Su miedo escala y aumenta causando ya hilaridad la gran "popularidad" de la seño "presidenta" a la que el pavor sí tienta, pues, del pueblo se deslinda y de una marcha se blinda las protestas sabe ahogar no es capaz de dialogar la "socialista" de guinda.
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Ciudad de México, a 13 de noviembre del 2025 Reg. SEP Indautor No. (en trámite)
Sí, vivimos con temor en nuestra infeliz nación impera la percepción de inseguridad más peor cuando sientes el pavor que da al salir a la calle que el "detente" no te falle ni Dios ni tu buena suerte, nadie saldrá a protegerte cuando la violencia estalle.
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Ciudad de México, a 24 de julio del 2025 Reg. SEP Indautor No. (en trámite)
Por miedo López se blinda muy metido en un aprieto nunca toca a Peña Nieto sin citarlo lo deslinda y la impunidad le brinda en el caso Ayotzinapa su temor con vallas tapa ya con cercas de concreto tal pavor no es un secreto de la verdad nadie escapa.
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Ciudad de México, a 26 de septiembre del 2024 Reg. SEP Indautor No. (en trámite)
En silencio observa la habitación, cada noche, cada día, … observa a la protagonista de este cuento, de esta pesadilla.
Siete años había pasado junto a su gato, de pelo negro azabache, de ojos azules marinos, de siniestro andar y maullido cautivo.
Cada noche lo mismo, fuera llena, nueva, menguante o creciente la luna, sonaba ese ruido, golpes debajo de la cama.
Y justo cuando se iba a asomar salía el gato del oscuro, mirándola fijamente se volvía a ocultar, como quién te detiene para estar seguro.
Al principio se asomaba hasta que la detenían, unos ojos felinos al borde del abismo, ahora ya no se asoma, ignora golpe tras golpe, pues será su gato jugando consigo mismo.
Las noches pasaban hasta salir la luna del ocaso, esa noche lloraba abatida la niña, triste rogaba por su gato desaparecido.
No lo encontraba, no lo veía, se fue, desapareció como polvo en el viento, no lo encontró en ningún rincón, claro u oscuro, grande o pequeño.
Pero se percató la niña como cada noche, golpes, golpes debajo de la cama, sonrió creyendo en la vuelta de su amigo, sonrió esperando a su gato al borde del abismo.
Pero no vio su cara crespada, sus ojos azules ya no la detenían de mirar debajo, despacio se acercó al borde y planto la mirada, buscó algún rastro de su amigo con esperanza cebada.
Y lo encontró donde siempre pensó que estaba, pero no lo encontró con la misma fachada, de un salto cayó al suelo horrorizada, desmembrado entre sangre maloliente temblaba.
En sus últimos segundos miagó como nunca antes, tan fuerte que ahuyentó lejos a la niña, hasta el otro lado de la habitación, tapándose los sentidos por esta función.
Se ahogó el maullido con su último latido, en silencio se aproximó la niña para llorar a su amigo, y mirándolo de cerca la miró una sombra lejana, más allá del cadáver se movía una sombra en desgana.
Algo reptaba debajo de su cama, algo grande, pesado, largo,…, unos ojos del color de la muerte la miraron, contemplaron su presa deseada por años con odio amargo.
No se movían, se detuvieron expectantes, mirándola hipnóticos la llamaban, dejándose llevar se introdujo en la sombra, fue hacia esos ojos que la nublaban.
En el luto de esa última luna salió el sol más fuerte que nunca, en la habitación solo quedaban sombras, sombras mundanas, normales, sin muecas algunas.
Todo era una copia de la noche anterior, todo excepto la cama, vacía y ensangrentada, unas sábanas roídas, manchadas, mutiladas, sin un solo desperfecto más, sin recuerdos ni baladas.
Las puertas y ventanas, vírgenes, no se habían abierto, el aire entonaba miedo, rugidos, alaridos, la habitación lloraba en silencio, acostumbrada, sin soltar prenda, con miedo a que la observaran.
Siete años vivió la familia bajo ese techo, siete años felices, de cuento y calma, ahora espera a la siguiente familia con hambre, el horror indescriptible debajo de la cama.
Las escaleras cerradas bajaron por la puerta que subía arrastrando los pies, mortalmente pálida y terriblemente agradecida por aquéllo. A los cinco minutos, se elevó de súbito el silencio azul de las voces en el patio amarillo, y el agua estremecida de miedo, olvidó el murmullo. La tarde huía tras la ventana, pues el invierno estaba cerca y no traía zapatos. En vano trataba de ganar tiempo al reloj suspendido del humo.
Más allá, un momento alargado pugnaba por asegurar la posesión de unas máquinas inquieto. Una botella de tequila se presentó emocionada y curiosa luciendo un traje de etiqueta, y en aquel instante diríase que había visto el dinero, pues un confuso estrépito de conjuros y exhor- taciones brotó de la mesa.
___ Pensaba en su trabajo. Turbando con ello la serenidad del desempleo esperando la solemne ceremonia de un contrato. A su juicio, la luna no debería cenar con la marea, por la única razón de que ésta tiene un poco arquea- dos los muslos y una máquina de coser ajena.
Tenía que recuperar la caja que corrió aprisa. Allí esta el hilo. ¡Bueno para nada!. Hace dos años que echó a perder todo, glorificando una malvada cadena de azúcar fina. Los dedos, inhábiles al principio, encontraron al fin la luz en poder del techo, herido a consecuencia de una caída, empuñándolo con suavidad.
El horizonte se hizo a un lado; un viejo río tomó la delantera, la nieve, antes de chorro caía a gotas, y un pino mal construido estaba borracho en la superficie de la esquina.
___ ¡Qué tonterías son éstas!. Las estupideces ahora vienen en paquetes. ___ ¿Qué haríamos si nos roban la pobreza?. Ahora todo se vende, sería un gran negocio. No me sorprende ver a los vendedores ambulantes buscar su mercancía. ___ Eso lo sabe cualquier jurado calificador...
Los trabajos deben ser inéditos y ser de propiedad anónima cuando llegue el sobre cerrado ; de lo contrario el premio será indivisible, en particular en cuestiones directas, comparándose con los textos progenitores del grito que necesite un pañuelo... ¡Considéralo!.
Pronto estarás muerto de la cabeza a los pies, y colocado en el hueco de una mano tomando a la vida por el talle. ¡Tallado en cada detalle!. La curiosidad será incapaz de creer a tus ojos, y al parejo de la harina que se apoya en la pared.
El día anterior la angustia llegó en un bulto grande, y no hubo nadie que quisiera hacer un cambio. La escena, enfurecida, empezó a fumar pacíficamente pero seguía enojada golpeando las teclas sin excusa, y la gente aplaudía acalorada. ¡No comprendía nada!. ___ ¡La verdad es que todas estas mentiras suenan agradables!. Se oyó decir desde aquel día.