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No podría haber imaginado jamás... pararme a mirar incrédulo, como la vida puede desgajar robles colosales… lastimera experiencia que estruja el alma con inesperada bizarría y estupor… cómo suponer siquiera que iba a hurgar en rascuños a una memoria brillante, para rescatar apenas retazos de recuerdos traducidos en casi sonrisas, en destellos opacos del mirar profundo, que escruta, ahora, incierto, lejano, difuso… ido, reflejados en contactos casi obligados con quienes nos resistimos a dejarte ir a no perder el cobijo de seguridad, de consuelo, generosa alegría y aliento.
No creo que sea ese cruel padecimiento, que corroe las formas, memoria y cordura, que profana el tejido espacial y temporal, para abandonarte como náufrago de vida... no puede ser ese olvido falaz, galopante, que nos deja a la vera de tus estelas marinas, no... no puede ser ese escape cómodo... prefiero creer que quisiste refugiar tu ocaso en la selección querida y dolorosa también... de los espacios... de las imágenes y sonidos que te importan, solo a ti, sin tiempo... sin secuencias, sin rígidos espacios, sin lógica, así que voy a tratar de entender aunque... no acabe de aceptarlo, para dejar que vueles... que sueñes despierta y pueda contemplarte.
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Poeta
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Surcando mares calmos y tempestuosos, prados ubérrimos y áridos macilento, cansado ¡ah! pesares.
Surcando noches insomne agujeros negros alma y mente, firmamento de un llanto ahogado, silente, que se ha vuelto perenne.
Surcando tiempo y espacio de un clavel que muere, de una sonrisa cancere y en una amistad solacio.
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Poeta
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Sabía que atisbaba la desesperanza, el frío... aquel casi glacial, que penetra la espalda, el corazón, las manos, la frente, la memoria, ¡Ay! No estuve allí, pero fueron miles de piezas, en las que se rompió el cristal más preciado...
Cómo restaurar el consuelo, la esperanza... esa fuente inagotable de tan dulce ternura, aquella sonrisa perfecta que redimía todo, ahora trastocada en mueca, por el dolor... ¡Ay! Quisiera perder ese instante, que no estuve.
La nefasta parca te sabía herida de muerte, batalladora incansable no ibas a rendirte y la enfrentaste para aceptar la partida, pero... te tomaste todo el tiempo para despedirte, para conversar sin las inútiles palabras, para dejar que llegue el adiós... ese inaplazable...
¡Ay! Llegó, como iba a ocurrir... estando a solas, nunca te gustaron las terribles despedidas, la noche invadió el alma en la mitad del día, ¡Qué desolación!... Se me secaron los ojos, cuando quería que llorasen mares a torrentes.
Se me secaron lo ojos, pero pude asistir... A esa ceremonia lastimeramente lúgubre, de prepararte para la última gala, aquella triste, muy triste, en la que se pierde la mirada y se confunde la cordura, la memoria, el tiempo... las ansias de pretender que no sucedió...
Ojalá hubiese sido una cruel mentira... o una pesadilla, con fiebre, con sudor, con gritos... no lo fue, no lo fue... ¡ay, mi vida!, mejor que se secaron los ojos, para centrarme en dejarla hermosa, más allá... de lo que no consiguió desfigurar la enfermedad.
Se me secaron los ojos y algo en mi alma endureció, renegando de perder, de la soledad obligada... de la ausencia que no permite escoger ni postergar, qué bueno que te amé y aprendí a decírtelo... qué bueno que tengo tu sonrisa tatuada en mi mente, como bálsamo, como bendición, como terminal caricia...
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Poeta
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Yo les mostré el camino, pero caminaron solos. Yo les di mi apoyo, pero no lo precisaban. Yo les dije por dónde subir, me dijeron que volaban Su gloria, no es la mía les pertenece a ellos Yo les dije un día vayámonos de aquí, pero se quedaron Solos, triunfaron sin mí.
Conrado Augusto Sehmsdorf (Kurt) © 2013
[img width=300]http://www.gacetacristiana.com.ar/wp-content/uploads/2016/09/corazon-alado.jpg[/img]
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Poeta
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Ya ni lagrimas tengo para llorar Se me han secado con el tiempo, La sonrisa que tenía se ha borrado La tristeza de mi alma la ha tapado, Tengo la amargura a flor de piel Estampada cual si fuera un tatuaje, Solo oigo el latir de mi corazón Herido por tanto coraje.
Por Conrado Augusto Sehmsdorf (Kurt)
[img width=300]http://1.bp.blogspot.com/-8PJJgyMzrQ4/UlsiyTYHkEI/AAAAAAAAApE/gmdDs6ar4KQ/s1600/1262729439.jpg[/img]
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Poeta
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Entre la bruma del alba
las colinas en su cima, verdes,
y en el llano flores; tulipanes,
campanillas, acaso recuerdes
y entre ellas un geranio en panes,
sobresale hermosa y alba.
La única en sus pétalos,
de un rocío mañanero bañada,
que surcan como gotas amada,
lágrimas en un rostro de acero
una mujer hermosa, de fuero,
efluvio que absorbe la tierra
y volver a sus pétalos se aferra,
flor única envuelta en sus dédalos.
Y solo el sol, su astro del día,
solo él, estrella fulgurante de armonía
evapora el rocío que le da vida,
pero otra mañana ella precavida
blanca, la única con rocío
recela su sollozo umbrío,
el rubicundo astro, la contempla
soslayando sus rayos templa,
ya sus pétalos frescos no ardía.
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Poeta
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El sonido de una lágrima vibra fuerte se hace intenso, causa temblor en las fibras del alma; tristeza y temor retumban la calma de unos ojos llorosos que ni quieren verte.
El sonido de una lágrima asedia los sentidos lastimados del corazón; riega complicada nostalgia, y en su entrega nubla el pensamiento. En la soledad vertida aflicción se va sintiendo, vaciado en un cesto roto va corroyendo las entrañas sin más razón.
El sonido de una lágrima de pasión enmudece, en el lienzo etéreo sigue creciendo distorsionado; con el corte estéril del elixir del amor así fue pintado y en la alusión existencial anidado permanece.
El sonido de una lágrima lo escucha quien en la incomprensión ha vivido, no padeciendo ni muriendo en el olvido sino entendiendo esa ausencia amarguísima.
Julio Medina 15 de octubre del 2016
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Poeta
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Me quedé largo rato buscando a las estrellas, y sentí la ausencia de tus caricias. Así empezó todo mi pensamiento a pedir, a separar del recuerdo el tiempo pasado; ¡pero la ilusión aflorada atropella! Aunque escarba en la cicatriz con audaz pericia tratando de sacar el resquemor a relucir. A esa aflicción la eché en una botella -la dejé tapada, bien asegurada-; para que nunca más se vuelva a salir y no cause daño siendo imaginada.
Julio Medina 10 de octubre del 2016
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Poeta
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No tenía sentido que siguiera viva quería escaparse, llegar allá arriba; hay tantos agravios sobre la corteza del cuerpo más frágil de la naturaleza.
Sus gritos dolientes nadie escuchaba cada cual en su mundo, todos ignoraban, con llanto perenne a su hijo buscaba entre los escombros donde los caídos estaban.
Miseria impecable bordeando el destino detecta las huellas del desventurado, lo lleva a empujones a lugar clandestino en donde le enseña a ser despiadado.
Y paga su deuda perdiendo la vida la cual pudo haber vivido de otra manera; dejando a su madre con el alma herida lamentándose siempre sin que así lo quisiera.
Julio Medina 5 de octubre del 2016
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Poeta
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Cae el telón vetusto, no lo miro ni lo pienso, si con nada lograré alcanzarlo. ¡Ni tan siquiera puedo caminar con el de nuevo; tremendo susto me han causado esas huellas soltadas! Llenas las marcas, mojadas, escurriéndose en la existencia misma, disipadas en el sereno, deshaciéndose con el viento… Una prolongada conclusión de un umbral sin aparecerse hasta el final. Nunca se termina de alcanzar, y el telón de seguido repite… ¡Y todo se rehace tantas veces! Provocando extensa locura; ¡y esta interrumpida cordura cambia las cosas al revés! Encuadrando un circo vicioso dentro de la armadura, en donde nada fluye, y ausencia versátil solo le ves.
Julio Medina 4 de octubre del 2016
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Poeta
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