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¡Tenerte miedo a tí, tenerte miedo, cuando al burlar tu acometida rara mientras te ponen la tercera vara un verso maletilla salta al ruedo!...
¡Rimas al quite! Y clavaré, si puedo, dos banderillas sin volver la cara. Y. ..rosa en mano.. ¡si ella me ayudara! Solo en la plaza y sin temblar me quedo
Puedes toro pasar. Yo no me quito. Catorce pases te daré aunque quedes a medio verso para más aprieto.
Un desplante. Y ya sólo necesito un feliz volapié para que ruedes, ¡oh toro!, agonizando en mi soneto.
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Poeta
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¡Qué mansa pena me da! El puente siempre se queda y el agua siempre se va.
I
El río es andar, andar hacia lo desconocido; ir entre orillas vencido y por vencido, llorar. El río es pasar, pasar y ver todo de pasada; nacer en la madrugada de un manantial transparente y morirse tristemente sobre una arena salada. El puente es como clavar voluntad y fundamento; ser piedra en vilo en el viento, ver pasar y no pasar.
El puente es como cruzar aguas que van de vencida; es darle la despedida a la vida y a la muerte y quedarse firme y fuerte sobre la muerte y la vida. Espejo tienen y hechura mi espíritu y mi flaqueza, en este puente, firmeza, y en este río, amargura.
En esta doble pintura mírate, corazón mío, para luego alzar con brío y llorar amargamente, esto que tienes de puente y esto que tienes de río.
II
¡Qué mansa pena me da! El puente siempre se queda y el agua siempre se va. Tristemente para los dos, amor mío, en el amor, uno es puente y otro, río. Bajo un puente de suspiros agua de nuestro querer; el puente sigue tendido, el agua no ha de volver. ¿Sabes tú, acaso, amor mío, quién de los dos es el puente, quién, el río? Si fui yo río, qué pena de no ser puente, amor mío; si fui yo puente, qué pena de que se me fuera el río.
Agua del desengaño, puente de olvido; ya casi ni me acuerdo que te he querido. Puente de olvido. Qué dolor olvidarse de haber querido.
III
Ruinas de mi claridad, derrumbado en mi memoria tengo un puente de cristal. Yo era como un agua clara cantando a todo cantar, y sin que me diera cuenta pasando a todo pasar. El puente de mi inocencia se me iba quedando atrás; un día volví los ojos, ¡qué pena!, y no lo vi más.
IV
Y seguramente, y seguramente que no lo sabía; de haberlo sabido... no se hubiera roto el puente. Ay... pero este puente... ¿pero es que no lo sabía...? ¿pero no sabía el puente que yo te quería... ? y seguramente que no lo sabía; de haberlo sabido... no se hubiera roto el puente. ¡Pero este maldito puente...! ¿Pero es que no lo sabía? Pero no sabía el puente que yo lo quise pasar tan sólo por verte; y seguramente que no lo sabía; de haberlo sabido... no se hubiera roto el puente.
V
¡Qué miedo me da pensar! y mientras se van los ríos qué miedo me da pensar que hay un gran río que pasa pero que nunca se va. Dios lo ve desde su puente y lo llama: eternidad.
VI
Difícil conformidad: el puente dice del río: ¡quién se pudiera marchar! y el río dice del puente: ¡quién se pudiera quedar!
VII
Agua, paso por la vida; piedra, huella de su paso; río, terrible fracaso; puente, esperanza cumplida. En esta doble partida procura, corazón mío, ganarle al agua con brío esto que tienes de puente, y que pase buenamente esto que tienes de río. y aquí termino el cantar de los puentes que se quedan, de las aguas que se van.
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Poeta
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Con una pata colgando, despojo de una pedrada, pasó el perro por mi lado, un perro de pobre casta. Uno de esos callejeros, pobres de sangre y estampa. Nacen en cualquier rincón, de perras tristes y flacas, destinados a comer basuras de plaza en plaza. Cuando pequeños, qué finos y ágiles son en la infancia, baloncitos de peluche, tibios borlones de lana, los miman, los acurrucan, los sacan al sol, les cantan. Cuando mayores, al tiempo que ven que se fue la gracia, los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa, sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas. Qué tristes ojos que tienen, que recóndita mirada como si en ella pusieran su dolor a media asta. Y se mueren de tristeza a la sombra de una tapia, si es que un lazo no les da una muerte anticipada. Yo le llamo: psss, psss, psss. Todo orejas asustadas, todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia, el perro escucha mi voz, olfatea mis palabras como esperando o temiendo pan, caricias... o pedradas, no en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata. Lo vuelvo a llamar: psss, psss. Dócil a medias avanza moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas. Chasco los dedos; le digo: "ven aquí, no te hago nada, vamos, vamos, ven aquí". Y adiós la desconfianza. Que ya se tiende a mis pies, a tiernos aullidos habla, ladra para hablar más fuerte, salta, gira; gira, salta; llora, ríe; ríe, llora; lengua, orejas, ojos, patas y el rabo es un incansable abanico de palabras. Es su alegría tan grande que más que hablarme, me canta. "¿Qué piedra te dejó cojo? Sí, sí, sí, malhaya". El perro me entiende; sabe que maldigo la pedrada, aquella pedrada dura que le destrozó la pata y él, con el rabo, me dice que me agradece la lástima. "Pero tú no te preocupes, ya no ha de faltarte nada. Yo también soy callejero, aunque de distintas plazas y a patita coja y triste voy de jornada en jornada. Las piedras que me tiraron me dejaron coja el alma. Entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada. Vamos, pues, perrito mío, vamos, anda que te anda, con nuestra cojera a cuestas, con nuestra tristeza en andas, yo por mis calles oscuras, tú por tus calles calladas, tú la pedrada en el cuerpo, yo la pedrada en el alma y cuando mueras, amigo, yo te enterraré en mi casa bajo un letrero: «aquí yace un amigo de mi infancia». Y en el cielo de los perros, pan tierno y carne mechada, te regalará San Roque una muleta de plata. Compañeros, si los hay, amigos donde los haya, mi perro y yo por la vida: pan pobre, rica compaña. Era joven y era viejo; por más que yo lo cuidaba, el tiempo malo pasado lo dejó medio sin alma. Y fueron muchas las hambres, mucho peso en sus tres patas y una mañana, en el huerto, debajo de mi ventana, lo encontré tendido, frío, como una piedra mojada, un duro musgo de pelo, con el rocío brillaba. Ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas. Hacia el cielo de los perros se fue, anda que te anda, las orejas de relente y el hociquillo de escarcha. Portero y dueño del cielo San Roque en la puerta estaba: ortopédico de mimos, cirujano de palabras, bien surtido de intercambios con que curar viejas taras. "Para ti... un rabo de oro; para ti... un ojo de ámbar; tú... tus orejas de nieve; tú... tus colmillos de escarcha. Y tú, -mi perro reía-, tú... tu muleta de plata". Ahora ya sé por qué está la noche agujereada: ¿Estrellas... luceros...? No, es mi perro cuando anda... con la muleta va haciendo agujeritos de plata.
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Poeta
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De estrellas eran los geranios entre la música del agua. Silencio. Soledad. Sollozan las palabras en los cauces de la desesperanza, como noche sin besos, sin nardos en su sangre toda lágrimas. ¡Oh tristeza de alma! Frío, pasos..., ¡la muerte! ¡Ay corazón! ¡Ay fuentes, arco iris de luceros! ¡Ay hondo llanto, pena infinita de Granada! Nuestro Manuel ha muerto en brazos de la aurora. ¡Manuel!, poeta de la vida niña, del pueblo con blancura de azucenas, de la belleza pura, ilusionada... Vientos tristes, poemas tristes, pájaros tristes besan el cuerpo sin alma del poeta, el cuerpo misterioso de Granada. Luz, agua, sangre, vida... Dejadme ante su cuerpo, cáliz de rosas negras, de soles apagados..., que llore sobre el pecho de Manuel y sobre el de esta tierra, paraíso de oro y cadencias de voces feraces, soleadas.
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Poeta
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Yo me casé por la iglesia, me casé como Dios manda: un ramito de azar mustio sabre la solapa santiguando los pecados de un hombre que apunta canas.
Ella vestida de blanco ¡pureza certificada! Un alfombra hasta la puerta, organo, misa, campanas, y un anillo de oro con una fecha grabada.
Pero fué lo que Dios quiso por esa cosas que pasan entre hombres y mujeres que nadie puede explicarlas.
Ella torció su camino de la noche a la mañana... no sé si fueron razones o fué un cariño que abraza; pero a nadie...a nadie deseo ese tormento que mata.
La duda entre ceja y ceja como un cuchillo clavada, viendo irse de las manos algo que se nos escapa.
Nunca le hice reproche ni le dije una palabra, pero yo lo presentía, que el corazón nunca engaña; y un día.....nos separamos y aquí la historia se acaba.
Y más solo que la una me quedé solo en mi casa con un silencio de muerte y las puertas empestilladas.
Lo que pasé, Dios lo sabe, hay penas que nunca se acaban.
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Un día encontre´a la otra.... ¡La otra!... esa palabra que sin tener filo muerde y sin ser cuchillo mata.
La otra.....una mujer de la calle con un corazón de oro y una vergüenza en la cara....
Un cariño recio y hondo fuerte como una muralla trabajadora y sencilla, alegre, risueña, casta; leona pa´defenderme y una hormiga pa´la casa.
¡Y a esa le llaman la otra! como una espina que daña... ¡y es la que sufre conmigo y es la que seca mis lágrimas y se funde en mi alegría igual que el oro en la fragua!
¡Sí...yo me casé por la Iglesia me casé como Dios manda...! Ella vestida de blanco... "pureza cerfifcada..."
La otra...ni se ha vestido de blanco ni le han tocado campanas ni le han prendido azahares que a ella no le hacen falta para ser pura y sencilla como una fuente sellada...
Y aunque la llamen "la otra" yo sé que es la mía ¡y basta! Pero que nadie la toque, nadie diga una palabra que pueda ofender su nombre; que nadie intente humillarla, que me juego de hombre a hombre y me mato cara a cara con quien sea y donde sea.
Que si no tiene un anillo con una fecha grabada, yo le he regalado uno con besos limpios, sin mancha, y la he vestido de novia con rayos de luna blanca...
Y aunque no es mi SEÑORA ni le han tocado campanas ni le han prendido azahares Me quiere......¡como Dios manda!
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Poeta
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No me toques no hieras el silencio no importa que salgas desnudo a la calle no hay lobos azules en la furia de las sombras ni caballos rojizos a galope en el espejo ni caídas de agua ni suicidios ni gatos ensalivando mis rodillas Por los ojos sedicentes de tu Cristo a nadie se culpe no hay locos en las azoteas sólo esta maldita soledad que muere y resucita y amedia calle nos encuentra pateando botes de cerveza
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Poeta
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Llegaste con las corrientes desdeñosas que trajeron del Norte tiempos malos estás aqí provocando el éxodo dónde tu negrísimo gato dejaste? sabor de boca amarga coge el vino los gatos de noviembre llenan de pelusa la cama no habrá yerbas de olor que los ahuyente aunque uno nunca sabe en qué momento será necesario un gato para encontrarnos Señor olvídate de nosotros el recuerdo es una daga que en la carne se hunde me duelen -en la yugular- las marcas de tus dientes y en este larguísimo combate sin puentes colgantes sin ningún cambio de piel en el borde oscuro de tu sexo la más secreta de mis oraciones susurro
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Poeta
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Dicen que el error de un hombre, es hacer llorar a una mujer, por desprecios y traiciones, por engaños y por placer.
No creo que fue mi intención, ni es lo que he hecho contigo, sucede porque te amo, y no porque sea un castigo.
Son cosas muy diferentes con el mismo resultado, por dudas y desconfianza, y por celos infundados.
Dicen que amar es difícil, sobre todo si es verdad, que se ama intensamente, y se quiere sin maldad.
El amor no tiene dueño, cuando es un amor verdadero, solo manda el corazón, si es un amor puro y sincero.
Te he hecho llorar y lo sé, y he llorado junto contigo, todo por mis celos estúpidos, que están acabando conmigo.
Perdón te pido otra vez, porque sé que tu lo harás, déjame empezar de nuevo, y no te arrepentirás.
Hoy quiero secar tus lágrimas, y confiar en tu lealtad, olvidarme de traiciones, y amarte con intensidad.
He ido lejos en caprichos, en imágenes y desvelos, he llorado y he sufrido, todo por los malditos celos.
Fui egoísta y desesperado, fui celoso y juzgador, te lastimo casi siempre, por no confiar en tu amor.
Perdóname ahora te pido, entiende mi proceder, son celos porque te amo, y no te quiero perder.
Juan Carlos
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Poeta
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Siempre te hui Siempre fue asi Eras de otros No eras para mi
No te entendi O tal vez fingí Que habia un vacío Dentro de mi
Hace mucho te conocí Te agarre fuerte en mis brazos Todo lo que tuve te di Tu me heriste en los labios
No sabes como sufri No quise tenerte a mi lado Tocabas mi corazón Yo miraba hacia otro lado
Tu crecias en mi interior Yo te seguia ocultando Si una vez me heriste No creo que hayas cambiado
Y aún asi sigues creciendo Y mis labios van mintiendo Cuando le cuento a la gente Que para mi eres indiferente
Te rechazo por miedo No quiero vivir lo pasado De enamorarme y con el tiempo Volver a salir lastimado
Por eso te custodio Para que no salgas Me da igual no volver a verte Con tal de no volver a perderte
Por eso te encierro En lo mas hondo de mi corazón Para que por la calle No encuentres a un nuevo amor
Y aún asi te vas expandiendo Y me das paz en mi interior Lucho contra ti con todo Pero siempre soy el perdedor
Y aún sigues creciendo Y lo noto por dentro Por que no hay nada mayor Que la fuerza del amor
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Poeta
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A pesar de los años Yo no he perdido las esperanzas De realizar mis anhelos Como todo buen escritor…
Y quisiera contigo Dejar la huella que todo hombre debiera A su paso por esta tierra… Es decir: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.
El árbol hace tiempo yace plantado En el centro de mi jardín Eterno vive rodeado De flores bellas, escogidas para tal fin.
A mí, de pronto que se me diera Las ganas de un libro escribir Pero no es mi mayor anhelo, ni es ese mi desvelo Yo quiero algo más íntimo, más nuestro.
Así, aún poder escribir espero… “¡el poema!” Uno que te haga vibrar de emoción Para que lo guardes en tu corazón Y lo alimentes con devoción…
Y se me ocurre que Tal vez no provenga el poema ansiado De mi pluma, algo cansada ya Ni de mis letras gastadas por el dolor…
Será quizás que el poema venga De ti, de mí, de este amor… ¡Será la envida de unos… Y el sinsabor de otros!
Tal vez, te decía, amor El poema que busco Lo tenga en la punta de la lengua Y en el último trazo de mi esfero…
¡Será una sirena augusta que nadará en el tintero De tu vientre florecido Madurado entre fragantes pétalos de buen amor! ¡La niña que yo quiero, quiero que me la des tú!
Delalma 10/07/2013 10:45 a.m.
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Poeta
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