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Primavera...a flor balançava ritmicamente...
Por suas pétalas,de orvalho as gotas...
Me fazia então teu perfume envolvente;
tua pele sugar como a um conta-gotas!...
Verão...lentamente o sol estava a se por;
as aves,não mais como a pouco,irrequietas...
Um fogo em mim atiçavas,sem o mesmo pudor
de a pouco;revelando tuas partes secretas!...
Outono...o vento carrega as folhas pra bem distante;
um remoinho de folhas...talvez um vendaval...
Sou eu,um vento forte que chega amante;
és tu,forte vento;um encontro carnal!...
E agora que se aproxima do frio a chegada;
da estação que tanto arrepia;não tenho temor;
porque eu te tenho...minha eterna namorada;
com teu corpo me aqueces com o fogo do amor!...
E assim foi a nossa vida inteira:
desfrutando o mesmo gosto;
tendo a ti por eterna companheira;
não vivi nenhum desgosto!...
Neste dia em que especialmente
se presenteia a pessoa amada;
tu és o meu melhor presente;
minha eterna namorada!...
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Poeta
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Em cada verso meu;na minha procura
de ti,no dia a dia;no lamento meu que choro...
Tatuada na pele minha,com a tintura
do amor que eu te tenho...poro a poro...
Em cada meu suspiro que a barreira fura
da distância;levando-me a ti e eu te “namoro”...
Não ouves do amor os sons,linda criatura;
porém,não existe um som que seja mais sonoro...
Agora que tu sabes que estás(linda criatura)
nos pensamentos meus feito uma pintura;
ouve o grito meu de aflição que é tão sonoro:
vem,num suspiro teu que a barreira fura
da distância;vem amada minha,à minha procura
a namorar-me assim como eu te “namoro”...
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Poeta
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Não dizer se é paixão,
não sei dizer se é ilusão;
só sei que não posso esquecer
a sua imagem deslumbrante,
o seu olhar cativante;
enfim...todo seu ser!...
Você que em nenhum momento
me saiu do pensamento,
me fazendo padecer...
O meu coração torturado
está repleto de um pecado
que domina todo meu ser:
você que é um sonho adorado
que um dia eu sonhei ter sonhado
e se sonhei nem sei dizer!...
Só sei que trago a marca dolorida
de um triste despertar_despedida
de você...meu doce ser!...
Entrou de forma tão marcante
pelas retinas,sua imagem deslumbrante
no meu coração que há de ser
pra sempre de você cativo;
desde então(amada)eu vivo
sem mais poder lhe esquecer!...
Não,não sei dizer se é paixão,
nem mesmo se é ilusão;
só sei que não posso esquecer
a sua imagem deslumbrante,
o seu olhar cativante;
enfim...todo seu ser!...
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Poeta
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UN DÍA DE MENOS
El día parecía interminable, ola tras ola, escondida la brisa en un calor doble con las palmeras en el cuadro. En la esquina la tarde reprochaba, en silencio, esa tolerancia cibernética, qué se materializó en su silla vacía, al pié de la cápsula recitada de la historia. Rumbo al pasillo, la cerradura ahora dejaba pasar un desgarrado flujo, aire espeso, cantos y murmullos metálicos, entre los blancos y lisos muros.
En el agua, estaba atrapado, el pensamiento de la sangre derramada, deformada, olvidada, sembrada a diario, entre la voz monótona acusando sólo a los pterodáctilos y los gusanos, electrónicos y plasmáticamente teletransferidos entre los tóxicos ingeridos, por los micrófonos y las pantallas.
No podía evitarlo, nada era ya insólito, las invasiones de planetas se planeaban cruelmente, la inhumanidad tejía redes asociales. Pero el pensar, eso sí, era como hecho insólito, misterioso, terrible.
La historia se repetía, ahora se eliminaban los pequeños intercambios mercantiles personales, la individualidad era sólo cosa del pasado milenio, después de la destrucción imperial, en las estrellas quedaba un ambiente triste y desolado.
Menos ese día, la nave en Neptuno, él, en aquél planeta desolado y contaminado, con mutantes rabiosos, enloquecidos y metálicos millonarios, en las pantallas extensibles, altavoces, programas holográficos, y los últimos datos de telemetría así lo indicaban.
¡Pobre madre tierra, ahora era como una viuda pobre, y la humanidad hija, la había traicionado siendo una informe filicida en toda la historia de su biología!. Y luego, el error del terror, las inmensas falsedades de armas de destrucción masiva, no lo eran tanto, pues el azul del sultán y los imperios y tiranías se habían multiplicado, el control ya no era de humanos, sino de personajes informáticos, robóticos.
Caminaba y las planillas en sus manos se mezclaban, cómo los insectos tropicales insisten en no dejar dormir en paz. Hacía varias décadas qué lo analizaba,el contacto por la red, sólo aseguraba su presencia, en realidad inundada en aislamiento, no importa el lugar, el gobierno de la galaxia asesinaba inmpunemente, así como en la Historia de aquél Nerón en los incendios de Roma, y luego los cristianos interactuando con los leones.
En algunos lugares, muy raros, aún quedaban consciencias y sitios inaccesibles, en el fondo del alma de unos seres humanos originales, plenamente encarnados, totalmente autoconscientes y con el potencial incalculable de automodificar su código genético a velocidad vertiginosa, controlando y generando antipartículas, sin embargo en la galaxia el gobierno continuaba asfixiando con impuestos, eliminando a cualquiera qué se opusiera, en fin los pterodáctilos servían para todo, y de todo se lespodría culpar.
Y repetido millones de veces, en los miles de medios de retransmisión de la información, deformada, distorsionada, sónica, satélites, microondas, discos, fibra óptica, y los medios visuales con combinaciones sensoperceptivas dejaban prácticamente inermes a todos los individuos.
La luz de ésa luna, se interpuso entre las otras, aún así, centelleaba y alumbraba la cara del tiempo desecho. ¡Seis años luz!. ¡Completamente perdidos, las imágenes gastadas, toda la energía liberada en las infinitas almas desencarnadas, el plasma mismo cambiaba de consistencia, y el mal afectó los mismos códigos genéticos, el dolor quedó incrustado por varios siglos concéntricos a la visión termogénica!.
Así lo había estado analizando, auxiliado por algunos cientos de miles de mensajes analizados por sus equipos, biomoleculares, y los instrumentos de astrofísica, en combinación con el consejo de varios sabios semimortales, y la ciencia paralela desconocida qué contenían varias cadenas neuronales heredadas. Más ahora, y a pesar de la reciente teletransportación y las últimas inyecciones de.
¿Vale la pena?. Repetía, en su intento por rediseñar radicalmente los menores detalles de la mujer del vapor a bordo en la revista. Las facciones holográficas eran tersas, palpables, incluso el olor desconcertaba, por lo inesperado, por los muslos y el apetito del aliento agitado. En la nave, para decirlo con franqueza, estaba una energía dañina, flotando en el ambiente, (tal vez antifotones del agujero negro de los seis tiempos detenidos).
Y se sentía como el más miserable, su incapacidad agudizada para la deshumanización progresiva le había fallado... Incluidos los fantasmas de en su viejo corazón terrestre, rejuvenecido por las radioactivas biomoléculas de su laboratorio personal de nanomedicina, se las autoaplicó el mes anterior.
Pero... Ni los ruidos eran consoladores, los reflejos multicolores deltablero alado, las noches de placer, los amigos en los otros sistemas novicios, cómo rebaños de pastores, le temían en la profundidad amistosa de tantos años...
El se decía, en voz baja, a solas... ¡No, el universo es más amplio, su expansión es reversible, hay un fuelle universal, y dentro de la antimateria las posibilidades son infinitas... Bien lo sabía, sólo se percibe en lo profundo de la mente, en la misma raíz del no-pensamiento, (en el shamadi, en el satori, después de aniquiliar todo ego e ilusión, con el dharma en las mismas arterias neoformadas)
Y sin embargo... Se preguntaba, ¿O quizá, sin darse cuenta, compartía la incapacidad de tolerar mutuamente, la muerte injusta y la vida involuntaria?. Hacía ejercicio, con ayuda del equipo y la vibración grabada entre sus genes, en la relatividad de la historia humana los huecos son inmensos.
Antes del colapso, los Sistemas económicos ahogaron la más mínima ética, y el exterminio fue atroz, tan veloz cómo el terror, y tan paralizante como el miedo qué asaltaba en cualquier noche. Los mismos terrestres erandesterrados, los humanoides se habían apoderado de los puestos importantes, y muchos eran rechazados, otros, arrastraban los instintos de poder y de riqueza, pero lo más peligroso, era.
La consciencia distorsionada, el lenguaje absurdo de cambiar las palabras y creer cambiar con ello los sucesos, los hechos mismos. ¡Vaya!. Más primitivos qué las últimas generaciones de antropoides del hiperespacio del centro de un agujero negro. Pues bien se sabía, desde varios siglos atrás, esto conducía al vacío, es más, lo generaba expontáneamente, conducía al espacio increado, sin dimensiones, al absurdo de las almas enfermas, y hacían qué el mal fuera contagioso.
El engendro, al amor increíble al dinero, a costa de cualquier cosa, la vida sin valor, nadie sabía qué era el honor, y toda esa fanaticada de perdones eternos a culpabilidades transitorias, temporales.
En fin, es muy largo de contar, tal vez en otra ocasión, pues el gobierno de la galaxia bien podría mandar eliminarme, y los pterodáctilos eran efectivos, y hay una energía espesa en el aire, ajena y arrogante, con características de una negación alucinante de los propios errores astronómicos... Y microscópicos bajo la piel de esas bestias informáticas recubiertas de piel humana.
Y ahí, bajo el agua, estaba el candado enorme, la mecánica del programa psíquico maestro, los códigos y métodos detallados de la gran cadena qué ata el pensamiento mismo, qué reduce la voluntad progresivamente, y con sus programas campimétricos, y qué finalmente reducen toda libertad hasta extinguirla, con el desconcertante resultado de que casi es imposible darse cuenta de ello.
Por eso estaba su pensamiento atrapado, bajo el agua, su mirada, clavada en el sangriento candado cibernético, impenetrable. Entró. Entró lentamente en el teletransportador, de nuevo, y regresó a la nave que lo esperaba en Neptuno. Y así terminó ese día.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Cada vez
Cada vez que empiezo yo a pensar en ti siento que me tiembla el corazón y tal vez derrame alguna lagrima pues no se ya vivir sin vos Cada vez me cuenta algún amigo que al pasar te vieron sonreir pienso que te besan otros labios como yo te besaba a ti Cada vez que te vean de nuevo que te digan que no te olvide que yo sigo sufriendo y te quiero y quisiera tenerte otra vez Cada vez que te encuentren por favor que te hablen de mi que quisiera que pronto regreses que de amor yo me puedo morir
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Cuando un hombre ama, Entrega su alma con un gran valor, No existen falsas promesas, No hay imposibles, Pues todo gira en torno al amor.
Cuando un hombre ama, No hay noches sin luna, ni días sin sol, No existen tristezas,todo es alegría, Se vuelve realidad toda la ilusión.
Cuando un hombre ama, Se abren las puertas de la magia y la poesía, Todo tiene un toque de emoción y fantasía, Pero al abrir los ojos sabes que es verdad. Empieza la magia al tomar su mano, Y escuchas a diario más de mil te amo, "Princesa hermosa te voy a cuidar".
Cuando un hombre ama, No existe Princesa en el mundo mas bendecida, Ni existen límites que no se puedan lograr, Te lo entrega todo cubierto de cariño, Y no hay mujer más hermosa en ese lugar.
Cuando un hombre te ama, Te mira a los ojos tomando tu mano, Te dice te amo hasta la eternidad, Te toma entre sus brazos, Te acerca a su pecho y Baila contigo el más bello vals.
Cuando un hombre ama, No existe distancia a la que no pueda llegar, Su mirada cambia, percibes un brillo, Y te entrega un alma llena de bondad. Cuando un hombre ama, Cuando un hombre te ama, A través del tiempo nunca lo puedes olvidar…[/color]
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Íntima
Tú no oprimas mis manos. Llegará el duradero tiempo de reposar con mucho polvo y sombra en los entretejidos dedos.
Y dirías: -"No puedo amarla, porque ya se desgranaron como mieses sus dedos."
Tú no beses mi boca. Vendrá el instante lleno de luz menguada, en que estaré sin labios sobre un mojado suelo.
Y dirías: -"La amé, pero no puedo amarla más, ahora que no aspira el olor de retamas de mi beso.
Y me angustiara oyéndote, y hablaras loco y ciego, que mi mano será sobre tu frente cuando rompan mis dedos, y bajará sobre tu cara llena de ansia mi aliento.
No me toques, por tanto. Mentiría al decir que te entrego mi amor en estos brazos extendidos, en mi boca, en mi cuello, y tú, al creer que lo bebiste todo, te engañarías como un niño ciego.
Porque mi amor no es solo esta gavilla reacia y fatigada de mi cuerpo, que tiembla entera al roce del cilicio y que se me rezaga en todo vuelo.
Es lo que está en el beso, y no es el labio; lo que rompe la voz, y no es el pecho: ¡es un viento de Dios, que pasa hendiéndome el gajo de las carnes, volandero!
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Poeta
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El río Guadalquivir va entre naranjos y olivos Los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo.
¡Ay, amor, que se fue y no vino!
El río Guadalquivir tiene las barbas granates. Los dos ríos de Granada uno llanto y otro sangre.
¡Ay, amor, que se fue por el aire!
Para los barcos de vela, Sevilla tiene un camino; por el agua de Granada sólo reman los suspiros.
¡Ay, amor, que se fue y no vino!
Guadalquivir, alta torre y viento en los naranjales. Dauro y Genil, torrecillas muertas sobre los estanques.
¡Ay, amor, que se fue por el aire!
¡Quién dirá que el agua lleva un fuego fatuo de gritos!
¡Ay, amor, que se fue y no vino!
Lleva azahar, lleva olivas, Andalucía, a tus mares.
¡Ay, amor, que se fue por el aire!
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Poeta
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No te conoce el toro ni la higuera, ni caballos ni hormigas de tu casa. No te conoce el niño ni la tarde porque te has muerto para siempre.
No te conoce el lomo de la piedra, ni el rasgo negro donde te destrozas. No te conoce tu recuerdo mudo porque te has muerto para siempre.
El otoño vendrá con caracolas, uva de niebla y montes agrupados, pero nadie querrá mirar tus ojos porque to has muerto para siempre.
Porque, to has muerto para siempre como todos los muertos de la Tierra, como todos los muertos que se olvidan en un montón de perros apagados.
No te conoce nadie. No. Pero yo te canto. Yo canto para luego tu perfil y tu gracia. La madurez insigne de tu conocimiento. Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca. La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace, un andaluz tan claro, tan rico de aventura. Yo canto su elegancia con palabras que gimen y recuerdo una brisa triste por los ollvos.
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La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados. La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas.
Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas, levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre.
Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.
Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.
Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías.
¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llénarse de agujeros sin fondo.
¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso.
Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales.
Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen dónde está la salida para este capitán atado por la muerte.
Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros.
Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado.
No quiero que le tapen la cara con pañuelos para que se acostumbre con la muerte que lleva. Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido. Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!
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Poeta
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