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He visto tantos cabrones en esta vida que gracias a DIOS no soy inmortal no lo resistiría aguantarme tanto idiota que va por ahí. Por desgracia eso es contagioso y se convierte en pandemia y de ese tal virus sin nombre, nos infectamos. Y regado por toda la humanidad pervirtiendo todo sin motivo no se encuentra cura porque en la vida hay que ser bien estúpido para vivirla. Profetas falsos adoradores del billete paganos fanáticos de símbolos amores fingidos enfermedades mentales. Por tratar de ganar a otros tengo que engañar a eso llamamos comercio y otros dicen, me timo un extraño. De todo tengo por lo que sufro de todo me falta para ser feliz o sea, soy un infeliz que ni siquiera sabe lo que quiere.
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Poeta
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A ti, alma de cristal, que cantas al más leve son de una alegría o enmudeces angustiada por la brizna de un pesar.
Alma pura que el acero reviste ante ofensa o deslealtad a tu índole gentil, cuenca vehemente donde arde la virtud como el coñac.
Alma cándida que sustentas la flor de una atención más allá de su deceso y aun desbordando inteligencia, ríes de lo más trivial.
Alma justiciera, no estás errada ni loca ni eres culpable de la burda incomprensión ajena ni debes pedir perdón a quien te procuró trizar.
Alma especial, virtud terrena, alma necesaria al alma mía, no te quiebres nunca, ¡nunca!; porque con tus añicos espera enjoyarse la ruindad.
Alma melodiosa, quise ser y soy rústica nota tentando conmoverte con ésta mi razón de alma de hacerte vibrar.
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Poeta
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Caballeros del Rey Arturo luchando entre sí, con Corazas de Plata y de Oro, sobre la Superficie de un Sol Verde.
Arturo, gloria y guerra, (espada de terror, Excalibur preciosa), de jabalí coraza, Hermoso en su dureza, adalid de la raza, Machaca con la espada la espada del traidor.
Lleva orgullo en su rostro, el gesto vencedor, De oro es su coraza, un jabalí de muerte, Su espada deslumbrante, la espada de los fuertes, Castiga, vence, mata, destroza con furor.
Los traidores se alzan, con fúnebre violencia, Un sol, verde esmeralda, terrible con sus llamas, Acuchilla e incendia, incinera, devora.
El corazón de Arturo grita con insistencia. ¡¡¡¡¡¡Merlín, Merlín, mi amigo,¡¡¡¡¡¡¡ vence Arturo y exclama. Y un gran crisoberilo muestra la verde Aurora. ............................................................................... Francisco Antonio Ruiz Caballero. Vaya mierda, la idea está bien, pero el final del poema es horroroso. Además todo el mundo sabe que el Sol es rojo. Pero como fantasía Bética está bien. Sólo como fantasía, claro. Guerreros del Rey Arturo sobre un mar de fuego verde. Guapo del copón. Brasas y carbones encendidos de fuego verde y corazas de oro. En una versión Fucsia o Azul también sería la ostia.
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Campanas terroríficas.
Campanas terroríficas. Sonido de trompetas. Frío, ruido de autobuses cerrando las puertas. Sonrisas de nazis hijos de puta, sabihondos, Sidosos expresidiarios, gitanos sucios, y negros. Mierda de perro.
Sevilla en Enero. ........................................................... Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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Quizás cuando yo termine de derramar mi tristeza sobre el papel, ya tu cuerpo estará: tieso, frío, sin vida. ¡Te habrás ido tan lejos, llenando de dolor mi angustiado corazón!
En este momento desesperado le he pedido a Dios por tu recuperación, pues no quiero perderte hermanito del alma.
No sé si Dios me dará la dicha de volverte a ver lleno de vida, pero de no ser así tan solo quiero decirte que te amo, hermanito. y ese vacío que tu ausencia deja en mí nada lo podrá llenar.
Julio Medina 18 de octubre del 2013
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POR EL TRISCAR CRUEL
Lloví las sequías de los mares, que sueñan los desiertos atardeceres, agotados en el estropicio al que embaten. ¡Del resquicio quebradizo, halo sin fasto!. Sin reacomodo pretérito. Sin roblizo desconsuelo. Aún en la virada que roe. Aún en la emulación hostil.
Cruel, cruel triscar.
Lloví enarenado al precario circunloquio, muy lejos de la natural frescura, del fuego soñador de la abeja dura. En la miel rosada de la espina frágil. En el anochecer de una roca reposando. En el plañir entresacado del obvio ópalo. Con el disfraz de la doblez desfigurado. Con el disparatado desmandarse asesado.
Triscar cruel, cruel triscar.
Lloví los desiertos anublados tirotearse, en la plácida tormenta clarinada. ¡Tan abribonada al enfangarse erguida!. ¡Tan apretujada como estrujante!. Por el denuedo del encogimiento animoso. Por el atosigado desembarazo indigesto. Entre el nítido encalabrinarse inútil. Entre el férvido camaleonarse indómito.
Por el triscar cruel, triscar cruel.
Lloví en la ceguera del arriscarse, la desértica esperanza inalterable, en el fámulo espejuelo de rabia tibio, en el engolosinado transeúnte temporero, los refrigerios del desamparo y la incuria, los anodinos entusiasmos fustigando, por la dulcificación del allanar, por el lapso de la sosaina iniquia.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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EL VERBO SER Autor: André Breton Normandía 1896 París 1966 Esta versión al castellano es de Armando Rojas
EL VERBO SER
Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene alas, no se halla necesariamente en una mesa servida en una terraza, en el atardecer, al borde del mar. Es la desesperación y no el regreso de una cantidad de hechos sin importancia como las semillas al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una roca o el vaso para beber. Es un barco acribillado por la nieve si queréis, como los pájaros que caen y su sangre no tiene el más mínimo espesor. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Una forma muy pequeña delimitada por joyas capilares. Es la desesperación. Un collar de perlas para el cual uno no sabría encontrar un broche y cuya existencia ni se sostiene en un hilo, tal la desesperación. Del resto no hablemos. No hemos terminado de desesperarnos si comenzáramos. Yo, me desespero por la pantalla a las cuatro, me desespero por el abanico a medianoche, me desespero por el cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene corazón, la mano queda siempre en la desesperación sin fuerza, en la desesperación cuyos hielos no nos dicen jamás si murió. Vivo de esta desesperación que me encanta. Amo esta mosca azul que vuela en el cielo a la hora que musitan las estrellas. A grandes rasgos conozco la desesperación, de vastos asombros menudos, la desesperación de la altivez, la desesperación de la cólera. Me levanto cada día como todo el mundo y descanso los brazos sobre un papel floreado, no me acuerdo de nada y siempre es con desesperación como descubro los hermosos árboles desarraigados de la noche. El aire de la habitación es bello como palillos de tambor. Hace un tiempo increíble. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Es como el viento de la cortina que me asiste. ¡Se conoce semejante desesperación! ¡Fuego! Oh van a venir de nuevo... ¡Socorro! Helos aquí cayendo por la escalera... Y los anuncios del periódico y los avisos luminosos a lo largo del canal. ¡Montón de arena, vete, especie de montón de arena! En sus grandes rasgos la desesperación no tiene importancia. Es un hacinamiento de árboles que una vez más van a hacer una foresta, es un hacinamiento de estrellas que una vez más van a hacer un día de menos, es un hacinamiento de días que una vez más va a hacer mi vida.
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Poema Irreverente.Pido la dispensa y es sólo un artificio.Creo que mayores blasfemias he visto yo. San Antonio Gay. En la celda del monasterio,pobrísima,horrísona. San Antonio desnudo en su humedad y frío. Haciendo penitencia con látigos de púas Abre en su piel grietas de rubíes y lilas. El sudor en su frente,caracoles líquidos y rocío contrario, Antitesis de escarcha y mar de fiebre y tela Le moja las mejillas desde la frente espaciosa. El silencio,espectral,de el convento de frailes Ahora irreversible después del gregoriano Y una campana ruda con un timbre de espejo Y un sabor agridulce de astillas en la uña. Se presenta Satán,bellísimo,sensual, Todo lleno de joyas,y se va desnudando, Arrojando en el suelo una riqueza inmensa Vehemente corona que se roba a los pobres. Y van apareciendo efebos dionisiacos Con vides en las manos,y copas de oro puro, Que entregados al placer ofuscado y demente Semeja las ciudades devastadas por Dios. Posesos los labios de los sodomitas, Urgen falos inmensos y penetrantes torres. Abraham iracundo se estremece y se ciega Y se arranca los ojos al ver esos arcángeles. Isaacs de fermento se entregan indecentes Y prueban de su propia carne masculina Expulsando el esperma de sus penes airados Que copulan sin tregua,entregados al mal. Y dicen exclamando estos blasfemos santos Surgidos de allá de donde la medianoche. Ven Con nosotros,Antonio,ven que la succión Te dará mil estrellas en la espalda de nieve. Bebe con nosotros estos pámpanos puros, Llenas están las copas de puras madreselvas, Ven ,prueba de nuestros labios,prueba este lirio azul Y violeta y granate y blanco y amarillo. Sacúdete ese sexo y pruébanos la boca, Dejate entre nosotros aquello que germina Y produce nacimientos en vientre de mujer. Chupanos nuestras vergas,solemnes,deliciosas. Ven hacia el paraíso que te ofrece Satán. Ven ,te lo ordenamos.Abandona a Jesús. San Antonio excitado,con su verga erigida. Duda acaso un momento ante tanto placer. Pero coge la vela cuya llama destruye La obscuridad transida que perfuma su celda. Y arrimandose el cirio al glande circunciso Apacigua las ansias de deleite y pecado. Y dándose latigazos aleja los demonios Hasta que el alba entra por la ventana chica. Y Jesús aparece en forma de mujer Vertiendo medicinas en la piel del herido. .................................................................... Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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INCÓGNITA IGNOTA ES...
Porque esa estrella se recuesta bajo, el desierto arroyo del viento triste.
Y las olas hilan solo a sus espumas, en la arena atrapada en la burbuja.
Por aquel viento que curiosea la vida, en el retrato de las olas saladas.
Con el hambre del sueño cubriendo, la inquietud de las paredes que muerden.
Porque al oído solo se asoman, los collares del bosque serenos.
Y escriben con aire los reflejos, esmeraldas los ojos del tiempo.
En la mirada del silencio, con la ferocidad dulce y suave.
Escondiendo un grito bajo el cabello, por la sinfonía de olores brillantes.
Y la gran roca se cuelga de los minutos, decorando unas alfombras inquietas.
Bebiéndose la luz en ebullición, con el ácido suspiro del camino azul.
¡Tan gris como los mejores verdes, han visto el misterio del diamante!.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
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