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A poesia formal é a prostituta das artes que, pelos caminhos dos cânones poéticos e seus consequentes descaminhos ideológicos, entrega uma maior justeza do pensamento em troca do pagamento representado pelas carícias que rima, métrica, ritmo e formas possam oferecer ao espírito do autor e aos daqueles que tomem contato com sua obra.
Guru Evald
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Poeta
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mi amor es para ti porque perdura en el tiempo porque es roca cristalina lo nuestro es puro amor de deseo en tu corazon de sentimiento y sensacion te amo y mi amor siempre vueve a vos como beso del deseo como cuerpo del amor te quiero amor amor te siento y necesito somos vos y yo la cumbre del amor
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Poeta
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"Cada segundo que paso sin ella, es un segundo que añoraria pasarlo junto aquella dama mia...
Que es mas castigo para el alma que no acariciar su bella y tersa piel cuando en verdad estas enamorado?...
He de ver el sol reflejado en su tierno rostro cuando llegue su tiempo...
Mientras tanto, me conformo perdiendome en el recuerdo del aroma de su perfume...
Te amo
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Poeta
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Ah, realidade, realidade... Você não respeita minha privacidade.
Você me invade, detonando meu sonho, transformando-o num pesadelo medonho...
Depois falam por aí que eu não lhe acompanho... Por que vou acompanhar quem não me deixa sonhar?
A.J. Cardiais imagem: google
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Poeta
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Le pregunta la joven a San Google:
-San Google tu que todo lo sabes ¿Me puedes decir donde encuentro al hombre perfecto?
San Google le responde:
Hija... dime donde vives
La joven le contesta :
Vivo en una gran y hermosa ciudad
San Google le pregunta:
Si tu vives en una gran ciudad , esa gran ciudad debe estar llena de hombres ¿O no?
La joven responde:
¡Por supuesto que si Pero... aqui no hay ningùn hombre perfecto
San Google sonrie mientras esclama:
Hija...es que el hombre es humano y no hay humano perfecto , en mi mundo hay millones de hombres humanos, por lo tanto aquì tampoco lo encontraras, mira a tu alrededor, quizàs no encuentres al hombre perfecto pero si puedes encontrar al hombre que te haga feliz,tal vez...lo tengas muy cerca y por andar mirando lejos, no lo ves.
Griselda Susana Diaz
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Poeta
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ARRAIGADA NITIDEZ
Con la memoria, paternal. De la madera. Creían atarse cien sentimientos. Azulados desnudares alentados. En Aquéllo Qué Húmedo el nogal observa. Por el aliento. Claveles rosados, en la piel verter, después del alma, jadeantes. Del después...¡Quién sabe!.
Entre La sombra carcomida en mansedumbre. Pechos y latidos. ¡Relámpagos!. Del agua. Entretejidos. La lumbre que al llorar pudre. Agua y fuego. En la barba de los lirios. Creían atarse. Lo que fueron.
Campos florecidos, simultáneos amoldares. Atónita la frente, estelares las rodillas.
¡Escriben en criptas en copto, copos granates y tabacos despreciados, al rumor amenazando!.
Arraigada nitidez. Las memorias del espejismo aventureras. Las señales sin patria del alabastro. ¡Sórdidos terciopelos incoloros!. Al ritmo clandestino. De los tórridos relojes. ¡Nitidez arraigada!. En las noches sonámbulas de lunas. Nitidez. En las brumas escarpadas del canguro. Arraigada. En las blandas arpas del antílope. Nitidez. En los nidos sonoros del pino.
Esgrimires. Del anfibio cañas. Dulces moviéndose. ¡Más agudas las cicatrices!. Limpias se ofrecieron. Al verter. Después del alma. Nuevamente. Sus ritmos. Naturales animosos alentando. Por... La honda superficie de las cúpulas patéticas. Por... Las almas ambulantes del arrecife. Por... El iris de la sal teñida lágrima.
¡Qué lo fugaz delata inundando!. Las arterias... Vertiginosas de la espuma.
Al Romper El Viento Con Las Plumas.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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Poeta
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Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.
Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje negro que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.
Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.
Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.
Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.
Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.
En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.
Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete negro. Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.
La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.
Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.
La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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Poeta
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Aun en el calabozo mas oscuro, en la profunda mazmorra donde Satanás muestra su cara,
Aun con mi cuerpo quebrado ya vencido, con las carne hecha jirones, por los golpes del verdugo triturada,
Aunque el terror y el espanto se ciernan sobre mi mente y el sonido de la locura escape de mi garganta,
¡Nunca! mi alma será doblegada, porque en ella habita el espíritu de mi libertad, y la orgullosa memoria de mis muertos,
Son ellos los jueces que observan mis actos, son ellos los que coraje dieron a mi alma y pacientes esperan mi regreso como el ultimo creyente, custodio de su casta
Creado 11/10/2010
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Poeta
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