Poemas surrealistas :  ¡Quisiera Volar!
¡Quisiera Volar!
Quisiera volar, 
Alcanzar las aves en el cielo, 
Sentir la presencia de aquellos algodones en mi rostro. 

 
Quisiera volar, 
Estar cerca de los luceros en el cielo. 
 

Quisiera volar, 
Escuchar más de cerca el murmullo del viento nocturno, 

 

Quisiera volar, 
Presenciar la salida del hermoso farol anaranjado. 

 
Quisiera volar, 
Tocar el hermoso cielo celeste del bello día. 

 
Quisiera volar, 
Pasar el día, acariciando la suave textura de las hermosas nubes blancas 


Quisiera volar, 
Quisiera volar. 



- José -
Poeta

Poemas de sombríos :  Triangulo de Muerte
Cantares de soledades oscuras, de soles helados
Lamentos del infierno, que se sienten en el cielo.
Gritos que llenan el vacio mudo de sordos
Intentos, por querer escapar de una telaraña,
Tejida por manos que no conocemos, ajenos
Del destino que se nos ha marcado, caminamos
Ciegos por el acantilado.Casi sin saberlo estamos
Presos de las palabras, de los pensamientos,
De los que mienten, de los que dicen verdades a medias
Presos de la realidad que duele, de los sentimientos
Impuros que alguna vez hemos sentido, de alaridos
En la noche profunda, de sueños rebeldes
Que nos llevan a mundos diferentes, volando por
La tangente, de un triángulo de muerte.



Por Conrado Augusto Sehmsdorf


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Poeta

Poemas de introspectíon :  Mis alas rotas no pueden volar

Parado encima de este alto precipicio .
Podre yo saltar, no sé cómo.
Mis alas rotas no pueden volar.
Es muy larga la distancia al fondo.
aunque cayéndome muera.

El viento bofetea mi cara.
Impresionante vista desde aquí.
Trescientos metros hacia abajo.
Puedo saltar esta brecha tan amplia.
No vuelan mis alas caídas.

Yo usaba volar los cielos tan alto.
Vi mi caza, debajo de mí.
Me zambullí trescientos metros de distancia.
Luego desplegaba mis alas, para quebrar mi descenso.
Pero ahora no vuelan mis alas rasgadas.

Era un feroz cazador.
Un raptor que todos temían.
He jugado las térmicos cañones.
Dispare los cielos ambos lejos y cerca.
Pero estas rotas alas no vuelan.

Si mis alas no sanan.
Y no soy el dueño de cielo.
Que injusto morir.
Si no como me muero.
No vuelan mis heridas alas.
Poeta

Cuentos :  Un arcano heterogéneo
UN ARCANO HETEROGÉNEO

Quería volar, y se fue de leopardo vestido
con el presentimiento de que el medio
esponjoso quedaría asombrado en las retinas.
Hacía varios días que estaba muy tranquilo.
Ni él mismo sabía lo que describían los timbres
postales falsos terminados en casa.
Ni de las lágrimas petrificando sueños presos.
De vez en cuando, por un momento, el espacio
crecía y se achicaba entre resortes sorprendidos
al salir de las realidades alternas, retrasando el
destino con descuido, como la mirada de un ciprés
al cielo que ha mandado parar al sol alerta y puro.

Otras veces caminaba asido a circunstancias incandescente,
ensimismado, deslizándose en los velos despojados de la música perdida, en un claro enrejado bajo las nubes provocando un torbellino con la disciplina de las generaciones por venir,
inclinando con su peso la llanura de sus pupilas.
Quería imponerse, a fuerza de ignorar las excursiones masivas a las interioridades ajenas, abriendo y cerrando las ventanas
triangulares y sus palcos. Que caminan sobre el dorso de las olas.

__¡Lo mejor es no pensar en ello!__
Se dijo calladamente al empezar a brotarle el par de alas negociadas
en la noche por el largo camino de las nubes.

Estuvo mucho tiempo sumergido en la cabeza de la estatua colosal,
ahí donde vio dibujado su rostro con inscripciones destruidas por terremotos y mareas. Algunos las explicaban desparramando
promesas de saberlo por haber desatado misteriosas correspondencias.

Conocedor de la profundidad del absurdo, y decorado además por las nítidas paradojas rechazando amablemente la acusación de los celos
profesionales. Como los bosques ignotos bajo el cabello cano y escaso.

Los días siguientes no fueron diferentes al mes anterior, en la vorágine
incesante del espacio mínimo comprado en las calles como historias verdaderas, a los rostros anhelantes en el cementerio de los pozos.
Parecido al fruto de una huerta de casa embrujada, acompañado del tiempo sin fin, con el dulce placer del deseo todavía en espera.

Todo había andado excesivamente bien como el alfabeto fonético más
antiguo que se conozca, desde la pintura rupestre de los perturbados
caracoles marinos creados por las corpulentas bacterias sin tomar en
consideración la edad en forma de pirámide que salta evocando a los parásitos por el desconcierto de la imagen mencionada.

Pero todo ello solo duró unos minutos,
fue un vértigo verdoso en un claro de selva nadando en el aire.
Como el ritmo rotundo de múltiples piruetas, apretando en la garras un cerebro potente que electriza su espacio y maravilla la tierra.

Súbitamente, la roja luz lunar perdió mucho de su intensidad.
En ella aparecieron visiones apacibles mecedoras de penumbras en una especie de preámbulo magnánimo, representando la sonrisa doblada por los años con las llamas de la espalda a los talones.

___¡Claro qué les diré todo lo qué pasó!___
Pues los vidrios de las ventanas se han fundido liberando las
escaleras que permiten llegar al fondo del lago escondido en la piedra de la que sale la voz, y agita la luz intensa en el hervor general de la
nieve, en el inmenso territorio inacabado del resto de la vida.

Por otra parte, ya no quiero volar, y mucho menos vestido de leopardo con el par de alas baratas cinco horas después de aquel suceso
que claramente he olvidado por ver el oxígeno atómico eliminando el hollín de las pinturas de mis memorias antiguas, resultado del buen cuidado que me dan en este museo, ahora mi hogar permanente.
__¡No obstante, hablaré esta noche con Seth!.


Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Poeta