|
|
|
Silenciosamente, voy por la pendiente, voy por la pendiente de la Eternidad... Ni cariños traje, ni cariños llevo, y en mi senda larga, si aprendí algo nuevo, fue, sin duda alguna, la simplicidad...
Dolorosamente voy por la pendiente, con el fardo a cuestas de mi ensoñación, sin hallar ninguna mariposa errante que su sed mitigue con la miel fragante de la rosa abierta de mi corazón.
Fatigosamente voy por la pendiente, sin curar la herida que me abrió el dolor... Ni descanso nunca, ni apresuro el paso...; porque, al fin, bien pronto llegaré al ocaso, con la vieja pena de mi viejo amor...
Prematuramente voy por la pendiente, con el fardo a cuestas de mi decepción sin hallar ninguna juvenil terneza que mitigue un poco la mortal tristeza, la mortal tristeza de mi corazón...
|
Poeta
|
|
|
|
Si te callas y meditas has de ver que en silencio son las almas infinitas. Fernández Ardavín.
¡Es inútil que así llames!... No entrarás en mis jardines. Mercader aventurero que perturbas mi oración; porque acechan mis leones y vigilan mis mastines, ovillados junto al muro del oscuro portalón...
Busca... busca, peregrino, ¡porque llevas extraviado tu camino!... Más delante, quizá tenga reservadas el destino, sensaciones venturosas y alegrías bulliciosas para ti... No interrumpas este sueño de divina poesía... No preguntes por tu vana, por tu loca juglería, ¡que el silencio y el silencio y el silencio reina aquí...
Cuando tornes de la vida, pecador arrepentido y aquí busques el remedio milagroso del olvido, con que puedas , en silencio, tus heridas restañar; cuando vuelvas con el alma deseosa de ser blanca... hallarás mi puerta franca y un refugio donde goces la ventura de pensar...
|
Poeta
|
|
|
|
Perdí tu amor y tu belleza, pasó el encanto juvenil, ¡y me quedé con mi tristeza en esta Torre de Marfil...
Guardan el puente dos leones desde su altivo pedestal y la portada seis dragones y una serpiente colosal...
Con la templanza de los viejos monjes ascetas, vivo lejos de lo mundano y de lo vil,
sin más insignia de nobleza, que mi bandera de Tristeza, sobre mi Torre de Marfil...
|
Poeta
|
|
|
|
Por el polvoso camino va la carreta chirriando... y, en la cimera de un pino, ¡un pájaro está rimando el Madrigal de su trino...! ...................... -¡Carretero! ¡Carretero, que vas alegre cantando por el polvoso camino! ¡Preciso es ir más ligero que tu ausencia está penando la chica de tu vecino...!
¿Qué si la vi...? ¿cómo...? ¿cuándo...? ¡Al pasar...! Estaba echando granos de oro en el molino, y, por tu ausencia penando, con los ojos escrutando la cinta gris del camino...!
Dichoso tú, carretero, que por más que llegues tarde, siempre hallarás quien te guarde, ...¡Dichoso tú, carretero...!
¡Yo voy por este camino, caminando... caminando... sin saber cómo ni cuándo mitigará mi destino las penas que voy penando...!
Yo no tengo quien me quiera como a ti... ¡qué triste es eso...! ¡Yo no sé lo que es un beso de la Novia pasajera, que se brinda con sonrojos y que embriaga como el vino, ni he soñado con la espera de una linda molinera, que interroga con los ojos el misterio del camino...!
¡Yo no sé lo que es un beso...! -¡Qué triste... qué triste es eso...! ............................. Por el polvoso camino va la carreta chirriando... Yo estoy, a solas, pensando, cómo y cuándo mitigará mi destino las penas que voy penando... ...y, en la cimera de un pino, ¡sigue un pájaro rimando el Verso Azul de su trino!
|
Poeta
|
|
|
|
Señor Don Quijote: ¡Dame tu armadura, tu lanza y tu escudo, tu fuerza y tu honor!... Quiero por el mundo pasear mi locura, mientras la sobrina y el ama y el cura queman los infolios de andanza y de amor.
Desque tú faltaste, no ha cesado el ruego de los que padecen injusta opresión... Desque tú faltaste ¡glorioso Manchego! ¡tras cada soldado se oculta un borrego! ¡tras cada nobleza se oculta un follón!...
En el siglo XX, señor, es un hecho que estamos a obscuras, pudiendo hcer luz; que a muchos nos dejan sin pan y sin techo; ¡que en nombre de Temis se viola el derecho y en nombre de Cristo nos cargan la Cruz!...
Señor: ¡Yo he leído tus mismas lecturas!... Señor: ¡Yo padezco tus melancolías!... ¡Ya me malfirieron tus malaventuras!.... ¡Ya me contagiaron tus hondas locuras!... ¡Ya me enloquecieron tus caballerías!
Yo iré por el mundo, sin abrir los labios, mas que cuando deba predicar el bien... Todos tus consejos guardaré, por sabios, y será mi anhelo desfacer agravios ¡aunque nunca sepa ni en dónde, ni a quien!...
Tendré rocinante y un buen escudero que conmigo parta ventura y dolor... velaré mis armas y el señor ventero podrá, sin reservas, armar caballero, a quien ha mostrado pujanza y valor...
Al rayar el alba, tomaré el camino, por el cual acaso tornaré después... Mediré mis armas con el vizcaíno, ¡y no habrá en mi senda gigante o molino que ignore que valgo lo menos por tres!...
Sabrá mis fazañas la gentil Señora Doña Dulcinea de mi corazón... seréle, mañana, tan fiel como agora, y arderá mi sangre -castellana y mora- cuando me bendiga desde su balcón...
A todas las dichas, la dicha prefiero de ser mitad indio, mitad español; seguir por mi ruta de buen caballero; ¡y tener la gloria de templar mi acero en la roja lumbre de un gran horno: El Sol!...
Si es "Barataria" por mí conquistada, fungirá el buen Sancho de Gobernador... ¡Nada tengo ahora, ni pretendo nada! Y ansí no diredes: "Alonso Quijada Cambió por doblones quimeras de amor!..."
Ni en las malandanzas cambiaré mi empeño de amparar doncellas y vencer el mal... Nunca, ni por nada, cambiaré mi ensueño; y en el rocinante y en el clavileño, iré tras el mismo lejano ideal...
Después... malferido, sin yelmo, sin lanza; con el desaliento de inútil bregar; sin ansia de honores, ni honor de alabanza, volveré al terruño, con una esperanza; ¡Ya nunca en la vida sentir ni pensar!
Cuando por mí venga la muerte, no quiero marchar conociendo la austera verdad; que si la locura me armó caballero, ¡Caballero y loco tomaré el sendero -fatigoso y largo- de la eternidad!...
Al fin otros muchos leerán tus lecturas; llorarán, acaso, tus melancolías; y enfermos de todas tus hondas locuras, irán por el mundo, buscando aventuras, dignas de tus glorias de caballerías...
.....................................
Mas... agora, dame, señor, tu nobleza; tu vieja armadura, tu lanza y tu honor... Quiero por la vida llevar mi tristeza, mientras Dulcineas, sollozando, reza por su caballero... ¡paladín de amor!
|
Poeta
|
|
|
|
Cuando estaba solo... solo en mi cabaña, que construí a la vera de la audaz montaña, cuya cumbre, ha siglos engendró el anhelo de romper las nubes... y tocar el cielo; cuando sollozaba con el desconsuelo de que mi Pastora - más que nunca huraña- de mi Amor al grito nada respondía; cuando muy enfermo de melancolía, una voz interna siempre me decía que me moriría si su almita blanca para mí no fuera, ¡le rezaba al Cristo de mi cabecera, porque me quisiera...! ¡porque me quisiera...! .................................... Cuando nos unimos con eternos lazos y la pobrecita me tendió sus brazos y me dio sus besos y alentó mi Fe; cuando en la capilla de la Virgen Pura nos bendijo el Cura y el encanto vino y el dolor se fue...; cuando me decía, loca de alegría, que su vida toda para mí sería... ¡le rezaba al Cristo de mi cabecera, porque prolongara nuestra Primavera...! ...¡Porque prolongara nuestra Primavera...!
Cuando sin amparo me dejó en la vida y en el pobre lecho la miré tendida; cuando até sus manos, que mostraban una santa y apacible palidez de luna y corté su hermosa cabellera bruna, que en el fondo guardo de mi viejo arcón; cuando, con el alma rota en mil pedazos, delicadamente la tomé en mis brazos para colocarla dentro del cajón; cuando muy enfermo de melancolía, una voz interna siempre me decía que ya ¡nada! me consolaría, ¡le rezaba al Cristo de mi cabecera, porque de mis duelos compasión tuviera...! ...¡porque de mis duelos compasión tuviera...! .............................................. Hoy que vivo solo... solo, en mi cabaña, que construí a la vera de la audaz montaña. cuya cumbre ha siglos engendró el anhelo de romper las nubes y besar el cielo; hoy que por la fuerza del Dolor, vencido, busco en mi silencio mi rincón de Olvido; mustias ya las flores de mi Primavera; triste la Esperanza y el Encanto ido; rota la Quimera, muerta la Ilusión... ...¡Ya no rezo al Cristo de mi cabecera...! ¡Ya no rezo al Cristo ... que jamás oyera los desgarramientos de mi corazón...!
|
Poeta
|
|
|
|
¡Oh!, dichosa tal zagala que hoy se ha dado a un tal Zagal que reina y ha de reinar.
Venturosa fue su suerte pues mereció tal Esposo: ya yo, Gil, estoy medroso, no la osaré más mirar, pues ha tomado marido que reina y ha de reinar.
Pregúntale qué le ha dado para que lleve a su aldea. El corazón le ha entregado muy de buena voluntad. Mi fe, poco le ha pagado que es muy hermoso el Zagal, que reina y ha de reinar.
Si más tuviera más diera. ¿Por qué le avisas, carillo? Tomemos el cobanillo, sírvanos, deja sacar, pues ha tomado marido, que reina y ha de reinar.
Pues vemos lo que dio ella, ¿qué le ha de dar el Zagal? Con su sangre la ha comprado. ¡Oh qué precioso caudal, y dichosa tal zagala, que contentó a este Zagal!
Mucho le debía de amar, pues le dio tan gran tesoro. ¿No ves que se lo da todo, hasta el vestir y calzar? Mira que es ya su marido, que reina y ha de reinar.
Bien será que la tomemos, para este nuestro rebaño, y que la regocijemos para ganar su amistad, pues ha tomado marido, que reina y ha de reinar.
|
Poeta
|
|
|
|
Sea mi gozo en el llanto, sobresalto mi reposo, mi sosiego doloroso, y mi bonanza el quebranto.
Entre borrascas mi amor, y mi regalo en la herida, esté en la muerte mi vida, y en desprecios mi favor.
Mis tesoros en pobreza, y mi triunfo en pelear, mi descanso en trabajar, y mi contento en tristeza.
En la oscuridad mi luz, mi grandeza en puesto bajo. De mi camino el atajo y mi gloria sea la cruz.
Mi honra el abatimiento, y mi palma padecer, en las menguas mi crecer, y en menoscabo mi aumento.
En el hambre mi hartura, mi esperanza en el temor, mis regalos en pavor, mis gustos en amargura.
En olvido mi memoria, mi alteza en humillación, en bajeza mi opinión, en afrenta mi victoria.
Mi lauro esté en el desprecio, en las penas mi afición, mi dignidad sea el rincón, y la soledad mi aprecio.
En Cristo mi confianza, y de El solo mi asimiento, en sus cansancios mi aliento, y en su imitación mi holganza.
Aquí estriba mi firmeza, aquí mi seguridad, la prueba de mi verdad, la muestra de mi firmeza.
|
Poeta
|
|
|
|
¡Oh gran amadora del Eterno Dios; estrella luciente, amparadnos vos!
Desde tierna edad tomastes Esposo; fue tanto el amor, que no os dio reposo. Quien es temeroso, no se llegue a vos, si estima la vida y el morir por vos.
Mirad los cobardes aquesta doncella, que no estima el oro ni verse tan bella: metida en la guerra de persecución, para padecer con gran corazón.
Más pena le da vivir sin su Esposo, y así en los tormentos hallaba reposo: todo le es gozoso, querría ya morir, pues que con la vida no puede vivir.
Las que pretendemos gozar de su gozo, nunca nos cansemos, por hallar reposo. ¡Oh engaño engañoso, y qué sin amor, es querer sanar, viviendo el dolor!
|
Poeta
|
|
|
|
Si el padecer con amor puede dar tan gran deleite, ¡qué gozo nos dará el verte!
¿Qué será cuando veamos a la inmensa y suma luz, pues de ver Andrés la cruz se pudo tanto alegrar? ¡Oh, que no puede faltar en el padecer deleite! ¡Qué gozo nos dará el verte!
El amor cuando es crecido no puede estar sin obrar, ni el fuerte sin pelear, por amor de su querido. Con esto le habrá vencido, y querrá que en todo acierte. ¡Qué gozo nos dará el verte!
Pues todos temen la muerte, ¿cómo te es dulce el morir? ¡Oh, que voy para vivir en más encumbrada suerte! ¡Oh mi Dios, que con tu muerte al más flaco hiciste fuerte! ¡Qué gozo nos dará el verte!
¡Oh cruz, madero precioso, lleno de gran majestad! Pues siendo de despreciar, tomaste a Dios por esposo, a ti vengo muy gozoso, sin merecer el quererte. Esme muy gran gozo el verte.
|
Poeta
|
|