Monumento de Morelos en Janitzio los anhelos de un gran grupo de orgullosos visionarios, enjundiosos.
Al buen Tata Lázaro como premio abrázalo, fue suya preclara idea, Padre Eterno dijo: . . . sea.
Dos brillantes escultores genios artistas, Señores, cito a Juan Tirado Valle en la excelencia y detalle.
Del diseño, sin matiz junto a Don Guillermo Ruiz el de talla primorosa uniendo cantera rosa.
Muralista, Ramón Alva, disparemos una salva, su esposa Doña Eloína ardua asistente, heroína.
A todos los constructores rendirles regios honores a trabajadores leales albañiles y oficiales.
Tras labor de mucha gente Sexto Batallón, presente, de Infantería de Morelia, en esta obra tan seria.
Apoyo presto incansable cotidiano, invaluable, de nativos lugareños ¡qué vivan, pues, los isleños!
Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda Isla de Janitzio, Lago de Pátzcuaro, Michoacán de Ocampo, México, a 18 de abril del 2011 Dedicado a la Señora Elsita Tirado Moreno, orgullosa hija del escultor Don Juan Tirado Valle, sin cuyo apoyo y debidas aclaraciones no hubiera podido corregir este texto, dignificando la verdadera labor en esta obra monumental de su genial padre y artista . . . Reg. SEP Indautor No. 03-2011-041513462700-01
Siéntate a mi lado, para observar juntos el atardecer, hasta que las estrellas gobiernen el infinito cielo, y como inmensa reina, la luna selle nuestros besos...
Enciende ese cigarrillo, no te preocupes, que solo nos acompaña la infinidad del paisaje, mira la quietud del recuerdo y deja que esta suave brisa acaricie tu rostro, tu hermoso rostro...
Toma mi mano, disculpa si está algo fría, mis nervios se apoderan de mí en esta hermosa velada, bajo la helada y calmada noche. Me trae recuerdos ¿sabes?... Así fue cuando te conocí, en una velada igual de bella como esta... ¿Recuerdas las promesas hechas?
Creo que jamás las olvidaremos, fueron selladas por la luna y las estrellas de testigos, me dijiste que "a pasar de peleas sin sentido y nuestra lejanía, estaríamos juntos"... Toma apóyate en mi hombro, recuerda que estoy para ti... Mírame a los ojos y siente la infinitud del paisaje, las estrellas, el cielo, la luna...
Abrázame fuerte, muy fuerte, disculpa si mis latidos se aceleran, suele suceder cuando me abrazas... Bésame, bésame como si fuera esta la ultima vez que nos veamos, deja que el paisaje de refugio a lo nuestro y que el silencio acompañe palabras nunca dichas, vacías...
¿Por qué me cuesta hablar cuando estoy cerca de ti? siempre me pasa lo mismo contigo, no encuentro ninguna palabra para decir todo lo que quisiera decir, es un nudo en la garganta que aprieta fuerte cada vez que intento decirte algo... Y cuando logro decir unas pocas palabras, tartamudeo...
Estoy solo Nadie me mira, más que Dios Tengo la lapicera fundida en la hoja Y la tinta que antes no cantaba Ahora resulta ser que no deja de sanar Y lo que alguna vez resulto perdido Fue encontrado para no perderse nunca más.
Haddar el hombre bueno que se volvió malo cuando tuvo palacios, mujeres, alhajas y un huerto imperial.
Quiso que su pueblo de arena levantina se edificara, que de piedra fuese. Piedra fue: inexpugnable muralla, tiendas para acampar a la sombra de estrellas en medio del desierto.
Haddar construyó bonitas casas para la gente humilde, llevaba a los hombres modestos a probar de sus manjares, aunque era el hombre malo que antes fue bueno.
Un día los que lo odiaban se volvieron peores, fueron malos también, mucho más perversos que el huracán, los tifones y maremotos juntos.
Arrasaron su pueblo, destruyeron su aposento, quemaron hasta la última palmera para destruir a Haddar, el hombre bueno que se volvió malo.
No tuvo más escapatoria que convertirse en rata de cañería para tampoco escapar.
Haddar fue cazado, martirizado, asesinado con el mayor tormento que se pudo imaginar, porque era un hombre bueno que se volvió malo.
Cuando muera mi cuerpo renaceré en la misma alma en un sueño alto y certero que arrullará el alba.
Reviviré con flores en el cuerpo con sus aromas hechos flamas las que calentarán el amor interno el que canta y baila, sobre escarcha,
deslizándose entre las almas formando entre ellas una inmensa charca donde naden los amores con mirada franca y se empapen de dulzura, con palabras sabias.
Cuando muera mi cuerpo mi alma tendrá grandes alas para llegar hasta donde quiero y expandir el amor, con perfumadas dalias;
dejando una estela envolvente que a las penas deshaga; cuando muera mi cuerpo no me importa, tendré alas;
con ellas volaré el tiempo ido sobre mi mar, donde las risas se alargan y donde estará siempre ese nido que a mis ideas y sueños plasma.
Cuando muera mi cuerpo volaré, hasta donde tu amor me abraza.
No sabe la locura de las penas, envuelta en los vapores de la mente, no sabe de conjuros quienes penan, ni sabe de traiciones la inocente. Sabe de complacencias el ausente, que de lejos indolente solo mira. No sabe lo que exhala quien respira, ni el beso por si mismo lo que siente.
Corren los tiempos, veloces como efímeras estrellas, caminos tachonados de querellas, de prisa envueltos, en furia empaquetados. Una rosa perlada se abandona, y ajada se conmueve, y se despierta, la voz apasionada que destella.
Con la luz necesaria, entre las sombras medra, un verso en primavera, que progresa, un amor suspendido, la vida intransigente, que se agrava. El templo de la vida derruido, piedra a piedra, componiendo la falacia, y piedra a piedra construido.
Verde oliva en las praderas, vida y sangre preñadas, auroras desarboladas, entre la bula y la hambruna. Tenor de tonos de altura, que entre vidas van sonando, las penas y las fortunas. Mientras, quedan segregadas, las miserias, una a una.
De traiciones no sabe el animal, si de nobleza, que no es noble quien bosteza, mirando de reojo a quienes penan. De rojo se ha vestido la pereza, de rojo de vergüenza. Más sabe más el sabio sin pensar, que mil necios en la escuela.
No sabe el amor, tan solo ama, sumergido en su existencia, pasajeros del tiempo, viajan los amores, en primera, mientras quedan los odios, en profundas trincheras. Si sabe la vida que nos lleva, del cuerpo que a sus hombros lleva.
Amar sin compasión, y con pasión asceta, que sabe el corazón de melodías, y sabe de tristezas.
Todo lo que hacemos, incluso los actos más insignificantes, generan consecuencias que afectan a nuestro entorno y acaban regresando a nosotros. La idea inicial, parte de un proverbio chino: "El aleteo de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo"., cuya variación moderna es: El aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tormenta en Nueva York. Hace referencia a una dinámica continua de causa -efecto, que siempre permanece activa, aunque no seamos conscientes de ello. Tal vez quien mejor plasmó este hecho fue Ray Badbury en su cuento "El ruido de un trueno", que se refiere justamente al efecto mariposa. Está protagonizado por unos cazadores, que logran viajar a la prehistoria, donde pisan un insecto sin darse cuenta. Al regresar a su época, se encuentran con un mundo totalmente diferente debido a esa muerte minúscula que ha desencadenado enormes cambios en toda la historia. La enseñanza de este relato de ciencia ficción, es que debemos cuidar los detalles, porque lo pequeño acaba generando lo grande. Bajo el caos aparente del universo, existe un orden infinito del que todos participamos. Por eso es importante prestar atención a las coincidencias cotidianas, ya que a menudo son mensajes llenos de significado.