Poemas :  Epitafio II
Casi las once y media de la noche
y un mundo de dolencias terminales,
de ojos efímeros como luciérnagas,
ve la comedia negra de tu escape.
Fue tu vida de invierno
el vuelo del papel en una calle.
Fuiste amigo del viejo terraplén,
ese al fondo del barrio miserable.
Lo que te vio y calló quién lo sabrá,
por esos códigos de pobres y hambre;
rotos amaneceres sucediéndose,
repletos de los sueños que asfixiaste
bajo el tren y las suelas en las vías.
Ni hornero ni zorzal de los barriales
fuiste (por más de ser de aquel San Telmo),
tan al revés de esa milonga errante
de Laurenz y Albertito Podestá.
Hoy, de esta esquina que con celo amaste
yo te pido perdón, por ser el rostro
de un asfalto con grietas incurables.
Tus días remolcaron
indecibles bagajes
que te confieso, son como los míos.
Absurdos. Terrenales.


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Gustavo Larsen, 16 de febrero de 2018
Poeta

Poemas :  MDQ III
Mi moribunda ciudad, encaneces,
con el deseo de andar más despacio.
Cales leprosas,
cáscaras blancas, paredes sin cielo
te levantaron, comiéndote el sol.
Mar de aquel verde fajina en Goose Green
para que madres se nieguen olvidos
entre tu espuma.
Solo una mueca, sin dientes ni lengua,
un estertor que es infame secreto.


©Gustavo Larsen, 08/01/2018
Poeta

Sonetos :  Del Iguazú a la gran ciudad- soneto con estrambote
*El uso de regionalismos se aclara al pie del poema
[img align=center width=420]http://www.argentinianexplorer.com/images/tour/tour-argentina/cataratas-del-iguazu/cataratas-del-iguazu-02.jpg[/img]
Arteria proveedora de mi savia,
hoy quizá tu rugido me devuelva
el verdor misionero; me recuerda
que hacia el Plata, mis ríos enmudecen.

Roja voz que a la tierra desagravia
del celo musculoso de mi selva.
Me llevaron, a que otra luz me muerda
con los brillos que al ánima encallecen.

Vivo inerme, desnudo de tu fibra,
vacío del dulzor de tus esteros,
custodios del remanso y de mi tigre.

Aprendí que burlón el Ayre vibra
en sus calles, que son desfiladeros,
para que un juicio acróbata peligre.

Acaso les denigre
mis francos “buenas noches”, o el “perdón”,
cuando el sol se incinera en un neón.

Publicado con anterioridad en el sitio de mundopoesía.com
Poeta

Poemas :  La voz.
LA VOZ
Autor: Philippe Jaccottet

Suiza 1925

Poeta, ensayista y traductor suizo nacido en Moudon. De su obra poética se destacan, "El ignorante" 1956, "Aires" 1964, "Cantos de abajo" 1974, "Pensamientos bajo las nubes" 1983 y "A través de un vergel" 2000.
Ha traducido a Goethe, Hölderlin, Leopardi, Musil, Rilke, Thomas Mann y Ungaretti, entre otros. Su obra ha sido premiada en varias ocasiones y ha sido traducida a varios idiomas.
Esta es versión de Rafael-José Díaz. De "El ignorante" 1957.


Interesantes referencias son: https://www.youtube.com/watch?v=uOog79nH8qs
https://www.youtube.com/watch?v=uXiWmh9kfUo

La voz

¿Quién canta ahí cuando toda voz se calla? ¿Quién canta
con esta voz sorda y pura un canto tan bello?
¿Será fuera de la ciudad, en Robinson, en un
jardín cubierto de nieve? ¿O es ahí, muy cerca,
alguien que no sospechaba que se le escuchase?
No nos impacientemos por saberlo,
pues no de otro modo precede al día
el pájaro invisible. Tan sólo permanezcamos
en silencio. Una voz sube y, como un viento de marzo
restituye su fuerza a los bosques cansados, nos llega
sin lágrimas, más bien sonriendo ante la muerte.
¿Quién cantaba ahí cuando se apagó nuestra lámpara?
Nadie lo sabe. Pero sólo puede oír el corazón
que no busca posesión ni victoria.

Poeta

Poemas :  Crónicas de un gerente
Comí siglos en festines de papeles,
incólume fue el mármol del prejuicio.
Mordí hogazas inconcebibles con los dientes del rencor,
el umbral de la decencia pesando sobre los hombros,
entre varios pensamientos esqueléticos.
Hubo emplastos de cordura programada
sobre servilletas de encaje.
Los pies alados fueron descarnando los caminos,
los hielos del compromiso
quemándome durezas por las noches.

Fueron sólo pilares de adobe y paja los ancestros.
Me vi volar en círculos sobre mi juventud agonizante,
evanescerme desde el centro de la intrascendencia,
abortando un brote de humanidad
sin poder enhebrar la aguja remiendafuturos.
La filosofía la abandoné entre los niños,
que son sabios y la arrullan.
Me untaron piedras en el pecho,
mi mirada fue la alfombra de las suelas sucias de otro,
las manos temblando en el calor de un hogar
pero firmes golpeando una mesa de negociaciones.
Avanzar arrodillado en la escalera corporativa…
los huesos y el honor pelados,
porque el pellejo es circulante de rápida devaluación.
Y es así entonces, que tuve que irme a la capital.

Rota la nube de la duda en el espanto de las horas,
vi aves y hombres
sacudiendo el pico de vergüenza por lo que comían.
Tras las puertas se escondía la verdadera ciudad,
la que de tan mortal y cambiante
asustaba hasta a las crisálidas,
la que siempre detienía los relojes
en el minuto del olvido,
los paredones sonriendo
con sus dientes de cal descascarada
mientras mascaban la goma
de otro afiche político vejándolos.
Una ciudad con pobres melindrosos y bastos pianistas,
vastas callejas y enanismos de rascacielos,
donde los pulmones desarrollan dentaduras
para masticar su aliento alquitranado en las avenidas,
con próceres de piedra en las plazas,
pisoteando lanzas rotas,
con minifundios de almas y sonrisas,
latifundios de huesos secos perdiéndose en un tren.
Sentí el olor a pegamento y bencina
en los cabellos de un niño sin dientes que aun sonreía,
el dolor de un pañuelo blanco
volando por las noches hacia el fondo del océano,
buscando los huesos del hijo entre los cangrejos,
el gol gritado entre sopores de una damajuana
y el domingo moribundo,
la radio y el trabajador en su siesta,
para suicidarse a cuentagotas,
los cajones de maderas mordidas
a través de las ventanas rotas
de un panteón en La Chacarita,
el café de apuro, servido en un pocillo sucio,
el buceador de contenedores de basura repletos,
en su apnea experta de yerbas y empanadas de ayer.
Aquí se desaparece fácil, casi desde el nacimiento.
Soy feliz y adinerado, mientras me almuerza la nada.


©Gustavo Larsen, 17 de mayo de 2017
Poeta

Poemas :  Cabarute


CABARUTE

Fueron lenguas, las de aquellas,
mendrugos de boca ajena.
En el centro de la escena,
un dios escupió querellas

de un verso que marca huellas
de jauría en plenilunio.
Entre tanto el infortunio
de un xilofón de botellas

como lluvia de quebrantos
fue noche de fin incierto
y el vapor de sus encantos:

pitón de Eros, gimnasta
para el ojo en desconcierto,
una hora y media en subasta.

©Gustavo Larsen, 07/11/2016


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Poeta

Poemas :  MDQ III
Nunca acaricié por entonces en serio tus vestidos.
Ciudad, del rostro duro y los familiares labios,
caderas de sal,
mujer que te me dormías
luego de haberme vencido.
Ya no cabe esa sorpresa
de que hayas sido barca varada en mi carne.
La nave encallada
no era tu viaje frustrado por mi cuerpo;
era mi cuerpo mismo.

Hoy sólo un vidrio de recuerdos
me separa del viento de tus velas.
Verte siempre dulce y amarga a la vez,
ofreciéndome todas las arenas de la vida temblando.
¡Qué importa que mi cabeza olvide
lo que los sentidos recuerdan!

Nada tuyo es de nadie más ahora.
Todo es mío en este momento.
Desde lejos, en silencio fui voyeur
de todos los defectos que te enumero.
Es que el verbo siempre yació inmóvil
frente al delirio de tus ojos verdes.

©Gustavo Larsen, 07/11/2016

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Poeta

Poemas :  Spuzza
Por las vidas que por mi frente pasaron,
enmudeciendo hasta su grito de madera y tierra,
por la creciente de voces
atadas al poste de los perros,
llevo todo con dos brazos en guardia,
y una sombra que es mácula
de una ilusión de dientes rotos,
salivando un hambre eterna.
Llevo impudicias arropadas
que renquean tullidas detrás mío,
sus pulmones tosiendo las vergüenzas
de mis fantasías viscosas.
Por los cientos de clamores
que se congelaron en mi lengua,
y su dialecto que murió
con las ráfagas de un nuevo invierno,
por cada ala rota ante mis ojos
que no cesan de opacarse,
por todo eso
llevo un canto claro y una corbata sobria,
una compostura circadiana para mi lunes.


©Gustavo Larsen, 24/08/2016
Poeta

Poemas :  MDQ II (silvas blancas)
En una hora que encalla,
casi hoy muerto en una orilla lejana,
prestas llegan las gaviotas.
En aquellas playas y acantilados,
fui niño y hombre, allí,
donde se estira el cielo.
Comí de las mañanas
y de las escamas de los lanchones.
Atlántico, sur, llamas
amaneciendo como copas de pan,
un alba ensangrentada.
Atlántico que canta
donde sueña furiosa
la ola verde que se parte y enciende.
Mar que canta, como le da la gana
bajo una nube pampa.
Madre que me recuerda,
las madres y sus nubes,
todas comiendo llantos.
¡Quien olvida el discurso de la arena,
sus golpes, el cincel de sudestadas
en el pie adolescente!
¡Y cómo sueña el hombre en esas ramblas
sin el cobre de enero
fundido en una mujer!
Un día que ya recuerdo,
o quizás un día que nunca olvido,
llegarás hasta mis brazos últimos.

©Gustavo Larsen, 09/01/2016

[img align=center width=395]http://www.tripincdn.com.ar/img/buenos_aires/Mar_del_Plata/mdq11-RicardoDiotto.jpg[/img]
Poeta

Poemas :  MDQ
Ciudad, del rutilante silencio,
el de la avenida que vocifera sin rumbo.
¿Qué muchedumbre de frentes perdidas
es la genuflexión de tus vergüenzas?
¿Qué torrentes de ideales enmudecen
por el arco tenso de tus rompientes?
¡Tantas almas se siguen extinguiendo
frente tus estatuas verdes y tus años!

Ciudad, secos y duros tus huesos,
metales innobles, madre de gases inconcebibles.
Ciudad, que tus vástagos escondan
sus buenas palabras, sus redes,
sus libros, sus calvarios y sus yunques,
sus mejores flores carnales
y que ignoren un nuevo pájaro perdido.

Rechazada, otra Sudestada
se estrella en el ala de un edificio.
Su grito es el grito de otro otoño anciano.
Y el invierno nos nace sordomudo,
entre la bruma y los rostros moribundos.

Ciudad, de furiosas algas en el lomo de una ola.
Una corriente nos trae otro desprecio,
desde el centro de Puerto Stanley.
Y me arde sentir el pulso de tus nieblas tristes,
tu sangre salobre en su eterno sarcasmo.
¿Qué ruego cabe en tu pecho de arenas negras?
¿Qué soles juntarán tus cenizas en los acantilados?

©Gustavo Larsen, 18/12/2015

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