Cuentos :  LUZ Y SOMBRAS
Mi finca era muy hermosa: una casona de techos altos, grandes ventanales, pisos de mármol, muebles de madera tallada con intrincados diseños sus techos de teja coronados por cúpulas le daban un aire de mezquita, estaba amueblada y decorada sobriamente pero con buen gusto, las balaustradas de sus balcones miraban a huertos bien podados y jardines coloridos, una laguna de aguas turbias demarcaba los límites, éste es el mundo donde inició mi existencia hace treinta años y del cual salí a los seis años con el fin de recibir mis primeras enseñanzas académicas y a donde regresé cuatro años después, cuando me expulsaron del internado por despertar a toda la escuela con mis gritos a medianoche, ocasionados por pesadillas que no era capaz de recordar. No sé si el ambiente escolar incubó esas pesadillas que salieron en profusión dos meses antes de que me expulsaran, los médicos del internado intentaron descubrir la causa de mis sobresaltos sin resultado, averiguaron que en mi finca yo no era el único niño, pero sí el único hijo del patrón y por los antecedentes de mi madre los peones procuraban mantener a los suyos alejados de mí, razón por la cual no me acostumbré a relacionarme con chicos de mi edad ni a ser partícipe de sus juegos, comportamiento que abarcó a mis compañeros de escuela, a los cuales más bien detestaba con elegancia, no sentía hacia ellos deseos de camaradería, que tampoco yo les inspiraba, mi apatía y mis evasivas me libraron también de ser blanco de ataques y burlas despiadadas o al menos eso creí, lo cierto es que al inicio de las pesadillas ellos fueron los atemorizados, seguramente sospechaban que me encontraba poseído por algún mal espíritu y respiraron aliviados cuando los médicos del internado me hicieron todo tipo de exámenes hasta que decidieron entregarme a mi padre sugiriéndole que mejor me tratara un psiquiatra ya que ningún mal físico fueron capaces de encontrarme, él se enojó, pero nada pudo hacer para que mi aprendizaje continuara en ese lugar y tampoco quiso probar en alguna otra institución, seguramente para evitarse otra vergüenza por lo que decidió contratar un profesor particular con quien terminé la educación básica y acondicionó una habitación como aula y biblioteca, la cual con el tiempo se llenó de diversos volúmenes, entre comprados, donados o rescatados, ese era mi lugar favorito, rodeado de historias donde personajes audaces grabaron su nombre en sus páginas, donde ideas ridículas en su tiempo dieron lugar a avances e inventos hoy cotidianos, había toda una gama de temas con los cuales podía distraerme sin necesidad de cercanía humana por horas.
En la finca las pesadillas aparentemente dejaron de atormentarme, pero empecé a desarrollar una repulsión al anochecer que con el tiempo se intensificó obligándome a dormir con la luz encendida, era como un presentimiento, un miedo a que algo se introdujera en mi sueño, la incertidumbre de que aquéllo pudiera dañarme de alguna manera aprovechando las sombras, era tanto el temor que en algún momento la luz no fue suficiente, también necesitaba sonidos, sonidos que camuflaran la presencia que yo presentía sólo conseguía dormitar unas cuantas horas, papá siempre pensó que con el tiempo, buenas amistades y el aire puro de la finca podría llevar una vida normal, me alentaba, me enseñaba lo necesario para mantener estables nuestras ganancias, así él se distraía administrando y animándome a viajar, a conocer muchachas y formar una familia, pero en mi mente había lagunas, mi niñez parecía sumergida en una bruma de la que emergía cada día un poco más crecido, con poco más de conocimiento del mundo pero sin pertenecer a él, siempre quise indagar más acerca de mi madre, cómo mi padre la había conocido, el por qué no habían celebraciones en la finca, por qué todos los días con sus respectivas actividades parecían una calca del anterior, pero todas esas interrogantes que le caían en cascada le entristecían, y con voz apagada me contestaba que él la había conocido durante un viaje y la atracción fue recíproca, regresaron a la finca ya casados, cosa que ni su familia ni la familia de ella les perdonaron, pues los de él la consideranan inculta y vulgar y los de ella eran demasiado conservadores para aceptar un matrimonio precipitado con un desconocido ajeno a sus costumbres. Pasó el tiempo y mi madre comenzó a padecer una fuerte depresión porque no lograba engendrar un hijo, desafortunadamente cuando lo logró ya su mente estaba perturbada y una noche aciaga se ahogó en la laguna, entonces bajaba la mirada llegando casi al llanto, eso me hacía sentir culpable y prefería ocuparme en alguna otra actividad hasta que después de un rato él me buscaba con su sonrisa de siempre y volvía a ser el hombre alegre y bondadoso que gozaba cabalgando conmigo todas las tardes, yo crea ser feliz a pesar de su ambigua información acerca de mi madre, lo que me quedaba claro fue que la amó profundamente, en las en las escasas fotografías guardadas con celo pude comprobar que fue una mujer hermosa, de grandes ojos negros, piel ambarina y larga cabellera, lucía bellos vestidos que realzaban su breve talle, redondeadas caderas y bustos, sin embargo su mirada era triste y ausente, una breve sonrisa le daba aire de misterio, en mi imaginación le cambiaba el vestuario; a veces como bailarina de ballet, con un primoroso tutú, otras como andaluza, ocultando su rostro hasta la altura de los ojos con un abanico, también como odalisca, como campesina rusa, como india cheyene, como hawaiana pero ninguno le sentaba tan bien como el de gitana, con su paliacate ceñido a la cabeza y su falda amplia que hipnotizaba con el movimiento de sus caderas, podía escuchar sus pulseras al chocar entre sí y una risa amplia, como la que negaba en las fotos, quizá lo que le hacía falta después de todo, era precisamente eso: era trepar en un carromato para recorrer el mundo en ferias populares.
El tiempo corría y creí ser feliz a pesar de mi aislamiento, a pesar de las lagunas de mi mente que comenzaba a borrar los rostros de mis parientes, los recuerdos de sus visitas esporádicas y breves, algunos de los cuales ya habían fallecido o crecido pues desde niño ya no los veía, a veces fantaseaba y confundía a las personas que llegaban a tratar negocios con mi papá o a los vecinos que llegaban a conversar sobre asuntos triviales, reuniones en las que él insistía para que yo estuviera presente y aprendiera a ser hospitalario y cortés. Siempre me consideré una persona muy tranquila, algo desapegada de la realidad pero inofensiva, con posibilidades de llevar una vida recatada y decorosa.
Un día el caballo de mi padre se encabritó inesperadamente cuando rodeábamos la laguna, y él, desprevenido fue lanzado contra una roca, lo que ocasionó su muerte instantánea, yo lo vi tendido, con el hilillo de sangre corriendo desde la nuca, estaba paralizado, sentí la bruma que me envolvía, fría y espesa, congelando el instante, instantes rotos después de un tiempo que me pareció eterno, hasta que algunos peones se percataron del suceso y se encargaron de levantar a mi padre, yo dispuse de su entierro, sin una sola lágrima, y con escuetas y breves palabras durante todo el velorio, ni los abrazos ni las palabras de peones o familiares que asistieron, tal vez con el alivio de cortar de una vez todo lazo pudieron sacarme de ese estado, desde entonces dejé de montar, tenía entonces veinte años y mi temor por las sombras empeoró al grado de buscar compañía nocturna por cualquier medio, no podía tolerar la casona con sus habitaciones oscuras y silenciosas por tantas horas así que organicé veladas por las noches para las pocas amistades con que contaba, los seduje con mi bien surtida biblioteca, música variada, una mesa de ricos bocadillos y vinos y licores de calidad, al principio siempre lograba convencer a alguno de pasar la noche en casa y de esa manera su sola presencia y la luz de mi habitación encendida me daban cierto sosiego, para ese entonces comencé a pensar que terminaría envejeciendo en mi finca sin cura para mi fobia ni con más compañía que la de mis sirvientes, después ya no fue necesario convencer a nadie de quedarse, siempre había alguno con motivos para hacerlo, a veces llegaba acompañado expresamente para ello, a mí eso no me molestaba en absoluto, aunque tenía mucho cuidado de ocultar mis verdaderas razones, después los acompañantes de mis invitados se empezaron a multiplicar hasta que las veladas se hicieron más animadas, para todos menos para mí, yo, siendo anfitrión terminé por deambular de un lado para otro entre grupos desconocidos que me ignoraban cortésmente, pero eso tampoco me importaba, mientras más ruido hubiera mejor, ellos me hacían un favor sin saberlo y todos contentos.
Mi tranquilidad se alteró una tarde cualquiera, yo estaba sentado tomando el té en la biblioteca cuando entró Darío, nada más de verlo supe que se trataba de alguien familiar a quien no veía desde hacía muchos tiempo (mi memoria era tan volátil que no podía retener por mucho tiempo los rostros de las personas); me dio un breve saludo y tomó un libro de geografía, su favorito, no lo esperaba y menos con su descortés actitud, así que le pregunté quién era y donde había estado todo ese tiempo, Darío me contestó sin levantar la vista que su viaje lo había cansado pero ya no se iría más, ello no contestaba mi pregunta así que insistí para que fuera más específico, pues si había tardado tanto en regresar también tendría mucho por contar, pero no me hizo caso y siguió su lectura, en cuanto a mí, que había vivido solo tanto tiempo pensé que me resultaría difícil una invasión a mi intimidad, pues una cosa eran las veladas nocturnas y otra diferente compartir mi espacio durante las horas diurnas sobre todo cuando tengo tan poca; porque fuera de atender la quinta y realizar las diligencias, mis pasatiempos los realizaba en silencio, cosa que mis sirvientes respetaban desde la muerte de mi padre; en cuanto a mis veladas, éstas ya eran muy conocidas y concurridas y mis invitados sincera o hipócritamente las halagan como las más elegantes y amenas del lugar, en lo personal me considero de gustos refinados y procuro tener bocadillos en abundancia, licores y vinos de calidad, en cuanto a la música he logrado combinar sabiamente la alegría, el romance y la nostalgia para conseguir una sensación de pesar a cada invitado que se retira, por lo general cuando ya el sol ha aparecido por completo.
Como he dicho, la oscuridad de la noche me provoca un miedo irracional que no he querido compartir con siquiatras, por la sencilla razón de que ellos nada pudieron hacer por mi madre, papá lo repetía incesantemente, considerándolos a todos como inútiles y ladrones, su muerte es un recuerdo confuso, su imagen pálida flotando sobre las aguas en la bruma y a la luz de la luna llena me persigue durante el sueño, papá pensó que yo no lo presencié y yo nunca se lo confesé, por eso siempre creyó que mis pesadillas no tenían nada que ver con ella, después de todo mamá siempre fue como una sombra en la casa: no sonreía, no se oían sus pasos, hablaba sola en murmullos casi inaudibles y se la pasaba mirando las rosas del jardín, papá a veces se sentaba a su lado y acariciaba su mano, sus mejillas, pero ella permanecía callada y ausente, en cuanto a mí no recuerdo ningún beso o abrazo suyo, a veces la seguía, como un perro faldero, en ese entonces yo no conocía el miedo y deseaba sentarme en su regazo para saber cómo era su voz y mirarle los ojos, pero siempre me evadía por eso pensé que no los tenía, que los suyo eran dos preciosas cuencas vacías que podía rellenar en mi imaginación con relojes de pulso, con carbones encendidos, con canicas, con guayabas, o simplemente dejarlas así, huecas, llenas de una insondable oscuridad donde yo podía meter mi mano y sacar pañuelos de colores o golosinas, otras veces me parecían dos cuevas de donde salían bandadas de murciélagos, enjambres de avispas o ejércitos de arañas que cubrían toda la casa mientras los criados gritaban y corrían a esconderse donde pudieran mientras yo reía y brincaba tratando de alcanzar la plaga en el aire agitando un abanico, un plato u otro objeto si volaban o pisoteándola si eran rastreros. Pues bien, mi madre murió sin que pudiera llamarle conscientemente madre y papá se hizo huraño y sobre protector conmigo, mis tíos y primos fueron frecuentando la casa cada vez menos debido a ello y él siempre parecía estar muy ocupado para visitarlos, yo, a pesar de la vastedad y belleza de la finca sentía una melancolía insondable, más aún cuando me acercaba al jardín de donde sobresalían los cuatro hermosos rosales: uno rojo encendido, otro amarillo pálido, otro rosa intenso y el último blanco como la nieve, para mí mirarlos era a la vez hermoso y amargo, a eso se agregaba un incipiente pavor cuando el sol comenzaba a declinar, siempre he tenido deseos de cortar esos rosales, pero le prometí a papá que no lo hacerlo pues eran casi una réplica de mi madre según él, esa parte no la entendía entonces.
Como he dicho, las veladas al principio comenzaron con algunas amistades del rumbo, luego ellos fueron trayendo a su vez otras amistades hasta convertirse en una muchedumbre dividida en grupos de acuerdo a sus preferencias, y aunque algunas ocupaban su tiempo en orgías discretas no incomodaban a nadie, los temas eran muy variados y entre música y bocadillos se planeaban y desbaratan conspiraciones, se escribían y satirizaban libros, se palpaban y vibraban cuerpos, se reía a carcajadas o se lloraba a mares, mi quinta se hizo el sitio de reunión preferido de los más extravagantes personajes, lo cual era placentero para mí pues la noche transcurría en un parpadeo y podía recuperarme con unas cuantas horas de sueño durante el día.
Irónicamente, para todos los invitados lo más hermoso de la quinta eran la laguna y los rosales, y cada vez que los halagan yo procuraba desviar su atención hacia asuntos menos personales, aunque debo reconocer que independientemente de las sensaciones tan desagradables que tengo de ellos son lugares casi mágicos, las leves ondas de la laguna sólo son interrumpidas por una familia de cisnes llegados quién sabe de dónde y que tampoco me gusta mirar porque me imagino el cadáver de mi madre multiplicado por cuatro flotando inerte como esa noche, sus antifaces negros me recuerdan sus cuencas vacías y si no me atreví a exterminarlos fue para no convertirme en asesino múltiple de difuntos, más de una vez los ofrecí como regalo entre los invitados a quien pudiera atraparlos pero los malditos parecían advertir sus intenciones pues se esfumaban cuando el interesado en turno llegaba equipado con la intención de llevárselos, así pues tuve que tolerarlos como parte de la finca; alguna vez intenté venderla e irme lejos e iniciar otra vida, pero no lo conseguí, los compradores sufrían algún percance antes de iniciar las gestiones y tratándose de mi única posesión me resultaba impensable arreglármelas sin otros recursos que me proporcionaran la vida holgada que siempre había llevado, así pues las veladas fueron mi último recurso para mi problema, y durante un tiempo fue el estilo de vida perfecto para mí.
Poeta

Cuentos :  RABITO
De pequeña solía desear una muñeca grande, suave al tacto, que abriera y cerrara los ojos, con cabello sedoso y largo para poderla peinar, recuerdo que cuando pasaba en las tiendas veía con decepción los anaqueles exhibiendo grandes peluches y muñecas de mejillas sonrosadas, largos rizos y hermosos vestidos porque para entonces ya sabía que nunca recibiría un regalo de esos; mis muñecas siempre fueron de plástico, pequeñas y calvas, con el tiempo crecí y olvidé esa ilusión infantil hasta que ya adulta y con motivo de un intercambio navideño recibí de regalo un gran conejo de peluche, fue una verdadera sorpresa y la disfruté. Era todo blanco, su cabeza redonda, de vivaces ojos cafés y sonrisa ingenua, sus patas delanteras abiertas invitaban al abrazo, hasta el rabito me pareció gracioso por lo cual lo bauticé precisamente como Rabito y fue el primero que compartió mi cama, el sillón para ver el televisor o leer, un asiento propio en el comedor, solía también hablarle y abrazarlo con aquélla nostalgia infantil de cierta forma compensada, todo ello antes de su extraño comportamiento, sé que suena extraño, porque debo confesar que a mí esas historias de muñecos vivientes me parecían temas de películas o recursos maternales para aquietar chamacos.
Todo comenzó muy sutilmente; con cambios de postura que bien podían pasar desapercibidos para una persona tan distraída como yo, como por ejemplo encontrarlo acostado cuando yo creía haberlo dejado sentado, boca abajo cuando yo recordaba haberlo visto boca arriba, etc. Aunque no era algo serio ya presentía que algo no era normal y comencé incluso a fotografiar esos cambios de postura para convencerme de que eran reales, lo tomé con extrañeza mas no con alarma, pero empecé a preocuparme cuando no solamente cambiaba de postura sino también de lugar como de la cama al sillón, del sillón al comedor o la cocina y viceversa, eso comenzó a ponerme nerviosa, porque tener la seguridad de dejar un objeto en un lugar y después encontrarlo en otro diferente parecía más propio de personas con lagunas mentales que inofensivos descuidos, recordé sin querer cuentos de entes atrapados en muñecos capaces de causar daño y comencé a mirar a Rabito con desconfianza, traté de recordar alguna sensación extraña al recibirlo, al abrazarlo o cuando solía tener diálogos con él a manera de juego, pero no hubo en esos días temor o escalofríos, por lo cual trataba de minimizar un comportamiento a todas luces anómalo para un objeto supuestamente inanimado, aún así me daba vergüenza recurrir a algún esoterista o ministro eclesiástico, era inaudito que en pleno siglo veinte, en una ciudad moderna y a una persona de lo más común le ocurrieran esas cosas.
Así como me acostumbré a sus cambios de postura también me acostumbré a sus desplazamientos, trataba de no darle importancia, pero él avanzaba en su atrevimiento, porque despúes comencé a sentir en esos ojos de plástico algo siniestro, un brillo inquisidor y burlón que me seguía por toda la casa y eso sí me alteraba; entonces intenté encerrarlo con llave en el armario, pero en vano, de alguna manera salía y me lo encontrara cómodamente instalado entre las sábanas de mi cama, esperándome en el sillón frente al televisor o en su silla del comedor. Su desfachatez era evidente y uno de esos días, en un arrebato de desesperación lo agarré de las orejas y lo estrellé con todas mis fuerzas contra la pared, Rabito no rebotó, simplemente cayó boca abajo en el piso, me encerré en mi habitación culpándome de cobarde por no arreglar definitivamente la situación simplemente quemándolo, pero había dejado pasar mucho tiempo y en el fondo temía que al igual que en las películas de terror abriera sin dificultad la puerta de mi cuarto (cerrada con seguro) y saltara sobre mí para apuñalarme o estrangularme, desperté a cada rato, pero esa noche nada pasó y al otro día me levanté y abrí sigilosamente la puerta: Rabito no estaba donde había caído y respiré aliviada, repitiéndome ingenuamente que en realidad no había recibido ningún conejo de peluche como regalo, que todo había sido un mal sueño y muy tranquila, entré al baño y me desvestí para ducharme, pero cuando corrí la cortina de la regadera encontré al pervertido Rabito observándome con ojos burlones; eso ya era demasiado, lo tomé de las orejas para abofetearlo con saña, le grité todo mi repertorio de leperadas y lo tiré por la ventanita, mr fui calmando poco a poco mientras el agua refrescaba mi mente y mis nervios, pero al salir del baño ahí estaba otra vez, acomodado en plena sala, con unas cuantas pajitas de hierba adheridas a su albo cuerpo.
Desde entonces su descaro fue abierto: me lo encontraba siempre espiándome a donde fuera con esos ojos burlones desde encima del televisor, sobre el refrigerador, en la mesa de la cocina, desde la ventana del patio, en una silla del comedor, junto a la computadora, en la cómoda, en la cabecera de la cama, etc. De nada me servía aventarlo, el maldito siempre aparecía impecable esperándome a donde me dirigiera; ante ese acoso perdí la tranquilidad de mi hogar, mis rutinas siempre estaban siendo escrutadas por Rabito; no pude repetir la explosión de furia que tuve cuando corrí la cortina para ducharme, había perdido todo temple ante esos ojos morbosos que me seguían todo el tiempo, y aunque reconozco que mi situación era ridícula, más me hubiera avergonzado exponerla ante mis escasas amistades o a algún brujo o psíquico de la ciudad, era increíble que un muñeco tan bonito pudiera contener el espíritu de un acosador y quién sabe si hasta asesino, me tacharían de esquizofrénica y me recetarían calmantes, seguramente me sugerirían sabiamente que me deshiciera de él. Y en teoría era muy fácil hacer una fogata en e patio y quemarlo de una buena vez o aventarlo como basura cuando pasara el camión recolector, pero un absurdo temor me detenía, como si el endemoniado muñeco leyera esos pensamientos y me advirtiera de una implacable venganza, podía jurar que sus ojos chispeaban diabólicamente cuando sentía tales impulsos, quizá me las tuviera que ver con un ejército de Rabitos dispuestos a secuestrarme y quemar mi casa o me convirtieran mediante un satánico rito en una Rabita como ellos, todas esas ideas descabelladas me torturaban, lo reconozco; Rabito se había adueñado de mi casa y ahora de mi voluntad, y yo sin poder desahogarme con nadie, yo que siempre me reí de quienes consultaban hechiceros cuando enfermaban o tenían una mala racha o se sobresaltaban al ver películas de terror, ahora la grotesca era yo pero me sentí imposibilitada para actuar , mi nerviosismo llegó al punto en que bastaba la figura de cualquier conejo en cualquier presentación y de cualquier tamaño para que mis dedos comenzaran a temblar y mi corazón palpitara aprisa, sudaba frío y varias veces estuve a punto de soltarme a llorar.
Esta situación duró tal vez unos meses que a mí me parecieron eternos, y fue una hermana que llegó de vacaciones con su hija a casa de mi madre la que propició la oportunidad de librarme de Rabito, cuando mi hermana llegó a mi casa para saludarme, el causante de mi desgracia se encontraba cómodamente descansando en el sofá, a mi sobrina le gustó tanto que se lo regalé de inmediato, a pesar de las advertencias de mi hermana, yo sabía que mi sobrina era de esas niñas caprichosas a las que ningún juguete les dura porque les gusta desbaratar, ensuciar, lanzar, pintar, jalar y demás rudas acciones a sabiendas de que no habrá reprimenda, ella era capaz de bañar a Rabito en lodo haciéndolo pasar por cerdo y luego remojarlo en cloro y tallarlo con cepillo de cerdas duras para que volviera a quedar como conejo blanco, ese solo pensamiento me hizo sonreír y cuando por fin dio por terminada la visita y se retiró balanceando descuidadamente su peluche nuevo por fin pude respirar en paz .
Lo lógico era que una vez con Rabito lejos yo volviera a ser la de antes, libre de entes acosadores, pero a la alegría inicial por haber creído recuperar el control de mi vida siguió una inexplicable nostalgia, como si la casa estuviera vacía, al ver la televisión movía la cabeza de un lado a otro, buscando; al acostarme palpaba las sábanas, me sorprendía revisando cajones sin motivo, soñaba a Rabito en manos de mi sobrina, sin una oreja, sin un ojo, sucio y roto, luego despertaba con remordimientos, la dulce venganza se transformaba en pena y angustia, sus ojos antes amenazadores suplicaban piedad, quizá a esas horas ya exhibiera tatuajes hechos con plumón permanente o estuviera lleno de piercins hasta el rabo, tal vez le hubiera costurado un parche en el ojo y colocado una pata de palo, era absurdo pensar todo eso pero no podía evitarlo, mentalmente me acusaba de haber exagerado la actitud de Rabito, de que mi terror anterior nunca hubiera tenido fundamentos, que él siempre me buscaba por fidelidad y yo era una ingrata paranoica que aprovechó la primera oportunidad para deshacerse de un cándido obsequio, recordé el día que me lo regalaron y lloré sinceramente por su suerte, ¿cómo había llegado a eso? ¿Cómo se me había ocurrido considerarlo un ente demoniaco? ahora me imaginaba y desesperaba su sufrimiento (si eso era posible) o de plano me había vuelto masoquista, era inaudito que lo extrañara y sufriera como si se tratara de mi primer novio, ya las imágenes y las figuras de conejos me hacían sentir ruin y me quedaba mirando estúpidamente los aparadores donde se exhibía alguno. Se acercaba el fin de las vacaciones y con él el regreso de mi hermana a su ciudad, cuando me avisó que saldrían en el camión de las diez de la mañana me propuse recuperarlo a como diera lugar, Salí de la casa y en lugar de irme a trabajar me dirigí a la estación, llegando allí diez minutos antes de que partiera el autobús, había mucha gente y seguramente mi hermana y sobrina ya se hallaban en la sala de espera, por lo que irrumpí desesperadamente en el preciso momento en un empleado de limpieza sacaba la bolsa de basura de uno de los botes y siendo ésta transparente pude ver a mi martirizado peluche, no me importó el espectáculo que hice al arrebatarle la bolsa y sacar el muñeco roto y apestoso todavía con restos de spaguetti, lo abracé como a un bebé a pesar de las hormigas que lo invadían y lloré de alegría, ni siquiera me despedí de mi hermana, me alejé de ahí con el corazón alborozado; rellenaría a Rabito, lo costuraría, lo lavaría en el baño mientras me duchara y lo perfumaría con mi propia loción, ahora sí, querido, ya nada nos separará…
Poeta

Cuentos :  La niña y las Flores
La niña y las Flores
En una pequeña y hermosa ciudad vivía una niña muy aficionada en las flores.

Flores rojas… Flores moradas…. Flores amarillas…. Flores azules…. Flores abiertas…. Capullos…

Ella amaba toda clase de flores.

Porque estas le traían alegría y pasión al ver todos sus colores y encantos…

Un día mientras esta niña recogía flores en un campo no muy lejos de su casa, una flor se le acerco y le hablo al oído. Y le dijo:

- Ya estamos cansadas de que nos corten, haz la diferencia tú, deja nuestra hojas, deja nuestros colores, por favor déjanos, cuando nos cortan nos marchitan, nos vemos mejor aquí que marchitas en un florero.-

La niña asombrada se restregó los ojos para asegurarse de que no estaba soñando, nunca habíamos visto hablar a una planta, luego de comprobar que no era un sueño se volvió a la planta y le dijo.:

- Las cortamos porque son hermosas. Nos gusta ver sus encantos en nuestros floreros.-

- Pero cuando nos cortan, nos marchitamos muy rápido y ya no podrán apreciarnos mucho tiempo, como lo harían si estuviéramos aquí...- Respondió la planta.

-{Luego de hablar un poco más la niña y las personas que en esa ciudad vivían comprendieron que lo mejor era dejar las plantas en la tierra porque duraran mucho más tiempo, y se verían mas hermosas-}

Desde entonces todos observan las plantas, no las cortan, porque saben que se verán mejor allí y durara su belleza mucho mas tiempo….!

EL FIN.
Poeta

Cuentos :  EL MANTO INVISIBLE
Una de esas noches en las cuales se busca un sitio solitario para no pensar, una de esas llenas de hastío en las cuales la soledad es la compañía más noble mis pasos se dirigieron a un parque de grandes árboles, eran más de las diez de la noche y la mayoría de los vecinos ya se habían retirado con sus niños, yo caminaba descuidadamente cuando mis pasos se dirigieron a un gran árbol, era magnífico: su tronco tendría un diámetro de casi dos metros y era muy frondoso, recordé que en mi infancia solía desear una casita en un árbol, un sueño nunca cumplido, tal vez por ese motivo tuve ganas de treparme, no era difícil, el tronco se ramificaba a poca altura del suelo por lo que sin mucho esfuerzo me vi montada en una de sus gruesas ramas, ahí estuve muy tranquila hasta que sentí un fuerte golpe en la frente, me sacudí y busqué a mi alrededor la posible causa pero estaba oscuro y casi no se podía distinguir nada entre el follaje, entonces, sentí de nuevo otro golpe, esta vez en la nuca, confusa giré de nuevo pero fue inútil, a los pocos minutos el golpe me llegó de costado en una sien, con mi mano abaniqué el aire y fue entonces cuando oí una risa chillona a poca distancia de mí, al concentrarme y fijar mi vista hacia donde se escuchaba la risa observé una figurita oscura con alas colgada en una rama, se trataba indudablemente de un murciélago divirtiéndose con su travesura, lo cual me molestó y le grité :
-¿Tú me estuviste golpeando bicho feo?¿Por qué si no te hacía nada?
Para mi sorpresa el animal respondió sin dejar de reír:
-Estás en mi árbol y me estorbas cuando paso, no tengo la culpa que seas tan torpe y no me veas acercarme cuando vuelo.
-¿Te estorbo? Se supone que ustedes pueden detectar los objetos precisamente para no chocar, entonces el torpe eres tú.
-Yo no tengo por qué esquivarte, estás en mi árbol, ya te dije.
-Los árboles no tienen dueño.
-¿No? entonces tú no tienes casa.
-Eso es diferente.
-Es lo mismo, ¿por qué te subiste?
-Porque quería estar sola, relajarme, sin que nadie me vea.
-¿No quieres que te vean? Hubo una mujer que se hizo invisible con un manto.
-¿En serio? ¿y por casualidad no salía a pasear en alfombra voladora? –inquirí con sorna, pero el murciélago, muy formal continuó sin inmutarse.
-Era una mujer hermosa que tenía por esposo a un mago el cual la amaba sin medida, tanto que usaba incluso sus poderes para complacer todos sus caprichos y vaya que era caprichosa, lo que más le gustaban eran las joyas y el mago tenía el poder de materializar cualquier objeto, por lo cual su mujer podía lucir las joyas más costosas, joyas que por otros medios hubieran mermado su fortuna, fortuna que comenzó desde muy joven, cuando descubrió sus cualidades y se unió a un circo ambulante, el cual dejó al cabo de unos años para presentarse por su cuenta, logrando hacerse famoso con el tiempo, luego conoció a su mujer y se enamoró perdidamente, no le fue difícil conquistarla dada su capacidad de materializar cualquier cosa y se casaron al poco tiempo, la mujer no sabía cómo podía regalarle tantas joyas y tampoco le interesaba, como tampoco sabía que al materializarlas disminuían también las capacidades de su esposo, capacidades que ni te imaginas, pero que guardaba en riguroso secreto precisamente para evitar que ella abusara, hasta que un día no le bastó su vida lujosa ni el amor desmedido de su mago…
-Nunca oí hablar de tal mago – dije, pero no me hizo caso y prosiguió su narración.
-Vivian en una mansión y viajaban constantemente, sus trucos eran impresionantes y atraían gran cantidad de gente, bastaba anunciarse para asegurar un lleno total; luego de las presentaciones a las que ella siempre asistía, él se dedicaba a atenderla y consentirla, cenaban en restaurantes lujosos, la llevaba a teatros y fiestas donde lucía sus valiosas joyas y ella, coqueta, se ponía melosa, contoneándose provocativa, su encanto y sensualidad no pasaban desapercibidos, cualquiera pensaría que eran la pareja perfecta, él por su parte no se cansaba de acariciarla, de halagarla, estaba siempre pendiente de sus deseos, sí, la amaba con delicadeza, con delirio, pues para él era lo más valioso que tenía en la vida…
-Seguramente era un mago feo, chaparro y barrigón.
-Eran muy pocas las ocasiones en que él salía solo para atender sus asuntos, y entonces ella buscaba otras actividades para entretenerse, un aciago día, durante una exposición de obras de arte le presentaron a un herrero, pero éste herrero era muy especial pues hacía aleaciones increíbles, elaboraba complicados diseños y fabricaba objetos como juguetes, maquinaria, instrumentos musicales, esculturas y toda clase de trabajos para residencias o fábricas, sus cualidades misteriosas lo hacían muy cotizados y ella quedó impresionada con sus creaciones, pero lo que más la impresionó fue cuando le dio la mano para saludarlo, sintió como su temperatura corporal se elevaba, y cuando le miró a los ojos se sobresaltó al creer ver en sus pupilas oscuras chispas doradas, como si en ellas hubiera una pequeña fogata, eso la ruborizó, porque por primera vez alguien le hacía sentir vulnerable, así fue como se encaprichó con él, pues se trataba de un hombre de fuego…
-¿Has dicho un hombre de fuego?
-Sí, de ésos que pueden crear fuego con las manos, manipular las llamas, conducir el calor, por eso sus trabajos eran tan especiales, no requería instrumentos o moldes especiales para manipular el metal fundido y podía fusionarlos creando nuevos con propiedades desconocidas, era un ser solitario y silencioso como los volcanes, pero a ella descubrió también su temperamento explosivo durante las noches de pasión que siguieron a ese encuentro: imagínate la sensación de hervir por dentro, de que todas tus átomos giren a gran velocidad como si literalmente hirvieran, ser como el metal fundido, así de maleable, así de brillante sí, tocar el fuego sin quemarse, algo intenso, tan diferente al dulce vaivén del mago.
-No hay hombres así.
-Oh, sí que los hay. hombres y mujeres también, así como los hay de aire, tierra y agua, yo los he visto, nacen aparentemente normales pero no lo son, las llamas les atraen desde pequeños y pueden pasarse horas jugando en el sol sin sentir hambre, yo supe de un caso donde una mujer estaba tan enfadada que literalmente le saltaron chispas de la cabeza e incendió su casa sin querer, siendo una casa de madera y paja ardió rápidamente, pero ella salió ilesa, sí, esos individuos existen.
-Dices puros disparates, mejor cuéntame qué pasó con el mago.
-Ella se dejó llevar por la pasión del hombre de fuego, traicionando la devoción de su mago, quien había empobrecido sus dones con tal de complacerla, por eso, al ver que ya no era la misma, que ya no le correspondía como antes supo que algo había pasado y no tardó en descubrir su engaño, la decepción y rencor fue tan grande que usó todo su talento para fabricar un manto especial, fabricado con hilos de oro, incrustado de diamantes y piedras preciosas, algo que sabía que su mujer no podría resistir, sin avisarle dio la noche libre a todos los sirvientes y le entregó el manto fingiendo ignorar sus relaciones e inventando un viaje intempestivo mientras ella quedó fascinada mirándose en el espejo con su nuevo regalo, no pudo esperar para estrenarlo y en la noche, cuando su esposo ya había partido para siempre decidió salir a exhibirlo ante su amante.
-¿A dónde fue el mago?
-No se supo, pero aquél manto representó lo último que podía materializar, tal vez dejó se ser mago y haya muerto, herido de amor y de celos, o tal vez no esté muerto aún y viva en alguna parte, a salvo de las mujeres pérfidas.
-¿Y qué pasó con el hombre de fuego?
-La mujer llegó deslumbrante y hermosa a su encuentro a su mansión, una mansión con altas rejas de herrería artísticamente trabajada, todas las ventanas y las puertas estaban así mismo profusamente decoradas y exhibían vitrales de colores donde predominaba el rojo, y el amarrillo, la gente del lugar no se acercaba porque decía que eran los colores del infierno y que el herrero había construido su casa de ese modo porque había vendido su alma al diablo, ¡qué tontería!, él la esperaba en el porche metálico de su mansión, que a la luz de la luna relumbraba como si fuera todo hecho de oro, en un sillón plateado muy mono, jugaba con sus dedos, tronándolos para producir chispitas que caían y rebotaban en el suelo, las chispitas se enfriaban quedando duras y negras como balines que usaba como canicas, frente al porche había un huerto con limoneros llenos de azahares que despedían un delicioso aroma, todo propicio para otra candente noche; ella se acercó sigilosa y le rodeó el cuello, pero él sólo sintió una leve brisa, ella se sorprendió, habló con seductor acento, le acarició el rostro, le besó los labios, pero el hombre permanecía inmutable, entonces se alarmó y lo abrazó con fuerza sin lograr asirlo, entonces gritó, trató de sacudirlo pero el hombre seguía sin percatarse de su presencia, concentrado en su juego mientras ella lloraba y gritaba a sus pies, tratando de comprender qué estaba pasando pero de nada sirvió, luego el hombre, aburrido, se levantó y entró a su mansión ignorándola; ella salió a la calle y se dio cuenta que la gente y los carros la atravesaban sin herirla, en su desesperación trató de quitarse el manto pero no pudo, estaba fuertemente adherido como si fuera una extensión de su piel, y entonces comprendió lo que el mago había hecho, pero era tarde, jaló y tiró del manto tan fuerte que éste se rasgó pero lo único que consiguió fue lastimarse, hilos de sangre corrían por sus pliegues dorados tiñéndolo de rojo, entonces arrepentida decidió regresar a su mansión y esperar a su esposo para pedirle perdón, una vez ahí, al verla vacía, silenciosa y oscura tuvo miedo, se dirigió a su habitación temblando y en el gran lecho conyugal descubrió un conejito blanco, ella sintió una desolación enorme al pensar que se trataba de una implícita despedida y desesperada trató de atraparlo, pero éste escapó corriendo, ella lo persiguió, pero el conejo siempre la esquivaba, corrió toda la noche por las calles desesperada, sin importarle ya su aspecto ni el peligro hasta las afueras de la ciudad, adentrándose al bosque hasta que lo perdió de vista, entonces, exhausta se dejó cerca de una gruta, durmiéndose enseguida mientras amanecía.
-¿Y entonces llegaron los tres osos y la adoptaron? –pregunté sin importarme la desgracia de la mujer, el murciélago, como si no me hubiera oído prosiguió:
-Estaba sola y cansada, con la ropa hecha jirones, casi desnuda, demacrada, pero aún así, ¿sabes? seguía siendo hermosa, no sabía que había llegado a la morada del rey murciélago y cuando éste regresó de sus correrías nocturnas y la encontró, la introdujo a su cueva, estuvo todo el día durmiendo intranquila y al despertar ya entrada la noche se sentía tan desdichada que ya no le importó dónde ni con quién estaba, cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra pudo distinguir las formas de ésta nueva mansión, era grande y todo estaba hecho de piedra tallada y pulida con columnas y cúpulas, habían fuentes esculpidas que se alimentaban del agua que escurría de las paredes, no había luz pero sí destellos, la habían curado y dejado alimentos a su alcance, la mujer estuvo un tiempo deprimida por lo que había sucedido, añoraba al mago por todo el inmenso amor que no supo corresponder pero también recordaba con estremecimientos sus encuentros fogosos con el hombre de fuego, cuando el rey murciélago regresó ella se sobresaltó al verlo transformarse de una criatura pequeña en un ser alto y fornido, claro que no era guapo como los otros hombres, físicamente era mitad humano y mitad bestia, pero sumamente inteligente e intuitivo, tanto que él sí era capaz de verla y sentirla, podía leer sus pensamientos y comunicarse al principio con ademanes, luego le enseñó su lenguaje, no se trataba de un ser agresivo y salvaje, sino gentil y ameno, así ella aprendió a apreciar su compañía, descubrió que vivir aislado no lo hacía ignorante, su morfología era de por sí fantástica y sus vastos conocimientos abarcaban diferentes áreas, poco a poco superó su depresión, hasta perder el interés de regresar a su antigua vida, gozando con él además una nueva forma de amar: en la oscuridad ella podía sentir su cuerpo peludo como un abrigo de piel que la envolvía y la enardecía, sus ojos rojos se le figuraban dos brazas ardientes y eso también la excitaba, su larga lengua llegaba a lugares hasta entonces inalcanzables para otro, en fin, ella descubrió con satisfacción que el rey contenía todo lo necesario para hacerla feliz y aceptó de buena gana su destino; empezó a explorar los túneles y galerías como la nueva reina que ya era y le gustó, pues en ellos había tesoros escondidos y en muchas paredes la roca tenía incrustaciones de oro y piedras preciosas que no se cansaba de tocar, dejó de ser ambiciosa, pero no por eso perdió su atracción hacia las joyas aún cuando no fuesen para exhibir y en su nuevo hogar abundaban; luego, cuando sus heridas cicatrizaron por completo pudo usar el manto como alas, aprendió a moverse en la oscuridad, acompañaba al rey en sus correrías, jugaban bajo el cielo nocturno, era maravilloso ver la ciudad dormida sentir la fresca brisa, no sentirse ya más humana y no estar ligada a los vicios que ello conlleva, había renacido en muchos sentidos y no volvió a poner sus ojos en nadie más ni le importó el mundo al cual había pertenecido hasta entonces, ¿sabes? Ella siguió siendo hermosa y sus descendientes también lo fueron, aunque con la apariencia de su progenitor.
-No pude evitar una sonora carcajada y dije: ¡Qué ridículo! ¿quién te contó ese cuento?
A pesar de su color negro, el murciélago se oscureció aún más si eso es posible y sus ojos enrojecidos brillaron intensamente como brasas, lo cual me hizo más gracia, enervando más al animal que exclamó:
-¡Te estoy hablando de mi familia!, ¡eres una humana muy incrédula y estúpida!, ¡mira que burlarse así de mi ilustre linaje, pero ahora mismo llamo a mis hermanos y entre todos te tiramos de esa rama y te dejamos más calva que un balón!
Y diciendo este comenzó a revolotear emitiendo agudos chillidos, nunca se sabe de lo que es capaz un murciélago ofendido, mucho menos si se trata de un príncipe con quizá decenas de hermanos, por eso me bajé rápidamente del árbol y me alejé corriendo sin voltear a ver por si acaso había un ejército real lista para atacarme, más adelante me alegré de ver unos muchachos jugando basket ball en la cancha, eso me tranquilizó y en adelante me abstuve de andar subiéndome a los árboles.
Poeta

Cuentos :  La Vida y la Muerte
La Muerte organizó una reunión en un lujoso hotel céntrico, a su arribo, en una extravagante carroza tirada por seis corceles negros fue recibida por un séquito de miserables carroñeros, enfundados en brillosas sedas negras y de galera.

Entró a una sala de reuniones y esperó arrogante el arribo de los principales directores de su negocio.

La primera en llegar fue la Guerra, dejó sus armas a un costado y desplegó un enorme planisferio, mientras el resto de los concurrentes se acomodaron a la mesa, ésta indicó con un puntero luminoso los distintos lugares y países donde estaba generando conflictos y obteniendo los mejores resultados para la empresa.

Luego le tocó el turno a el Hambre, quien se ufanó de estar presente en todos los continentes y con mayor efectividad en África y Sudamérica, no sin dejar de reconocer, la ayuda de algunos incondicionales amigos como la Avaricia, la Desigualdad, el Caos y la Indiferencia, prometiendo seguir utilizando sus contactos políticos para mantener garantizado el éxito.

La Avaricia expuso su proyecto a largo plazo, con sus amigos los incondicionales, proyectaban nuevos paraísos fiscales y mayores burocracias bancarias, también crear nuevos empleos precarios y producir bienes materiales innecesarios, generando dependencia para que, con Desigualdad, el Caos y la Injusticia hagan su trabajo.

La Indiferencia adujo también estar presente en todo el mundo, adaptándose a la idiosincrasia de cada país para camuflarse, aunque no siempre consigue buenos resultados, infiere el Rencor con anuencia del Caos .

Más tarde la Injusticia demostró su beneficiosa participación en el negocio, porque con ella aumenta el resultado final de la Enfermedad, por ejemplo.

La Enfermedad agradeció la colaboración inestimable, de la Injusticia y el Hambre, explayándose sobre sus leales colaboradores de gestión, como el Cáncer, la Cardiopatía, los Virus, unos primos que van anexando variantes en próspero crecimiento, y muchos más…, justificándose, por si se olvidaba de nombrar a alguno.

Sobre el final de su alocución pidió un aplauso para la pandemia, los virus se sintieron reconocidos.

La Guerra refunfuñó, al principio en voz baja y de a poco levantando el tono, (con la agresividad que la caracteriza) nosotros somos los que más invertimos en esta empresa, y no hacemos tanto espamento, a lo largo de la historia siempre fuimos los más constantes y exitosos.

El Rencor y La Venganza avalan esta posición, andan siempre de la mano, se los oye cuchicheando por distintos lados, muchas veces fueron tapa de diarios, están en todos los estamentos de la sociedad, siendo funcionales al resto y por ende a su jefe, La Muerte.

El Temor es un mercenario, a veces trabaja a favor de La Muerte y otras con Prevención, trabajan para La Vida, por eso no estaba, no fue invitado.

Concluida la reunión, soberbia La Muerte dijo..., solo están haciendo lo que hay que hacer y salió con destino a la carroza.

Pero al salir, en la calle se encontró con su enemiga acérrima, La Vida, que estaba en la recorrida diaria por las maternidades, quien sorprendida, le pregunta qué hacía en la ciudad, en un lugar tan luminoso, tan visible, siendo ella tan sagaz en la penumbra.

La Muerte algo contrariada, pero orgullosa, le contesta que estaba haciendo su trabajo. Vengo a llevarme gente como siempre, y ahora ante tu vista, contesta vanidosamente, en mi negocio no perdemos tiempo, le dijo desafiante.

La Vida tranquila expresa, con fina ironía: tu desagradable trabajo hace que todos luchen contra vos, tu esfuerzo no es valorado, cada vez que llevas algunos, otros más se aferran a mí... y continuó, te detestan, te esquivan, en cambio a mi me respetan, me buscan, me aman y siguió caminando erguida. Eso molestó a La Muerte que se retiró en su carroza masticando su propia hiel.

La Vida algo preocupada, pero a sabiendas que a lo largo de la historia, siempre obtuvo mejores resultados, aun con alto costo, se comunicó con la Alegría para que intensifique su trabajo, entonces desarrolló un proyecto, que incluía festejos varios, viajes, cumpleaños y otros eventos.

La Salud fue intimada a mejorar su infraestructura, aunque la Avaricia y la Indiferencia pongan palos en las ruedas.

La Responsabilidad, fue instruida para contactarse, con los políticos no corruptos, con organizaciones que defienden la ecología, para prevenir catástrofes y quitarles recursos a su enemiga.

Entonces la Vida ordenó a su secretaria, la Felicidad, que envíe una circular a todas y cada una de las sedes en el mundo, por más pequeña o recóndita que sea, incentivando el sexo, para que sea parte fundamental de la Alegría y como el mejor de los medios para incrementar la Vida.
Poeta

Cuentos :  Un hilillo de humo
Este forzado aislamiento de la pandemia, llevó a José a explorar su propia casa y descubrir, por ejemplo, que el cuarto de ropa de planchar, tenía una ventana que daba al patio posterior, que hace mucho no visitaba y que lindaba con una casa, que alguna vez fue amarilla, su pintura se había deteriorado tanto que más parecía gris.
Pero quizás ese mismo abandono, hacía resaltar, una pequeña ventana de madera en mal estado, que tenía también débiles rastros de pintura café oscura, por dentro tras de unos opacos y sucios cristales, se notaba había unas cortinas raídas que tenían un color indescifrable, entre beige y gris; pero lo que llamó alarmantemente su atención, fue que, una tarde lluviosa, a la que acompañaba negros nubarrones y la volvía muy oscura, pudo divisar un hilillo intermitente de humo, que se fugaba, de esa tétrica ventana, había estado a punto de dar la voz de alarma, creyendo que algún fuego estaba provocando ese humo.
La tarde se apagaba y por una débil lámpara encendida en el cuarto de la ventana misteriosa, pudo divisar una silueta; alguien con seguridad fumaba de pie allí.
José no dejó de mirar ese hilillo de humo, que se repetía todo el tiempo, con el pasar de los días, se percató que esa persona, fumaba mañana, tarde y noche; hasta que un viernes de lluvia, constató que no había más humo, volvió a la noche, a la mañana siguiente y la tarde y la noche siguiente y ya ni siquiera la débil luz de la lámpara se divisó…
José decidió compartir sus observaciones con su madre y sin más le comentó que en la casa de alado, alguien fumaba en el cuarto que daba a su patio posterior, que lo hacía todos los días y todo el tiempo, pero que ya eran dos días que no había observado, esa acción y que al parecer o se mudaron o tal vez se fueron de viaje, podría ser que el virus haya contagiado esas personas, que…
La mamá, lo interrumpió tomando sus manos, hijo, me sorprende tu curiosidad, pero mucho más tu preocupación, esa casa es de doña Virginia, ¿recuerdas la viejecita que hace meses nos entregaba esa rica conserva de guineo?, pues, ella vive allí, con un nieto, que desde niño lo atrapó el vicio de fumar, es que esa fue su fuga a la depresión, los vecinos dicen, que prácticamente fumó hasta morir, tenía apenas 25 años y falleció con enfisema pulmonar…
Todos tememos mucho por la salud de doña Virginia, su esposo murió muy joven, su hija le acompañó, más tarde con su esposo y su hijo que se llamaba Hugo, hasta que hace poco más de 20 años emigró dejando a su hijo para que lo cuidará; nunca le preguntó si podía, nunca le preguntaron si quería, así que solo trato que a Hugo no le hiciera falta su techo, su comida y lo que él quisiera…
Poeta

Cuentos :  CUATRO GATOS

Amparados por las sombras de la luna nueva
En un oscuro desván, con los ojos brillantes
Y los bigotes recortados, perdida la orientación
Cuatro gatos maullaban en su delirium tremens.

Los ratones yendo y viniendo en la cara de los
Susodichos, que no podían darles caza, debido
A su condición maltrecha en la que los había
Dejado un candil encendido en la habitación.

Esperando el día se les fue la noche, en medio
De ese zafarrancho de cosas, cosas de hombres
Comieron; esperando con ansias les volviera
A crecer el bigote, para volver a cazar los ratones.

Delalma
15/07/2020


Poeta

Cuentos :  SOLO BRASIER Y BRAGA CUBRÍAN SU ESBELTEZ.


A orillas del río negro, allí a mí amor conocí,
Con el agua hasta las rodillas, cubierta
Por frondosas ramas de eucalipto, ella
Alertada por los ladridos del perro, me vio.

Estaba lavando ropa, acompañada de su mastín;
Un fiel perrito blanco y negro como guardián.
Por caminos ribereños yo siempre andaba
Cargando al hombro mí atarraya.

Echando ojo sobre la cuenca por ver los peces
Aparecer, más una náyade ante mis ojos, joven
Y bella apareció. Al instante la mano llevóse al
Pecho y su tez blanca de un tono rosa se llenó.

Su bien modelado cuerpo se dejaba ver
Pues solo brasier y braga cubrían su esbeltez.
Son costumbres del campo, donde las mujeres
Aun lavan ropa en los ríos de poca agua.

“No tema, niña de cabellos largos, yo no le haré
Daño”- a duras penas pude balbucear pues su
Impresionante belleza, de mi mente borraba
Las palabras bonitas que yo quería decir.

Ese fue el comienzo de un gran final, nuestras
Miradas se sublimaron, hecho que nos llevó
Al amor. Construimos juntos un lindo hogar
Y ahora tenemos tres hijos para nuestro solaz.

Delalma
20/06/2020
Poeta

Cuentos :  Como los osos
¿Qué te parece si estos tiempos del coronavirus, nos quedamos en casa como lo hacen los osos?
Sabías que los osos, permanecen en sus madrigueras desde inicios de otoño y todo el invierno, hasta la llegada de la primavera, este período se lo conoce como “hibernar”; sí, casi medio año, ellos se refugian, por la escasez de los alimentos, hace mucho frío y con los frutos secos y hierbas que consiguen almacenar, deben resistir.
Es en este período que la osa que tienen sus crías y los amamantan durante todos estos meses de hibernación, el objetivo es sobrevivir, alcanzar la primavera, cuando los campos reverdezcan, los árboles nuevamente vuelvan a dar frutos, allí saldrán de su madriguera a cazar y gruñir con todas sus fuerzas; a disfrutar de la naturaleza, donde jugará con sus críos, les enseñará a cazar y recopilar frutos del bosque, así como a fortalecer sus garras para preparar sus cuevas y madrigueras.
Entonces vamos a quedarnos en casa, a ayudar al papá y la mamá en las cosas que hay que hacer: arreglar la cama, la ropa, ayudar con la comida, aprender todo lo que podamos; cuidar de que todos en casa, cumplan con las recomendaciones, para enfrentar ese coronavirus: lavarnos las manos, desinfectar los cuartos y los pisos; recuerda que afuera hay ese virus que no se puede ver, es invisible pero es muy peligroso para todos.
Aprovechemos para estar más cerca de papá y mamá, hay que divertirnos también, hacer ejercicios, prueba a dibujar y pintar un oso o a gruñir como ellos; recuerda que el oso tiene unas garras muy poderosas, con ellas prepara su madriguera, puede cavar cuevas o hacer huecos muy grandes en los troncos de los árboles gigantes.
Hay que comer todo, porque tenemos que estar muy fuertes, como un oso, para crecer y ser más altos que papá; ese coronavirus, nos ha hecho el favor de reunirnos a todos en casa y tener más tiempo para compartir, como los osos, que pasan dándose calor, cuidándose, comiendo muchos cereales y miel.
Cuando termine la amenaza del virus, saldremos a jugar de nuevo a aprovechar todos los espacios, a mirar de cerca los animalitos del bosque, esos pajaritos que tanto silban ahora y si consigues convencer a tus padres, quizás hasta puedas ir a conocer un oso.
Por ahora quédate en casa… como los osos hibernando.
Poeta

Cuentos :  MUERTE AL ATARDECER


Ya era el atardecer, cuando el relinchar de mi caballo, un sobresalto y el ladrido de los perros me hicieron despertar.
Habíamos ido como de costumbre a hacer pastar a las ovejas; las dejamos en la hondonada, con dos perros de guardianes, para que pudieran comer y subimos a la colina para vigilar. Le quité los aperos y nos pusimos a descansar, valga mejor decir, yo me puse a descansar porque mi caballo vigilaba.
Rato después que mi caballo pastara, vino a sentarse a mi lado. Yo me recosté sobre su lomo y a mi mente se agolparon los recuerdos, cosas ya sin sentido, como suele suceder. Pensaba también en los gratos momentos que pasé con Alejandra, pero ahora todo era un sueño.
En la villa más cercana, al fondo se veía que en algunas casas ya encendían sus farolas y las colgaban en la estancia. Así son los pueblos de mi tierra, un poco alejados de la tecnología.
Valles verdes en todo su esplendor, pero ya el trinar de los pajarillos se hacía cada vez más débil, pues la tarde caía.
Yo miraba el atardecer y cómo el sol se ponía detrás del mar. Desaparecía el azul, el celeste y todo se volvía cobrizo, cosas de la naturaleza.

Mas ese relincho, no era una alarma cualquiera, era la advertencia de una amenaza real. Pude divisar que habían cuatro animales salvajes de pelaje oscuro, tratando de atacar al rebaño, mientras los perros les hacían frente.
Mi caballo se paró en dos patas, relinchó de nuevo y se dispuso a partir. Apenas si tuve tiempo de tomar un estribo, pegar un salto y sobre su lomo, asirme a su crin y salir al galope.
Eran cuatro lobos hambrientos queriendo devorar mis ovejas. Ni bien llegamos me tiré del caballo y con el estribo, a un animal que me atacaba, le partí la cabeza, ahí quedó tirado, en estertores de muerte. Mi caballo, valiente él, trataba de pisotear a otro que le mordisqueaba las patas, mientras los perros se habían trenzado en una fiera pelea, uno con cada lobo. Di unos pasos y con el mismo estribo le tiré un golpe en el lomo a la bestia que peleaba con mi caballo, fallé y caí al suelo, el lobo se me vino encima, menos mal que traía mi cuchillo de caza al cinto. El lobo saltó sobre mi, mas preciso saqué el arma y se lo clavé en el corazón, su sangre caliente corrió por mi mano y me mojó el pecho. De un buen mordisco, mi caballo lo tiró lejos. Un lobo logró huir, al otro lo mataron los perros.
Luego de calmarnos un poco, los perros, el caballo y yo, fuimos a tomar agua al arroyo que por ahí discurría. Luego regresamos a calmar a las ovejas que todavía se hallaban un poco asustadas; después tuve que destazar a dos lobos para que los perros lo comieran, al otro lo dejamos ahí tirado para festín de los animales carroñeros.

Delalma
24/03/2020
Poeta