra-mão... Mas está sem direção.
Está fazendo bobagem querendo usar outra linguagem e mostrar outra visão.
Este poema pode não ser bonito...
Mas está escrito. E basta.
A.J. Cardiais 17.11.2010
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Poeta
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Eu estou chorando... Apesar de não ter uma lágrima caindo.
Eu estou sofrendo... Apesar das pessoas só me verem sorrindo.
Não estou fingindo... Apesar do Pessoa * morrer afirmando.
A.J. Cardiais 16.11.2010
*Fernando Pessoa Em: Autopsicografia
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Poeta
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E depois do sexo, um sentimento complexo... Uma sensação de vazio depois da ânsia do cio.
E depois do sexo, quando não existe amor, cada um vai para um deserto...
Cada um carrega sua dor, cada um leva seus restos.
A.J. Cardiais 01.11.2010
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Poeta
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Perdon. Te deje entrar te deje conocerme, perdon por darte mas de lo que podia dar.
Quiero retroceder, regresar en el tiempo hacer de ti solo alguien mas. Alguien con quien solo puedo decir un vago hola. Alguien a quien no le intereso...
Quiero que seas solo alguien. alguien a quien no le tenga que decir mi verdadero dolor.
Fuiste tu, ahora ya no lo seras si te importe ahora, no lo se... eres alguien diferente tal vez alguien distorcionado del que queria ayudar.
Es mi corazon demaciado noble para dejarte volar, o demaciado egoista por que quiere tomar unos segundos junto a ti unos segundos cerrar mis ojos y al abrirlos verte desaparecer para poderte dejar ir...
Para poderte dejar ir, necesito cambiar, necesito comenzar de nuevo, necesito dejar de llorar, cuando te vea necesitare darte mi mejor sonrisa.
Para poder dejarte ir debo pedir perdon, perdon por todo el cambio por mis palabras mal expresadas por momentos sin sentido, perdidos...
para poderte dejar ir necesito pedir perdon, para dejarte ir necesito dejarte de querer como lo hago... para dejarte ir necesito que me dejes de importar, de doler, que te deje de querer.
Bajarte de la cima de mi corazon, amigo no te merezco. para dejarte ir, debo hacerte creer que no me importas que tus problemas me incomodan, que tus chistes no me gustan, que eres todo lo que odio.
Para dejarte ir, me tengo que odiar por dejarte, para dejarte ir, tengo que pedir disculpas para dejarte ir, tengo que dejarte de querer...
Amigo, se volve a caer por que eh estado finjiendo finjiendo que tus problemas no me importan, cuando pienso en ellos antes de dormir.
Finjiendo que no te quiero, finjiendo que soy fria y sin corazón... Amigo, para dejarte ir... tubiste que odiarme mas de mil noches, perdon por los miles de adios que te eh dado.
Para dejarte ir, me tengo que odiar por dejarte, Para dejarte ir, tengo que abrir los ojos de esos segundos que pedi y verte desaparaser...
Autor: Karen rodriguez.
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Poeta
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Presa estás en mí. Aunque no quieras siempre lucirás Esa corona invisible Que lleva toda mujer a la que un poeta amó. Manuel Scorza [/right] …………………………………………………………………..
¡Cásate… y allí frente al altar Dile a Dios que soy mentira, Que en medio de la soledad Todo lograste inventar! Que bordaste sueños en blancos pañuelos Y para la leña, versos ardiendo… Para abrigar las noches de desvelos Entre las frías cobijas… padeciendo. ¡Cásate… y cuando despiertes Angustiada y fría por las noches A tu marido no le digas… Que aun soy más que sus caricias! Ve entonces por un vaso de agua Y vierte tus lágrimas en otro… Prueba a ver con cuál florece la catleya Con agua de río, o con el aguacero de tus ojos. ¡Cásate… y se la reina que soñaste Atosigada de amor en mí regazo Bebiendo de mis labios el brebaje Del juicio, apretujado de cerezo! Convierte tu amor en odio, Atrapa mi recuerdo, Trónchale las alas, Átale una piedra al esqueleto… Y para que me olvides… ¡Tíralo al río embravecido O muere fiel conmigo, En el intento! ¡Cásate… pero hazlo ya, que más tarde Tal vez quiera yo volver contigo Y no habrá barrera que se oponga Pues hasta ti cabalgaré, con los Hunos de Atila! Dios me sabrá perdonar Porque el amor desata tempestades Y hay que ser fuerte como la tierra O como el mar, para poder luchar. Delalma Lunes, 05 de marzo de 2012 [/size]
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Poeta
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Hay días que te conozco tanto y se casi de ti todo lo que amo cuando te vas y te adivino, hay horas y minutos y trazos de la luz que, como hoy, se desplazan como una onda de agua intemporal y discurren como una sonrisa en el líquido cosmos de mi soledad. Veo tu lozanía de pétalo celeste impresa en en los iris- paraísos y cada sombra citadina pendiente de tu pelo es el cauce de otras urbes no bullentes ni tan bellas como tu lluviosa Bogotá. Veo en tu cuello la arrogancia de alabastro, aire erigido en albas tersas en donde un lunar de encriptados signos borra el enlutado borde de tu blusa. La tarde desabotona el cielo sin pudores de tu cuerpo, encendido entre el tierno arrebol de tu respiro. Y te conozco en los frutales precipicios donde navega mi corazón buscando el palpitar de mi recompensa: un latido de binario lenguaje acariciado por el viento de tu deseo. Hay dias que te conozco tanto, tanto como el dia de hoy sin fechas, sin jardines ni capullos de impaciencia, el viento es una flor de ademanes veleidosos ataviado entre tus manos por la luz prendados al diluvio de tus lábiles mareas. ¿Acaso hay una ciudad mas diáfana que tu metrópoli tatuada en la altísima ventana de un atardecer? te conozco toda, primaveral e íntima, veraniega y pluvial, con tus piernas de danzante mansedumbre, con los pasos más livianos que un poema sin retórica, te conozco entre los cuatro muros de una habitación acosada por la luna nunca conformista. A veces te conozco tanto como al sentido de las aprendidas manecillas, como a mis propias manos quebradizas, casi endebles en su partitura de lineal destino. Eres una aguja punzante y siempre amable, amante, amada por la entramada de mi lenguaje, por mis palabras bordadas en los cuatro ángulos del cuerpo y de mi ritmo. Hay dias que te conozco tanto y se casi de ti todo lo que amo en las huellas ocultas de tus ojos, en las imágenes marcadas a mis miedos, a mi júbilo cuando estás conmigo, a tu mundo de poéticos relámpagos que jamás adivino, pero hay otras ciudades sin encanto que no conozco nunca, ni mirándo entre tus ojos mi locura, la ilusión de no ser nada en mi urbe tan baldía porque sólo me traduces la corteza del reflejo, la externa sensación de luz apenas, los íntimos paisajes vedados por mi fé.
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Poeta
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Psicodélica
En las últimas sombras del tiempo, dejó de ser mortal. Por el más allá, allá de los ojos grises, los días, los fa- roles hormigueaban... Largos, temblando, alegres, dónde la muerte, muere sola, viviendo y caducando de huesos líquidos perfumes, taladrando siglos y tumultos. Un luz verde, emergió bajo el espeso espejo.
Justo al pestañear, la cítara, la música, el susurro resba- lando por el viento, al olor del vibrar pesado. Esferas e- mocionadas, centelleantes, suspiros. Hoy, por fin había dejado de nacer, burbujeantes, las palabras no fueron necesarias. Y la mano, eterna, tibia, y sobre todo, cariñosa, alejó toda distancia. El tiempo caía por las esquinas, incómodo, perdía infi- nitos siglos, millares derretidos en un instante, un uni- verso, inverso, reverso, anverso, reproduciéndose a sí, mismo, cada segundo, primero al último al volver lo su- ficiente... Por ello la tarde quedó plena, la noche entera, los anhelos tiernos misterios en calma, cómo verduras frescas, esmeradas y esmeraldinas. ¡Extraño aislamiento!... Demasiado bien alargado, per- ceptible, saturado, entre novedades antiquísimas, bur- bujas ultravioletas se veía. ¡Absurdo!. - Pensaba - ¡Allá ella, acá ello, y como aquéllo, ésto otro!.
En tanto oruga, se vistió de abeja en las nubes, soñando, su gemela, y de tan distinta y diferente tejía cada una de
las sedas en los futuros días alfombrando alados campa- narios, vibrando, silenciosos entre pestañas hilando, hilo a lo otro cercano y lejano, cada porvenir sin pasar. Las hojas de madera opacaban densamente con un. ¡Perfume!. Si, cómo un perfume, árido y lejano arrullo.
¡Qué cándidos aparecían aquéllas, alas anaranjadas, almendradas, comparadas con las mortecinas flamas del horizonte!. Los encinos, en la mañana, no eran menos qué resplandores tiernos, qué tapizaban cautelosamente sus raices, como palmas, plantadas en oasis invisibles en los espejismos reverdeciendo. ¡Psicodélicamente, comprensible, es al final su origen desconocido sin serlo!.
Y el origen, tal vez, de ésta pequeña pero punzante preocu- pasión, que extrañamente ronda confusa, es la excesiva voluntad. que a veces hay también en los humanos. Pero... ¡Aquí!. Vestía de abeja solo. ¡Ah!--- Pero sin duda en la mariposa después de algunas semanas había crecido, lento, su palpitar, de verdadera oruga en el fondo. Risueña, su naturaleza cruzó a otra dimensión, sin espacio, sin tiempo. Y de mortal vestida. ¡Tejió su eternidad!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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