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Pinta el cielo con estrellas, dale color a la noche, la oscuridad se desvanece, la soledad perece. Llega el ocaso, pintado de color ámbar, el sol se oculta, bienvenida sea la noche. Pinta la noche, dale forma con estrellas, la luna llena sera tu luz, el cielo es tu lienzo. Dale forma y color, es tu obra de arte, la mas bella que existe, la noche empieza, es hora de admirarla. Erick R. R. Torres (Ángel Negro)
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Poeta
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A Ely, bebé insomne.
“El valor de las cosas no está en el tiempo que duran sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables” (Anónimo)
Febrero, mes del amor, estaba por terminar y mi ansiada llegada a esta ciudad se vio coronada con tu presencia, cuando mis ojos encontraron los tuyos juro que no te buscaba, en realidad no buscaba a nadie, mas tuve la sensación de que ya te conocía, de que visitabas mis sueños desde antes te vi y fue suficiente mirarte, supe al instante que quería para mí tu intensa mirada, tus incitantes labios y tu adorable sonrisa mas, no se que pasó, no se si fue el entorno, tu compañía, tu decisiva manera de aproximarte, no lo se todavía, pero sentí una extraña aprensión, que me hizo evadirte. Marzo, mes del narciso, hizo su entrada y tu esbelta figura se tornó etérea, impalpable algún que otro casual encuentro revelaron los caprichos del azar y fueron bordando el destino, haciendo que naciera esa certeza, esa necesidad de tenerte tuvo que transcurrir un largo tiempo un tiempo que se tornó interminable pero para finales de marzo ya te tenía, ya compartíamos deseos y amaneceres. Esta noche, una de las primeras de Abril, duermes ya sobre mi pecho y mis manos, ambiciosas, te acarician pero tu sigues así, dormitando sobre mi pecho sin saber que desde hace mucho ya te esperaba avizoro tu cuerpo desnudo y sus perfectos trazos me conmueven mi veleidad me hostiga acusadora la razón me convoca a la prudencia y me recuerda que pertenezco a otro sitio pero tu excesivo cariño me aturde, me confunde tu ternura y sucumbo sin remedio a tus encantos Amanece, infelizmente amanece y los primeros destellos del alba me recuerdan que tengo que partir, y mis ojos recorren por última vez tu desnuda figura mientras mi pensamiento se debate entre la duda y la certeza, la banalidad y la grandeza, el presente y el futuro pero solo atino a preguntarme: ¿Estarás aquí para mí el próximo Febrero?
Nini, 5 de abril de 2012
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Poeta
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CON BRIAREO ALADO
Pensaba... En la mitológica realidad. Sin cuentos, solo cincuenta cabezas. Vecinalmente espinosos y hambrientos. ¡Más metálicos que cualquier mina!. Y Pensaba ¡Con cien brazos!. Imaginando qué nada tuviera de realidad. ¡Pero fallaba!. Ahora, además vuela. Con Una Pregunta tan gigante, como su vacío.
¿Quién necesita una espalda traicionera?. Una frente de alfas en cinismo. Con Briareo Alado Una pintura, dos, tres, pedazos inconscientes. En la repetición mórbida vida. ¡Una palmadita en cuchara hambrienta!. Empleada pétrea y paz funesta.
Y Con Briareo alado En su rudimentaria y cósmica tortura. Empleado tenaz de la penuria.
Y Hace algunas décadas. ¡Sintiéndose ujier!. Y ultrajante tras los óleos.
Más turbio, el ánimo, sigue una gota. ¡La bota, cotidiana, en conserva, exterminando!. ¡La misma piel de que está hecha!. ¡La mirada, vulgar, del hocico peluche!. Más claro, el rubí oscuro es monolítico. Briareo, piensa, alguna vez sólo al soñarse.
Entre. ¡Gemas patéticas de manchas!. En Fragmentos, ínfimos, efímeros. ¡Briareo tan microscópico, usa telescopios!. Alado... Vuela bajo el océano, a crédito. Donde la cordura, tiembla herida, hilando féculas, y huesos.
¡Collar, disfrazado, de bondad!. Y Copulando, engalanado y sinuoso. Los Vestigios de trémulas orugas. Son De la consciencia pantomima. Después Del mortecino, último de las barajas. Una ¡Demencial cañería ambulante!. ¿Qué haremos, si alguna vez lo pensamos?. Desarmados hasta el ínfimo hueso. Desnutridas, miasmas hay en las sillas. Y con Briareo alado.
Autor: Joel Fortunato Reyes Pérez
Información útil es... https://es.wikipedia.org/wiki/Briareo
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Poeta
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Y se va marchitando la caja de las rosas; no tiene quien las saque y las lleve al camino. Un airón de perfume se nos quiebra en las manos mientras algo se muere y nace al mismo tiempo.
Se nos frustró la cita con aquella fragancia de tan pura, invisible, ese ramo de brisa que apenas huele a nada y que agavilla en sí todo el amor del mundo.
Hay cosas que no son, pero que siguen siendo gozo, nostalgia, fronda que nunca hemos plantado, hermosura secreta que sólo fue latido.
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Poeta
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Y estás: en el vacío y en la ausencia presente, en la que es y vive sin dejar de ser única oquedad invisible con raíces eternas. No hay mundo que la llene pero sí algo vivo que la besa y la calma.
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Poeta
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Voy a a arraigar en ti. Mis fuerzas más oscuras remueven lentamente la tierra de tu alma. Quisiera penetrarte y enraizar mi esencia sobre la carne viva que nutre tu fervor.
Ahondaré en ti mismo y abrasará tu sangre el fuego de la mía rebelde y soñadora. Invadido por mí, derribarás la cumbre que te aleja del cielo.
¿No sientes mis raíces? Tu tallo florecido, ebrio de sí, eterniza mi cálida fragancia. ¡Irguiéndolo alzarás la copa de mi frente, hasta volcar su zumo en los labios del sol!
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Poeta
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El mar me pertenece lo hago pasar entero entre mis manos ávidas. Lo acaricio le doy la única mirada sencilla que me queda la que aún no han manchado ni el miedo ni la muerte.
Mar limpio entre mis dedos goteando esperanzas porque sostiene aún un velamen con brisa.
Mar de todos los mares hoy contemplo en su espuma otros mares antiguos: aquel de mi primer contacto con las playas y el de aquellas lecturas codiciosas e incómodas bajo algún tamarindo. y aquel otro del trópico sin huellas de turistas con esa pulpa tierna que ofrece el cocotero.
Quiero olvidar aquí lo que sucedió anoche. el mar no tiene culpa. Es dócil, mío, puro, es un lebrel que lame mis plantas mansamente.
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Poeta
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Te esperaré apoyada en la curva del cielo y todas las estrellas abrirán para verte sus ojos conmovidos.
Te esperaré desnuda. Seis túnicas de luz resbalando ante ti deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.
Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados un látigo de niebla. Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas mi sien alucinada y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto a todo lo inasible.
Te esperaré encendida. Mi antorcha despejando la noche de tus labios libertará por fin tu esencia creadora. ¡Ven a fundirte en mí! El agua de mis besos, ungiéndote, dirá tu verdadero nombre.
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Poeta
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Tú no sabes qué lejos. ¡Nadie sabe qué lejos! Encima de las nubes, detrás de las estrellas, al fondo del abismo en que se arroja el día, sobre el monte invisible donde duerme la luz.
Sólo allí podrá ser. Sólo allí tocaremos la verdad que tortura nuestras frentes selladas. Sólo allí se abrirán como flores de aurora aquellas lentas noches de amor en desvarío.
Nuestras manos lo piden tendidas al espacio en un sordo anhelar que no engendra clamores, nuestras plantas lo exigen tercamente aferradas a las huellas que el viento indómito destroza.
El horizonte huye robando a cada hora la secreta delicia que presagia el milagro. Hay briznas de prodigio en todos los instantes y el mundo, ciego, arde con vibración de altar.
Arrodilla tu fuerza. No hay glorias presentidas. Palpita en certidumbre la carne de los sueños. Si acunas la belleza que tu fervor concibe florecerá en tu muerte su exacta encarnación.
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Poeta
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Todas las soledades -grises víboras- muerden la duda que taladra mis sienes abatidas. Nadie finge camino en torno de mis plantas que repliegan, medrosas, su impulso derrotado.
¡Soledad de mi frente1 Un residuo de sueños la empolva de ceniza. -¡Qué siniestra bandada de ideas en delirio entrega al huracán su pálido plumaje!-.
¡Soledad de mis labios! Escondida zozobra de los besos en flor que no abrasa el estío, nostalgia de capullo condenado a vivir su eterna adolescencia.
¡Soledad de mis manos! Inefable tortura del gesto que se duerme en trance de caricia. ¿Para qué la ansiedad que entreabre mis palmas si adhieren a su curva inútiles vacíos?
Soledades que cercan con límites de hierro la expansión luminosa y frágil de mi vida... ¡Rompe tú las amarras que me retienen, muda, en el hueco sombrío de mi rincón doliente!
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Poeta
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